EL METAL DE LAS PRIMERAS ARMAS ARGENTINAS

En el Museo Argentino de Ciencias Naturales «Bernardino Rivadavia» se exhibe un meteorito, enorme trozo de hierro de 4.210 kilos de peso. Siguiendo la costumbre de algunos museos extranjeros se le ha individualizado con un nombre propio, “El Toba”, en recuerdo de una de las tribus indígenas del antiguo Chaco. El meteorito cayó —tal vez en épocas prehistóricas— en la zona limítrofe entre las provincias de Santiago del Estero y el Chaco.

La enorme masa original, incendiada en su contacto con la atmósfera, debió dividirse en varios fragmentos de distintos tamaños, antes de caer como una “lluvia”, en una extensión de muchos kilómetros. Precisamente, por esa zona existe una estación llamada “Campo del Cielo”, para recordar el lugar que recibió aquellos regalos provenientes de las alturas. También existe, no muy lejos de la anterior, una estación llamada Aerolito”.

Los expedicionarios españoles, en la época de la conquista, no supieron explicarse el origen de aquellos grandes trozos de metal que se hallaban diseminados en el norte de estas tierras que comenzaban a explorar. Pensaron que podrían ser muestras, a flor de tierra, de grandes yacimientos metalíferos. También discutieron, con cierta codicia, sobre la cantidad de plata que podría contener esa inmensa mole de metal.

En 1780, en tiempo del virrey Vértiz, partió al Chaco una expedición científica de la que formaba parte PEDRO ANTONIO CERVLÑO, al mando de 200 hombres, para explorar la naturaleza de aquellos minerales. Encontraron un enorme fragmento cuyo pesó se calculó en 400 quintales, es decir, más de 18.000 kilos. No pudieron acarrearlo y se contentaron entonces con extraer algunas muestras.

En 1803, otra expedición trajo a Buenos Aires un fragmento que pesaba 1.000 kilos y en 1923 en la estancia “El Rosario”, en el Chaco, encontraron uno que acusó un peso de 4.210 kilos.

Es Interesante señalar que nuestra primera fábrica de armas, dirigida por ESTEBAN DE LUCA (1786-1824), utilizó para fabricar fusiles y pistolas aquel hierro de origen meteórico.

DE LUCA, además de militar, ingeniero y periodista, era poeta. Lo que no sabemos es si llegó a advertir lo poético que resultaba el haber armado a los soldados patriotas con un hierro que nos había llegado del cielo, como un regalo de otro mundo

Extraído de “Crónica Argentina” Tomo I, , Editado por Codex S.A., Buenos Aires, 1972.

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