CURIOSIDADES ACERCA DEL RIACHUELO

El verdadero nombre de este cauce de agua, es “”Río Matanza-Riachuelo”, pero la costumbre popular, ha hecho que durante casi todo su recorrido, se lo llame “Matanza” y sólo en su desembocadura, tome el nombre de “Riachuelo”. Alrrededor de este nombre,  se han registrado algunas curiosidades que vale la pena recordar.

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Inicialmente, allá por el año 1536, la gente que al mando de PEDRO DE MENDOZA libró un cruento combate con los indígenas que asediaban a la primera Buenos Aires y que dejara muchos muertos entre los expedicionario, comenzaron a llamarlo “río de la matanza”. Luego, olvidado este episodio se lo comenzó a nombrar como “riachuelo de los navíos”, porque en lo que era su antigüa boca, (hoy barrio de la Boca), atracaban muchos navíos que llegaban a estas tierras para comerciar. Y curiosamente, durante la primera invasión de los ingleses al Río de la Plata, el comandante de las tropas invasores, el general William Carr Beresford también lo nombra diciendo algo parecido a “riachuelo” (“Luego me puse en marcha con la esperanza de evitar la destrucción del puente sobre el “Río Choelo”.

Extraño destino de este río que, teñido de sangre allá por los albores de la existencia de Buenos Aires, sigue hoy, si no manchado con la sangre de los hombres, manchado si por la desidia, el abandono y la incapacidad de los muchos gobiernos que se han sucedido a través de los años, incapaces de sanear su cauce, para terminar con su triste destino, como contaminante del medio ambiente y generador de pestes y enfermedades para todos aquellos que se atreven a vivir a su vera.

“Allí hemos visto entrar con toda comodidad y seguridad una corbeta de 500 toneladas, mientras que aquí se han gastado millones casi inútilmente en canalizaciones, reconocimientos, etc. El problema del riachuelo, por mucho que se diga, no se ha resuelto todavía, a pesar de haberse gastado en estudios y obras inútiles, tres veces más la suma presupuestada. Parece abrigarse la esperanza de un éxito feliz: sin embargo, la opinión se encuentra muy dividida entre los diez puntos indicados. Dos causas han obrado muy poderosamente para que la rada natural se perpetuase frente a la ciudad de buenos Aires. Por una parte, los intereses particulares que, desgraciadamente, encuentran facilidad entre nosotros para sorprender a las autoridades de turno, los trabajos y la influencia de ricos propietarios que se oponen por los prejuicios que podrían sufrir sus intereses y por otra parte, la manía fatal de la centralización, que nos atenaza desde 1810”.

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