CRISTÓBAL COLÓN. VERDADES Y MITOS.

Hay en Internet, infinidad de espacios donde se trata exhaustivamente el descubrimiento de América y los tres viajes posteriores que realizó CRISTÓBAL COLÓN, entre 1492 y 1504, las misiones que en cada caso traía, los territorios que tocó y los resultados que obtenía (ver «Descubrimiento de América). Aquí solamente haremos un sucinto relato de aquellos hechos y circunstancias que más llaman la atención y que por lo inesperados y su influencia posterior, merecen ser comentados.

Su verdadero nombre
Comenzaremos recordando que COLÓN no se llamaba CRISTÓBAL COLÓN, nombre con el que ha pasado a la Historia. Aunque resulta muy extraño, a un genovés se le puso un nombre italiano y su verdadero nombre era CRISTÓFORO COLOMBO.

Buscaba una ruta y encontró un Continente
Demostrar que la Tierra era redonda, nunca fue su intención. Ya los antiguos griegos se habían encargado de hacer tal afirmación, Pitágoras dedujo que el mundo era redondo en el siglo VI a.C. y dos siglos más tarde Aristóteles lo secundó. En 1492, ya se sabía que la Tierra no era plana.

Durante diez largos años bregó en busca de apoyo para poner en marcha su proyecto: explorar una ruta que lo llevara hasta Asia navegando hacia occidente. Fue rechazado por los reyes de Inglaterra, Francia y Portugal, cuyos expertos y consejeros aseguraban que COLÓN exponía cálculos que estaban equivocados y que su viaje duraría mucho más de lo que él creía. En realidad COLÓN subestimaba el tamaño del océano Atlántico y de la circunferencia de la Tierra. Defendía la hipótesis de que el diámetro de la Tierra era tan pequeño, que se podía alcanzar Asia navegando desde Europa hacia poniente (1).

Un famoso humanista florentino llamado Paolo dal Pozzo Toscanelli, influyó decisivamente en COLÓN y le indujo a cometer importantes errores de cálculo, que le llevaron a pensar que la Tierra era más pequeña de lo que es realmente y que Asia era mayor. Colón estimaba por eso, que la Tierra tenía una circunferencia ecuatorial de unos 30.000 kilómetros (es decir, unos 10.000 menos de los que en realidad tiene) y que la distancia hasta Cipango (Japón) sería de unas 700 leguas, por lo que cuando se superaron las 800 sin avistar tierra hubo de afrontar el descontento de sus hombres, deseosos de abandonar una aventura que cada vez parecía más temeraria.

Cristóbal Colón se enfrenta a un motín a bordo del barco en su primer viaje al Nuevo Mundo, 1492 ('Révolte de l'équipage en Fotografía de stock - Alamy

Inicialmente, cuando COLÓN llegó a Cuba creyó que era el occidente de China. No dudó que había llegado al país del Gran Kan, porque cuando oyó decir que tierra adentro de Cuba, o »Cubanacán», había oro, creyó entender »Kublai Kan» y escribió lo siguiente: »Y cierto, dice el Almirante, que ésta es la Tierra Firme y que estoy, dice él, ante Zayto y Guinsay, cien leguas poco más o poco menos de lo uno y de lo otro, y bien se amuestra por la mar que vine de otra suerte que fasta aquí no ha venido, y ayer que iba al Norueste fallé que hacía frío».

Un comienzo con muchas dificultades
Una vez que firmó las Capitulaciones, COLÓN encontró muchas dificultades para poner en marcha la operación: le costaba conseguir barcos y tripulantes que quisieran emprender la aventura. Muchos todavía creían que la tierra era plana y que en algún momento un barco chocaría con una cascada y caería a un abismo insondable. Esa creencia, sumada a que en esa época se pensaba que los mares estaban habitados por seres fabulosos como las sirenas y los tritones, que eran los causantes de las tormentas que agitaban las aguas y que ellos causarían el inevitable naufragio, de quienes osaren desafiarlos (2).

El oro y las riquezas, un tema controversial
Durante el siglo XV, las dos potencias europeas eran España y Portugal y ambas competían en un intenso y muy fructífero comercio con la India y China, que se realizaba por tierra, a través de la llamada “ruta de la seda” y que pasaba por territorios dominados por los musulmanes.

A comienzos de ese siglo, ante lo oneroso que resultaba ese tan largo y peligroso recorrido, Portugal había comenzado a experimentar una ruta, esta vez marítima, que bordeando la costa de África y siguiendo la marcha hacia el Este, a través del Océano Índico, permitiera llegar a ese mismo destino, pero no consiguió reducir costos ni eliminar los peligros que significaba la presencia de piratas por esos mares.

Su competidora, España, a su vez, luego de expulsar a los invasores árabes que durante 700 años habían ocupado su territorio, estaba sumergida en una grave crisis económica y la principal prioridad de su política, era encontrar esa nueva ruta que aliviara los costos de sus embarques a y desde Asia. Por eso, FERNANDO e ISABEL, habiendo ya aceptado esas nuevas teorías que hablaban de la redondez de la Tierra, cuando COLÓN les llevó su proyecto de llegar “a la especiería atravesando la mar océano” navegando hacia occidente, rápidamente vieron en él, la solución de sus problemas.

Está claro que no eran las intenciones de los reyes de España, buscar oro ni riquezas, cuando decidieron financiar la expedición de COLÓN. Solamente querían encontrar una ruta que les permitiera competir con Portugal en mejores condiciones.

La desenfrenada búsqueda de oro y riquezas, vino después. Cuando ya desembarcados en este nuevo Mundo, comenzaron a llegar noticias relatando la existencia de fabulosas riquezas y de fantásticos edificios hechos en oro, abarrotados con montañas de perlas, delicada orfebrería y piedras preciosas que brotaban expontáneamente de la tierra.

La impúdica codicia fue a partir de entonces, el motor que movilizó las expediciones que siguieron, enmascaradas con misiones de exploración de las nuevas tierras y tangencialmente, con la búsqueda de un paso que permitiera llegar desde “la mar océano” hasta las Indias Orientales.

COLÓN, por su parte, también se vió arrastrado a esa búsqueda y parece ser que ya, desde su primer viaje, muestra que su verdadera y gran obsesión era el oro. En el primer diario menciona el metal 65 veces, pero según decía, quería el oro para financiar la reconquista de Jerusalén y parece ser que para conseguirlo, empleaba medios no muy cristianos.

Los cuatro viajes de Cristóbal Colón
Hizo en total cuatro viajes (El 3 de agosto de 1492, en setiembre de 1493, el 30 de mayo de 1498 y el 11 de mayo de 1502) y además de desembarcar en varias islas, tocó tierra firme por primera vez en Cabo Tiburón, en el actual territorio continental de la República de Colombia. En esos cuatro viajes que realizó, CRISTÓBAL COLÓN identificó y registró innumerables accidentes geográficos y recorrió muchos territorios, muchos de los cuales, hoy son Estados independientes y tienen el nombre que les dio él. Son ellos, Antigüa y Barbuda, Costa Rica, Cuba, Dominica, Jamaica, La Española, Puerto Rico, Santa Lucía, San Vicente y Las Granadinas (ver Diez territorios a los que Colón puso nombre).

Las naves (ver “Vista de las carabelas de Colón)
Se ha dicho hasta el cansancio que COLÓN llegó con tres carabelas: En realidad sólo fueron dos las carabelas: “La Niña” y “La Pinta”. Ambas eran de Andalucía y les fueron donadas a COLÓN por sus propietarios. La otra nave, era la más grande de las tres. Era una “carraca” y se llamaba “La Santa María”.

Esta última, “La Santa María” (imagen), cuyo verdadero y completo nombre era “Santa María de la Inmaculada Concepción” (antes llamada “La Gallega” y “Marigalante”), fue la nave insignia en el primer viaje, por lo que estaba comandada por COLÓN. Era una nao (o “carraca”) más grande y más lenta, propiedad de JUAN DE LA COSA que COLÓN tuvo que contratar. Medía 23,5 metros de eslora y 7,3 metros de manga. Desplazaba unas 200 toneladas, tenía tres mástiles, bauprés, velas cuadradas y una dotación de 41 tripulantes.

“La Niña”, era propiedad de JUAN NIÑO y se llamaba en verdad “La Santa Clara”, pero se la llamaba “La Niña”, relacionándola con el apellido de su propietario. Era la nave más marinera de las tres y después del primer viaje, regresó dos veces más a América. Antes de zarpar, su timón tuvo que ser reparado y COLÓN sospechó que había sido averiado por uno de sus marineros. Es quizás, la más desconocida de las tres naves. Tendría aproximadamente 22,52 metros de eslora, 5,64 m. de manga, desplazaba unas 55 toneladas, tenía velamen latino, era tripulada por 20 hombres y estaba comandada por VICENTE YÁÑEZ PINZÓN, hermano de Martín. Se cree que esta nave nunca regresó de su último viaje a las Américas.

“La Pinta” era propiedad de CRISTÓBAL QUINTERO que la donó para esta expedición. Fue la primera nave que divisó tierra. Tenía 4 velas cuadradas y medía 16,90 metros de eslora (largo), 5 metros de manga (ancho) y desplazaba unas 40 toneladas “y un diezmo”. Su tripulación de 26 hombres estaba a las órdenes del capitán MARTÍN ALONSO PINZÓN

Primer viaje (3 de agosto de 1492)
Aunque el Diario original del primer viaje desapareció, lo que se sabe de esa epopeya, es lo que figura en la transcripción hecha por fray BARTOLOMÉ DE LAS CASAS (1484/1566) del auténtico Diario escrito por COLÓN (ver Diario del Primer Viaje de Cristóbal Colón)

La vida a bordo. Embarcado al mando de la “Santa María”, COLÓN era el único que dormía en camarote. Los demás dormían al aire libre. Traían carne salada, leña, garbanzos y lentejas, pero las ratas se comieron una gran parte de estas provisiones y los tripulantes, cuando finalmente éstas se agotaron se vieron obligados a comer carne de rata por lo que COLÓN tuvo que afrontar varias revueltas de sus marineros (imagen).

Problemas con los tripulantes. En varias oportunidades, debió aventar las inquietudes de sus tripulantes que le exigían volver, porque no confiaban en la validez de sus argumentos para navegar hacia lo que ellos consideraban, un abismo que los tragaría sin remedio

En su primer viaje, ya desde el 25 de setiembre, la escasez de alimentos y la ansiedad que producía entre la tripulación el desconocimiento de su verdadero destino y de la duración del viaje para el que se habían embarcado, genero todo género de tensiones y planteos. Para calmar a su tripulación, alterada por la demora en avistar tierra y especialmente porque ya habían comenzado a aparecer los síntomas de una hambruna, COLÓN optó por mentirles, por lo que se vio obligado a alterar las anotaciones en la Bitácora donde dejaba constancia de las distancias recorridas. Para explicar esta actitud, luego dirá que había tenido problemas con el cuadrante, instrumento que según algunos historiadores, en realidad, no sabía operar.

Después de muchos días de navegación, la situación explotó el 6 de octubre. Ese día se produjo un motín “que finalmente pudo ser dominado cuando MARTÍN ALONSO PINZÓN impuso su firmeza, amenazando con ahorcar o tirar al mar a los rebeldes.

La inestabilidad volvió a resurgir, no obstante, cuatro días después, el 10 de octubre; pero entonces, COLÓN ya había tomado una decisión, que fue fundamental. El mismo día de la revuelta, MARTÍN ALONSO PINZÓN propuso cambiar el rumbo, pero COLÓN se negó. Sin embargo, el día siguiente vio algunas bandadas de pájaros y optó por dirigirse hacia el sudoeste. Y acertó plenamente, pues de no haber variado la ruta, la flota habría ido a parar, bien a la península de Florida (con mucha suerte), o bien al centro mismo del Atlántico, ya que con toda probabilidad la corriente del Golfo les habría desviado de cualquier destino continental”.

Los que vinieron. En el primer viaje, llegaron a América entre 110 y 120 personas (según diversas opiniones). La Santa María traía 41 tripulantes, “La Pinta”, 26 y “La Niña”, 20, que sumados a los expedicionarios que se embarcaron en esta aventura, suman ese total consignado (3).

El avistaje. El 14 de septiembre de 1492, COLÓN anotó en su diario que los marineros de “La Niña” aseguraron haber visto “aves, periquitos y rabos de junco, para ser precisos” y Colón, guiándose por ellos, cambió el rumbo pensando que desde donde venían, debía haber tierra. Otra versión dice que fue MARTÍN ALONSO PINZÓN quien lo convenció para que cambiara el rumbo.

En la noche del 3 de octubre de ese mismo año, hallándose sus naves a doscientas leguas al occidente de la isla de Ferro, COLÓN observó por primera vez la desviación de la brújula que los orientaba (fenómeno magnético que en ese entonces se desconocía).

COLÓN dirá después, que el 11 de octubre, a las 10 de la noche, vió una luz y que los marineros dijeron que alucinaba. Cuatro horas después, se confirmó la visión, cuando, a las dos de la madrugada del 12 de octubre de 1492, un marinero de La Pinta llamado RODRIGO DE TRIANA (cuyo verdadero nombre era JUAN RODRÍGUEZ BERMEJO), anunció a los gritos ¡Tierra …. tierra a la vista! (4). Se había ganado el premio de 10.000 maravedíes que la corona española había establecido para el que lo hiciera, pero se dice que COLÓN se quedó con el premio.

Finalmente, después de un azaroso viaje que duró 69 días, habían logrado atravesar el Mar Océano (como se lo llamaba en ese entonces al Océano Atlántico). En Europa, la noticia del descubrimiento la dio un cura milanés llamado PIERO DE ANGLIERA.

El lugar del primer desembarco. Al salir el sol se reveló ante los asombrados ojos de los expedicionarios, el imponente espectáculo de una frondosa selva bordeando las costas donde grupos de indígenas los miraban con el mismo asombro de ellos. Tenían a la vista una isla que los nativos llamaban Guanahaní, en las actuales Antillas, que Colón llamó San Salvador, hoy Wattlin y se dice que le puso ese nombre porque allí habían encontrado la salvación y el fin de sus infortunios.

Algunos autores ubican el desembarco en el Cayo Semana, que según recientes y enjundiosos estudios, está ubicada a cien kilómetros más al sur de la isla de San Salvador, otros en los Cayos Franceses o Plana, en la isla Mayaguana o en la Isla Gato, todas ellas pertenecientes al archipiélago de Las Antillas o a las Bahamas (ver «12 de octubre de 1492, ¿Descubrimiento de América?”)

Y esta fue para la mayoría de los historiadores la tierra que pisó COLÓN por primera vez cuando llegó a América el 12 de octubre de 1492. Estaba a 375 millas de la costa de Florida, aunque algunos autores ubican el desembarco en el Cayo Samaná, otros en los Cayos Franceses o Plana, en la isla Mayaguana o en la Isla Gato, todas ellas pertenecientes al archipiélago de Las Antillas o a las Bahamas (ver 12 de octubre de 1492, Descubrimiento de América”).

Luego de dejar sueltos los cabos y las velas, como medida de prevención ante posibles ataques de los aborígenes. COLÓN y los hermanos PINZÓN fueron los primeros en llegar a la playa y lo primero que hicieron los nativos, fue tocarles la barba a los españoles. Ninguna mujer estaba entre los que lo recibieron, quizás guardadas por temor. Estos primeros aborígenes que los recibieron, les ofrecieron madejas de algodón en señal de amistad y luego se convirtieron en guías.

Comienzan las exploraciones. El 27 de octubre de 1492 llegaron a Cuba (Bahía de Bariay) y COLÓN estaba convencido de hallarse muy cerca de China. El pésimo estado de las naves, la escasez de provisiones y el mal humor de la tripulación le impidieron seguir adelante. Si hubiera navegado algunos kilómetros más, hubiera comprobado que se trataba de una isla. Para protegerse de posibles acusaciones de cobardía y dar confirmación a sus creencias, hizo firmar un documento a todos los marinos en el que juraban que habían encontrado tierra firme. El que se negaba a firmar podía ser castigado con una multa de diez mil maravedíes y se le cortaría la lengua.

Diferencias con PINZÓN. Luego de abandonar Cuba el 19 de noviembre, para seguir con sus exploraciones, la navegación hizo peligrosa por los fuertes vientos y COLÓN decidió regresar a Cuba. En esos momentos las desavenencias entre COLÓN y PINZÓN habían llegado a su punto culminante.

El 21 de noviembre de 1492, COLÓN desde su carabela, le hizo señas a “La Pinta” para que regresara, pero la orden no fue obedecida. Según algunos historiadores PINZÓN, aprovechando las mejores condiciones marineras de “La Pinta”, en comparación con las de “La Santa María”, había decidido separarse de COLÓN para intentar algún descubrimiento por su cuenta y para buscar oro en algún sitio que le habrían indicado los aborígenes de Cuba

COLÓN en su diario parece convencido de la mala voluntad de PINZÓN, de quien dice según BARTOLOMÉ DE LAS CASAS: “Miércoles, 21 de noviembre. Este día se apartó Martín Alonso Pinzón con la carabela Pinta, sin obediencia y voluntad del Almirante, por codicia, diz que pensando que un indio que el Almirante había mandado poner en aquella carabela le había de dar mucho oro, y así se fue sin esperar sin causa de mal tiempo, sino porque quiso”. Otros opinan que fue un accidente y que PINZÓN no distinguió las señales luminosas enviadas desde la nave capitana. La nave de COLÓN y «La Pinta» volvieron a encontrarse, pero luego se separaron. Por eso regresaron a España por distintos caminos y casi al mismo tiempo.

El fuerte “Natividad”. La noche del 25 de diciembre de 1492 la «Santa María» fue arrastrada por las olas hacia los arrecifes, donde encalló. Usando los restos de la nave, COLÓN levantó un fuerte en la isla «La Española», al que llamó «Natividad», la primera construcción que hicieron los españoles en América y allí dejó una guarnición de 39 hombres y un “físico” (o médico), con la promesa de que serían recogidos en un segundo viaje. Pronto en el fuerte “Navidad” comenzaron a ganarse el resentimiento de los aborígenes, principalmente por su lujuria y el mal trato que se les dispensaba, por lo que hubo graves peleas por las nativas, hasta que finalmente, el Fuerte terminó quemado y totalmente destruído.

El regreso. Sin el oro que secretamente había venido a buscar. Sin haber encontrado el paso que le permitiera llegar a Catay, viajando hacia el occidente, pero habiendo encontrado, aunque todavía no lo sabía, un nuevo mundo, COLÓN regresa a España el 16 de enero de 1493.

Segundo viaje 24 de setiembre de 1493)
Del segundo, viaje se conservan algunas crónicas de MICHELE DE CÚNEO y por ellas se sabe que este segundo viaje tenía como objetivo asentar la presencia española en los territorios descubiertos y encontrar el camino hacia India y Catay (China). En esa oportunidad vinieron 1500 hombres a bordo de 17 barcos y que fue entonces cuando descubrieron Jamaica y Puerto Rico, lugar este último, donde pasaron dos noches acampando en tierra firme, sin tener contacto con los aborígenes.

En su segundo viaje, cuando llegó a La Española encontró el fortín “Natividad” totalmente destruido y así desapareció la primera construcción que los españoles había construido en el Nuevo Mundo.

Fundación de “La Isabela”. Decide entonces fundar un nuevo asentamiento. Se desplaza unas pocas leguas más al sur del fuerte destruído y en 1493 al norte de lo que hoy es República Dominicana, efectúa el trazado de una nueva colonia que bautiza “Isabela”, en honor de la reina Isabel de España. Aquí, Colón esperaba encontrar un rey vestido en oro y para buscarlo, designó a Luis de Torres, uno de sus tripulantes embarcado en la “Santa María que venía como intérprete (hablaba hebraico, caldeo y arábigo), pero, aunque llegó al “palacio” del cacique, no encontró el oro que creía había allí. Pinzón, por su parte,  decidió buscar el oro en las Bahamas, pero tampoco encontró nada.

Esta fue la primera ciudad fundada en el nuevo mundo. El 7 de diciembre de 1493 dispone la construcción de las obras necesarias para la vida en la nueva colonia y con la lección aprendida, los edificios principales fueron construídos con piedras y las demás construcciones se hicieron como siempre con barro, paja y madera.

Primera Misa. COLÓN hace desembarcar y acomoda en el nuevo poblado, ovejas, cerdos y otros animales que había traído, los primeros que pisan tierra americana. y el 6 de enero de 1494, hace celebrar la primera misa en el continente que descubriera.

Búsqueda de recursos. En la Isabela, sin haber podido hallar aún las riquezas de las que hablaban los nativos, organiza la explotación de una cantera perlífera y el comercio de esclavos, por lo que solicita licencia para ese tráfico. COLÓN afirmaba que los “caníbales” resultarían mejores esclavos que los negros de Guinea porque se alimentaban con cualquier cosa y comían mucho menos y para probar su tesis, envió un barco cargado de indígenas, muchos de ellos mujeres y niños que luego se vendieron en España.

El regreso. El 10 de marzo de 1496, desde Haití, CRISTÓBAL COLÓN emprende el regreso de su segundo viaje a América en medio de un clima de frustración y desconfianza. La segunda expedición a América ya no contó con el brillo de la novedad.

Desde la partida de Cádiz, en setiembre de 1493, la mayor parte de la travesía había sido una suma de decepciones. Se encontró destruido el fortín Natividad, levantado en La Española durante el primer viaje. Los ocupantes habían muerto, algunos por enfermedad y otros en manos de los indígenas, por haber querido raptar sus mujeres. Durante el viaje se hallaron pruebas de antropofagia entre los “caribes”, pero Colón juzgó por ello, que todos los indígenas eran caníbales y con el pretexto de evangelizarlos y ordenar sus costumbres, embarcó a muchos de ellos y otros naturales para emplearlos como esclavos. Treinta de esos hombres murieron durante el viaje. Para colmo de males, varias carabelas naufragaron, fue muy exiguo el oro encontrado y las luchas contra los indígenas, los pusieron en serios peligros.

Tercer viaje (30 de mayo de 1498)
Colón parte de Sanlúcar de Barrameda con tres carabelas y alrededor de 200 hombres e iba con el cargo de gobernador de Santo Domingo.

En este viaje, debía consolidar la presencia de España en las tierras descubiertas y explorarlas más allá de las islas para encontrar tierra firme, aceptando ya, que estaban pisando un nuevo continente.

El mito de los delincuentes embarcados. Como por la falta de voluntarios, para su tercer viaje, fueron embarcados muchos presidiarios para completar la dotación de los barcos, se afianzó el mito de que con COLÓN llegaron muchos delincuentes que la corona española quería enviar lejos por razones de seguridad, pero la verdad es que salvo esos 3 o 4 que vinieron en el primer viaje, sólo unos pocos fueron los que se embarcaron después para completar la dotación del tercer viaje y esos no eran precisamente los más violentos y peligrosos, sino que eran aquellos que poseían habilidades como marineros y merecían que se les diera una segunda oportunidad para encauzar sus vidas.

COLÓN es acusado de peculado. El 21 de agosto de 1498, después de haber abandonado la isla Trinidad, llega a su destino. Desembarca en “La Isabela” (Haití) y encuentra gran descontento en la Colonia que había dejado a cargo de su hermano BARTOLOMÉ. Lo culpaban a él y a su hermano, de ser los causantes de todos los males que habían debido soportar desde su llegada a estas tierras.

La escasez de víveres, el constante acoso de los aborígenes (ahora hostiles, quizás por el maltrato que recibían de los españoles), la insoportable presencia de insectos y alimañas, un clima de calor insoportable con noches de riguroso frío, eran las calamidades que habían apagado sus sueños de conquista y rápido enriquecimiento, pero lo que resultó lapidario, fue que lo acusaron de quedarse con más del diezmo que le correspondía de acuerdo a las Capitulaciones que había firmado, perjudicando así a los intereses de la Corona.

Mientras tanto, las intrigas sembradas por los enemigos de Colón habían encontrado eco en el rey Fernando y el 20 de junio de 1498, el monarca había ordenado que se regresara a su tierra y se ponga allí en libertad a los indígenas americanos que se habían traído a España como esclavos. La mayoría se había vendido en Sevilla y Andalucía y debían ser rescatados y devueltos a América en el viaje del comendador FRANCISCO DE BOBADILLA que, además tenía la misión de apresar a Colón y regresarlo a España. El padre BARTOLOMÉ DE LAS CASAS contó que su padre también había comprado un indio por esclavo y lo tuvo que devolver.

COLÓN preso y encadenado. El 14 de julio de 1500 FRANCISCO DE BOBADILLA, llevando a los aborígenes traídos por Colón al regreso de su primer viaje, parte hacia América para que “llegado a las tierras descubiertas por Cristóbal Colón lo aprese en el lugar que se encuentre y lo envíe encadenado, acusado de traición a la corona”.

En octubre de 1500, llegado a Santo Domingo, cumpliendo las exploraciones que se había impuesto como rutina, sin siquiera sospecharlo, COLÓN se encuentra con BOBADILLA, que llegado desde España, le informa que debe arrestarlo y enviarlo encadenado a España.

El regreso. El 30 de enero de 1501, Colón llega a España de regreso de su tercer viaje al nuevo mundo. Lo hace encadenado, sufriendo la ignominia de verse tan degradado ante la vista de un pueblo que pocos meses antes lo había victoreado a su paso por las calles. De inmediato un Tribunal reunido para el caso, ordenado por el rey de España, procedió a su juzgamiento.

La inconsistencia de las acusaciones que se presentaron contra él, el evidente afán de sus acusadores de querer desprestigiarlo sólo para ocupar ellos, los espacios que dejara Colón y así acceder a las cuantiosas riquezas que estaban seguros éste estaba acumulando, dieron por tierra con intenciones tan aviesas y el Tribunal lo absolvió totalmente y lo repuso en sus cargos y autoridad.

Cuarto viaje (11 de mayo de 1502)
En 1502, luego de permanecer en prisión 6 semanas, fue rehabilitado y pudo así realizar su cuarto y último viaje a América. Aprovechó el tiempo que debió ocuparse en los preparativos, para escribir dos libros, en uno de los cuales, dijo que su descubrimiento estaba previsto en la Biblia.

Otra vez en busca del oro. El 11 de mayo de 1502 partió desde el puerto de Cádiz, al mando de cuatro naves tripuladas por 140 hombres y acompañado por su hijo FERNANDO y su hermano BARTOLOMÉ. Traía la misión de explorar las islas y el continente americano en busca de un paso que permitiera llegar a las indias, a través del Océano Pacífico y llevaba como mandato reservado (otra vez) “ver en esas islas y tierras firmes qué oro y plata y perlas y piedras y especies y otras cosas hubiere y en qué cantidad”.

Al comienzo de la travesía el tiempo estuvo en calma, pero más tarde los alcanzó un terrible huracán y perdieron dos naves. Superado este mal trance, siguió viaje y exploró las costas oeste de América Central (Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá) y descubrió un cabo al que llamó “Cabo Cruz”, que es, uno de los tantos accidentes geográficos que conservan el nombre que él les dio.

Desde ese momento todo anduvo mal. Siguió viaje hasta Veragua, creyendo que seguía las huellas de Marco Polo y que se hallaba en Cathay. Desembarcó en las tierras del cacique QUIBIAN, allí había oro pero no el suficiente. Los indios no tardaron en echarlos, cansados de los abusos y de la soberbia europeas

Le prohíben desembarcar en Santo Domingo. Llegó a La Española (actual Santo Domingo), pero no pudo desembarcar, porque el entonces gobernador NICOLÁS DE OVANDO se los impidió, por lo que debió dirigirse a Jamaica, donde permaneció inactivo durante 88 días, donde deberá vivir otra experiencia que sumará más fantasía y misterio a su vida.

Un eclipse de luna salva de la muerte a Colón. Estando en Jamaica, se planteó el problema de la falta de alimentos y durante los primeros días, los nativos les habían alcanzado algunos víveres, pero más tarde se negaron a seguir manteniéndolos. Fue entonces cuando Colón recordó que en esta fecha debía producirse un eclipse total de Luna. Se reunió con los jefes de la tribu y les dijo que él y su gente eran enviados de los dioses y que si no les entregaban alimentos, haría que la Luna desapareciera del cielo. La noche del 6 de setiembre de 1503 era muy clara, había luna llena y de pronto comenzó a oscurecerse por la sombra que proyectaba la Tierra. Los nativos se aterrorizaron y rogaron a Colón que les devolviera la Luna y a cambio recibiría todo lo que pidiera (ver Un eclipse de luna salva de la muerte a Colón).

El regreso. Por fin, el 18 de setiembre de 1504 pudo partir de regreso a España. Era el final del viaje. Había perdido dos naves, soportado motines, hambre y más alzamientos de los indígenas, calamidades todas estas, que sumadas al cansancio moral y algunos problemas de salud que le habían aparecido, lo deciden a retornar.

Ya no era el orgulloso navegante que creía haber hallado un nuevo camino a las Indias. De su tercer viaje había vuelto cargado de cadenas a causa de las intrigas y maquinaciones que abundaban en la corte, y aunque los reyes lo habían librado de todo cargo, no era suficiente para la humillación que había debido soportar. Ahora, luego de un frustrante cuarto viaje, con las dos naves restantes, que estaban en muy malas condiciones, inició el regreso muy enfermo. En España lo esperaban tristes noticias: su mayor protectora, la reina Isabel, estaba agonizando.

Sobre sus características físicas y su personalidad
Poco es lo que se sabe de las características físicas de COLÓN. El único retrato que existe es uno que fue pintado después de su muerte y de él, se han sacado infinidad de copias, muchas de ellas con retoques, para sumarle alguna característica que el pintor estimaba relevante.

Por la falta de documentos de la época, lo mismo sucede si se quiere reconstruír su Biografía y las características de su personalidad. Por eso, es muy difícil separar el mito de la realidad.

Comenzando por la fecha y el lugar de su nacimiento, todo se basa en presunciones y en comentarios transmitidos boca a boca y que han perdurado a través del tiempo. Por eso, hoy, la mayoría de sus biógrafos, dan por cierto que nació en Génova el 31 de octubre de 1451 y que era un hombre medianamente robusto y relativamente alto, teniendo en cuenta que en su época, la gente era de baja estatura; que tenía labios gruesos, ojos azules, una nariz aguileña “que le ocupaba buena parte del rostro”, una barbilla prominente y cabellos rubios entre los que ya despuntaban algunas canas cuando partió hacia América.

Lo que si se sabe con certeza, es que COLÓN se casó con Felipa Muñiz y que tuvo dos hijos. Que su figura imponía respeto y que, aunque sus modos eran ásperos, su trato era cortés. Que era de mal genio, ambicioso y suspicaz. Que desde muy joven se sintió atraído por el mar y que soñaba con ser un gran navegante. Ya a los 11 años, se había iniciado en ese oficio y a los 25 años sobrevivió a un naufragio.

Una oscuridad total cubre su vida hasta que en 1476 aparece en Portugal, donde se desempeñó como agente de una casa naviera. Fue en esa etapa que COLÓN empezó a ilusionarse con una travesía marítima hacia Oriente. Sus textos revelan que era un hombre profundamente religioso. Sentía que debía responder a un llamado de Dios y cumplir la misión que Éste le encomendaba, realizando los viajes del descubrimiento y eso lo impulsó a insistir una y otra vez, hasta que logró el apoyo que necesitaba.

Desde 1478, Cristóbal Colón tenía el proyecto de viajar al Asia por una nueva ruta y en 1492, ya era un experimentado navegante y cartógrafo y llevaba más de dos décadas en el oficio, Primero intentó sin éxito el apoyo del rey de Portugal para su proyecto. Luego lo intentó con los reyes de España, pero en principio, también rechazaron su plan.

A principios del año 1492, COLÓN les presentó nuevamente su proyecto a los reyes de España y éstos, finalmente lo aprueban el 10 de febrero de ese año y luego de convenir las condiciones para la gran empresa del descubrimiento que éste les proponía y en Granada, el 17 de abril de 1492, firma las Capitulaciones con FERNANDO e ISABEL, dando comienzo así a la más fantástica aventura de la historia de la navegación.

Su relación con sus tripulantes. Fue acusado de violento y sanguinario. Pero la verdad es que no era nada de eso. Lo que sucedió es que debido al rigor de la necesaria disciplina de a bordo, sumado a la necesidad de controlar los motines y planteamientos que se le hacían por la incertidumbre que caracterizaban las condiciones en las que se viajaba y se excursionaba, hizo que explotaran varios motines, sublevaciones y planteamientos a las que COLÓN, supo hacerles frente solamente imponiendo su autoridad, salvo en un caso extremo, que se produjo durante el tercer viaje, cuando se sublevó la tripulación y COLÓN, agotados los medios de persuasión, le puso fin ordenando que los sublevados fueran ahorcados, episodio que quizás haya sido el que dio pie para que algunos de sus biógrafos lo calificaran de cruel, sanguinario y violento.

Recordemos a este respecto que la disciplina que en aquellos años se imponía a los embarcados era de extrema rigurosidad y que hasta PINZÓN, en setiembre de 1492, cuando después de muchos días de navegación un grupo de tripulantes había intentado amotinarse, tuvo que intervenir para dominar la revuelta, amenazando con ahorcar o tirar al mar a los rebeldes, cosa que no sabemos si finalmente hizo o no.

Su relación con los aborígenes. Siempre se refirió a los nativos, como “una población bella, generosa y salvaje, sobre todo por el hecho de estar desnudos y no ser cristianos” y definió el habla de los indígenas como el más dulce del mundo, como consta en la copia que BARTOLOMÉ DE LAS CASAS hizo de su “diario de a bordo”, lamentablemente perdido.

El encuentro más difícil que tuvo COLÓN con los nativos, durante este viaje, fue con una partida compuesta por unos 50 indios Caribes, un pueblo amazónico que poblaba Jamaica, La Española y Las Bahamas que practicaban la antropofagia y que fueron convencidos de no atacar a los españoles, por la eficaz intervención del lenguaraz que los acompañaba. Fuera de este suceso, en general, la presencia de COLÓN y sus expedicionarios, no generó grandes controversias con los nativos y por el contrario, siempre mantuvieron buenas relaciones, salvo durante el período en el que COLÓN se desempeñó como Gobernador en La Española, donde su gobierno fue despótico y esclavista y generó numerosos enfrentamientos.

Sus fantasías. Durante el viaje de regreso, el 18 de enero de 1493 COLÓN creyó haber descubierto la isla de las legendarias “Amazonas” y así lo hizo constar en su libro de bitácora. En la mentalidad de los navegantes de la época, los mitos y la realidad no tenían fronteras precisas. La existencia de una tierra habitada sólo por mujeres era una creencia muy antigua y ya los griegos narraban la historia de un pueblo formado por guerreras que se amputaban un seno para usar con más libertad el arco y la flecha, su arma principal.

Cuando COLÓN había llegado al norte de Haití se encontró con algunos miembros de la tribu de los «ciguayos» que le hablaron sobre dos islas, la del Caribe y la de Matinino. En su diario, el almirante anotó que en la isla de Matinino, donde según los indígenas había mucho oro, vivían solamente mujeres. En algunos días los nativos de las islas del Caribe, recorrían la escasa distancia que las separaba y visitaban a las mujeres con quienes mantenían relaciones sexuales. Si de la unión nacía un varón, era enviado a la isla de los hombres, pero si nacía una niña, las mujeres la conservaban y criaban en su pueblo.

En los días siguientes, COLÓN escribió que deseaba viajar a la isla de Matinino, tanto por el oro como por la curiosidad de conocer al extraño pueblo femenino. Pero, el mal estado de las carabelas lo convenció de iniciar el camino de regreso.

Desde aquel primer viaje, América se convirtió en la tierra donde las leyendas podían hacerse realidad y los conquistadores continuaron buscando la tierra de las amazonas.

En 1542, cuando FRANCISCO DE ORELLANA descubrió en América del Sur, el río más caudaloso del mundo, recordando el comentario de Colón e influenciado por esta leyenda, informó que allí vivían sólo guerreras y por eso a este río se lo llamó «Amazonas».

También en 1493, estando cerca de la República Dominicana, COLÓN creyó ver sirenas y habló de «formas femeninas» que «se elevaron del mar, pero no eran tan hermosas como se representan». Eran manatíes y claro, eran algo más gorditas y tenían la cara aplastada. Diversos hechos y circunstancias sucedidos durante los viajes de COLÓN a América, tales como el arriba comentado, han sido los que permitieron que esa epopeya fuera, además de extensamente comentada, adornada con fantasías y misterios.

12 de octubre: el eclipse que salvó la vida de Cristóbal Colón en su cuarto viaje a América - BBC News Mundo

Recordemos al respecto, la consideración que se le atribuye a Colón para con los loros, a quienes les atribuía la propiedad de señalar donde había oro; la historia que cuenta que cuando los nativos se negaron a proveerlos de alimentos, COLÓN los amenazó con apagar la Luna. (imagen). Como él bien sabía que se iba a producir un eclipse, aprovechó ese conocimiento para amedrentar a los aborígenes y cimentar su fama de mago y de “ser llegado desde el cielo”, como estos creyeron, cuando vieron llegar a los españoles (ver “Curiosidades V Centenario Cristóbal Colón”).

Ya cerca de la República Dominicana, en 1493, COLÓN creyó ver sirenas y habló de «formas femeninas» que «se elevaron del mar, pero no eran tan hermosas como se representan». Eran manatíes y claro, eran algo más gorditas y tenían la cara aplastada. Diversos hechos y circunstancias sucedidos durante los viajes de COLÓN a América, tales como el arriba comentado, han sido los que permitieron que esa epopeya fuera, además de extensamente comentada, adornada con fantasías y misterios.

Sus puntos más oscuros
Su desprestigio se debió a los fracasos como administrador colonial, mientras se desempeñaba como gobernador en Santo Domingo y en los libros de historia del siglo XVI apenas se le cita.
Su gran obsesión era el oro. En el primer diario menciona el metal 65 veces.
Colón manejaba datos erróneos y le atribuía distintas medidas a la Tierra.
El Almirante le mintió a su tripulación sobre la duración del viaje. Para disculparse dijo que había tenido problemas con el cuadrante. Algunos creen que él no sabía operarlo. A pesar de todo, Colón demostró ser un hábil marinero.

Su postura ante la trata de esclavos. El 4 de enero de 1493 COLÓN prepara su regreso a España, luego de descubrir América y ordena cargar en «La Niña», la única nave que le quedaba, aves y animales extraños, brazaletes, metales preciosos y máscaras de oro que habían canjeado a los indios por campanillas, adornos y como no podía llevar ni el oro ni las especias, que podrían haber alimentado las exhaustas arcas de la corona, embarcó también algunos aborígenes para vender como esclavos. COLÓN afirmaba que los “caníbales” resultarían mejores esclavos que los negros de Guinea porque se alimentaban con cualquier cosa y comían mucho menos.

Pero sería injusto juzgarlo por beneficiarse con la esclavitud, una práctica que hoy nos resulta repugnante, pero que en aquellos tiempos era una costumbre que hasta contaba con apoyo oficial y que los mismos nativos que encontró en América, la practicaban.

Su desempeño como gobernador en Santo Domingo. En 1501, estando en La Española (actual Santo Domingo), nombrado Gobernador por los reyes de España, rigió despóticamente y su celo para lograr los mejores resultados posibles en la recaudación de fondos para la corona (y por supuesto para él), impidió a los expedicionarios que lo acompañaban, todo intento de lucro y riqueza personal lo que le granjeó el odio y el resentimiento de muchos. Acusado de malversar los fondos públicos, reservando para sí, la mayor parte de lo que debía ingresar a la corona, fue arrestado y enviado de vuelta a España y los reyes debieron enviar a un nuevo gobernador.

Su inalterable negación de la realidad. COLÓN nunca aceptó haber descubierto un nuevo Continente. Aunque otros europeos ya habían venido a América, pero sin tener los efectos que tuvieron los viajes de Colón, ya se aceptaba que él había descubierto nuevas tierras, pero COLÓN, obcecadamente, hasta su muerte, continuaba creyendo que Japón y China se encontraban muy próximos al lugar al que había llegado. El 27 de octubre de 1492, cuando llegó a Cuba, creyó que era el occidente de China. Algunos tripulantes intentaron persuadir al Almirante de su error. El amenazó con cortarles la lengua si lo contradecían. El único que insistió fue el Abad de Lucerna, a quien Colón le impidió regresar a España por un largo tiempo. Antes de morir, en una de sus cartas, planteó una teoría en la cual la Tierra tenía forma de pera, siendo la circunferencia de la Tierra, menor en los polos y que Asia se encontraba en el tallo, razón por la cual no se la encontraba.

El mito Colón genocida. Quienes así lo califican, lo hacen responsable de haber traído con él, una gran cantidad de enfermedades, pestes y trasmisores de ellas que causaron la muerte de gran parte de la población nativa del continente americano.

Con este criterio son entonces también genocidas Pedro de Mendoza, Juan de Garay, Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Hernando de Lerma, Gonzalo Giménez de Quesada (conquistador e Colombia); Cabeza de Vaca (descubridor de la costa Sur de Norteamérica); Diego de Almagro (conquistador de Chile y Bolivia) y hoy, los que viajando de un lado a otro, llevan consigo el germen de alguna enfermedad que luego se propaga matando a mucha gente. Recordemos las epidemias de Viruela, que según BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, entre 1518 y 1560, causó en las Indias Occidentales, al menos 40 millones de muertes entre los nativos (Una víctima famosa de la viruela fue el emperador inca Huayna Capac); el Cólera (que vino de Brasil en 1867), de Tifus (que provocó la muerte de más de cuatro millones de personas), de Poliomielitis (que se inició probablemente en Suecia en 1887), de Fiebre Amarilla (que trajeron los soldados que regresaban de la guerra con Paraguay en 1771) y tantas otras que azotaron a la Humanidad. El genocidio es un acto voluntario de quien lo comete con la expresa intención de eliminar seres humanos. No de quien porta o contagia un mal, sin saberlo, ni quererlo.

Dicen que la codicia y la urgencia por encontrar oro, lo llevaron a cometer toda clase de atrocidades, tratando prácticamente como esclavos a los nativos y diezmando a estas poblaciones. Solamente del período durante el cual se desempeñó como gobernador de Santo Domingo, hay referencias de que actuó despóticamente y con crueldad, deméritos éstos que le cuadran a millones de gobernantes, funcionarios, dirigentes, administradores, etc. etc. del mundo y a ellos no se los tilda de genocidas.

En los diez años que ocupó realizando sus cuatro viajes, siempre se refirió a los nativos, como “una población bella, generosa y salvaje, sobre todo por el hecho de estar desnudos y no ser cristianos” y definió el habla de los indígenas como “el más dulce del mundo”, como consta en la copia que BARTOLOMÉ DE LAS CASAS hizo de su “diario de a bordo”, lamentablemente perdido.

En injusto entonces, decir que “Colón y sus hombres esclavizaron a muchos de estos nativos y los trataron con extrema violencia y brutalidad”, como es injusto hacerles juicio a esos personajes del pasado, sobre si eran racistas o no, porque estamos fuera de contexto e ignoramos sus circunstancias. Colón, por ejemplo, vivió en un mundo donde la esclavitud existía y era natural y hasta los indígenas que aquí encontró, en algunas comunidades, ya tenían esclavos a su servicio.

Las atrocidades que se le atribuyen a él y a sus hombres. Los crónicas de los más encarnizados defensores de la teoría del genocidio cometido por CRISTÓBAL COLÓN y los españoles cuando llegaron y exploraron América, dejan un sabor de desconfianza, celos, envidias, rencores y extrema crueldad. Aseguran que para el conquistador el fin justificaba los medios y que el descubrimiento y la conquista fueron signados por la crueldad: “Los españoles competían por atravesar indios con sus lanzas y que a algunos los cortaban por la mitad” (ver Los 500 datos del descubrimiento).

Recorriendo esos textos encontramos datos que causan estupor, pero desde estas páginas, sentimos que es necesario, “separar la paja del trigo”: Se dice “El descubrimiento y la conquista fueron signados por la crueldad” y al respecto decimos que: Primero, no existe posibilidad alguna de que en un “descubrimiento” exista crueldad. Si puede existirla en “la conquista”. Segundo: La mayoría de estos hechos y actitudes denigrantes denunciados para denostar a COLÖN, no fueron cometidos por él o fueron posteriores a su presencia en América. Recordemos que el 18 de setiembre de 1504 volvió a Europa de regreso de su cuarto y último viaje y jamás volvió a estas tierras.

Son injustas entonces las intenciones de adjudicarle a él, las atrocidades que sí cometieron los españoles durante la ocupación y conquista de América como señalan las crónicas cuando dicen: “El primer caso registrado oficialmente de crueldad española, fue la tortura de Mayobanex en 1498”, información que es correcta, pero no fue CRISTÓBAL COLÓN el responsable de esa muerte. Fue su hermano BARTOLOMÉ COLÓN, quien, mientras en ausencia de CRISTÓBAL, había quedado a cargo del gobierno en Santo Domingo dispuso el apresamieno de ese cacique que se había rebelado y que murió en prisión (ver Mayobanex. Ecu Red); “En 1512 el Rey ordenó que ningún indio fuera llamado «perro»; “Los pijaos fueron esclavizados y obligados a trabajar en las minas”, después, entre 1550 y 1600, hubo más de 50 insurrecciones de pijaos”; “En 1529, en camino a Posigueica, hallaron 40 indígenas; asesinaron a 23 y forzaron a los otros 17 a ser traidores y luego quemaron el pueblo, en castigo por haber herido al capitán García de Lerma”; “Los más tiranos fueron Pizarro, Cortés y Lope de Aguirre”; “Los indígenas respondieron a la tirania”. “Los araucanos obligaron a Pedro de Valdivia a sentarse sobre una lanza y así acabaron con su vida”; “Juan Díaz de Solís fue banquete de los caníbales con cinco de sus compañeros”; Antes de morir, Aguirre mata a su hija para que no quede en las sábanas de sus perseguidores; “Pizarro fue asesinado por orden de uno de sus segundos”; “ Uno de los peores episodios de la Conquista fue la matanza de 10.000 indígenas a manos de 120 hombres de Pizarro. Fueron prácticamente aplastados por los caballos en Cajamarca, Perú, cuando iban en busca de Atahualpa” (ver 12 de octubre de 1492).

Violencia ésta, que fue tan extrema, que decidió a la corona de España a crear el Tribunal de Indias, con el fin de juzgar los abusos y más tarde, a instalar la inquisición, una siniestra estructura judicial que en 200 años de actuación, solamente en Cartagena, sentenció a la muerte a 767 personas.

La muerte de COLÓN
El 19 de mayo de 1506 CRISTÓBAL COLÓN hizo su testamento dejando a su hijo, DIEGO heredero de todos sus títulos y bienes, aunque entonces solamente le pudo legar la afligente pobreza de sus últimos días. Dos años después de su cuarto regreso, el 20 de mayo de 1506, COLÓN morirá en Valladolid, España, a los 54 años de edad, sin saber que había cambiado el mapa del mundo

Mientras unos historiadores dicen que, a pesar de que en las Capitulaciones estaba establecido que recibiría una décima parte de las riquezas que obtuviera en sus viajes, nunca se le pagó el total de lo que le correspondía debido a su comportamiento cuando se desempeñó como Gobernador en La Española.

Y que debido a eso, murió pobre, sin pena ni gloria, ignorando que había descubierto un nuevo continente, hazaña que le cabe, aunque otros europeos ya habían llegado antes a América, pero sin que sus viajes no tuvieran los efectos de los de Colón. Yy que por si esto fuera poco, además, le quitaron el honor de darle su nombre a las nuevas tierras, ya que se le puso América por el explorador Américo Vespuccio.

Contrariando esto, también se dice que si bien no era rico cuando murió, tenía un buen pasar y vivía dignamente, gracias al oro que él y sus hombres habían acumulado durante su permanencia en Santo Domingo, donde, según se dice, que al no encontrar oro ni otras riquezas, se dedicó a la trata de esclavos y a la explotación de un asentamiento perlífero.

Sus herederos quisieron cobrarle a la corona española los beneficios que consideraban impagos, e iniciaron una querella conocida como “los pleitos colombinos”, que se extendieron por casi 20 años, hasta que finalmente recibieron propiedades y otras riquezas.

No tuvo descanso ni después de muerto
Hasta después de muerto Colón siguió viajando. Sus restos estuvieron en Valladolid, luego fueron trasladados al monasterio de La Cartuja en Sevilla (sur de España). En 1542, sus restos fueron trasladados a Santo Domingo, en la parte oriental de La Española. En 1795, los franceses se hicieron cargo de La Española, y los restos de COLÓN fueron trasladados a La Habana (Cuba).

Parece ser que en algún momento volvieron de nuevo a Sevilla, aunque hay abierto un interrogante a este respecto, ya que en Santo Domingo dicen que aún están allí. Por eso ahora se está comparando en la Universidad de Granada, en el laboratorio de Identificación Genética, el ADN del hermano de Colón, Diego y el de Hernando, su hijo, con los restos de Colón que están en la catedral de Sevilla para ver si éstos son los verdaderos o los que están en Santo Domingo.

Qué encontró COLÓN cuando llegó a América?
Cuando llegó COLÓN en 1492. América, ya era un mundo desarrollado, donde se hablaban casi mil lenguas o dialectos distintos (solamente en Colombia existían 620 grupos idiomáticos y hoy solo subsisten 64 dialectos). Se calcula que aquí vivían entre 50 y 100 millones de nativos. Teotihuacán era la ciudad más grande de América y tenía más de 200 mil habitantes y en los territorios que hoy ocupa Colombia, había tres millones de habitantes en innumerables poblados y ciudadelas, todas las cuales, contaban con fuertes organizaciones militares.

Aquí no había hierro ni acero ni tampoco sofisticadas armas para la caza o el combate. El arco y las flechas, las lanzas, “la macana” (garrote de madera dura) y la “honda, les eran suficientes.

En las tierras del oeste existían dos imperios, el Azteca y el Inca, dos imperios donde resplandecía el oro y la plata y cuyo desarrollo bien podría compararse con el que se le atribuye a las civilizaciones griega y romana de la antigüedad. Para ellos, el oro no tenía valor comercial y lo utilizaban solamente en la ornamentación de sus edificios y en la confección de joyas y símbolos rituales.

También desarrollaron calendarios y a falta de escritura, los Incas tenían un sofisticado correo oral. La arquitectura estaba muy desarrollada. En el Perú había templos de mármol y en México había obras de gran belleza como las pirámides del Sol y de la Luna.

Los Incas construyeron miles de kilómetros de caminos empedrados; en el Cuzco, las construcciones militares tenían bastiones en zig-zag y en los territorios que hoy ocupa Colombia, los Taironas, tenían puentes de piedra y los Zenúes, desarrollaron un sistema de irrigación para abastecer de agua a 250 mil hectáreas

Los indios del Pacífico construían gigantescas canoas para pescar o guerrear y los de las vecindades del Orinoco practicaban un deporte parecido al fútbol con bolas de caucho.

Acotemos que en toda América imperaban las teocracias y los nativos eran politeistas, es decir, tenían varios dioses. Los Caribes creían que eran descendientes del tigre y los Chibchas del beso del sol con la laguna. Regía un patriarcado liviano y hubo muchas mujeres que se desempeñaban como “cacicas”. La homosexualidad era tolerada en las sociedades indígenas y en algunos pueblos, las mujeres adúlteras eran asesinadas. Algunas tribus, como los Caribes, tenían esclavos.

Eran supersticiosos y miraban con temor la llegada de las tormentas y de los rayos. Tenían sus “chamanes (brujos o curanderos) y muchos nativos le atribuían propiedades curativas a la sangre. Durante los velatorios de los muertos, los indígenas lloraban, bailaban y bebían.

Los frutos de la tierra y la fauna que aquí conocieron. A partir del descubrimiento de América, el intercambio de hábitos, animales y alimentos entre América y Europa fue muy intenso. Aquí encontraron y llevaron a Europa el maíz, las papas y el tomate. Al principio, los europeos creían que la papa y el tomate eran venenosos, pero fue ese tubérculo el que después los salvó del hambre y el tomate (el de árbol, que se cree que es de origen colombiano), cuando llegó a Italia lo llamaban “la manzana de oro” y fue furor.

El maíz lo llevó el mismo COLÓN al regresar de su primer viaje y con él, se cambiaron radicalmente los hábitos y las posibilidades alimentarias de grandes núcleos poblacionales, carentes de medios de subsistencia suficientes.

También llevaron el cacao, la piña o ananá, el coco, la chirimoya (que llamaban manjar blanco), el maracuyá, que llamaban “fruto de la pasión” y la guanábana; los ajíes, las arvejas, el aguacate o palta y la quina; la auyama (especie de calabacita amarilla) y la calabaza no se conocían en Europa.; en Cuba conocieron el perejil, el amaranto y el tabaco (se calcula que el tabaco les produjo más riquezas que el oro).

Conocieron el guanaco, la llama y la danta, pero jamás los llevaron a Europa, como tampoco llevaron ninguna de las nuevas para ellos, especies de peces que aquí encontraron. Lo que si llevaron fueron los conejos domésticos y el asno, además dos animales, hoy ya casi extinguidos: los urones y los coipúes o nutria de río.

Lo que más les llamó la atención de América fue la gran cantidad y variedad de pájaros que encontraban a su paso. Cuentan que atrapaban guacamayas tan grandes «como pollas» y que se llevaron gran cantidad de ejemplares de chorlos, tucanes y pericos, éstos últimos por la sorpresa que les causaba el oírlos “hablar”.

Sorpresa también es lo que les causó conocer los «perros que no ladraban”, animales que eran criados por los indígenas para comerlos (5), las hormigas (por su gran cantidad y voracidad), el “manao” (una especie de pecarí), la iguana (no sabían si era pez o reptil) y en las Antillas conocieron el caucho y les encantaron las tortugas, sobre todo la de carey.

Los indígenas les enseñaron a los españoles a hacer pan de casabe y pan de canela (o de burro) y éstos les enseñaron a hacer aguardiente.

Los españoles trajeron de Europa
De Europa, trajeron el trigo (las primeras semillas europeas, las trajo JERÓNIMO LEBRÓN en 1550 y fueron sembradas en Colombia), el arroz, el mango, el melón, el pepino, el frijol, la cebada, el repollo y la coliflor; el plátano o banana, la naranja, la mandarina y el limón; las uvas, el melocotón y la manzana. Trajeron la caña de azúcar, el algodón y el olivo ( pero este último en sus comienzos no se desarrolló).

Con ellos llegaron el caballo, el búfalo y la gallina y además de traer el catolicismo, con ellos llegaron las ollas, las sartenes, las canecas (recipiente de barro para contener líquidos) y los manteles. Llegaron también los espejos, que cambiaron loa vida de los indígenas el violín y la guitarra.

Pero también trajeron tres especies de rata: la negra, la gris y la casera, los piojos y las pulgas y con ellos, diversas pestes, que les fueron transmitidas a los nativos y que junto a las enfermedades que con ellos vinieron, se calcula que causaron la muerte del 90% de la población indígena. Las enfermedades que más los afectaba antes de la llegada de los españoles, eran la tuberculosis y los parásitos intestinales y no tenían defensas ni anticuerpos para defenderse contra las pestes y enfermedades que llegaron con los barcos enviados desde Europa.

Ante las nuevas enfermedades que diezmaban sus tribus, los indígenas creyeron que sus dioses los habían abandonado y dejando de lado sus creencias religiosas, se acogieron más fácilmente al cristianismo.

La primera epidemia fue de viruela y llegó en 1519 y la población de Colombia se redujo a la mitad en sólo 20 años y la de México cayó de 20 a 1.6 millones. Cuando Cortés llegó a reconquistar la capital del imperio azteca, Tenochtitlán, buena parte de sus habitantes habían muerto de viruela. Una víctima famosa de la viruela fue el emperador inca HUAYNA CAPAC.

El sarampión llegó después y luego llegaron la tosferina y las paperas. La lepra fue otro de los males traídos por los españoles (GONZALO JIMÉNEZ DE QUESADA, fundador de la ciudad de Bogotá, Colombia, murió de lepra en 1579, a los 80 años.

De Europa también llegó la gripe, que golpeó duramente a los indígenas y la difteria. El tifo, que produjo millones de muertos, el cólera, la fiebre amarilla y la conjuntivitis (ambas traídos por los esclavos que venían de África y que paradójicamente, resultaron ser ello, más resistentes a las epidemias).

Entre las venéreas, los españoles trajeron la gonorrea y aunque no hay certeza, se cree que también la sífilis, contrariando la teoría de que esta enfermedad ya estaba en América desde antes de la llegada de los españoles. Recordemos que la primera víctima notable de ella, fue PEDRO DE MENDOZA, quien, cuando ya regresaba a España después de fundar “Santa María del Buen Ayre” en 1536, murió en alta mar, sin saberse si ya había llegado enfermo o si se había contagiado en América, debido a la vida promiscua que aquí llevó con las nativas.

Con los españoles se expandió el arte barroco en el Nuevo Mundo y América, a su vez, influyó en el arte europeo. En el arte español se inició una etapa de colorido y tropicalismo y en las pinturas, comenzaron a aparecer el maíz y la papa y naturalezas muertas con las frutas americanas que tenían mayor acogida en los bodegones,

Curiosidades del descubrimiento
Hasta el siglo XVI, el 70 por ciento de los que llegaron a América, fueron hombres. Muy pocas mujeres se animaban a venir y las pocas que llegaron, realizaron trabajos propios de los hombres y varias de ellas como ser BEATRIZ DE LA CUEVA, «la Sin ventura», quien fue esposa de Pedro de Alvarado y que a la muerte de este, asumió como gobernadora de la Provincia de Guatemala, ISABEL DE GUEVARA, INÉS SUÁREZ e ISABEL BARRETO, cumplieron roles de gran importancia en la conquista (ver El papel de las mujeres españolas en la conquista y colonización.

En América hubo un gran mestizaje y al principio, muchos españoles se amancebaron con mujeres nativas, pero no sucedió lo mismo con las españolas que llegaron. Hubo pocas de ellas que se unieron con aborígenes. El casamiento o el amancebaje mixto y para desalentar esta práctica, se dictaron leyes quitándole a los hijos mestizos, el derecho a heredar y ocupar cargos públicos. Cincuenta años después del descubrimiento, la Corona presionó los matrimonios de españoles con españolas y hubo españolas que se casaron tres veces en América.

Los únicos que trataron de aprender las lenguas de los nativos, fueron los misiones y ellos fueron también, los primeros en enseñarles el español, siendo los niños sus mejores alumnos.

La primera palabra indígena que se incorpora al español es canoa, luego incorporaron a su lenguaje palabras como bohío, huracán, guacamaya, guayaba, totuma, iguana, hamaca (a la que traducían como “camas con redes de algodón) aguacate y maíz.

La conquista, la esclavización y el rapto fueron experimentadas por muchas mujeres aborígenes ya desde antes de la llegada de los europeos, y por otro lado, no todas tuvieron que ser o aceptaron ser conducidas por la violencia a servir a los españoles (dixit Bárbara Potthast en el Capítulo 1 de su obra “Madres, obreras, amantes”).

Hubo muchos casos en los que la mujer indígena jugó papel importante en la conquista. LA MALINCHE (o MALINTZIN), fue una hermosa indígena que ofició de intérprete para HERNÁN CORTÉS y luego se convirtió en su amante y en su mejor aliada; la cacica colombiana GAITANA fue un símbolo de la resistencia indígena. En 1538, el capitán PEDRO DE AÑASCO quemó vivo al hijo de LA GAITANA y ella vengó la muerte de su hijo. Organizó a más de 12.000 indígenas y emboscó las tropas. Luego de apresar a DE AÑASCO, los indígenas le sacaron los ojos y lo castraron. En el Perú, algunas mujeres indígenas nobles, se casaron con españoles para conservar su estatus.

Durante los 200 años que duró la conquista y colonización de América, los indígenas pasaron de ser amos de la tierra a ser peones de los españoles. Vivían en pueblos aparte.

A partir de 1505, los españoles comenzaron a traer esclavos desde África y para evitar idolatrías africanas, sólo vinieron negros ya evangelizados, que eran considerados objetos y sus dueños podían comprarlos y venderlos y les definían, hasta con quién casarse y cuándo. Los esclavos fueron labriegos de valor insospechado y las zonas que más dependieron de ellos fueron el Caribe y el Perú.

Con la llegada de los africanos, se produjo entonces en América, el encuentro de tres mundos: el americano, el europeo y el africano, transformando costumbres, genética, identidades  y características raciales (se dice que hasta en la música tuvo influencia y “la cumbia” y “el vallenato” son una muestra de ello, porque demandan para su ejecución, el acordeón europeo, la guacharaca indígena y la caja africana.

(1). Antes de morir, en una de sus cartas, COLÓN planteó una teoría en la cual la Tierra tenía forma de pera, siendo la circunferencia de la Tierra, menor en los polos y que Asia se encontraba en el tallo,

(2). En la Europa de esos tiempos, creían que los mares estaban llenos de sirenas y de fieras y después del descubrimiento, como creían ciegamente en la mitología griega – COLÓN era uno de ellos- pensaron encontrar antropófagos y amazonas. Aseguraban que aquí encontrarían monstruos enanos y gigantes, brujas y dragones y hasta personas con un solo ojo y cabeza de perro y en las primera crónicas, comenzaron a hablar de caníbales).

(3). En el Libro I, Capítulo XII, página 191 de la obra “Cristóbal Colón”, edición monumental, de José María Asencio, editada por Espasa, en Barcelona, se lee: «En la nao Santa María enarboló el Almirante el pabellón real de Castilla y Aragón. En ella se embarcaron con Cristóbal Colón el alguacil mayor de la Armada Diego Arana, primo hermano de Da. Beatriz Enríquez, Rodrigo Sánchez de Segovia, inspector general o veedor por los Reyes y Rodrigo Escobedo, escribano real. Iba por maestre el dueño de la nave Juan de la Cosa y por piloto Sancho Ruiz, llevando también a bordo al físico de Moguer maese Alonso, al cirujano maese Juan y a 40 marineros más».

En la página 192 dice, refiriéndose al número de tripulantes que hicieron el primer viaje, «Washington Irving, conciliando las opiniones que dan entre 90 y 120 los que llegaron en esa oportunidad, pone aparte a las personas que ejercían cargo y dice «también iba un médico y un cirujano con varios aventureros particulares, algunos criados y noventa marineros, total ciento veinte personas».

En la parte de Aclaraciones y Documentos del Libro Segundo, en la página 545 y refiriéndose a los tripulantes que dejó Colón en La Española y que fueron muertos por los indios, lo que conoció cuando volvió a poblarla en 1493, señala: «No puede dejar de observarse que en la lista que hemos concluido, no aparecen cuarenta individuos sino cuarenta y uno; porque Navarrete no incluyó al médico maestre Juan y el Sr. Fernández Duro a éste pero pasó por alto a Francisco Vergara, natural de Sevilla, faltando uno de cada una de ellas» (ver Cristóbal Colón, sus viajes, sus médicos).

(4). En el capítulo XVI, (“El descubrimiento de las Indias que hizo Cristóbal Colón”), del primer volumen de “La historia de las Indias y conquista de México”, obra de Francisco López de Gomara, publicada en 1552, se lee: “Prosiguió su camino, y luego vio lumbre un marinero de Lepe y un Salcedo. A otro día siguiente, que fue 12 de octubre del año de 1492, dijo Rodrigo de Triana: «Tierra, tierra», a cuya tan dulce palabra acudieron todos a ver si decía verdad; y como la vieron, comenzaron el Te Deum laudamus, hincados de rodillas y llorando de placer. Hicieron señal a los otros compañeros para que se alegrasen y diesen gracias a Dios, que les había mostrado lo que tanto deseaban. Allí viérades los extremos de regocijo que suelen hacer marineros: unos besaban las manos a Colón, otros se le ofrecían por criados, y otros le pedían mercedes.

(5). Muchos creían que el perro había llegado con los españoles. Lo cierto es que en América ya existían desde 20.000 años A.C. Estudios genéticos indican que el perro llegó a América con el Homo sapiens hace alrededor de 11.000 años por el estrecho de Bering y que ya, en territorio americano, se fueron creando varios tipos de canes, los cuales pueden distinguirse como razas características de este continente.

Fuentes. “Los americanos anteriores a Colón”. Arturo Gutiérrez Carbó (Revista Todo es Historia Nº234); “Historia del descubrimiento y conquista de América”. Francisco Morales Padron, Ed. Gredos, España, 1990; “Historia Argentina”, Ediciones Océano, Barcelona, España, 1982; “Diccionario Histórico Argentino”. Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994; “El enigma de Colón y los descubrimientos de América”. Juan Eslava Galán, Ed, Planeta, España, 2019; Wikipedia; «Historia de las Indias». Bartolomé de las Casas, Ediciones del Marqués de la Fuensanta del Valle, Madrid, 1875; “Colón descubrió América del Sur en 1494”. Juan Manzano, Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1972; “Biografías y vidas”. La Enciclopedia Biográfica en línea; “Diario de viaje. Cristóbal Colón”, España, 2014.

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