CURIOSIDADES DEL CRUCE DE LOS ANDES (18/01/1817)

El cruce de la Cordillera de los Andes planificado y l levado a cabo por el general JOSÉ DE SAN MARTÍN , como paso previo e inicial para cumplir su sueño de libertad, fue una epopeya que demando meses de cuidadosa preparación,  agotadoras jornadas dedicadas al estudio del terreno, esmerada dedicación en la búsqueda de materiales y equipamiento, selección del personal y hasta estudios meteorológicos. Como es lógico entonces, todas estas tareas, pasado el tiempo,  generaron infinidad de mitos, anécdotas  y cuentos de fogón, algunos de los cuales integran este informe (ver El cruce de la Cordillera de los Andes).

San Martín y los pehuenches. SAN MARTÍN , en su calidad de Gobernador intendente de Cuyo, considerando necesario lograr el apoyo de los aborígenes pehuenches de la región, para poder llevar a cabo sus planes para liberar a Chile del yugo español,  luego de cruzar la Cordillera de los Andes, envió una comunicación oficial al cacique pehuenche ÑACUÑÁN, informándolo de su acceso a ese mando y expresándole su interés en mantener buenas relaciones con los indígenas. Desde entonces, la colaboración entre los aborígenes y las autoridades patriotas de Cuyo, se mantuvieron en un excelente plano y a partir de entonces, los pehuenches fueron eficaces colabroradores como guías y arrieros del Ejército de los Andes (ver San Martín y los pehuenches).

Apoyo chileno. En 1817, en Chile, ya nadie dudaba del destino de libertad que le esperaba al pueblo chileno y muchos se  colaboraron para que esto así sucediera. Los “nombres de guerra”, tras los que se ocultaban para preservar sus vidas algunos de ellos, quedaron en la Historia como valientes soldados anónimos que  secundaron decididamente los planes de SAN MARTÍN para liberar a su patria: CORRO, MACHUCA, TRIPILLA, FERVOR y ESCABECHE fueron quizás los más comprometidos, junto con alguien que no ocultó su nombre para cumplir con las misiones que se le encomendaban. Fue el famoso guerrillero chileno MANUEL RODRÍGUEZ que lanzó a sus connacionales una  proclama diciendo: “ ¡Chilenos! Vosotros que palpasteis la necesidad de asegurarnos por tierra y mar antes de repartirnos en empresas cuyo mal resultado desanimaba vuestro remedio, envolviéndonos en nuestras ruinas, veréis las huestes de la Libertad sobre los Andes, luego que descubran camino esos cerros de nieve. El coronel mayor SAN MARTÍN, general nombrado, tiene fuerza para imponerse a los tiranos. El entusiasmo general y la disciplina del soldado justifican una felicidad suprema. Las Provincias Unidas, victoriosas en toda la redondez de su territorio y señoras del mar del Sur, no descubren otra atención que las desgracias de sus vecinos y de sus hermanos. Los esclavos de Abascal sentirán sobre sus cabezas las laureadas escenas que los aterran en el Perú y nos reponen en su dominación”.”

La guerra de zapa.  La guerra de zapa es un termino castrense que identifica a un táctica empleada para desorientar y desinformar al enemigo, acerca de cuáles son las verdaderas intenciones y objetivos de su  rival. Con informaciones falsas y operaciones encubiertas de espionaje, San Martín preparó el mejor escenario para lograr el éxito de su travesía. Hizo creer que el paso se efectuaría por donde jamás pensó hacerlo, supo engañar a los realistas acerca de la verdadera envergadura de sus tropas, mantuvo permanentemente hostilizados a las guardias y destacamentos que instalaban y confundió a sus “ojeadores” con movimientos y maniobras simuladas.

Pero la jugada genial que le permitió el éxito la realizó enviando al mayor José Antonio Álvarez Condarco -que dibujaba muy bien y tenía una memoria notable- por el Paso de los Patos, que se suponía, era el más largo, con una copia de la declaración de Independencia de las Provincias Unidas para el gobernador español de Santiago, Marcó del Pont. El jefe realista, furioso, hizo quemar el acta y mandó a Condarco por el camino más corto posible, que resultó ser el Paso de Uspallata. El espía de San Martín regresó sano y salvo y pudo diseñar los mapas para el ejército libertador.

Frente del operativo. Las tropas que realizaron el cruce, lo hicieron en un frente de 2.000 kilómetros, incluyendo los sectores por donde debió avanar la columna principal y los ocupados por los varios grupos destacados con misiones de distracción

Los efectivos.. El ejército que llevó SAN MARTIN en su campaña libertadora de Chile, estaba compuesto por 4.000 soldados y 1.500 milicianos

El armamento. Llevaban fusil, sable o carabina y “bolas de mano”, 9.000 tiros de fusil y carabina; 2000 balas de cañón, 2000 de metralla y 600 granadas.

La Artillería. Además de un impresionante volumen de abastos y demás impedimentas comunes,  las columnas patriotas que pasaron por Uspallata y Los Patos debieron  transportar, cuatro obuses de a 6 y diez piezas de a 4, artillería ligera que debió ser manejada con zorras y cabrestantes.

El transporte . El transporte de las provisiones y demás bagaje que debió llevar el Ejército de los Andes para el cruce de la Corillera demandó el empleo de más de 10.000 mulas (de carga y de montar) y 1.600 caballos.. Las cargas de vino solamente, eran transportadas por 113 mulas. Las vacas arriadas para ser consumidas en el camino eran casi 700.

Los comestibles, Calculados para satisfacer sus necesidades durante 15 días, totalizaban un peso de 3.000 arrobas (una arroba equivalía entre 11 y 13 kilos, según fuera la región de España, lugar de origen de esta medida de peso) e incluían charqui, galletas de harina, harina de maíz y  grasa. Con estos elementos, agregándoles agua caliente y ají picante se preparaba el “charquicán”, una comida típca de la región de Cuyo y que fue el rancho principal de los expedicionarios. Acotemos que el “charquicán” ofrecía además la ventaja de que se podía empaquetar bien prensado, lo que facilitaba enormemente su trasporte y disponibilidad para su consumo inmediato

El calzado de le tropa mereció especial preocupación por parte de San Martín. Ya desde octubre de 1816 se mandó recoger trapos de lana en Mendoza para forrar los tamangos o zapatones que protegían los pies de los soldados en su marcha por los ásperos riscos andinos.

El ingenio suplió la falta de caramañolas. Los escasos recursos con que contaba San Martín para equipar a su tropa, lo obligaron a aplicar el ingenio más de una vez y una de ellas fue cuando ordenó hacer “chifles” con cuernos de vaca, para que cada uno de sus soldados llevara el agua que le sería necesaria durante la travesía.

El clima. El sol cae a pique en la Cordillera y la temperatura, durante el día llega a los 30 grados, contrastando violentamente con el frío de la noche, que es cuando baja hasta los 10 grados, mientras las montañas son barridas por un inclemente viento helado. Este rigor climático castigaba a la tropa que durante el día, debían soportar calores extremos y que a la noche, a los hombres les era imposible conciliar el sueño, mientras  mientras ese viento helado azotaba sus refugios y amenazaba con el congelamiento a quienes debían cumplir tareas de exploració o vigilancia nocturna.

El mal de las alturas. La altura promedio de la cadena mpntañosa que debió cruzar SAN MARTÍN con su tropa, es de 3.000 metro sobre el nivel del mar y en algunos casos llega hasta los 5.000  Ello trajo numerosos problemas, pues muchos de estos hombres sufrieron fuertes dolores de cabeza, vómitos, fatiga y otros males propios conocidos como “el mal de las alturas”..

La salud de San Martín. San Martín, es sabido, no gozó de muy buena salud.  Según diversos autores, sufría de asma, reumatismo, hemorroides y gastritis producida por una úlcera estomacal, sin contar que algunas versiones afirman que además sufría de problemas pulmonares debido a una vieja herida de bala, jamás bien curada.  Cuando cruzó la Corillera tenía 34 años y quizás alguno de esos males, lo obligo a ser trasladado en camilla durante un trayecto de la marcha.

El reconocimiento de San Martín a uno de sus “espías”. Una de las primeras preocupaciones de San Martín al instalarse en Santiago, fue dirigirse al gobernador delegado de Mendoza para que se publicara la conducta patriótica y sacrificada de un vecino de esta última ciudad (se refería a MANUEL RODRÍGUEZ) que fingió durante dos años ser afecto a la causa realista para poder engañar a Marcó del Pont con falsos informes.

Así recibió San Martín  a su vencido. La llegada como prisioneros del vencido  MARCÓ DEL PONT, al Palacio Arzobispal donde se alojaba SAN MARTIN, despertó la curiosidad de numerosos oficiales patriotas y público que llenaban las antesalas del desde despacho del jefe patriota. SAN MARTÍN recibió al derrotado ante una gran concurrencia y, sonriente, le extendió su diestra exclamando —»¡Venga esa mano blanca, general!» aludiendo a la infeliz expresión proferida por Marcó del Pont meses anteriores, cuando refiriéndose a SAN MARTÍN,  dijo que éste firmaba sus documentos con una «mano negra». Luego, el militar argentino departió con el chileno y bromeando, sutilmente se refirió al Bando que éste había firmado imponiendo severas penas a los patriotas, incluso  a él mismo, si llegaban a pisar tierra chilena”,

Rutina de SAN MARTÍN en Santiago de Chile, Luego de lograda la liberación de Chile, San Martín se alojó en el  Palacio Arzobispal de Santiago y la magnificencia del lugar no le hizo variar su espartano régimen de vida. Se levantaba  a las cuatro de la mañana, trabajaba  en su despacho durante varias horas y  a partir de las 10 recibía a sus jefes y personajes que le solicitaban audiencia. Luego almorzaba  solo,  en la cocina del palacio. Dormía una pequeña siesta de una hora  y después bajaba para participar en las reuniones protocolares que con la asistencia de numerosos invitados  se realizaban durante la tarde, aunque muchas veces, delegaba esa responsabilidad en alguno de sus jefes, para dirigirse a las barracas y cuarteles donde se hallaba su tropa, para conversar con ello, conocer sus necesidades y darles su apoyo y reconocimiento. Presidía luego la comida que se servía a invitados especiales y luego de dar un breve paseo y despachar su correspondencia, se acostaba  muy temprano.

Finalizando este informe, acotemos, para ponderar debidamente la magnitud de la proeza cumplida por SAN MARTÍN y el ejército que marchó bajo su mando, que en su célebre campaña de Italia, Napoleón Bonaparte condujo el grueso de su ejército por el Gran San Bernardo, salvándolo a 2.500 metros de altura; San Martín, un cuarto de siglo más tarde, traspuso los Andes por Los Patos a través de cinco cordilleras cuya altura máxima llega a los 5.000 metros. Napoleón llevó rodados consigo; San Martín no pudo utilizar ruedas en ningún momento del cruce, debido a las dificultades que presentaba el terreno; abrupto, sinuoso y rodeado de precipicios, por lo todo el bagaje debió ser movido a pulso .

1 Comentario

  1. Anónimo

    es muy largo y no tenia ganas

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