CONFLICTO CON FRANCIA (1829)

El 15 de marzo de 1829, el cónsul francés ante el gobierno de Buenos Aires, JEAN BAPTISTE WASHINGTON DE MENDEVILLE, informa a su país, que ante la guerra iniciada, entre federales y unitarios, el gobernador JUAN GALO DE LAVALLE ha dispuesto la organización de una guardia nacional para la defensa de Buenos Aires, incorporando a gran número de extranjeros, entre ellos a los franceses.

Los franceses residentes en Buenos Aires eran unos 1.000 ó 1.200 artesanos y comerciantes, que según el almirante Roussin, jefe de la escuadra francesa destacada en en América del Sur,  simpatizaban con la sublevación unitaria del 1º de diciembre que derrocara a MANUEL DORREGO. Por ello,  seiscientos cuarenta  súbditos franceses se enrolaron espontáneamente en el batallón Amigos del Orden”, integrando la “Compañía Franca”, de cuyo mando participaba un compatriota llamado  JEAN JACQUES LASSERRE, mientras que de MENDEVIELLE aconsejaba a sus compatriotas, hacer lo mismo y alistarse en las compañías francesas.

WOODBINE PARISH, cónsul de Gran Bretaña, reúne entonces en su domicilio a los diplomáticos de Francia y los Estados Unidos para analizar los contenidos de la disposición de LAVALLE y tomar una decisión al respecto. El cónsul  británico se opone terminantemente, expresando que de inmediato le hará saber su decisión al gobierno de Buenos Aires, diciendo que “no consentirá que los ingleses tomen las armas de ninguna manera”. Como consecuencia de ello, el 6 de abril, las autoridades exceptúan a los ingleses de prestar servicio de armas en razón del artículo 9º del Tratado de Amistad de 1825, haciendo extensiva la excepción  a los residentes de los Estados Unidos,  por su condición de americanos y haber reconocido la Independencia argentina.

Ante esta situación, W. de MENDEVILLE cambia de posición. El fracaso de LAVALLE en Santa Fe, la derrota del comandante unitario  RAUCH en Las Vizcacheras  y la invasión de ESTANISLAO LÓPEZ por el norte, le hacen temer un inminente triunfo federal y las consiguientes represalias sobre sus compatriotas. Pide entonces al jefe naval francés que se coloque frente a la ciudad y de inmediato exige para los franceses, el mismo trato que el otorgado a los residentes ingleses y norteamericanos, y consecuentemente la disolución del batallón “Amigos del Orden”.

El gobierno dice no reconocerle representación diplomática para esa reclamación y niega excepción a los franceses por no existir con Francia tratado recíproco que lo imponga. El 15 de abril, el cónsul francés imprime una circular, que publican los periódicos, recordando a los franceses que perderán su calidad de tales si entran a servir en cuerpos militares extranjeros sin autorización del rey, perdiendo derecho a la protección de su pabellón. El gobierno responde anunciando que los extranjeros que no se alisten deberán salir del país en 24 horas, e ignora las nuevas reclama­ciones de MENDEVIELLE. Este, como última tentativa, el 29 de abril, se entrevista con el Gobernador Delegado GUILLERMO BROWN y con MARTÍN RODRÍGUEZ, pero la audiencia es interrumpida por el Ministro de Relaciones Exteriores DÍAZ VÉLEZ, cuyo tono obliga al francés a pedir su pasaporte..

En Buenos Aires se producen manifestaciones hostiles frente al domicilio de MENDEVIELLE, mientras éste permanece en la ciudad, insistiendo en sus reclamaciones y amenazando con «justas represalias”. El  30 de abril recibe su pasaporte visado para ser usado en el día con una nota que donde se lo lo acusa de «conducta sediciosa e irregular indigna del carácter que reviste” y de conspirar contra el gobierno. Finalmente el 1º de mayo de 1829, MENDEVILLE se embarca en la flota francesa apostada en la rada y marcha hacia Montevideo.

Francia muestra sus verdaderas intenciones (1)
Pero Francia está en una política colonialista y ya se ha hablado de la ocupación de las islas Malvinas y de reclamar la provincia de la Patagonia. La presión aumenta. Se insiste en exigir la libertad de prisioneros franceses que están en el buque “Río Bamba” (eran  2 franceses acusados de delitos) y el 21 de mayo sin anuncio previo, se lanza un ataque sobre el Puerto de Buenos Aires. En poco tiempo son tomadas por asalto e incendiadas la goleta “Argentina” y el bergantín “General Balcarce”, mientras eran apresados y obligados a dirigirse  aguas afuera el bergantín-goleta “Río Bamba”, el bergantín “General Rondeau”, la goleta “11 de Junio”  y remolcado el pontón “Cacique”, donde se hallaban prisioneros numerosos adictos federales. El ataque, que causa además 12 bajas, fue ordenado por el FRANÇOIS MARIE CORNETTE vizconde de VENANCOURT y fue calificado como acto de piratería.

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El coronel de marina  TOMÁS ESPORA, comandante del bergantín goleta “Río Bamba”, por propia iniciativa, pide al agresor la suspensión de las hostilidades y recibe las condiciones. El gobierno argentino, en la angustiosa situación que vive la ciudad sitiada, acepta negociar y hay un acuerdo previo cuya protocolización se dilata por nuevas exigencias de VENANCOURT, a las que el gobierno accede y, por fin, conforme a lo acordado, los buques argentinos apresados son devueltos y los franceses quedan libres de la obligación del servicio militar.

Rosas y Venancourt
Una de las consecuencias, quizás la más  importante de esta agresión, fue la liberación de los prisioneros que el gobierno unitario retenía en el pontón “Cacique”, ordenada  por el comandante francés, luego de que éste debiera ser abandonado por los daños que había sufrido. Estos prisioneros eran federales importantes, detenidos por los unitarios que los consideraban peligrosos en la ciudad. Fueron desembarcados el 22 de mayo en la costa, entre Quilmes y Ensenada, y recibidos en triunfo, por las fuerzas de ROSAS que dominaban la campaña. Dos prisioneros solamente rehusaron la libertad: JUAN JOSÉ y TOMÁS ANCHORENA, que pidieron ser trasladados a un barco de la flota inglesa. El resto rápidamente se reincorporó a la lucha.

Este hecho, favorable a los federales, parece sugerir que los continuos retaceos de VENANCOURT para devolver la flotilla argentina, a pesar de que el gobierno accediera a casi todos sus exigencias, fueron debidos en parte a las gestiones entabladas con ROSAS que, como representante de la Convención Nacional Soberana, se había dirigido al comandante francés, haciéndole presente que en verdad, los buques capturados pertenecían a la Nación, que estaban en poder de los insurrectos del 1º de diciembre y no al gobierno de Buenos Aires. ROSAS pidió, además, que «…la escuadra nacional tomada a los insurrectos no sea devuelta, pero si guardada cerca y  en seguridad y que se tomen los buques nacionales que se encuentran en el Paraná” en poder de los insurrectos”.

Ponía además a disposición de VENANCOURT … «la carne fresca que necesite diariamente para los barcos y navíos que quiera proveer». Era evidente que de este modo, ROSAS intentaba aumentar los problemas y dificultades de LAVALLE.

(1).-En la actitud francesa están los elementos probatorios de un vasto plan de penetración económica, dominación política y expansión territorial iniciado por Carlos X en los países ultramarinos, en los que se insinuaba, como se ha visto, la posesión de la Patagonia y las Malvinas. PARÍSH había acertado cuando informó a su gobierno que Francia podía intentar pescar en aguas revueltas. No ocurrió de ese modo porque Francia  se verá comprometida por los conflictos de su propia política interna que producirían, un año más tade, la revolución de julio. Quedaba Inglaterra como amenaza potencial en el Atlántico Sur y eso se concretaría pronto, cuando en 1833 los ingleses tomaron por asalto nuestras Islas Malvinas.

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