COLONIA SAN JOSÉ (01/07/1857)

La Colonia San José fue el resultado de la política colonizadora de JUSTO JOSÉ DE URQUIZA y el origen de la actual ciudad de Colón, en la provincia de Entre Ríos.

A fines de junio de 1857 un grupo de colonos suizos compuesto por 530 personas, se embarcó en la goleta «Rey David» y en el patacho «Fació», guiados hacia estas tierras por el suizo CARLOS MARTY, representante de la empresa “Beck  y Herzog”, la misma que en los primeros meses había actuado como director de la Colonia Esperanza, y de quien los colonos guardaban agradecido recuerdo. Arribaron a la Calera de Espiro, en la provincia de Entre Ríos el l9 de julio y se cuenta que el primero en saltar a tierra fue un componente de las varias familias Delaloye que integraban la expedición.

«La falta de preparativos, originada por la urgencia con que se iniciaron los trabajos, hizo que la Colonia San José sufriera los inconvenientes de la primera hora,  más que ninguna otra. Es de imaginar los apuros de sus organizadores en los días que sucedieron a la llegada del contingente, ya que debían dar ubicación y proveer de alimentos a más de medio millar de personas que arribaban a lugares extraños, con un desconocimiento total del ambiente, de las personas y de los elementos que se les presentaban para su aprovechamiento. . .

«Para los recién llegados no habrán sido menos las dificultades, y tal vez el desánimo haya cundido en esas horas difíciles del comienzo. El ambiente para ellos hostil ha de haber contrastado con las ilusas esperanzas que se forjan en la mente al emprender un largo trayecto en busca de horizontes más promisorios. “¿Dónde están los naranjos prometidos?», habría exclamado un viejo alemán, escudriñando con avidez entre la maraña y pidiendo el retorno frente al derrumbe de sus ilusiones»

Los recién llegados tuvieron que esperar pacientemente varias semanas hasta que SOURIGUES, que era quien había elegido el emplazamiento de la colonia, terminara de delimitar los terrenos. «Formaron un nuevo campamento, y efectivamente no puede darse otro nombre a la población que improvisaron. Se arreglaron del mejor modo que pudieron en la selva de espinillos, ñandubays, quebrachillos y talas que cubrían entonces la barranca y la meseta donde se extiende actualmente la pintoresca ciudad de Colón”.

«La caza era abundante en la selva y en el campo, donde los avestruces y los venados pastoreaban fraternalmente con las vacas y las yeguas. Los carpinchos y las nutrias pululaban en los arroyos; los patos en las lagunas, las perdices en los pajonales, bandadas de palomas y de cotorras oscurecían el cielo, sin contar los tordos, los teruteros, los flamencos, las bandurrias y un sinnúmero de otras aves; de manera que los colonos, todos buenos tiradores, tenían como divertirse y añadir manjares suculentos a la ración de carne que se les distribuía».

El trazado de la colonia se hizo de E. a O., pero después de comenzada la instalación de las familias-se la extendió de S. a N., hasta el arroyo Perucho Verna. Parece que en un principio se distribuyó a los colonos según su división lingüística. El 2 de agosto las primeras familias tomaron posesión de sus parcelas, pero continuó durante todo ese mes la instalación de las demás. El activo agrimensor había amojonado 160 lotes de 16 cuadras cuadradas cada uno (algo más de 26 Ha), de lo cual quedaba ocupada aproximadamente la mitad. «Grande debe haber sido el ajetreo en aquellos días en que aparte de las ocupaciones del traslado, estaban las de instalación. Había que construir en primer término la casa habitación y al efecto aprovecharon muchos la riqueza calcárea de la zona costera. Aun se conservan en pie algunas de aquellas habitaciones de los primitivos pobladores de la colonia como símbolo del esfuerzo y la constancia de los forjadores de la riqueza regional. En ellas se puede observar el basamento y gran parte de sus paredes, construidas en piedra.» (“Urquiza colonizador”, Manuel Macchi, Buenos Aires, 1949).

Reclutados por la agencia Beck y Herzog, la gran mayoría de los fundadores de la colonia San José eran suizos. De un total de 111 jefes de familia instalados en 1857, 93 provenían de diversos cantones de Suiza (sobre todo Valais y Berna), o sea e! 83,7 %; 16 eran saboyanos, y 2 alemanes del sur. Eran católicos en su gran mayoría: 100 familias (el 90 %), y protestantes las 11 restantes. Los contingentes que arribaron en julio (los días l9, 15 y 17) estaban formados por 104 familias, con un total de unas 530 personas. A principios de octubre llegaron 7 más, integradas por 52 individuos, probablemente desprendidos de un grupo de 20 familias que no habiendo sido admitidas en Corrientes, obtuvieron permiso de Urquiza para incorporarse a la Colonia San José. Según los registros de la colonia, el total de 582 personas quedaba distribuido en 409 mayores de 10 años y 118 menores (dentro de las familias), más 55 colonos sin familia.

Durante su primer año la colonia sufrió la misma suerte que Esperanza: fue víctima de la langosta y la sequía, con lo cual quedó malograda la primera cosecha de maíz, así como los demás cultivos iniciados. El 10 de junio de 1858, acercándose el plazo de vencimiento de la manutención de los colonos y frente a la situación crítica de los mismos, Peyret escribía a Urquiza pidiéndole una prórroga de los términos que establecía el Contrato de Colonización firmado oportunamente. Agregaba, como para inspirar confianza en el éxito final, que «los colonos se han mostrado muy agradecidos, y están generalmente bien dispuestos. Casi todos han construido ya buenos ranchos, de los cuales una docena son de piedra y otros de ladrillo. Dentro de poco tiempo no se reconocerá este paraje».

Urquiza accedió a prorrogar hasta diciembre de ese año dicha manutención (que se reducía a carne y galleta), o sea hasta la primera cosecha de trigo. El Consejo Municipal dirigió al Presidente de la Confederación una sentida carta de agradecimiento; la firmaban Francisco Comte, Claudio Bréla, Cristián Heinzen, Antonio Pralong y José Bastían; éstos constituían, pues, el primer Consejo Municipal de San José. Afortunadamente, dicha cosecha resultó muy buena, con lo cual la colonia comenzó a estabilizar definitivamente su vida.

Imagen relacionada

Bajo la eficaz guía de ALEJO PEYRET (imagen a la izquierda), San José se constituyó en la primera colonia de Entre Ríos. Se practicaron, con variado éxito, diversos cultivos, de los que tomaron importancia los frutales. El tiempo y su propio trabajo, dieron así la contestación a la desilusionada pregunta por los naranjos de aquel inmigrante. Bajo la égida de los principios del contrato de colonización, se desarrolló un espíritu democrático y cooperativista, cuya influencia llegó hasta nuestros días. El hecho de ser suizos sus pobladores, dió cuerpo y respaldo a aquellas previsiones teóricas.

Intensificada poco a poco la inmigración espontánea al Río de la Plata, a mediados de 1859 llegaron otros grupos a la Colonia San José. Se componían en total de 25 familias, integradas por unas 110 personas a las que le siguieron otras,  hasta totalizar una población que en 1869, ya era de aproximadamente 1.820 personas. Se trataba en su mayoría de suizos (155 familias), franceses saboyanos (109 familias), italianos piamonteses (61 familias), Alemanes (4 familias) y españoles y americanos (7 familias).

En mayo de 1862, a orillas del río Uruguay y a  267 kilómteros de Paraná, la capital de la provincia de Entre Ríos,  se fundó oficialmente la Villa Colón.  La Colonia San José constituía su nucleo urbano y su existencia como tal, le dio a esta nueva ciudad entrerriana, una intensa vida y un gran desarrollo, debido los beneficios que se lograron por la salida directa que tenían  sus productos desde su Puerto. Finalmente, el 11 de agosto de 1863 fue creada la Municipalidad y Puerto de Colón y  la Colonia San José fue absorbida por la nueva ciudad.

Fuentes: “Inmigración y Colonización Suizas en la República Argentina en el siglo XIX”. Juan Schobinger, Ed.  Instituto de Cultura Suizo-Argentino, Buenos Aires, 1957; “Urquiza colonizador”. Manuel Macchi, Buenos Aires 1949; “Inmigración en la Argentina (1857-1937)”. Anuario La Razón, Buenos Aires 1939

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