DRAGO, LUÍS MARÍA (1859-1921).

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El Doctor LUÍS MARÍA DRAGO nació en la ciudad de Mercedes, provincia de Buenos Aires el 6 de mayo de 1859. Se recibió de Abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires en 1880 y alternó sus estudios, ocupando el puesto de corrector en el diario La Nación y escribiendo allí, algunos artículos, que lo hicieron destacar como nóvel periodista, llegando a ser, en 1881, editor responsable de ese Diario. Ese mismo año ingresó en la vida pública en la provincia de Buenos Aires y de inmediato, en 1882 fue electo para la Legislatura, comenzando así veinte años de servicio en los tribunales civiles y penales de la provincia, demostrando un profundo interés en los aspectos sociológicos y psicológicos de los criminales.

Desde 1895 ocupó importantísimos puestos en el ámbito de la justicia de esa provincia, habiendo desempeñado los cargos, por orden de antigüedad, de juez en lo Civil, juez de Crimen y fiscal de Estado. Su fama de criminalista fue más que justificada. El foro argentino lo contó como uno de sus más lúcidos integrantes. Fue un excelente catedrático de Derecho Civil en la Universidad de Buenos Aires. También fue un escritor profundo y sus trabajos gozaron de general reconocimiento y valoración, pues supo condensar en ellas, su pensamiento y todos sus conocimientos jurídicos.

Su actuación como internacionalista fue brillante. Cuando tuvo que concurrir a algunas de las magnas reuniones de grandes personalidades del mundo, convocadas para dirimir cuestiones difíciles o complejas, hizo honor a su país, no siendo jamás figura intrascendente, “sino el sereno y severo oponente de profundos pensamientos y de inéditas teorías” que le valieron notorios triunfos.

En 1902, fue nombrado Ministro de Relaciones Exteriores y Culto durante la presidencia del general JULIO ARGENTINO ROCA y el conflicto que envolvió a la República de Venezuela, sometida a bloqueo por parte de efectivos de Inglaterra, Alemania e Italia con motivo de una supuesta deuda contraída por un empresario venezolano con Gran Bretaña, lo tuvo como el gran protagonista, al establecer una jurisprudencia, que luego se universalizó.

Denunciado el atropello que sufría el estado soberano de Venezuela, la Cancillería Argentina, el 29 de diciembre de 1902, envió una nota al gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, denunciando la inmiscuencia de poderes extranjeros para cobrar impulsivamente las deudas de un país. Pasado el tiempo esta posición expresada por nuestro Canciller, pasó a conocerse como la “Doctrina Drago”, reconociéndosele al autor que había demostrado contar con tan destacadas habilidades jurídicas, valores que lo ubicaron como uno de los principales juristas del mundo.

En 1907 actuó como delegado argentino en la segunda Conferencia de la Paz en La Haya, y en 1909, aceptó la invitación de los Estados Unidos y de Gran Bretaña para formar parte del Tribunal Arbitral que habría de actuar como árbitro en la controversia sobre los derechos de pesca en el Atlántico Norte. En 1912 regresó a Buenos Aires y se incorporó como Diputado en el Congreso Nacional y el 1920, fue invitado a participar en el Consejo de la Liga de Naciones, pero problemas de salud lo obligaron a rechazar la invitación.

Fue objeto de muchas distinciones, llegándosele a conferir honorariamente el título de Doctor en Leyes por parte de la Universidad de Columbia en 1912, así como también una condecoración del Carnegie Endowment for Internacional Peace, que lo honraba como “el más alto exponente de la cultura intelectual de América del Sur”; en su consistente tarea de lograr una más estrecha y mutuamente beneficiosa relación entre Argentina y Estados Unidos y en 1917, fue el líder del grupo que envió al presidente Woodrow Wilson un mensaje de homenaje y solidaridad en relación con la declaración de guerra contra Alemania llevada a cabo por los Estados Unidos en ese año.

Los trabajos que publicó, reflejan la variedad de sus intereses y experiencias en materia jurídica: “La República Argentina y el caso de Venezuela” (1903), “Los empréstitos de Estado en sus relaciones con la política internacional”, “Cobro coercitivo de las deudas públicas” (publicado en 1906 y donde expone clara y detalladamente la teoría sobre derecho internacional, que sustentó su doctrina en el caso de Venezuela), “Un triunfo del arbitraje” (1909) “La literatura del slang” y “Hombres de presa”, sin duda, una de sus obras más sugerentes y de más resonancia en el campo intelectual.

Falleció el 9 de junio de 1921 y a su muerte, gobiernos, diplomáticos, políticos de todas las tenencias, extraños y amigos, connacionales y extranjeros, magistrados, eruditos, periodistas, exaltaron su memoria y lamentaron tan irreparable pérdida para la República Argentina. Su nombre quedó vinculado al derecho universal, y fue respetado como suprema autoridad en el mundo entero.

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