EL MOTÍN DE LAS TRENZAS (06/12/1811)

A los pocos días de jurado el Estatuto Provisional de 1811, el 5 de diciembre de ese mismo año, se produjo en Buenos Aires la sublevación del Cuerpo de Patricios, episodio conocido como el “motín de las trenzas” que se vinculó a la tensa situación política que en esos momentos vivía el gobierno de las Provincias Unidas (ver El Primer Triunvirato).

Buenos Aires vivía en esos días una tensa situación derivada de los cambios que la política partidaria entorpecían cualquier intento de consolidar los logros obtenidos el 25 de mayo de 1810 y la existencia de la grieta que separaba a los “saavedristas” y los “morenistas”, se había extendido a todos los niveles de una sociedad confundida (ver Moreno o Saavedra). Fue entonces que la situación se agravó por una orden que impartiera MANUEL BELGRANO exigiendo que los soldados del Regimiento “Patricios” se cortaran una colita o trenza que era el distintivo de esa unidad y que usaban como una honorable tradición (1).

Blog Archive » Uniforme de los Patricios

Pero volvamos a lo sucedido. El 16 de noviembre de 1811, BERNARDINO RIVADAVIA, que era entonces el hombre fuerte del Triunvirato, designó a MANUEL BELGRANO comandante de Patricios, uno de los principales Regimientos de la ciudad y éste, recientemente absuelto en el injusto proceso al que fuera sometido luego del fallido intento de incorporar al Paraguay a los postulados de Mayo, no fue bien recibido por la tropa que no vio con buenos ojos la designación porque permanecía fiel a su antiguo jefe, el coronel CORNELIO SAAVEDRA que había sido desterrado por el Triunvirato y se amotinó en protesta contra esa orden.

La rebelión se inició el 5 de diciembre y después de expulsar a sus oficiales, los Patricios se atrincheraron en su cuartel y se dispusieron a resistir sin contar con el apoyo de ninguna otra unidad militar. El gobierno trató de disuadirlos mediante una proclama que pedía “sobriedad, disciplina, orden y subordinación”. Pero era demasiado tarde. La noche del 6 de diciembre estalló el motín. Los subordinados exigían la renuncia de BELGRANO, la anulación de la orden de cortarse las trenzas y el regreso de SAAVEDRA y de CAMPANA al gobierno.

Visto el suceso a la distancia, resulta evidente que no fue la orden de BELGRANO la que provocó en realidad el motín. Subyaciendo debajo del acontecimiento de las trenzas, se escondían otros motivos que lo justifican: como la bronca del pueblo por el encarcelamiento del doctor JOAQUÍN CAMPANA y el mal disimulado destierro de SAAVEDRA, la irrupción en el poder nuevamente de los “cajetillas” y la pretensión de los soldados y suboficiales, de que volvieran Saavedra y Campana (ver Los orilleros se movilizan en apoyo de Saavedra), sin olvidar que los jóvenes intelectuales seguidores del ya difunto MARIANO MORENO, no podían permitir que un sector de la población “ignorante” que no fueran ellos mismos, tuviera iniciativa política.

RIVADAVIA mostró entonces la fuerza de su carácter. Llamó a JOSÉ RONDEAU que acababa de llegar de Montevideo con su ejército y le ordenó que iniciara la represión. La batalla duró poco más de quince minutos pero al terminar, la rebelión había sido sofocada, pero quedaban cincuenta muertos, numerosos heridos y veinte “Patricios” encarcelados, muchos de ellos en la isla Martín García, inaugurando su condición de cárcel política de los gobiernos de Buenos Aires.

Tanto el Regimiento como los líderes de esta rebelión fueron severamente castigados y la autoridad del gobierno patrio, prevaleciendo firmemente sobre los militares de esa época, dispuso el fusilamiento de los cabecillas del movimiento y así rezaba el dictamen del Tribunal que juzgó y condenó a muerte a diez de los once cabecillas del motín:

“En esta virtud sean degradados, pasados por las armas, puestos a la expectación pública sin la menor demora y a la presencia de las tropas, los sargentos JUAN ANGEL COLARES, de la 5ª Compañía del 2º Batallón; DOMINGO ACOSTA, del 1º Escuadrón de Granaderos; MANUEL ALONSO, de la 3ª Compañía del 5º Batallón; JOSÉ ENRIQUEZ PINTO, del 2º Escuadrón de Granaderos; AGUSTÍN QUIÑONES y GREGORIO CEBALLOS, de la Compañía de artilleros de dicho Regimiento; los granaderos de la 2ª y 5ª; AGUSTÍN CASTILLO y JUAN HERRERA; el artillero MARIANO CARMEN, de la citada del número V, y RICARDO NONFRES, del cuerpo de la Unión” (ver Fusilamiento de los cabecillas del motín de las trenzas).

La orden se cumplió el 11 de diciembre de 1811. El Regimiento cambió de uniforme y de número y algunas compañías fueron disueltas. Rivadavia responsabilizó del movimiento a los que habían generado la pueblada del 5 y 6 de abril y a las vinculaciones de éstos con las provincias del Interior. Acusó a los Diputados del interior que se encontraban en Buenos Aires, de haber promovido el levantamiento y el 7 de diciembre dió a los diputados de las provincias que se encontraban en Buenos Aires, 24 horas para que se retiraran a sus ciudades de origen. Los conflictos entre Buenos Aires y las provincias, daban así sus primeros pasos, ya que fueron estos Diputados, los que después encabezaron los focos del federalismo que se avecinaba.

Casi cien años después, a principios del 1900, unos obreros que trabajaban en el edificio ahora existente en Alsina y Perú, encontraron un túnel y en el interior del mismo una bayoneta y una trenza de mujer, lo que dio lugar a las más variadas conjeturas. Veinticinco años después, en ese mismo lugar, se descubrió una cámara secreta que contenía basura y una gran cantidad de trenzas cortadas; que vinieron a ser aquellas de la rebelión de 1811 que se inmortalizara con ese nombre (El regimiento de Patricios estaba ubicado precisamente en esa manzana (Chacabuco, Alsina, Moreno y Perú).

(1). La trenza o “coleta” era por aquel entonces símbolo de virilidad y tenía reminiscencias españolas, cosa que molestaba a la intelectualidad del momento. “Era motivo de orgullo orillero; las modas tardan en llegar a los suburbios y sus habitantes mantenían la coleta de Carlos III, mientras los del centro se cortaban el pelo a la manera de Fernando VII o Napoleón… la trenza se usaría hasta entrado el siglo como distintivo varonil de las orillas; en los tiempos de ROSAS sería sustituida por “la porra” y en los de ALSINA por “la melena”. Los otros cuerpos del ejército debían usar el pelo corto y los “Patricios” se burlaban de ellos, llamándolos “Pelones”.

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