CHICLANA, FELICIANO ANTONIO (1761-1826)

Coronel y Jurisconsulto. Uno de los líderes de la independencia argentina, protagonista fundamental de sus primeras instancias. Nació en Buenos Aires el 9 de junio de 1761, hijo de Diego Chiclana y de Margarita Giménez de Paz.

Hizo sus estudios primarios en Buenos Aires y luego se trasladó a Chile, donde estudió derecho en. la Universidad de San Felipe, graduándose de abogado en 1783.

Al regresar a Buenos Aires se dedicó al ejercicio de su profesión y prestó servicios como Asesor legal del Cabildo, hasta que con motivo de las invasiones inglesas, se incorporó al Regimiento de Patricios, donde alcanzó el grado de capitán y el 23 de marzo de 1809 fue ascendido a teniente coronel de Patricios.

Se incorporó a la sociedad secreta que se reunía en los hogares de Vieytes y de Rodríguez Peña para planear la revolución y producida ésta, cumplió un activo papel en los acontecimientos que tuvieron lugar durante esa semana de mayo.

Perteneció al grupo moderado que participó durante el Cabildo abierto la del 22 de Mayo y abogó por que el Cabildo tomara el poder hasta que el gobierno lograra nuevamente reorganizarse bajo la Corona española.

El 14 de abril, la Primera Junta lo nombró Auditor del Ejército Auxiliar del Perú y el 13 de julio de 1810, fue ascendido a coronel y marchó al norte. Se le ordenó hacerse cargo del gobierno de la provincia de Santiago del Estero y ejerció ese cargo durante un breve período, pues en agosto de ese año, fue designado gobernador intendente de Salta, cargo que desempeñó hasta el 24 de diciembre, en que fue nombrado Gobernador intendente en Potosí.

La confusión política allí reinante hizo que regresara a Buenos Aires y una vez allí después de involucrarse en una controversia producida entre Moreno y Saavedra, el 23 de setiembre de 1811, luego de la disolución de la Junta, fue nombrado, junto a MANUEL DE SARRATEA y JUAN JOSÉ PASO, para integrar el Primer Triunvirato.

En julio de 1812 se desempeñó como uno de los jueces en el proceso de los líderes de la revuelta de Álzaga y el 6 de octubre de 1812 renunció como integrante del Primer Triunvirato.

En noviembre de ese año, el segundo Triunvirato lo nombró gobernador intendente de Salta, donde prestó importantes servicios al general Belgrano, cooperando en la reorganización del ejército del norte, hasta que renunció en 1813.

En octubre de 1813 renunció y fue sucedido por Fernández de la Cruz. Regresó a Buenos Aires y a fines de 1814 fue enviado por el Director Supremo Gervasio Posadas, nuevamente al Ejército Auxiliar del Norte, con la misión de reunir suministros para abastecer ese ejército.

Estuvo en esa tarea durante dos años y regresó a Buenos Aires, donde ahora era Juan Martín de Pueyrredón el nuevo Director Supremo. Se unió a la oposición del gobierno de éste, del que estaba distanciado desde los días del primer Triunvirato y en 1817 fue desterrado a los Estados Unidos.

Se instaló en Baltimore y allí se encontró con otros compatriotas, entre ellos el coronel Dorrego. La aguda miseria que atravesaba lo obligó a regresar al Río de la Plata en mayo de 1818. Después de ser demorado por varias semanas en Montevideo, se le concedió permiso para reingresar a la Argentina, pero fue confinado en Mendoza.

Como el mal estado de su salud le impidiese llegar a destino, se lo autorizó a permanecer en Buenos Aires y fue confinado en Luján, de donde, el 5 de marzo de 1819, logró escapar de la cárcel (ver Chiclana escapa de la prisión).

Después de la renuncia de Pueyrredón, en 1819, se le reintegró al grado de coronel y le fue encomendada la misión de negociar la paz con los indios ranqueles, tarea que que llevó a  feliz, término y que fue la última de sus gestiones, pues en1822 obtuvo el retiro del ejército y, cuatro años más tarde, el 17 de setiembre de 1826, falleció en  Buenos Aires.

Chiclana “fue un patriota de carácter audaz y turbulento y su figura se destaca como hombre de lucha y de consejo en los primeros años de la Revolución y mientras ejerció como miembro del Primer Triunvirato”.

El doctor Carlos Molina Arrotea, poseedor de su archivo, ha escrito su biografía en el Diccionario Biográfico Nacional, y los historiadores Mitre, Núñez, López y Frías se han ocupado de este prócer en sus obras. El primero de los nombrados sintetiza así su juicio:

“Chiclana poseía, sin embargo, todas las cualidades de los hombres superiores y la preparación y experiencia necesarias para sostener el papel acentuadísimo que los sucesos y sus inspiraciones personales le habían dado en la vasta empresa que calentaba la frente de los patricios. Audaz y turbulento de espíritu, imperioso de género, de voluntad inquebrantable y de ruda consistencia en sus ideas. Fue, así, un hombre de lucha, y como hombre de consejo, una fuerza poderosa al servicio de la Revolución en la hora de sus más grandes desalientos y de sus más grandes esperanzas”. El 19 de enero de 1830 el Gobierno Nacional dictó un Decreto disponiendo la erección de un monumento en el Cementerio del Norte para guardar los restos mortales de este eminente patriota.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *