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COMBATE NAVAL DE MONTEVIDEO I (17/05/1814)
Durante el Segundo Sitio de Montevideo, impuesto por el Segundo Triunvirato en 1812, el almirante GUILLERMO BROWN, mediante hábil maniobra, vence nuevamente a la escuadra realista dos días después de haberlos vencido en el Puerto del Buceo obligándolos a buscar refugio en la isla de Lobos, ocho kilómetros al sudeste de la actual ciudad de Punta del Este (R.O. del Uruguay).
Lanzado BROWN con su escuadra en persecución de la escuadra realista, que después de ser vencida en el combate del Puerto del Buceo, había buscado refugio en la isla de Lobos, en las primeras horas del 16 de mayo de 1814, la tiene a la vista y da la orden de desviar el rumbo y replegarse; buscando con esta maniobra alejar de las costas a los españoles, despojándolos de la protección que le darían la artillería pesada instalada en la costa. Los realistas aprovecharon esta maniobra que creyeron era debida a la impotencia de BROWN para trabarse en combate en inferioridad de fuerzas y se prepararon para zarpar de regreso a su fondeadero en Montevideo. Pero llegado el amanecer del 16, vieron con sorpresa, que la escuadra patriota había vuelto sobre sus pasos y se hallaba cortándoles la retirada. A las dos de la tarde el “Hércules” y el “Belfast” consiguieron llegar a tiro y romper el fuego, cayendo Brown herido en una pierna al poco tiempo de haberse iniciado el combate, sin que por eso dejara de dirigir las operaciones y haciendo que el “Hércules” fuera el principal protagonista de esta acción.
El combate fue reñido. Las escuadras, muy próximas; una de otra, se mantenían a tres leguas al sur del Buceo y a la vista de la ciudad, donde miles de observadores seguían con ansiedad sus movimientos, aguzadas por el sordo tronar de los cañones. A las diez de la noche del 16 estaban en poder de Brown, tres de las mejores naves realistas: la “San José”, el “Palomo” y la corbeta “Neptuno” y gran número de prisioneros y de armamento.
El 17 de mayo, al alba, se renovaron la persecución y el combate. El “Hércules” maniobró tan hábilmente que consiguió aislar al “Cisne” y a los dos buques auxiliares “Castro” y “María”, cuyos comandantes, viendo que no podrían entrar en Montevideo, los embarrancaron en la costa, al Sur del Cerro, desembarcando las tripulaciones e incendiándolos después.
El “Hércules”, cada vez más atrevido, dio caza al “Mercurio”, al “San Carlos” y al “Fama” persiguiéndolos hasta la boca del puerto, a tiro de las baterías. Era tanta la confianza que los montevideanos tenían en la superioridad de su armada, que ni siguiera suponían que pudiera ser vencida, por cuya razón, al ver aparecer al “Hércules” entre varias naves reales, creyeron que el buque insignia de los republicanos venía prisionero, y, en su entusiasmo, no sólo echaron a vuelo las campanas de los templos, sino que cubrieron la ciudad de banderas españolas.
Su desilusión fue inmensa cuando vieron a buque argentino virar majestuosamente, empavesar su arboladura y hacer una salva triunfal de 21 cañonazos. Brown dejó frente a Montevideo a las naves “Belfast”, “Céfiro”, “Agreable”, “Julieta” y “Halcón” y él, con el resto de su escuadra y los buques apresados, regresó a Buenos Aires, pues no deseaba confiar sus prisioneros a otras manos. Esta victoria de Brown, atemorizó de tal modo a los marinos realistas, que, desde entonces, renunciaron a emprender nuevas operaciones navales, tanto en el mar como en los ríos.
(1). Allí recibe el refuerzo de un pequeño barco que se dirigía hacia la escuadra con intento de unirse a ella, y que resultó ser el “Itatí”, recientemente comprado por el Gobierno de Buenos Aires que lo armó con seis cañones, tripulándolo con 50 hombres, puestos a las órdenes del capitán Terrero (ver Segundo Sitio de Montevideo).