EL GENERAL SAN MARTIN A TRAVÉS DE SUS PALABRAS

Si como se dice, el hombre es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios, ha sido bueno que General JOSÉ DE SAN MARTÍN no tuviera miedo de quedar esclavo de ls suyas, porque tuvo un activo intercambio epistolar  y es muy  abundante la correspondencia que mantuvo con diversos interlocutores durante su actuación como general de la Nación, como hombre público de indudable influencia en el desarrollo de los acontecimientos que le tocó protagonizar y finalmente, desde su ostracismo. Cartas, proclamas y opiniones vertidas en dichas circunstancias, nos permiten esbozar un acertado retrato de su personalidad, de su profesionalidad y de su vocacíón de servicio. De su respeto por sus principios y por sobre todo, su inclaudicable decisión de servir con lealtad y patriotismo a su Patria.

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Los siguientes son algunos de los documentos que hemos seleccionado en apoyo de lo expresado. Han sido extractados debido a lo extenso de algunos de ellos, por lo que nos ofrecemos para hacerle llegar a quien lo solicite, la versión completa del que sea de su interés, y que obre en en nuestro poder

31/01/1814
San Martín arenga al Ejército Auxiliar al Alto Perú. Al día siguiente de haber asumido el mando del Ejército Auxiliar al Alto Perú, SAN MARTÍN le escribió al gobierno diciendo: “Me encargo de un ejército que ha apurado sus sacrificios en el espacio de cuatro años, que ha perdido su fuerza física y sólo conserva la moral; de una masa disponible a quien la memoria de sus desgracias irrita y electriza, y que debe moverse por los estímulos poderosos del honor, del ejemplo y de la ambición y del noble desinterés. Que la bondad de V. E. hacia este ejército desgraciado se haga sentir para levantarlo de su caída”. A los soldados les habló el lenguaje sencillo y llano, peculiar a los hombres de grandes ideales y nobles sentimientos: “Hijos valientes de la patria –les decía- el gobierno acaba de confiarme el mando en jefe del ejército. Él se digna poner sobre mis hombros el peso de su defensa. ¡Soldados, confianza! Yo admiro vuestros esfuerzos, quiero acompañaros en vuestros trabajos, para tomar parte en vuestras glorias. Voy a hacer cuanto esté a mis alcances para que os sean menos sensibles los males. Vencedores en Tupiza, Piedras, Tucumán y Salta: renovemos tan heroicos días. ¿La patria no está en peligro inminente de sucumbir? ¡Vamos, pues, soldados, a salvarla !.

09/12/1814
Para San Martín, la Independencia no era lo mismo que soplar y hacer botellas. Hay dichos vulgares en el lenguaje popular, que perduran en el tiempo y son después repetidos, muchas veces sin saber quien fue el primero que lo expresó, pero no es el caso de “Soplar y hacer botellas”, que fue acuñado por el general San Martín, cansado de esperar la declaración de nuestra Independencia. Es cierto que la frase no es nada de extraordinario ni de heroico para ocupar el importante sitio que la historia le ha reservado, pero si lo es,  porque define al menos, el carácter de los hombres que combatieron por la causa de la libertad. Fue dicha en el mismo recinto del Congreso de Tucumán y es una expresión en la que San Martín interviene directamente, dejándonos constancia de eso en un documento escrito por él mismo.

El futuro libertador era gobernador-intendente de Cuyo y tenía su residencia en Mendoza. Además de las atenciones que le demandaban los asuntos propios de su cargo, se preocupaba manifiestamente por la tardanza en que se incurría, para que las Provincias Unidas se declarasen independientes de España, escribía frecuentemente a su amigo y diputado por Mendoza Tomás Godoy Cruz y en una de sus cartas, parodiando la famosa frase pronunciada por Cicerón contra Catilina, le decía: ¡ Hasta cuándo esperamos declarar nuestra Independencia!. En otra ocasión le manifestaba que “si yo fuese diputado, me aventuraría a hacer al Congreso algunas observaciones. Al efecto haría la introducción de un modo propio, según mis verdaderos sentimientos. Yo, como americano, republicano por principios e inclinación, pero que sacrificó estos mismos por el bien de su suelo, considero que los americanos de las Provincias Unidas, no han tenido con su Revolución, otro objeto que emanciparse del mando de España y formar una nación”.

La ansiedad de SAN MARTÍN era compartida por Godoy Cruz, quien deseaba al mismo tiempo complacer al amigo a quien tanto apreciaba. Leía estas cartas a los diputados, y éstos, atendiendo a razones políticas internas, dejaban pasar los días sin efectuar el acto para el que habían sido llamados. Durante una de las sesiones de la Asamblea,  mientras Godoy Cruz hablaba sobre la correspondencia de San Martín, fue interrumpido por uno de sus colegas, quien exclamó: ¡Escríbale usted que eso no es soplar y hacer botellas!”. Así lo hizo Godoy Cruz y a ello, el 9 de diciembre de 1814, le contestó San Martín, expresándole que lo que decía sobre el punto de la Independencia, efectivamente no era soplar y hacer botellas, pues creía mil veces “más fácil declarar la Independencia nacional,  que encontrar un americano que hiciese una sola botella”.

Por toda respuesta, poco tiempo después, finalmente supo de la declaración de la Independencia. Recibió la noticia encontrándose en Córdoba, desde donde se apresuró a escribirle a Godoy Cruz, exteriorizándole su alegría y sintiendo no hallarse en aquel momento en su ínsula (ciudad de Mendoza), “para echar la casa por la ventana”.

12/02/1817
Proclama del General San Martín antes de la batalla de Chacabuco: “¡Soldados! Todos y cada uno de ustedes conocen el esfuerzo y las dificultades por las que hemos pasado. Llegar hasta aquí es bastante, pero nunca es suficiente. El enemigo espera, y espera bien armado, señores. Son la esperanza de la América, cada uno de ustedes lleva consigo lo más importante, ¡la libertad! Trescientos años de masacre y de barbarie tiñen nuestra tierra de sangre, pero hemos venido a decir ¡basta!, ¡se acabó! Soldados, se me llena el corazón al ver a tantos guerreros dispuestos, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos recordarán este momento con orgullo, porque les dejaremos una tierra digna de ser vivida. Donde puedan sembrar, crecer y prosperar, libres de toda cadena, donde cada hombre pueda decidir su destino sin importar su color, su linaje, su procedencia, ni qué carajo. Porque todos somos iguales ante el Supremo, así como somos iguales ante la muerte, porque cualquier hijo de mujer merece ser libre de una vez y para siempre. ¡Seamos libres, que lo demás no importa.

Ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene á atacarnos: sin duda alguna los gallegos creen que estamos cansados de pelear y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan; vamos á desengañar-los. La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos ha de faltar; cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con las bayetillas que nos trabajan nuestras mujeres, y sino andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios. Seamos libres y lo demás no importa nada. Yo y vuestros oficiales os daremos el ejemplo en las privaciones y trabajos. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre ó morir con ellas como hombres de coraje.

12/04/1817
San Martín busca la paz con José Gervasio de ArtigasRecibida por el caudillo oriental casi dos meses más tarde, en ella, busca limar las asperezas de la conflictiva relación que éste mantiene desde 1811 con las autoridades de Buenos Aires diciéndole: «el alma se me cae a los pies al considerar que mientras nosotros y nuestros bravos compañeros de armas nos hacemos pedazos por acabar la obra de la libertad, por aquí se está destruyendo con el dedo lo que por allá se trabaja no sólo a ambas manos, sino hasta con la vida». Y agrega el vencedor de Chacabuco: “Si Ud. se precia de patriota, paisano mío, una Ud. sus esfuerzos a los míos para reducirnos a la reconciliación. Esto mismo es­cribo a los demás jefes que se hallan en desunión con este gobierno supremo. Si se cree que merezco alguna recompensa, no quiero otra que la que acredite el aprecio que debo a mis compatriotas».

Se ignora si el Jefe oriental dio respuesta a este ferviente llamado de San Martín. Lo que si se sabe, es que luego de que en enero de 1817, las fuerzas luso-brasileñas tomaran la ciudad de Montevideo, ARTIGAS estaba exclusivamente dedicado a combatirlos y que sus problemas con el Directorio y los unitarios, habían pasado a segundo plano, o mejor dicho, ya nada esperaba de ellos.

04/06/1817
San Martín rehúsa un ascenso. Después de ocuparse en dos sesiones, de analizar la solicitud del general José de San Martín para no aceptar el empleo de brigadier, en la del 4 de junio, el Congreso resolvió por mayoría “que se pasase al Director de Estado la representación del general de los Andes, recomendándosela, mas sin determinar cosa alguna; sobre lo que salvó su voto el señor Zudáñez, que había sostenido deberse acceder a la solicitud de un modo que hiciese honor a los sentimientos que la habían impulsado”.

05/04/1818
San Martín se dirige a Bernardo de O’Higgins, después de la batalla de Maipú. “Acabamos de ganar completamente la acción. Un pequeño resto huye precipitadamente. Nuestra caballería les persigue hasta concluirla. La Patria es libre. Dios guarde a vuestra señoría muchos años cuartel general en el campo de batalla en Lo de Espejo 5 de abril de 1818. San Martín”.

Más tarde amplía su informe diciendo: “Excelentísimo Señor Director Supremo: Los contrastes de las armas de América son precursores de su libertad. Ya sabe vuestra excelencia que una incalculable sorpresión, y no el valor del enemigo, ni la timidez de nuestra tropas les dio sobre Lircay a una victoria momentánea, dispersándose con la obscuridad de la noche una parte de nuestro Ejército. Pero el honor y constancia de los defensores de la patria han triunfado hoy completamente. El enemigo que adquirió confianza, y un orgullo propio de su ridícula altivez, tuvo la arrogancia de acercarse hasta las inmediaciones de Santiago,  donde se habían replegado nuestras fuerzas. Tres días ha que habían pasado desde el Maipo y sus movimientos tortuosos indicaban que quería verse favorecido de las sombras. Repetía la escena del 19 anterior; pero nuestros valientes que le conocían se han ido hoy sobre él a la bayoneta a la una de la tarde y a pesar que resistía e ataque, y que ocupaba sobre alturas una posición dominante, él ha sido completamente derrotado. Más de 1.500 prisioneros hay en nuestro poder con toda su artillería y porque los muertos aun no pueden calcularse su dispersión ha sido completa. Aun se le persigue por nuestra caballería. Entre muchos oficiales tenemos prisioneros al general Ordoñez y al jefe de su estado mayor Primo Ribera. Recomiendo a vuestra excelencia y a toda la América toda la brillantez con que se han comportado el general brigadier don Antonio González Balcarce y los jefes de división de la derecha coronel don Juan Gregorio de las Heras y su reserva coronel don Hilarión de la Quintana y de la izquierda, teniente coronel don Rudecindo Alvarado. Así como toda la oficialidad y tropa. Nuestros muertos han sido muy pocos. No son estos instantes excelentísimo señor para dar un detalle (pretendo) escribirlo brevemente a vuestra excelencia. Dios guarde a usted muchos años. Cuartel de campo de batalla en inmediaciones de Santiago de Chile Llano de Maipo abril 5 de 1818 a las 6 de la tarde. José de San Martín

12/08/1818
San Martín impone a la virgen del Carmen, como Patrona del Ejército de los Andes. Así así se lo comunica al guardián de la Basílica de San Francisco de la ciudad de Mendoza: “La decidida protección que ha prestado al Ejército de los Andes su Patrona y Generala Nuestra Madre y Señora del Carmen, es demasiado visible. Un cristiano reconocimiento me estimula a preservar a dicha Señora (que se venera en el convento que rige Vuestra Paternidad), el adjunto bastón como propiedad suya y como distintivo de mando supremo que tiene sobre dicho Ejército”.

31/12/1818
San Martín pide ayuda financiera para afianzarse en Chile. En carta dirigida al JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN dice: … “ya ha llegado el caso de hablar a vuestra excelencia con la claridad y respeto debido a un ciudad no que obedece y desea el bien de su patria. El Estado de Chile está en una completa bancarrota. Su actual administración ni es respetada ni amada y sólo se sostiene por las bayonetas del ejército de los Andes; pero este apoyo desaparecerá por la falta de medios para su subsistencia, en razón de que no hay cómo sostenerla… Mutación alguna en el gobierno de este país no puede hacerse, pues no hay hombres capaces de tomar la rienda del gobierno. Sin embargo de lo expuesto, sólo pueden mantenerse el orden y seguir los progresos que las favorables coyunturas nos presentan para acabar con el virrey de Lima, siendo protegido este ejército con la cantidad que vuestra excelencia tuvo a bien asignar para su auxilio. De lo contrario, soy de opinión que vuestra excelencia lo mande repasar los Andes para poderlo utilizar del modo y forma que tenga por conveniente. La adjunta cuenta que incluyo hará ver a vuestra excelencia la deuda total que este Estado debe al ejército y Provincias Unidas. Por él calcule vuestra excelencia cuál será su situación. Sólo su ejemplar disciplina puede hacer que se mantenga en orden, pues de los cuatro meses corrientes desde setiembre inclusive, no ha sido auxiliado con un solo peso y mucho menos para gastos secretos y extraordinarios de guerra, siendo, los primeros tan indispensables como que sin relaciones, en Lima nada puede hacerse”.

13/03/1819
San Martín desde Mendoza, invita a Estanislao López a sumarse a la lucha por la Libertad. “El que escribe a usted no tiene más interés que la felicidad de la Patria. La comisión mediadora de Chile que remitirá a usted ésta, se compone de americanos honrados y virtuosos, Su objeto a nombre de su gobierno no es otro que el de la libertad e independencia de nuestro país: yo respondo a usted bajo mi palabra que estos son sus sentimientos. Unámonos, paisano mío, para batir a los maturrangos que nos amenazan: divididos, seremos esclavos; unidos, estoy seguro que los batiremos: hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares y concluyamos nuestra obra con honor; la sangre americana que se vierte es muy preciosa y debía emplearse contra enemigos que quieren subyugarnos: unámonos, repito, paisano mío; el verdadero patriotismo en mi opinión consiste en hacer sacrificios: hágalos y la Patria sin duda alguna es libre; de lo contrario seremos amarrados al carro de la esclavitud. Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas! Usted es un patriota, y yo espero que hará en beneficio de nuestra independencia todo género de sacrificios que usted tenga que reclamar y que estoy seguro aceleran los diputados mediadores. Me he tomado la libertad de escribirle como un ciudadano interesado en el bien general de nuestra causa: si usted me cree un hombre honrado, yo creo encontraré en usted que se inte­rese por mis deseos. En fin, paisano, transemos nuestras diferencias: unám000s para batir a los maturrangos que nos amenazan, y después nos queda tiempo para concluir de cualquier modo nuestros disgustos en los términos que hallemos por convenientes sin que haya un tercero en discordia que nos esclavice#.

19/08/1819
Proclama de San Martín, advirtiendo los peligros de una invasión: “Compañeros del Ejército de los Andes: Ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene a atacarnos; sin duda alguna los gallegos creen que estamos cansados de pelear y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan; vamos a desengañarlos. La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar; cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres y si no, andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios. Seamos libres y lo demás no importa nada. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje”.

16/06/1820
San Martín le comenta al gobernador de Tucumán Bernabé Aráoz, su estrategia para liberar al Perú: …. “Sin que sea necesario ser político ni entendido, se ofrece naturalmente en perspectiva a todo hombre de un mediano sentido común, que batidos que sean los cuatro mil hombres enemigos en Salta, se ha abierto, por consecuencia, para siempre el Perú; batir a ese número en un territorio montuoso, en el cual los hijos del país tienen infinitas ventajas para ofenderle sin temor de ser ofendidos, es una cosa que obviamente se concibe fácil; y que además de estas ventajas se pueden reunir cuatro mil hombres de línea: de Córdoba los dos mil, de San Juan, del Tucumán y Salta, los otros dos y la inmensa valerosísima caballería de esas dos últimas Provincias».

19/08/1820
El General San Martín se despide del pueblo de Cuyo antes de emprende su campaña libertadora del Perú. “Yo me despido de los cuyanos con los sentimientos más genuinos, de afecto y de estimación, que siempre les he profesado; me despido como un compatriota que los ama, y les recomiendo por su bien que estrechen entre sí los vínculos de la unión y se fortifiquen en el concepto en que no existe sociedad donde no hay orden. Sin otro carácter que el de ciudadano manifiesto éstos mis deseos a Vuestra Señoría como el representante de la Ciudad de San Juan, para que se digne trasmitirlos a sus habitantes virtuosos, por cuya felicidad hago votos al cielo, ponto a dar la vela con la expedición Libertadora del perú para le día de mañana. Dios guarde de Vuestra Señoría muchos años más. Cuartel General de Valparaíso.  José de San Martín”.

08/09/1820
Bando de San Martín al desembarcar en Paracas, como paso previo a la liberación del Perú. «Ya hemos llegado al lugar de nuestro destino y sólo falta que el valor consuma la obra de la constancia. Acordaos de que nuestro gran deber es consolar a la América y que o venís a hacer conquistas, sino a liberar pueblos. «Los peruanos son nuestros hermanos. Abrazadlos y respetad sus derechos como respetásteis los de los chilenos, después de la batalla de Chacabuco. El que robase o tomase por valor de dos reales para arriba, será pasado por las armas, previo Consejo de Guerra verbal sobre el tambor. El que derramase una sola gota de sangre fuera del campo de batalla, será castigado con la pena del talión. Todo insulto contra los habitantes del país, fuesen americanos o europeos, o exceso contra la moral pública y sus costumbres, serán castigados hasta con la pérdida de la vida».

«Acordaos, decía, al terminar su severo Bando, «que toda América os contempla y que sus grandes esperanzas penden de que acreditéis la humanidad, el coraje y el honor que os han distinguido siempre, donde quiera que los oprimidos han implorado nuestro auxilio».

30/10/1820
El virrey del Perú, objeta que San Martín firme como “general en jefe del Ejército Libertador”. El general Joaquín de la Pezuela escribió al general José de San Martín diciéndole que para “que la guerra se haga con todas las consideraciones posibles, es de necesidad que omita V. E. poner en sus pliegos el título de General en Jefe del Ejército Libertador, estampado en el que incluyo. En un oficio que acabo de contestar se queja V. E. de que en una gaceta extraordinaria de esta capital, se halla explicada la opinión de algunos individuos de un modo punzante e injurioso, sin que este papel, ni en su forma ni en su substancia, me pertenezca. Con motivo mucho más poderoso, no puedo yo permitir que me dirija V. E. sus propios conceptos, bajo una investidura que contiene un insulto manifiesto a mi sistema y al cargo público que ejerzo”.

El general San Martín contestó a este oficio del virrey Pezuela “Si yo debiese atender tan sólo a mis deseos personales, uniforme siempre en propender a cuanto pueda influir en la cesación de la guerra, facilitando los medios de inteligencia, no me sería difícil renunciar a un título que, a la verdad, no es de importancia para el triunfo de las armas. Pero cuando el título de libertador ha sido conferido al ejército de mi mando por una autoridad, por un poder del cual emana el mío, ni puedo ni debo renunciarlo, sin faltar a mis primeros deberes. Así es que, colocado en la alternativa de dejar de cumplir con éstos, absteniéndome de usar aquella denominación o pasar en silencio alguna de las cláusulas que se encuentran en el oficio de usted sobre el canje de prisioneros, tengo que recurrir al arbitrio de contestar por medio de esta carta particular, para dejar llenadas mis obligaciones en lo más esencial, ya que usted no se aviene a recibir mis notas oficiales bajo e! título de General del Ejército Libertador del Perú.” Y después de hablar extensamente sobre el asunto de! canje de prisioneros, el general San Martín termina su carta así: “Repito a usted que me es sumamente doloroso que la cuestión de títulos promueva nuevamente las dificultades que interrumpen nuestras comunicaciones hasta mi llegada a estas playas y que nos ocupemos, General, de nombres que nada influyen en la actitud formal de nuestros respectivos destinos, cuando usted, creo, debe saber, que por aspiraciones personales poco le costaría hacer un sacrificio de mucho más que un rótulo a su atento y seguro servidor”.

03/11/1820
Pezuela vuelve sobre el tema y en nota dirigida al general San Martín le expresa: “Sea cual fuere —le dice— la autoridad que haya dado el título del Ejército Libertador del Perú al que usted manda, debe conocer que la correspondencia conmigo no debió usarla por las razones que le manifesté en mi oficio del 30 del pasado y que son tan obvias, que no necesitan ni aun aquella explicación. Negarse a su omisión no está conforme con los deseos de la pacificación de éstos países que repetidas veces tiene usted expresados en sus oficios y cartas particulares que con gusto recibí. No lo está tampoco el haberse negado a todas mis proposiciones de paz hechas por expresa orden del rey y a sus diputados en Miraflores; pues incluyéndose en ellas la de quedar el reino de Chile y el ejército del mando de usted en su estado actual de independencia, de hecho, hasta transar con el rey una discordia cuya continuación acabará con el país que usted quiere favorecer. No encuentro en la repugnancia, esa predisposición al término de la guerra que encarecen sus escritos”.

05/11/1820
San Martín le contesta a Pezuela desde Huaura (Perú) “Si usted no puede prescindir de los deberes de su ministerio público y tiene una voluntad superior que observar en todas sus operaciones, yo tengo igualmente obligaciones que llenar y dependo de un gobierno supremo cuyas determinaciones dirigen todos mis pasos. Bajo este supuesto, hay una línea divisoria entre mis sentimientos personales por la pacificación de estos países y los medios que se me obliga a emplear para obtenerla. Entre mi indiferencia particular por la concesión de unos títulos que, repito, no tienen influencia en la decisión de la contienda y mi tesón en reclamar la igualdad de tratamiento que debe concedérseme, como funcionario público de’ un Estado Independiente.”

20/12/1820
Desde Huaura, San Martín exorta al arzobispo de Lima, Bartolomé María de las Heras, a no oponerse al avance del Ejército Libertador. “Es tiempo de no equivocarse sobre sobre el estado real del Perú y las miras con que yo he venido. Hasta aquí, mis armas no han afligido a ningún inocente y los mismos a quienes la suerte de la guerra, sujetaba al rigor ordinario de sus leyes, han encontrado en mí un protector y hasta algunas veces, un amigo. Han merecido sobretodo mi primera atención y respeto y los ministros del santuario, dondequiera que se me han presentado, aún siendo sus opiniones contrarias al espíritu general del país”. Agregaba también: “Yo no soy sino un instrumento del destino de mi país y para llenarlo de un modo digno, quisiera poder evitar toda efusión de sangre, porque al fin, todos los que perezcan en la lucha, por una u otra parte, profesan una misma fe y reconocen los mismos principios. En una guerra en que la opinión vale más que la fuerza de las armas, la resistencia puede aumentar las desgracias, más no poner término a la revolución iniciada”.

21/12/1820
Nuevo rechazo a las objeciones de Pezuela. San Martín rechaza nuevamente objeciones de Pezuela al uso del título de “Libertador del Perú”. Contestando una nueva carta que el general español le enviara el 19 de diciembre, diciéndole: “Con fecha 31 de octubre tuve la satisfacción de manifestar a usted, en contestación a su oficio del 30, que yo no podía ni debía renunciar al título de General en Jefe del Ejército Libertador, sin faltar a mis primeros deberes y que para cumplir con éstos en lo más esencial y no pasar en silencio cláusulas de su citado oficio, recurrí al arbitrio de escribir a usted particularmente. Adaptándose usted a mi estilo por su carta del 3 de noviembre, quedó entablada desde entonces y ha continuado luego nuestra correspondencia en aquella forma. Pasando a contestar los demás puntos de su última carta, debo decir, señor general, que yo se demasiado bien cuál es el número de desertores que ha tenido mi ejército y cuánto el que ha sufrido el de usted y a la verdad, la proporción que guardan entre sí, uno y otro, manifiesta que esa asociación tenía y tiene infinita más necesidad de ser purificada que ésta. Como que ha habido día que se han pasado a mis filas, veintisiete oficiales, prescindiendo del suceso del Batallón de Numancia. Y ya que he nombrado a éste y siendo como soy, efectivamente amigo de ver satisfechas a las personas que aprecio, permítame manifestarle, que la irritación que ha producido aquel acontecimiento en la parte sana, contribuye no poco a garantir su comportamiento y a aumentar la confianza de los que mandan, yo celebraría que usted tuviese iguales motivos de satisfacción. Declárole – prosigue San Martín – no puedo acceder a lo que usted me solicita en el penúltimo capítulo de su favorecida del 19 del corriente y le reitero la firme resolución en que estoy de sostener mi dignidad”.

28/07/1821
Proclamación de la Independencia del Perú “El Perú es desde este momento libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios de­fiende. Batió luego por repetidas veces la bandera y mientras el símbolo de la nueva nacionalidad era sostenido por su fundador, el pueblo repetía: ¡ Viva la Patria, viva la libertad, viva la independencia! Por la noche se celebró tan magno acontecimiento con una recepción solemnísima en las salas capitulares del ayuntamiento, a la que asistió lo más calificado’ de Lima. Se bailó hasta altas horas de la noche, y por todas partes se dejaba ver el general San Martín afable y cautivante.

30/09/1821
Instalación del Congreso Constituyente del Perú. El 20 de setiembre de 1821, con gran pompa se instaló el Congreso Constituyente del Perú y el general José de San Martín, despojándose en su presencia de la banda bicolor, símbolo de la autoridad que hasta entonces había ejercido, se dirigió a los asistentes, declarando: “Al deponer la insignia que caracteriza al Jefe Supremo del Perú, no hago más que cumplir con mis deberes y con los votos de mi corazón. Si algo tienen que agradecerme los peruanos, es el ejercicio honesto y desinteresado del supremo poder que el imperio de las circunstancias me hizo obtener. Hoy, que felizmente lo dimito, yo pido al Ser Supremo el acierto, luces y tino que necesita para hacer la felicidad de sus representantes. ¡Peruanos! Desde este momento queda instalado el Congreso soberano y el pueblo reasume el poder en todas sus partes”.

29/08/1821
San Martín se dirige a Simón Bolívar después de la entrevista de Guayaquil. En una carta que fue publicada por el capitán Gabriel Lafont De Lurcy, en su libro “Voyages dans L’Amerique Espagnole” y que puede considerarse como el «testamento político” de San Martín, el Libertador, al ver que era imposible seguir cooperando con los proyectos del general venezolano, le escribe diciendo:  «Lima, 29 de agosto de 1822. Excmo. Señor Libertador de Colombia, Simón Bolívar. Querido General: «Le escribiré, no sólo con la franqueza de mi carácter, sino también con la exigencia de los altos intereses de la América. Dije a usted en mi última, de 23 del corriente, que habiendo reasumido el mando supremo de esta república con el fin de separar de él al débil e inepto Torre Tagle, las atenciones que me rodeaban en aquel momento no me permitían escribirle con la extensión que deseaba; ahora al verificarlo, no sólo lo haré con la franqueza de mi carácter, sino con la que exigen los grandes intereses de América.

Los resultados de nuestra entrevista no han sido los que me prometía para la pronta terminación de la guerra. Desgraciadamente, yo estoy íntimamente convencido, o que no ha creído sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus órdenes con las fuerzas de mi mando, o que mi persona le es embarazosa. Las razones que usted me expuso, de que su delicadez no le permitiría jamás mandarme, y que, aún en el caso de que esta dificultad pudiese ser vencida, estaba seguro que el Congreso de Colombia no consentiría su separación de la República,  permítame general, le diga no me han parecido plausibles.

La primera se refuta por si misma. En cuanto a la segunda, estoy muy persuadido, que la menor manifestación suya al Congreso sería acogida con unánime aprobación cuando se trata de finalizar la lucha en que estamos empeñados, con la cooperación de usted y la del ejército de su mando y que el alto honor de ponerle término refluirá tanto sobre usted como sobre la república que preside.

No se haga ilusión, General. Las noticias que tiene de las fuerzas realistas son equivocadas; ellas montan en el Alto y Bajo Perú a más de 19 000 veteranos, que pueden reunirse en el espacio de dos meses. El ejército patriota, diezmado por las enfermedades, no podrá poner en línea de batalla sino 8500 hombres, y de éstos, una gran parte de reclutas. La división del general Santa Cruz (cuyas bajas según me escribe este general, no han sido reemplazadas a pesar de sus reclamaciones),  en su dilatada marcha por tierra, debe experimentar una pérdida considerable, y nada podrá emprender en la presente campaña.

La división de 1400 colombianos que usted envía será necesaria para mantener la guarnición del Callao y del orden de Lima. Por consiguiente, sin el apoyo del ejército de su mando, la operación que se prepara por puertos intermedios no podrá conseguir las ventajas que debían esperarse si fuerzas poderosas no llamaran la atención del enemigo por otra parte, y así la lucha se prolongará por un tiempo indefinido. Digo indefinido porque estoy íntimamente convencido, que sea cuales fueren las vicisitudes de la presente guerra, la independencia de América es irrevocable; pero también lo estoy, de que su prolongación causará la ruina de sus pueblos, y es un deber sagrado para los hombres a quienes están confiados sus destinos, evitar la continuación de tamaños males.

En fin, general; mi partido está irrevocablemente tomado. Para el 20 del mes entrante he convocado el primer Congreso del Perú, y al día siguiente de su instalación me embarcaré para Chile, convencido de que mi presencia es el solo obstáculo que le impide a usted venir al Perú con el ejército de su mando. Para mí hubiese sido el colmo de la felicidad terminar la guerra de la independencia bajo las órdenes de un general a quien la América debe su libertad. El destino lo dispone de otro modo, y es preciso conformarse.

No dudando que después de mi salida del Perú, el gobierno que se establezca reclamará la activa cooperación de Colombia, y que usted no podrá negarse a tan justa exigencia, remitiré a usted una nota de todos los jefes cuya conducta militar y privada puede ser a usted de alguna utilidad su conocimiento. El general Arenales quedará encargado del mando de las fuerzas argentinas. Su honradez, coraje y conocimientos, estoy seguro lo harán acreedor a que usted le dispense toda consideración.

Nada diré a usted sobre la reunión de Guayaquil a la República de Colombia. Permítame, general, que le diga, que creí que no era a nosotros a quienes correspondía decidir este importante asunto. Concluida la guerra, los gobiernos respectivos lo hubieran transado, sin los inconvenientes que en el día pueden resultar a los intereses de los nuevos estados de Sud América.

He hablado a usted, general, con franqueza, pero los sentimientos que exprime esta carta, quedarán sepultados en el más profundo silencio; si llegasen a traslucirse, los enemigos de nuestra libertad podrían prevalecerse para perjudicarla y los intrigantes y ambiciosos para soplar la discordia.

Con el comandante Delgado, dador de ésta, remito a usted una escopeta y un par de pistolas juntamente con un caballo de paso que le ofrecí en Guayaquil. Admita usted, general, esta memoria del primero de sus admiradores.

Con estos sentimientos y con la de desearle únicamente sea usted quien tenga la gloria de terminar la guerra de la independencia de América del Sud, se repite su afectísimo servidor. José de San Martín”

20/09/1822
San Martín
enuncia como “Protector del Perú”
. Copia textual de la renuncia del general San Martín al cargo de Protector del Perú, presentada al Congreso Constituyente, reunido en Lima, el 20 de setiembre de 1822. (ver San Martín, Protector del Perú). “Señores: Lleno de laureles en los campos de batalla, mi corazón jamás ha sido ajitado de la dulce emoción que lo conmueve en este día venturoso. El placer del triunfo de un guerrero que pelea por la felicidad de los pueblos, solo lo produce la persuación de ser un medio para que gocen de sus derechos: más, hasta afirmar la libertad del país, sus deseos no se hallan cumplidos; porque la fortuna varia de la guerra, muda con frecuencia el aspecto de las más encantadoras perspectivas.

Un encadenamiento prodigioso de sucesos ha hecho ya indubitable la suerte futura de América; y la del pueblo peruano solo necesitaba de la representación nacional para fijar su permanencia y prosperidad. Mi gloria es colmada cuando veo instalado el Congreso constituyente: en él dimito el mando supremo que la absoluta necesidad me hizo tomar contra los sentimientos de mi corazón, y que he ejercido con tanta repugnancia, que solo la memoria de haberlo obtenido acibará, si puedo decirlo así, los momentos del gozo más satisfactorio.

Si mis servicios por la causa de América merecen consideración al Congreso, yo los represento hoi (sic) sólo con el objeto de que no haya un solo sufragante que opine sobre mi continuación al frente del gobierno. Por lo demás, la voz del poder soberano de la Nación, será siempre oída por San Martín como ciudadano del Perú y obedecida, y hecha obedecer por él mismo, como el primer soldado de la libertad. Lima, setiembre 20 de 1822. Señor José de San Martín.

20/09/1822
Proclama de despedida al pueblo peruano: “Presencié la declaración de la Independencia de los estados de Chile y el Perú. Existe en mi poder, el estandarte que trajo Pizarro para esclavizar el imperio de los Incas y he dejado de ser hombre público; he aquí recompensados con usura, diez años de revolución y guerra. Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra, están cumplidas; hacer su Independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos.

La presencia de un militar afortunado (por más desprendimientos que tenga), es temible a los Estados que de nuevo se constituyen; por otra parte, ya estoy aburrido de oir que quiero hacerme Soberano. Sin embargo, siempre estaré pronto a hacer el último sacrificio por la libertad del País, pero en clase de simple particular y no más. En cuanto a mi conducta pública, mis compatriotas (como lo general de las cosas), dividirán sus opiniones; los hijos de éstos, darán su verdadero fallo.

Peruanos: os dejo establecida la representación nacional, si depositáis en ella vuestra entera confianza, cantad el triunfo: sino, la anarquía os va a devorar. Que el acierto presida vuestros destinos y que éstos, os colmen de felicidad y paz. Pueblo libre de Perú, setiembre 20 de 1822. José de San Martín (Fuente: «Crónica Argentina», Editorial Codex, Buenos Aires, 1974

20/09/1822
San Martín deja instalado al marqués Torre Tagle como Supremo Delegado del Perú para gobernar y dice: “Yo volveré a ponerme al frente de los negocios públicos en el tiempo señalado por la reunión del congreso. olveré al lado de mis antiguos compañeros de armas y si es preciso que participe en los peligros y la gloria que ofrecen los combates, en todas circunstancias, seré el primero en obedecer la voluntad general y en sostenerla. Entre tanto dejo el mando supremo en manos de un peruano ilustre que sabe cumplir los deberes que le impone su patria. Él queda encargado de dirigir una administración cuyas principales bases se han establecido en un plazo ininterrumpido de seis meses en que el pueblo ha hecho los primeros ensayos de su energía y el enemigo, los últimos esfuerzos de su obstinación. Yo espero, lleno de confianza, que continuando el gobierno bajo los auspicios del patriotismo y disciplina del ejército, del amor al orden que anima a todos los habitantes del Perú y del celo infatigable con que las demás autoridades cooperan al acierto de las medidas administrativas, haremos el primer experimento feliz, al formar un gobierno independiente, cuya consolidación no cueste lágrimas a la humanidad”.

21/09/1822
San Martín le informa a Tomás Guido que abandona Perú. En otros argumentos, le dice: “Bolívar y yo no cabemos al mismo tiempo en el Perú. He penetrado sus miras arrojadas. He comprendido su desconcierto por la gloria que pudiera caberme en la prosecución de la campaña. El no excusaría medios, por audaces que fueren, para penetrar en esta República seguido de sus tropas y quizá entonces, no me sería dado evitar un conflicto a que la fatalidad pudiera llevarnos, dando así al mundo un humillante escándalo. Los despojos del triunfo, de cualquier lado que se incline la fortuna, los recogerían los españoles, nuestros implacables enemigos y apareceríamos convertidos en instrumentos de pasiones mezquinas. No seré yo, mi amigo, quien deje tal legado a mi patria. Preferiría perecer antes que hacer alarde de laureles recogidos a semejante precio. Eso no. Mientras pueda el general Bolívar, aprovechándose de mi ausencia; lograr afianzar en el Perú lo que hemos ganado y algo más, me daré por satisfecho. Su victoria sería, de cualquier modo, victoria americana”.

14/11/1822
San Martín agradece la colaboración del gobernador de San Juan. Desde la ciudad de Santiago, Chile, después de entrevistarse con Gutiérrez de la Fuente de regreso de su comisión en las Provincias Unidas, el general SAN MARTÍN escribió a Pérez de urdinenea,  gobernador de San Juan, agradeciéndole el interés que había puesto para secundar sus propósitos en las operaciones a realizar en la zona de Puertos Intermedio, diciéndole: “Impuesto con individualidad por el teniente coronel Antonio Gutiérrez de la Fuente sobre su comisión, y muy particularmente sobre el extraordinario empeño que usted se toma en la empresa de la próxima campaña para la destrucción de los enemigos comunes, no he podido menos que ratificar lleno de júbilo el acertado concepto que tenía ya formado de su honradez, opinión, pericia, desempeño y demás apreciables cualidades que le caracterizan”. Le agregaba un poder por un empréstito de 50.000 pesos celebrado ad referéndum entre Gutiérrez de la Fuente  y Francisco León de la Barra por el plazo de 18 meses al uno y medio por ciento de interés, destinados a financiar las operaciones que consideraba debían emprenderse para desalojar definitivamente los últimos reductos realistas de estas tierras. El propósito del general San Martín era simplemente que una fuerza de 1000 hombres facilitada por el Gobierno de Buenos Aires atacase por el norte argentino las tropas realistas de Laserna y Canterac,  mientras que otras fuerzas libertadoras del Perú se posesionarían de Arequipa, de donde marcharían aceleradamente sobre el Cuzco, con el fin de destruir las realistas mandadas por aquellos generales españoles. Después de otras advertencias, el general San Martín finaliza su carta con estas palabras: “El cielo nos proteja con su mano poderosa y nos colme de gloria.”

01/01/1825
San Martin sufre por su patria. Desde Bruselas, el general JOSÉ DE SAN MARTÍN escribió a su amigo José Vicente Chilavert, expresándole su angustia por la separación de su Patria, “que todas las distracciones de la civilización europea no pueden hacerme soportable”. Más adelante dice: “Todo cálculo de revoluciones es erróneo. Las acciones más virtuosas son tergiversadas y los desprendimientos más palpables son actos de miras secundarias. Al hombre justo no le queda otro recurso, en medio de las convulsiones de los Estados, que proponerse por norte de su conducta obrar bien.” Después agrega: “A mi regreso del Perú (y no a mi retirada como dice el periódico El Argos, de Buenos Aires), traté de gozar una vida tranquila, después de 10 años de revolución; me establecí, por ello, en mi chacra de Mendoza para dedicarme a los encantos de una vida agricultora y a la educación de mi hija.”

Pero como aun en su retiro voluntario, el periódico “El Centinela” comenzó a hostilizarlo, continúa diciendo San Martín: “Entonces fue cuando se me manifestó una verdad que no había previsto, a saber: que yo había figurado demasiado en la revolución para que me dejasen vivir en tranquilidad”.” Agrega que se le presentaba entonces un nuevo tipo de guerra: “la guerra de la pluma”, para él desconocida, y por lo tanto optó por abandonar su refugio y alejarse a Europa, creyendo que así “se ahogarían las innobles pasiones de los enemigos de un viejo patriota”. Pero aun allí —prosigue— recibe un ejemplar de “El Argos”, que nuevamente me ataca, “y aquí me tiene sin saber qué partido tomar”.

“En mi retiro de Mendoza, promoví una federación militar de provincias; vengo a Europa y, al mes, un agente del gobierno de Buenos Aires escribe que uno u otro americano residente en Londres trata de llevar (metido en el bolsillo) un reyecito para formar un gobierno militar en América. He aquí indicado al general San Martín”. “”Esto —subraya—, “lo dice El Argos y yo no sé qué línea de conducta seguir, pues mi alejamiento no pone a cubierto de repetidos ataques a un general que, por lo menos, no ha hecho derramar lágrimas a su Patria”.” Y aun dice más: “”Ahora está reconocida nuestra Independencia por la Inglaterra. La obra está concluida y los americanos comenzarán a gozar el fruto de trabajos y sacrificios y si doce años de revolución no han enseñado a obedecer, sí señor, a obedecer, no se puede saber mandar”.”

10/12/1825
San Martín y la guerra con Brasil. Cuando el imperio de Brasil le declara la guerra a las Provincias Unidas, SAN MARTÍN, desde su exilio en Francia, le escribe al general TOMÁS GUIDO diciéndole: “ …cuando se declaró la guerra no me pareció regular ofrecer mis servicios por temor de exponerme a un nuevo insulto…por otra parte, yo estoy seguro que si diese este paso se creería sospechoso, tanto más, cuanto el empeño que se ha puesto en hacer creer que el General San Martín no ha tenido otro objeto en su viaje a Europa que el de intrigar a fin de establecer monarquías en América. Los miserables que han hecho circular tan indignas imposturas (Rivadavia y su grupo), no conocen que los sentimientos que francamente he manifestado sobre el particular, nada tienen que ver con los respetos que se deben a la mayoridad de la nación por la cual me sacrificaría gustoso..

27/01/1827
San Martín, desde Bruselas, expresa sus dudas acerca del futuro de América en una carta que le escribe al General Guillermo Miller: “Mi querido amigo: Su apreciables del 1º de éste, la he recibido y tengo el gusto de contestarla. Veo que ha recibido usted carta de O’Higgins en la que le dice se preparaba para pasar a Chile; confieso a usted que esta noticia me ha puesto de malísima humor, porque yo había tenido una alta idea de la juiciosidad de este amigo y el paso que se proponme dar es una verdadera locura, mírese por el aspecto   que se quiera. Porque en mi opinión, jamás hay razón para para emplear la fuerza contra la misma Patria. “Qué diré a usted de la situación que presenta la América!. El bosquejo que se puede hacer es bien lamentable. Yo había calculado que el desarrollo de las pasiones se experimentaría, al concluirse la guerra de su emancipación; ello debía suceder así, vistos los elementos  de que se compone la masa de nuestra población , su atraso, huérfanos de leyes fundamentales y por agregado, los enconos individuales y locales que ha hecho nacer la revolución. En fin, yo creo que no se necesita una gran previsión para haber calculado lo que actualmente sucede y lo que sucederá, sin incurrir en mucho error, pero muy difícil acertar la época en que se terminarán sus desaciertos”.

13/05/1827
Desde Bruselas, San Martín le aclara al Coronel Miller, aspectos vinculados con la batalla de Chacabuco. “Mi querido amigo: Un poco mejorado de mis dolores, voy a contestar a las preguntas que me hace en la suya del 26 del pasado. A la 1ª: El resto del Ejército enemigo que no entró en acción en Chaca buco se hallaba acantonado en San Fernando, al mando del coronel Morgordo. Estas fuerzas fueron dirigidas sobre Talca, consecuente al movimiento hecho por Freyre por el Sur. Ellas se componían (si mal no recuerdo) de cuatro escuadrones de Dragones de Concepción, un batallón de Penco, otro de Valdivia o Chillán y cuatro escuadrones de milicia armada de cívicos, con diez piezas de artillería volante. Los enemigos tenían igualmente trescientos o cuatroscientos hombres en Concepción y doscientos en Valparaíso; A la 2ª. El ejército enemigo fue mandado en Chaca buco por el brigadier Maroto; A la 3ª. Monteagudo era (cuasi tengo evidencia), hijo de Salta. Sus estudios los hizo en Chuquisaca; A la 4ª. Contesté en el correo anterior; A la 5ª. Me es imposible fijar la colocación  de los cuerpos enemigos y patriotas en la acción de Chaca buco y Maipú; A la 6ª. No me acuerdo con fijeja, pero en los papeles públicos, deben encontrarse los datos de su muerte; A la 7ª. Idem; A la 8ª. Yo calculo la población de Chile, incluso Chiolé a 125.000 habitantes; Ala 9ª. El entusiasmo de los habitantes de Lima a la entrada del Ejército fue extraordinario, particularmente en el bajo pueblo y sigue ….”. Las Heras, a la batalla de Chacabuco, era comandante del batallón de asalto de Talcahuano, después coronel y después de la batalla de Maipú, coronel mayor”

10/10/1827
San Martin le comenta a Bernardo de O’Higgins sus apremios económicos. “Voy a hablar a usted de mi situación. Ella es bien triste en el día. A mi llegada a Europa puse en los fondos del empréstito del Perú, no sólo los diez y nueve mil pesos que se me habían librado a cuenta de mi pensión, sino seis mil pesos más de mi dinero para que con sus réditos, unidos a lo que me producía mi casa en Buenos Aires, poder sostenerme en este país hasta la conclusión de la educación de mi hija. El Perú suspendió el pago de los dividendos, mi renta de la finca de Buenos Aires es nominal, porque con la circulación del papel moneda y la guerra con el Brasil está el cambio sobre Londres a diez y seis peniques en lugar de cincuenta a que estaba anteriormente, en tan triste situación y para sostenerme oscuramente he tenido que vender a un vil precio los veintiún mil pesos anuales que me tiene señalados el Congreso del Perú. Como usted verá por el apunte que en copia le incluyo, resulta debérseme por fin de diciembre del presente año 33.000 pesos, no se me oscurece la situación en que se hallará esa República y sería en mí una falta de consideración exigir mis atrasos. Yo remediaría mis necesidades con cuatro mil pesos anuales sin molestar por más a ese gobierno interín usted vea se halla en apuros, a cuyo efecto le incluyo el adjunto poder librado a favor de usted, mas como conozco que la separación de usted de la capital, y por otra parte las ocupaciones de su hacienda, tal vez le imposibilitarán de encargarse de esta comisión, usted podrá sustituir dicho poder en una persona honrada y activa en quien tenga usted confianza completa. Si tuviera una certeza completa de la existencia de mi amigo Mansueto, yo le hubiera remitido esta procuración, de todos modos, si él existe pueda que quiera encargarle o por lo menos podrá indicarle una persona segura que se encargue de esta comisión a la que señalará usted el tanto por ciento que tenga por conveniente designarle.” Luego agrega: “Yo pienso permanecer en Europa dos años más, tiempo necesario para concluir la educación de mi hija. Si por este tiempo las Provincias Unidas se hallan tranquilas regresaré a mi país para retirarme a mi Tebaida de Mendoza, si no, permaneceré en Europa todo el tiempo que la pensión del Perú se me pagara y con ella pueda sostenerme, pues de lo contrario, por alborotada que se halla mi patria, la necesidad me obliga a ir a ella.”

20/10/1827
San Martín le comenta a Bernardo de O’Higgins actitudes de Rivadavia: “La desconfiada administración de Buenos Aires […] me cercó de espías, mi correspondencia era abierta con grosería, los papeles ministeriales hablaban de un plan para formar un gobierno militar bajo la dirección de un soldado afortunado; yo vi que me era imposible vivir tranquilo en mi patria y esta certidumbre fue la que me decidió pasar a Europa. Mi admiración no es poca al ver que me dice usted no haber recibido más cartas mías que una desde El Havre y otra de Bruselas del 3 de febrero de 1825, es decir, que se han extraviado o, por mejor decir, han escamoteado 8 o 10 cartas más que le tengo escritas desde mi salida de América; esto no me sorprende, pues me consta que en todo el tiempo de la administración de Rivadavia mi correspondencia ha sufrido una revista inquisitorial la más completa. Yo he mirado esta conducta con el desprecio que se merecen sus autores. Rivadavia me ha hecho una guerra sin otro objeto que minar mi opinión, suponiendo que mi viaje a Europa no ha tenido otro objeto que el establecer gobiernos en América; yo he despreciado tanto sus groseras imposturas como su innoble persona.

02/12/1827
San Martín le ratifica a O’Higgins su absoluta falta de ambición personal en Perú.  “…Mi separación voluntaria del Perú parecía me ponía al cubierto de toda sospecha de ambicionar nada sobre las desunidas Provincias del Plata. Confinado en mi hacienda de Mendoza, y sin más relaciones que algunos vecinos que venían a visitarme, nada de esto bastó para tranquilizar la desconfiada administración de Buenos Aires; ella me cercó de espías; mi correspondencia era abierta con grosería…”(“San Martín. Sus relaciones con don Bernardino Rivadavia”,  Luis Roberto Altamira, Editado por “Impresiones Pellegrini”, Buenos Aires, 1950.

Si fecha cierta
Carta de San Martín a O’Higgins refiriéndose a su actitud, después de Guayaquil. “Usted me reconvendrá por no concluir la obra empezada. Usted tiene mucha razón; pero más tengo yo. Créame, amigo, ya estoy cansado de que me llamen tirano, que en todas partes quiero ser rey, emperador y hasta demonio. Por otra parte mi salud está muy deteriorada: el temperamento de este país me lleva a la tumba; en fin, mi juventud fue sacrificada al servicio de los españoles y mi edad media al de mi patria. Creo que tengo el derecho de disponer de mi vejez”

16/08/1828
Carta de O’Higgins a San Martín, donde comparte su desazón por la incomprensión de sus compatriotas: «Compañero y amigo, el más amado: No admiro tanto el tesón con que la facción, la ambición y la demagogia nos persiguen sin cesar, como inaudita ingratitud de casi todos aquellos que, además de sacarlos del afrentoso yugo español, deben a nuestros sacrificios y a nuestros extraordinarios esfuerzos, una existencia y una dicha que gozan, sin permitirnos siquiera el reposo debido a nuestro carácter y benevolencia. ¡Qué detestable y espantosa ferocidad! ¿Qué ciudadano animoso querrá ejercer su benevolencia en servir a la Patria, cuando en nuestro ejemplo temerá, con razón, que el pago de su generosidad, sea la misma negra ingratitud e implacable odio?».

00/08/1828
San Martín le escribe a O’Higgins anunciándole su regreso a Buenos Aires . Luego de producida la renuncia de Rivadavia, y con Manuel Dorrego como nuevo Gobernador de Buenos Aires: “Ya habrá usted sabido la renuncia de Rivadavia; su administración ha sido desastrosa y sólo ha contribuido a dividir los ánimos. Con un hombre como este al frente de la administración, no creí necesario ofrecer mis servicios en la actual guerra contra el Brasil, por el convencimiento en que estaba de que hubieran sido despreciados; con el cambio de administración he creído mi deber hacerlo, en la clase que el gobierno de Buenos Aires tenga a bien emplearme: si son admitidos me embarcaré sin pérdida de tiempo, lo que avisaré a usted.”

16/08/1828
San Martín opina sobre Rivadavia. En una carta que le enviara a O’Higgins le dice: “…ejerzan enhorabuena su rabia inquisitorial en nuestra comunicaciones privadas que ellos no encontrarán otra materia más que la misma firmeza y honradez que no han podido contradecir de nuestra vida pública. Hasta la evidencia se podría asegurar que las ocho o diez cartas que veo por su apreciable del 29 de septiembre del año pasado se han escamoteado como las que he escrito a Ud. paran en poder del hombre más criminal que ha producido el pueblo argentino. Un enemigo tan feroz de los patriotas como Don Bernardino Rivadavia estaba preparado por arcanos más oscuros que el carbón para humillarlos y para degradación que su desastrosa administración ha dejado a un pueblo generoso, que fue la admiración y baliza de las repúblicas de América Sudeste. Hombre despreciable que no solo ha ejercido su envidia y encono contra Ud. no queda satisfecha su rabia, y acudiendo a la guerra de zapa, quiso minarme en el retiro de este desierto, donde por huir de ingratos busco mi subsistencia y la de mi familia con el sudor de mi frente…” (“San Martín. Sus relaciones con don Bernardino Rivadavia”,  Luis Roberto Altamira, Editado por “Impresiones Pellegrini”, Buenos Aires, 1950.

00/01/1829
San Martín le escribe a su amigo Tomás Guido expresándole dudas acerca de su presencia en Buenos Aires: “Si sentimientos menos nobles que los que poseo a favor de nuestro suelo fuesen el Norte que me dirigiesen, yo aprovecharía de esta coyuntura para engañar a ese heroico, pero desgraciado pueblo, como lo han hecho unos cuantos demagogos que, con sus locas teorías, lo han precipitado en los males que lo afligen y dándole el pernicioso ejemplo de perseguir a los hombres de bien, sin reparar a los medios. Después de lo que llevo expuesto, ¿cuál será el partido que me resta? Es preciso convenir que mi presencia en el país en estas circunstancias, lejos de ser útil no haría otra cosa que ser embarazosa, para los unos y objeto de continua desconfianza para los otros, de esperanzas que deben ser frustradas; para mí, de disgustos continuados. Suponiendo que la suerte de las armas me hubiese sido favorable en la guerra civil, yo habría tenido que llorar la victoria con los mismos vencidos. La presencia de un militar afortunado es temible a Estados que de nuevo se constituyen.”

06/02/1829
Luego de que se viera frustrado su intento de desembarcar en Buenos Aires, San Martín se trasladó a Montevideo desde donde escribió: “A los cinco años justos de mi separación del país he regresado a él con el firme propósito de concluir mis días en el retiro de una vida privada, mas para esto contaba con la tranquilidad completa que suponía debía gozar nuestro país, pues sin este requisito sabía muy bien que todo hombre que ha figurado en la revolución no podía prometérsela, por estricta que sea la neutralidad que quiera seguir en el choque de las opiniones. Así es que en vista del estado en que se encuentra nuestro país y por otra parte no perteneciendo ni debiendo pertenecer a ninguno de los partidos en cuestión, he resuelto para conseguir este objeto pasar a Montevideo, desde cuyo punto dirigiré mis votos por el pronto restablecimiento de la concordia” (“Archivo del General San Martín”, Editado por la Comisión Nacional del Centenario, Imprenta Coni Hnos., Buenos Aires, 1910).

10/02/1829
San Martín le escribe a Fructuoso Rivera y le dice que jamás desenvainará su espada contra compatriotas. A poco de viajar de regreso a Europa, SAN MARTÍN le escribió al líder oriental FRUCTUOSO RIVERA diciéndole: “Dos son las principales causas que me han decidido a privarme del consuelo de por ahora estar en mi patria: la primera, no mandar; la segunda, la convicción de no poder habitar mi país, como particular, en tiempos de convulsión, sin mezclarme en divisiones […]. Mi carácter no es para el desempeño de ningún mando político […] y habiendo figurado en nuestra revolución, siempre seré un foco en que los partidos creerán encontrar un apoyo […]. Firme e inalterable en mi resolución de no mandar jamás, mi presencia en el país es embarazosa. Si éste cree, algún día, que como soldado le puedo ser útil en una guerra extranjera (nunca contra mis compatriotas), le serviré con la lealtad que siempre lo he hecho” (“El pensamiento de San Martín”, Arturo Capdevila, Editorial Losada, Buenos Aires, 1945).

01/03/1832
San Martin agradece el envio del dinero que se le adeudaba. El general SAN MARTÍN, desde París, Francia, escribió al general Bernardo O’Higgins, diciéndole: “Gracias infinitas, mi buen amigo, por el interés que toma usted en mi pensión. El Decreto del gobierno para ponerme mensualmente en el presupuesto del ejército que usted me anuncia, es una gran ventaja, pues por lo menos habrá una regularidad en su pago, lo que hará mi situación muy feliz. La rebaja que se ha hecho de la mitad de mi pensión la creo justa y la pérdida de los 37.000 pesos que de ello resultaría, los olvidaría si continúan pagándome en proporción de los demás empleados. Si, como espero -agrega más adelante-, recibo de usted y de Álvarez algún auxilio, estaré de regreso en Buenos Aires todo el presente año. Hablo a usted con franqueza y le ratifico lo mucho que amo a mi patria. Aunque hubiese cómo vivir como en Europa, “esté seguro, no volvería a América hasta tanto no viese su tranquilidad establecida de un modo sólido y permanente.”

01/03/1832
Según Mercedes San Martín, el general O’Higgins era el mejor amigo de su padre. “Como sé que usted es el mejor amigo de mi tatita, yo le he suplicado me permita tomarme la libertad de saludarlo, como igualmente a su señora madre y hermana, a las que deseo vivamente conocer. Se ofrece a su disposición, su atenta servidora. Mercedes”. Esta esquela, fechada el 1º de marzo de 1832, fue escrita por la hija del general San Martín. Y dirigida al Bernardo de O’Higgins, el mejor amigo (según algunos historiadores) y compañero de glorias del Gran Capitán.

22/12/1832
San Martin le comenta sus problemas de salud a O’Higgins. “El cólera nos invadió a fines del mes de marzo y mi hija fue atacada del modo más terrible. Yo caí enfermo de la misma epidemia tres días después. Figúrese usted cuál sería nuestra situación, no teniendo por toda compañía más que una criada. Afortunadamente el día antes de la enfermedad de Mercedes, el hijo mayor de nuestro amigo el difunto general Balcarce, había llegado de Londres —se hallaba en nuestra compañía y paraba en nuestra casita de campo en que estábamos a dos leguas y media de esta capital (Paris)— y éste fue nuestro redentor y sin sus esmerados cuidados hubiéramos sucumbido. Mercedes se repuso al mes, pero yo, atacado al principio de la convalecencia de una enfermedad gástrica intestinal que me ha tenido al borde del sepulcro y que me ha hecho sufrir inexplicables padecimientos por el espacio de siete meses; en fin – los baños minerales de Aix, en Saboya, que fui a tomar en septiembre pasado me han repuesto y aliviado en algún modo”.

También le informaba: He recibido, casi al mismo tiempo el duplicado de la suya del 2 de octubre del año pasado, y la del 24 de junio del presente, de los tres libramientos de mil pesos cada uno, que han sido satisfechos religiosamente por los señores Baring. Un millón de gracias a usted y al amigo ÁLVAREZ por esta oportuna remesa- Ello sólo me ha proporcionado satisfacer parte de los nuevos empeños que he contraído en mi penosa y larga enfermedad, sino que también ha contribuido a realizar mis más deseadas esperanzas. Hace cinco años que he formado el proyecto de unir a mi hija con el joven Balcarce. Hijo mayor de nuestro honrado y difunto amigo ya citado, y agregado a la Legación de Buenos Aires en Londres. Su juiciosidad no guarda proporción a su edad de 24 años. Amable, instruído y aplicado, ha sabido hacerse amar y respetar de cuantos le han tratado. Él no posee más bienes de fortuna que una honradez a toda prueba. He aquí todo lo que yo he deseado para la felicidad de Mercedes. Mi plan era que su unión se realizase a mi regreso a América, pero visto el estado de mi salud, he anticipado la época, calculando el estado en que quedaría mi hija si llegase a faltar su padre. Así es que su enlace ya se ha realizado hace nueve días.».

22/12/1832
San Martin expone sus condiciones para regresar a la Argentina. El general San Martín escribió al doctor MARIANO ÁLVAREZ, ciudadano peruano residente en de Lima, lo siguiente: “El más poderoso motivo para mí es esperar que se haga en Buenos Aires la elección de presidente, pues tanto los corifeos del partido enemigo de la actual administración como los del partido unitario me escriben que mi presen­cia es necesaria para salvar al país de la espanto­sa tiranía con que los oprime el gobierno. Ahora bien, usted debe calcular que habiendo resuelto morir antes que encargarme de ningún mando político y por otra parte conociendo a los hombres más influyentes en Buenos Aires y su larga carrera de revoluciones y picardías, como las injustas imputaciones que hacen a la actual administración, yo no me apresuraré a acceder a sus demandas para servir de pantalla a sus ambiciones. Por otra parte, el bien que ellos suponen pueda hacer el general Sin Martín encargándose del mando, no es otro que el de su interés particular, creyendo sacar de mí, más ventaja que del actual gobierno. Pero admírese usted hasta el grado que ha llegado la imprudencia de ciertos hombres. Uno de quienes me escriben con más empeño para decidirme a partir es el mismo que hallándome en Lima y habiendo corrido en Buenos Aires, la noticia de mi fallecimiento, hizo en el célebre papel “La Centinela” mi oración fúnebre siguiente: “El general San Martín fue la primera espada de Sudamérica, el primer tirano y el asesino de sus conciudadanos.” Yo le he contestado simplemente que un tirano y un asesino no era digno de mandar a hombres libres”.

26/12/1835
San Martín le expone a O’Higgins sus temores sobre el futuro de Perú. Compañero y querido amigo: Despues de más de tres años sin recivir la menor noticia de Usted ni del amigo Álvarez, mis cuidados no serían tan alarmantes si el Perú se hallare en tranquilidad, pero haviendo visto por los papeles públicos los males que se han desplomado sobre ese desgraciado país, y las violentas mutaciones de los goviernos que se han sucedido, estoy con una grande inquietud hasta saver qual a sido la suerte de Usted y de su amable familia: Algunas vezes me consuela la idea de que sea qual fuere el hombre que se halle al frente del Govierno sabra respetar al honrado, Bravo, y Patriota General O´Higgins, so pena de ser un monstruo de injusticia: pero como la reciente historia de los nuevos estados Americanos ha demostrado que no solo no saben tributar omenaje a esa virtudes, sino por el contrario ellas son la causa de persecuciones, mis temores se renueban alternativamente a mis esperanzas. Sáqueme usted mi buen amigo de esta cruel incertidumbre escriviendome quatro letras de tiempo en tiempo, diciendome simplemente, estoy con salud y gozo de paz, con mi familia esto es todo lo mas que puede decirse en las circunstancias en que se halla ese país, porque ser feliz es imposible presenciando los males que aflijen a la desgraciada América: si la distancia del teatro de los acontecimientos causan mí una impresión dolorosa ¿que no le sucederá a usted hallandose testigo ocular de ellos? por otra parte yo calculo quan embarazosa debe ser la posición de Usted entre opiniones y partidos tan diferentes, y quan difícil le será tener una conducta capaz por su imparcialidad, de ponerlo a cubierto de sospecha porque en la guerra civil la maxima de reputar enemigo al que no es de la misma opinión es la ley que divide los partidos.

El dador lo será el caballero Mendeville esposo de la amable Mariquita Thompson que ha residido por muchos años en Buenos Ayres de cónsul general de Francia y para el Equador con el mismo empleo. Tocando antes en esa el me prometió hacer a Usted y su virtuosa familia una visita a mi nombre yo se lo recomiendo en la seguridad de ser un caballero apreciable por sus amables cualidades: Como el ha benido recientemente de Buenos Ayres el le impondrá de la situación de aquel desgraciado país. su nuevo governador ha depuesto a mi hijo del empleo de primer oficial de la Secretaría de Negocios Extranjeros y ha declarado una persecución a toda mi familia lo que me ha echo suspender mi marcha.

Mi salud se ha repuesto completamente en el campo, en donde he permanecido 8 meses seguidos, y aún continuaría si los exesivos fríos no me ubieren obligado a benir a la Ciudad.

Un millón de cinceros y amistosos recuerdos de mi para su madre y Rosita y a Usted la amistad eterna que siempre le a proferido su biejo Amigo y Compañero. José de San Martín.. Por el mismo Conducto escrivo al amigo Alvarez”.

03/12/1837
San Martín pide clemencia para O’Brien. Desde París (Francia), el general San Martín escribió a su amigo el general O’Higgins, diciéndole entre otras cosas: “Hace tres días que he regresado del campo a ésta, en donde los rigurosos fríos no me han permitido permanecer por más tiempo aquí. Por otra parte, como mi hijo político tiene que regresar a Buenos Aires el próximo febrero, era necesario venirnos para que pudiese ha­cer las disposiciones del viaje.” En otros párrafos agregaba: “Nada, absolutamente nada dicen los papeles públicos del estado de guerra entre el Perú, Chile y Buenos Aires. Yo espero que la muerte del ministro Portales contribuya poderosamente a restablecer la paz, que jamás debió alterarse. Porque los resultados de esta guerra no serán otros que el de contraer nuevos empeños, en lugar de dedicarse a hacer desaparecer los males causados por la guerra de la independencia, afirmando el orden y prosperidad de cada Estado. Yo espero, mi buen amigo, que usted tendrá la satisfacción de contribuir a la terminación de esta guerra, no sólo sin objeto, sino desastrosa para todos. Ya habrá usted sabido la violenta prisión de O’Brien en Buenos Aires. En el momento que lo supe, he escrito a todos mis amigos, no sólo para que se la hagan más llevadera, sino para que empleen su influjo en su libertad.”

05/08/1838
San Martín y la agresión francesa. Al tener noticias del bloqueo impuesto por la escuadra francesa al puerto de Buenos Aires, el general José de San Martín, envió al general ROSAS la siguiente carta, fechada el 5 de agosto de 1838. “Muy señor mío y respetable general: Separado voluntariamente de todo mando público el año 23 y retirado en mi chacra de Mendoza, siguiendo por inclinación una vida retirada, creía que este sistema y más que todo mi vida pública en el espacio de diez años, me pondrían a cubierto con mis compatriotas de toda idea de ambición a ninguna especie de mando, pero me equivoqué en mi cálculo. A los dos meses de mi llegada a Mendoza, el gobierno que en aquella época, mandaba en Buenos Aires (MARTÍN RODRÍGUEZ Y BERNARDINO RIVADAVIA), no sólo me formó un bloqueo de espías, entre ellos a uno de mis sirvientes, sino que me hizo una guerra poco noble en los papeles públicos de su devoción, tratando al mismo tiempo de hacerme sospechoso a los demás gobiernos de las provincias. Por otra parte, los de la oposición, hombres a quienes en general no conocía ni aun de vista, hacían circular la absurda idea que mi regreso del Perú no tenía otro objeto que el de derribar a la administración de Buenos Aires y para corroborar esta idea mostraban (con una imprudencia poco común) cartas que ellos suponían yo les escribía. Lo que dejo expuesto me hizo conocer que mi posición era falsa y que, por desgracia mía, yo había figurado demasiado en la guerra de la independencia, para esperar gozar en mi patria, por entonces, la tranquilidad que tanto apetecía.

En estas circunstancias, resolví venir a Europa, esperando que mi país ofreciese garantías de orden para regresar a él. La época la creí oportuna en el año 29, pero a mi llegada a Buenos Aires, me encontré con la guerra civil y preferí un nuevo ostracismo, a tomar ninguna parte en sus disensiones. Pero siempre con le esperanza de morir en su seno. Desde aquella época, seis años de males no interrumpidos, han deteriorado mi constitución, pero no mi moral ni los deseos de ser útil a nuestra patria. Me explicaré: He visto por los papeles públicos de ésta, el bloqueo que el gobierno francés ha establecido contra nuestro país. Ignoro los resultados de esta medida; si son los de la guerra, yo sé lo que mi deber me impone como americano; pero en mis circunstancias y la de que no se fuese a creer que me supongo un hombre necesario, hacen, por un exceso de delicadeza que usted sabrá valorar, si usted me cree de alguna utilidad, que espere sus órdenes; tres días después de haberlas recibido me pondré en marcha para servir a la patria honradamente, en cualquier clase que se me destine. Concluida la guerra, me retiraré a un rincón –esto es si mi país me ofrece seguridad y orden; de lo contrario, regresaré a Europa con el sentimiento de no poder dejar mis huesos en la patria que me vio nacer–. He aquí, general, el objeto de esta carta. En cualquiera de los dos casos –es decir, que mis servicios sean o no aceptados–, yo tendré siempre una completa satisfacción en que usted me crea sinceramente su apasionado servidor y compatriota, que besa su mano. Fdo. JOSÉ DE SAN MARTÍN.

24/01/1839
Respuesta de Rosas a comentarios de San Martín sobre la agresión francesa “Señor brigadier general Don José de San Martín. Apreciable general y distinguido compatriota: Al leer su muy estimable de fecha 5 de agosto último, he tenido el mayor placer, considerando por todo su contexto los nobles y generosos sentimientos de que se halla usted animado por la libertad y gloria de nuestra patria. Mi satisfacción habría sido completa, si me hubiese sido posible excusar el recuerdo de los funestos sucesos que lo obligaron a retirarse de este país y que nos han privado, por tanto tiempo, de sus importantes servicios. Pero ¡quién sabe si esto mismo, desmintiendo la maledicencia de sus enemigos, ha mejorado su posición, para que sean más estimables los que haga a esta República en lo sucesivo!. Con efecto; el tiempo y los acontecimientos, considerados en su origen, relaciones y consecuencias, suelen ser la mejor antorcha contra las falsas ilusiones que producen la ignorancia, la preocupación y las pasiones. Felicito a usted por el acierto con que ha sabido hacer conocer la injusticia de sus perseguidores y le doy lleno de contento las más expresivas gracias por la noble y generosa oferta que se sirve hacerme de sus servicios a nuestra patria en la guerra contra los franceses. Pero aceptándola con el mayor gusto, como desde luego la acepto, para el caso que sean necesarios, debo manifestarle que por ahora, no tengo recelo de que suceda tal guerra, según lo espero por la mediación de la Inglaterra, y notorios perjuicios a las demás potencias neutrales y, por lo mismo, al paso que me sería grato que usted se restituyese a su patria, por tener el gusto de concluir en ella los últimos días de su vida, me sería muy sensible que se molestase en hacerlo, sufriendo las incomodidades y peligros de la navegación, por sólo el motivo de la guerra que, probablemente, no se verificará y mucho más, cuando concibo que, permaneciendo usted en Europa, podrá prestar en lo sucesivo a esta República, sus buenos servicios en Inglaterra o Francia. Al hacer a usted esta franca manifestación, sólo me propongo darle una prueba del alto aprecio que me merece la importancia de su persona, recordando lo mucho que debe a sus afanes y desvelos la independencia de esta República, como también las de Chile y Perú. Mas no exigiré a usted ninguna clase de sacrificio que le sea penoso, ni menos que se prive del placer que podrá tener en volver cuanto antes a ésta su patria, en donde su presencia nos sería muy grata a todos los patriotas federales. Los adjuntos cuadernos impresos, darán a usted una idea de los sucesos de este país de 1838. Que Dios conceda a usted la mejor salud y ventura, es el voto constante de su muy atento servidor y compatriota. Fdo. Juan M. de Rosas.

10/06/1839
Segunda carta de San Martín a Rosas, reiterando su oferta de apoyo ante la agresión francesa. Grand Bourg, 7 leguas de París, 10 de julio de 1839. Respetable general y señor: Exmo. Sr. Capitán general D. Juan M. de Rosas. Es con una verdadera satisfacción que he recibido su apreciable del 24 de enero del corriente año; ella me hace más honor de lo que mis servicios merecen; de todos modos, la aprobación de éstos por los hombres de bien, es la recompensa más satisfactoria que uno puede recibir. Los impresos que usted ha tenido la bondad de remitirme me han puesto al corriente de las causas que han dado margen a nuestra desavenencia con el gobierno francés. Confieso a usted, apreciable general, que es menester no tener el menor sentimiento de justicia, para mirar con indiferencia un tal violento abuso del poder. Por otra parte, la conducta de los agentes de este gobierno, tanto en este país como en la Banda Oriental, no puede calificarse sino dándole el nombre de verdaderos revolucionarios. Ello no pertenece a un gobierno fuerte y civilizado; pero es que ni en la Cámara de los Pares, ni en la de Representantes, no ha habido un solo individuo que haya exigido del ministerio, la correspondencia que ha mediado con nuestro gobierno, para proceder de un modo tan violento como injusto. Esta conducta puede atribuirse a un orgullo nacional, cuando puede ejercerse impunemente contra un Estado débil o a la falta de experiencia en el gobierno representativo y a la ligereza proverbial de esta nación; pero lo que no puede concebir es el que haya americanos, que por un indigno espíritu de partido, se unan al extranjero para humillar su patria y reducirla a una condición, peor que la que sufríamos en tiempo de la dominación española. Una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer Me dice en su apreciable que mis servicios pueden ser de utilidad a nuestra patria en Europa; yo estoy pronto a rendírselos con la mayor satisfacción, pero, y faltaría a la confianza con que usted me honra, si no le manifestase, que destinado a las armas desde mis primeros años, ni mi educación, instrucción ni talentos no son propios para desempeñar una comisión de cuyo éxito puede depender la felicidad de nuestro país; si un sincero deseo del acierto y una buena voluntad fuesen suficientes para corresponder a tal confianza, usted puede contar con ambas cosas con toda seguridad; pero estos deseos son nulos si no los acompañan otras cualidades. Deseo a usted acierto en todo y una salud cumplida, igualmente el que me crea es sinceramente su afecto servidor y compatriota. Fdo. José de San Martín.

22/07/1842
San Martín agradece la oferta de radicarse en Chile. A estos efectos le escribió a su gran amigo Ignacio Centeno diciéndole: que le llenaba de satisfacción la carta que le había remitido del general Manuel Bulnes, por la cual no solamente se le ofrecía una nueva patria sino que aprobaba del modo más lisonjero su conducta militar en Chile, agregando: “El vivo interés que toma usted en que fije mi residencia en Chile, es una nueva prueba que recibo de su amistad. He aquí los motivos que me lo impiden hacerlo en el día. El 12 de abril del presente año ha muerto repentinamente en España, a donde había ido a ver una gran explotación de minas de carbón que había establecido en Asturias, mi antiguo amigo y compañero de regimiento de España, don ALEJANDRO AGUADO, marqués de las Marismas. Por su testamento, no sólo me nombró su general albacea, sino también tutor y curador. de sus hijos menores. Sin la más horrible ingratitud, yo no podía declinar este cargo, que la más pura amistad me ha legado…”.

22/01/1844
San Martín hace públicos sus deseos de que a su muerte, el estandarte de PIZARRO vuelva a Perú. En su testamento, fechado el 22 de enero de 1844, el general San Martín dice con respecto a este asunto: «En nombre de Dios Todo Poderoso, a quien reconozco como Hacedor del Universo, digo yo, José de San Martin, Generalísimo de la República del Perú y fundador de su libertad, Capitán General de la de Chile y Brigadier General de la Confederación Argentina, que visto el mal estado de mi salud, declaro por el presente Testamento lo siguiente: 1º. El sable que me ha acompaña­do en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina don JUAN MANUEL DE ROSAS, como una prueba de la satisfacción, que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los ex­tranjeros que trataban de humillarla. «2º. Desearía que mi corazón fuera depositado en Buenos Aires. «3º. Declaro no deber ni haber debido jamás nada a nadie. «4º. Aunque es verdad que todos mis anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar que la honrada conducta de ésta, y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado, han recompensado con usura todos mis esmeros, haciendo mi vejez feliz. Yo la ruego continúe con el mismo cuidado y contracción la educación de sus hijas (a los que abrazo con todo mi corazón), si es que a su vez quiere tener la misma feliz suerte que yo he tenido; igual encargo hago a su esposo, cuya honradez y hombría de bien no ha desmentido la opinión que había formado de él, lo que me garantiza continuará haciendo la felicidad de mi hija y nietas. «Hecho en París a veintidós de enero del año mil ochocientos cuarenta y cuatro, y escrito todo él de mi puño y letra. «Artículo adicional. Es mi voluntad el que el estandarte que el bravo español Don. FRANCISCO PIZARRO tremoló en la conquista del Perú sea devuelto a esta República (a pesar de ser una propiedad mía), siempre que sus gobiernos hayan realizado las recompensas y honores con que me honró su primer Congreso».

23/01/1844
Testamento del General José de San Martín: «En nombre de Dios Todo Poderoso, a quien reconozco como Hacedor del Universo, digo yo, José de San Martin, Generalísimo de la República del Perú y fundador de su libertad, Capitán General de la de Chile y Brigadier General de la Confederación Argentina, que visto el mal estado de mi salud, declaro por el presente Testamento lo siguiente:

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1º..Dejo por mi absoluta heredera de mis bienes, habidos y por haber a mi única hija Mercedes de San Martín, actualmente casada con Mariano Balcarce.
2º. Es mi expresa voluntad que mi hija suministre a mi hermana María Elena, una pensión por mil francos anuales, y a su fallecimiento se continúe pagando a su hija Petronilla, una de 250 sin que para asegurar este don que hago a mi hermana y sobrina, sea necesaria otra hipoteca que la confianza que me asiste de que mi hija y sus herederos cumplirán religiosamente esta mi voluntad.
3º. El sable que me ha acompaña­do en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina don JUAN MANUEL DE ROSAS, como una prueba de la satisfacción, que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los ex­tranjeros que trataban de humillarla.
4º. Prohibo que se me haga ningún género de funeral y desde el lugar en que falleciere, se me conducirá directamente al cementerio, sin ningún acompañamiento, pero si desearía el que mi corazón fuese depositado en el de Buenos Aires.
5º. Declaro no deber ni haber debido jamás nada a nadie.
6º. Aunque es verdad que todos mis anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar que la honrada conducta de ésta, y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado, han recompensado con usura todos mis esmeros, haciendo mi vejez feliz. Yo la ruego continúe con el mismo cuidado y contracción la educación de sus hijas (a los que abrazo con todo mi corazón), si es que a su vez quiere tener la misma feliz suerte que yo he tenido; igual encargo hago a su esposo, cuya honradez y hombría de bien no ha desmentido la opinión que había formado de él, lo que me garantiza continuará haciendo la felicidad de mi hija y nietas.
7º. Todo otro Testamento o disposición anterior al presente queda nulo y sin ningún valor.
«Hecho en París a veintidós de enero del año mil ochocientos cuarenta y cuatro, y escrito todo él de mi puño y letra. José ede San Martín.
«Artículo adicional. Es mi voluntad el que el estandarte que el bravo español Don. FRANCISCO PIZARRO tremoló en la conquista del Perú sea devuelto a esta República (a pesar de ser una propiedad mía). Siempre que sus gobiernos hayan realizado las recompensas y honores con que me honró su primer Congreso». José de San Martín

25/12/1845
San Martín y la agresión anglo francesa. En ocasión de los sucesos ocurridos en el Plata, protagonizados por Francia e Inglaterra, que en su afán de mantener abiertos los canales que les permitieran ejercer libremente el comercio con estos territorios, agredían la soberanía argentina, el general San Martín, desde Nápoles, le escribe a Juan Manuel de Rosas diciéndole: “La poca mejoría que experimento en mi enfermedad, me es tanto más sensible, cuando en las circunstancias en que se halla nuestra patria, me hubiera sido muy lisonjero poder nuevamente ofrecerle mis servicios (como hice a usted en el primer bloqueo llevado a cabo por Francia), servicios que aunque conozco serían bien útiles, sin embargo demostrarían que en la injustísima agresión y abuso de la fuerza de Inglaterra y de Francia contra nuestro país, éste tenía aún un viejo servidor de su honor e independencia. Ya que el estado de mi salud me priva de esta satisfacción, por lo menos me complazco en manifestar a usted estos sentimientos, así como mi confianza no dudosa, del triunfo de la justicia que nos asiste».

28/12/1845
San Martín y la agresión anglo francesa en una carta que le dirige al Cónsul argentino en Inglaterra:  Así expresa su opinión, en carta dirigida desde Nápoles al Cónsul General de la Confederación Argentina en Londres: Sr. D. Federico Dickson: “Señor de todo mi aprecio: Por conducto del caballero Yackson se me ha hecho saber los deseos de usted relativos a conocer mi opinión sobre la actual intervención de la Inglaterra y Francia en la República Argentina; no sólo me presto gustoso a satisfacerlo, sino que lo haré con la franqueza de mi carácter y la más absoluta imparcialidad; sintiendo sólo el que el mal estado de mi salud no me permita hacerlo con la extensión que requiere este interesante asunto.

No creo oportuno entrar a investigar la justicia o injusticia de la citada intervención, como tampoco los perjuicios que de ella resultarán a los súbditos de ambas naciones con la paralización de las relaciones comerciales, igualmente que de la alarma y desconfianza que naturalmente habrá producido en los Estados sudamericanos la injerencia de dos naciones europeas en sus contiendas interiores, y sólo me ceñiré á demostrar si las dos naciones intervinientes conseguirán por los medios coactivos que hasta la presente han empleado el objeto que se han propuesto, es decir, la pacificación de las dos riberas del Río de la Plata. Según mi íntima convicción, desde ahora diré á usted no lo conseguirán; por el contrario, la marcha seguida hasta el día no hará otra cosa que prolongar por un tiempo indefinido los males que se tratan de evitar y sin que haya previsión humana capaz de fijar un término a su pacificación: me explicaré.

Bien sabida es la firmeza de carácter del jefe que preside la República Argentina; nadie ignora el ascendiente muy marcado que posee sobre todo en la vasta campaña de Buenos Aires y resto de las demás provincias; y aunque no dudo de que en la capital tenga un número de enemigos personales, estoy convencido de que bien sea por orgullo nacional, temor, o bien por la prevención heredada de los españoles contra el extranjero, ello es que la totalidad se le unirán y tomarán una parte activa en la actual contienda: por otra parte, es menester conocer (como la experiencia lo tiene ya demostrado) que el bloqueo que se ha declarado no tiene en las nuevas repúblicas de América (sobre todo en la Argentina) la misma influencia que lo sería en Europa: él sólo afectará un corto número de propietarios, pero la masa del pueblo que no conoce las necesidades en estos países, le será bien indiferente su continuación. Si las dos potencias en cuestión quieren llevar más adelante las hostilidades, es decir, declarar la guerra; yo no dudo un momento podrán apoderarse de Buenos Aires con más o menos pérdida de hombres y gastos, pero estoy convencido de que no podrán sostenerse por mucho tiempo en posesión de ella: los ganados, primer alimento, o por mejor decir, el único del pueblo, pueden ser retirados en muy pocos días a distancias de muchas leguas; lo mismo que las caballadas y demás medios de transporte; los pozos de las estancias inutilizados, en fin, formando un verdadero desierto de 200 leguas de llanuras sin agua ni leña, imposible de atravesarse por una fuerza europea, la que correrá tantos más peligros a proporción que ésta sea más numerosa, si trata de internarse.

Sostener una guerra en América con tropas europeas no sólo es muy costoso, sino más que dudoso su buen éxito tratar de hacerla con los hijos del país; mucho dificulto y aun creo imposible encuentren quien quiera enrolarse con el extranjero.

En conclusión: con 8.000 hombres de caballería, del país y 25 o 30 piezas de artillería, fuerzas que con mucha facilidad puede mantener el general Rosas, son suficientes para tener en un cerrado bloqueo terrestre á Buenos Aires, sino también impedir que un ejército europeo de 20.000 hombres salga a 30 leguas de la capital, sin exponerse á una completa ruina por falta de todo recurso; tal es mi opinión y la experiencia lo demostrará, a menos (como es de esperar) que el nuevo ministerio inglés no cambie la política seguida por el precedente. José de San Martín

11/01/1846
San Martín le escribe a Rosas para referirse al bloqueo anglo francés del Puerto de Buenos Aires y para excusarse, que por razones de salud, no está en condiciones de aportar sus servicios. “Mi apreciable general y amigo: En principios de noviembre pasado, me dirigí a Italia con el objeto de experimentar si con su benigno clima recuperaba mi arruinada salud; bien poca es hasta el presente la mejoría que he sentido, lo que me es tanto más sensible, cuanto en las circunstancias en que se halla nuestra patria, me hubiera sido muy lisonjero poder nuevamente ofrecerle mis servicios (como lo hice a usted en el primer bloqueo por la Francia); servicios que aunque conozco serían inútiles, sin embargo demostrarían que en la injustísima agresión y abuso de la fuerza de la Inglaterra y Francia contra nuestro país, éste tenía aún un viejo defensor de su honor e independencia; ya que el estado de mi salud me priva de esta satisfacción, por lo menos me complazco en manifestar a usted estos sentimientos, así como mi confianza no dudosa del triunfo de la justicia que nos asiste. Acepte usted, mi apreciable general, los votos que hago porque termine usted la presente contienda con honor y felicidad, con cuyos sentimientos se repite de usted su afectísimo servidor y compatriota”

02/11/1848
San Martin felicita a Rosas por su defensa de la soberanía. Desde Boulogne-Sur-Mer, le escribió a JUAN MANUEL DE ROSAS, diciéndole, entre otras palabras: “A pesar de la distancia que me separa de nuestra patria, usted me hará la justicia de creer que sus triunfos son un gran consuelo para mi achacosa vejez. Así es que he tenido una verdadera satisfacción al saber el levantamiento del injusto bloqueo con que nos hostilizaban las dos primeras naciones de Europa. Esta satisfacción es tanto más completa cuanto el honor del país no ha tenido nada que sufrir y, por el contrario, presenta a todos los nuevos Estados americanos un modelo que seguir. No vaya usted a creer por lo que dejo expuesto el que jamás he dudado que nuestra patria tuviese que avergonzarse de ninguna concesión humillante presidiendo usted sus destinos; por el contrario, más bien he creído no tirase usted demasiado la cuerda de las negociaciones seguidas cuando se trataba de honor nacional. Esta opinión demostrará a usted, mi apreciable general, que al escribirle lo hago con la franqueza de mi carácter y la que merece el que yo he formado del de usted. Por tales acontecimientos, reciba usted y nuestra patria mis más sinceras enhorabuenas…” Continúa noticiándole que había trasladado a su familia a Boulogne-Sur-Mer, a consecuencia de las “trágicas escenas que desde la revolución de febrero” se habían sucedido en París.

12/09/1849
San Martin y el estandarte de Pizarro. El mariscal RAMÓN CASTILLA le reclama por nota al Ministro de Relaciones Exteriores del Perú que le solicite al general San Martín, la devolución del estandarte que fuera de Francisco Pizarro durante la conquista que éste realizara de los territorios del Perú. El 8 de diciembre de 1849, el General JOSÉ DE SAN MARTÍN le contestó al Mariscal RAMÓN CASTILLA la carta que le escribió al Ministro de Relaciones Exteriores del Perú el 12 de setiembre del mismo año, referente a la devolución del estandarte de PIZARRO.

En tan importante documento, el General San Martín hace una corta exposición de la forma cómo dicho trofeo fue recuperado del poder de un marqués español que habitaba en una de sus haciendas en Chinelsa o Pisco y en conocimiento San Martín de este suceso, envió un oficial con la orden de recuperarlo, cosa que logró. Comprobado que fue que era el verdadero estandarte que portó FRANCISCO PIZARRO en la conquista del Perú, la Municipalidad de Lima lo donó al General San Martín y al declararse la independencia del país, éste declaró que él era el poseedor de tan precioso trofeo. El general de los Andes termina su carta con el párrafo siguiente: “Lo expuesto no debe dejar la menor duda sobre mi legítima posesión de este interesante y antiguo signo de la conquista del Perú por los españoles. Sin embargo, yo había prevenido con mucha antelación los deseos de su excelencia, el Señor Presidente, declarando en mi disposición testamentaria , ser mi voluntad, el que dicho estandarte fuese presentado a la República por mis herederos después de mi fallecimiento, como una demostración de mi agradecimiento a las distinciones con que me honró su primer Congreso. Este término, no será de la larga duración vista mi edad avanzada y lo destruido de mi salud”.

23/12/1849
San Martin y la intervención anglo francesa en los asuntos del Plata. A raíz de la reproducción de su carta dirigida desde Nápoles al caballero inglés Jorge Federico Dickson en el diario “La Presse”, el día 23 de diciembre de 1849, el general San Martín le escribió al Ministro de Obras Públicas de Francia, monsieur Bineau, expresándole: “Cuando tuve el honor de hacer vuestro conoci­miento en la casa de madame Aguado, estaba muy distante de creer que debía algún día escribiros sobre asuntos políticos, pero la posición que hoy ocupáis y una carta que el diario “La Presse” acaba de reproducir el 22 de este mes, carta que había escrito en 1845 al señor Dickson sobre la intervención unida de la Francia y la Inglaterra en los negocios del Plata y que se publicó sin mi consentimiento en esa época en los diarios ingleses, me obligan a confirmaros su autenticidad y aseguraros nuevamente que la opinión que entonces tenía no solamente es la misma aún, sino que las actuales circunstancias en que la Francia se encuentra sola, empeñada en la contienda, vienen a darle una nueva consagración. Estoy persuadido que esta cuestión es más grave que lo que se la supone generalmente, y los once años de guerra por la independencia americana, durante los que he comandado en jefe los ejércitos de Chile, del Perú y de las Provincias de la Confederación Argentina, me han colocado en situación de poder apreciar las dificultades enormes que ella presenta y que son debidas a la posición geográfica del país, al carácter de sus habitantes y a su inmensa distancia de la Francia. Nada es imposible al poder francés y a la intrepidez de sus soldados; mas antes de emprender, los hombres políticos pesan las ventajas que deben compensar los sacrificios que hacen.

06/05/1850
San Martin felicita a Rosas por su gobierno. Desde Boulogne-Sur-Mer, el general San Martín escribió su última carta a JUAN MANUEL DE ROSAS, en la cual le manifestaba, entre otras cosas, que el objeto de esa carta era el de tributarle sus más sinceros agradecimientos al ver la constancia con que se empeñaba en honrar la memoria del remitente, como lo había verificado en el importante mensaje que Rosas le había dirigido el 27 de diciembre anterior, mensaje que “por segunda vez me he hecho leer…” agregaba, y que como argentino le llenaba de orgullo al ver la prosperidad, la paz interior, el orden y el honor restablecidos en la patria lejana.

Código de Honor del General José de San Martín.
Terminamos esta nota, transcribiendo el Código de Honor cuya aplicación dispuso el General San Martín para ceñir a él, la conducta de todo el personal militar bajo sus órdenes: con el objeto de asegurar el cumplimiento estricto de las normas de honor y disciplina entre sus integrantes:

“Cada domingo del mes,  deben reunirse todos los oficiales y cadetes en casa del comandante del Regimiento. Este abrirá  la sesión con un pequeño discurso en que demuestra la utilidad del establecimiento de este Reglamento y la obligación que tiene todo oficial de honor,  de no permitir en el seno del cuerpo a ninguno que no corresponda a él. Concluido el discurso mandará salir oficial por oficial a otra pieza en la que habrá unas tarjetas en blanco, para que cada uno escriba lo que haya notado en la comportación de sus compañeros. Concluido esto, se levantará el sargento mayor o el capitán más antiguo en defecto de éste, y correrá el sombrero en el que cada oficial depositará su papeleta con la mano cerrada para introducirla. Recogidas que sean éstas, las pasará al Jefe principal para que las revise en secreto. Si encontrare en ellas alguna acusación y el acusado se hallare presente, lo mandará salir, lo que verificado, hará presente al cuerpo de oficiales,  la papeleta que ha dado motivo a la salida anterior.

Cada oficial tiene derecho para hablar sobre el particular que se propone, lo que discutido a satisfacción, se nombrará una comisión de tres oficiales que será a elección de todo el cuerpo, para la averiguación del hecho; pero dichos oficiales deberán ser más antiguos y de superior graduación que el acusado. Hecha la averiguación, se citará a un Junta extraordinaria, a la que la Comisión de Residencia hará presente el encargo que se le ha confiado, y según lo que resulte de la exposición,  se volverá a discutir sobre ello, cuya discusión concluida, se pasará a votación secreta; es decir, por papeleta y en los mismos términos que se verifican las acusaciones, pero firmando cada oficial su dictamen que, poco más o menos, deberá ser concebido en estos términos: “El teniente don fulano de tal, no es acreedor a alternar con sus honrados compañeros”, o bien “el teniente don fulano de tal, es acreedor a ser Individuo del cuerpo”. La penalidad de éstos será la que decida la suerte del oficial, y en caso de empate, el del Jefe general valdrá por dos.

Si el oficial acusado saliese inocente, se le hará entrar a presencia de todo el cuerpo de oficiales y se le dará una satisfacción por el presidente. Si el acusado saliese reo, se nombrará una Comisión de un oficial por clase, para anunciarle que el respetable cuerpo de oficiales manda pida su licencia absoluta, y que, en el ínterin que ésta se le concede, no se presente en público con el uniforme del Regimiento, y en caso de contravenir le será arrancado a estocadas por el primer oficial que lo encuentre.

Delitos por los cuales deben ser arrojados los oficiales: 1º) Por cobardia en acción de guerra, en la que aun agachar la cabeza será reputado por tal; 2º)  Por no admitir un desafio, sea justo o Injusto; 3º) Por no exigir satisfacción cuando se halle insul­tado; 4º) Por no defender a todo trance el honor del cuerpo cuando lo ultrajen a su presencia, o sepa ha sido ultrajado en otra parte; 5º) Por trampas infames como de artesanos; 6º) Por falta de integridad en el manejo de intereses, como no pagar a la tropa el dinero que se haya suministrado para ella; 7º) Por hablar mal de otro compañero con personas u oficiales de otros cuerpos;  8º)  Por publicar las disposiciones  internas de la oficialidad en sus juntas secretas; 9º)  Por familiarizarse en grado vergonzoso con los sargentos, cabos y soldados; 10º)  Por poner la mano a cualquier mujer aunque haya sido insultado por ella; 11º)  Por no socorrer en acción de guerra a un compañero suyo que se halle en peligro, pudlendo verificarlo; 12º) Por presentarse en público con mujeres conocidamente prostituidas; 13º) Por concurrir a casas de luego que no sean pertenecientes a la clase de oficiales, es decir, jugar con personas bajas e indecentes; 14º) Por hacer uso inmoderado de la bebida en términos de hacerse notable con perjuicio del honor del cuerpo.

Yo estoy seguro que los oficiales de honor tendrán placer en ver establecidas en su cuerpo unas Instituciones que lo garantizan de confundirse con los malvados y per­versos, y me prometo (por que la experiencia me lo ha demostrado),  que esta medi­da les hará ver los más felices resultados como la segura prosperidad de la patria. Nota. — El cuerpo de oficiales tiene un derecho de reprender (por la voz de su jefe),  a todo ofioial que no se presente con el aseo propio del honor del cuerpo, y en caso de reincidencia sobre este defecto, quedan comprendidos en los artículos de separación de él”.

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