CAMBIO DE NOMBRE A CALLES DE BUENOS AIRES (30/06/1808)

Durante el virreinato de SANTIAGO DE LINIERS se cambia el nombre a la mayoría de las calles, reemplazándolos por el apellido de los criollos y españoles que más se habían distinguido en la lucha contra los invasores británicos. Al mismo tiempo se resuelve numerar las casas. Tanto los números como los nuevos nombres se escribieron en tablillas de madera. Algunas modificaciones fueron: San Gregorio (hoy Santa Fe) por Pío Rodríguez, Santa María (hoy Charcas) por Fantín, Santo Tomás (hoy Paraguay) por Belgrano, Santa Rosa (hoy Córdoba) por Yáñez, Santa Catalina (hoy Viamonte) por Ocampo, Santiago (hoy Tucumán) por Herrero, Santa Teresa (hoy Lavalle) por Merino, San Nicolás (hoy Corrientes) por Inchauregui, Santa Lucía (hoy Sarmiento) por Mansilla, Merced (hoy Cangallo) por Sáenz Valiente, Piedad (hoy Bartolomé Mitre) por Lezica, De las Torres (hoy Rivadavia) por Reconquista, Santísima Trinidad (hoy San Martín-Bolívar) por Victoria, San José (hoy Florida-Perú) por Unquera, San Martín (hoy Reconquísta-Defensa) por Liniers y San Pedro (hoy Maipú-Chacabuco) por Lasala (ver Antigüo nombre de algunas calles de Buenos Aires).

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El historiador ENRIQUE TANDETER es el autor de una nota que se publicó en el Diario Clarín de Buenos Aires el 19 de noviembre de 2000, donde abunda en detalles vinculados con el tema que desarrollamos en esta página, por lo que considerándolos como un aporte muy enriquecedor de la misma, nos permitimos reproducirlo textualmente a continuación:

«La compra de la colección documental que fuera de MARCOS DE ESTRADA LYNCH por parte del Gobierno de la Ciudad es una práctica de memoria que sólo alcanza a revestir carácter excepcional por el contraste con la inacción que ca­racterizó durante décadas la política de nuestras instituciones estatales respecto del patrimonio histórico. En un primer contacto somero con las decenas  de documentos que podrán ser utilizados por los investigadores, me sorprendió encontrar un raro impreso de la Real Imprenta de Niños Expósitos. Este debe haber servido para difundir en la ciudad una resolución tomada el 30 de junio de 1808 por D. Mauricio Rodríguez Berlanga, Sargento Mayor Brigada del Real Cuerpo de Ingenieros del Exército, y Edecán del Virrey Liniers, por orden de éste. Por ella se imponían a calles y plazas de la ciudad nuevos nombres «alusivos a las gloriosas acciones de su reconquista y defensa, conseguidas,- contra las armas Británicas».

Era ésta una práctica muy propia del siglo XVIII europeo, que rompía con la tradición nominativa que había prevalecido en ciudades y pueblos desde los tiempos medievales. Si antes las calles recibían su nombre del uso, generalmente con referencia a los edificios religiosos que se hallaban en ellas, la Ilustración reivindicará la necesidad del monopolio estatal, local o nacional, sobre esas denominaciones. Este se acompañaba de un cambio en el tipo de nombres elegidos, que ahora pasa­ban a referirse más frecuentemente a héroes y acontecimiento memorables.

El documento que comentamos confirma y amplía todas estas alternativas para nuestra ciudad. Para las 41 calles cuyo nombre se quiere cambiar se indican tanto los «Nombres con que vulgarmente se conocen» como los «Nombres propios», todos los cuales deberán ser sustituídos por “Nombres nuevos”. Más aún, un buen número de calles carecía de «nombres propios»y sólo podían identificarse por los que se les atribuía «vulgarmente». Así, por ejemplo, la calle que tenía como «nombre propio» el de San Juan,  era conocida como la «del Hospital de S. Miguel y Capuchinas», o la de la Santísima Trinidad, conocida como la «de las Catalinas, Colegio, etc.»

Lo notable de esta resolución de 1808,  es que en ella la conocida preocupación borbónica por el ordenamiento urbano, se une a una clara voluntad de conme­moración hasta entonces ausente del Río de la Plata. A un año de la segunda derrota de las tropas británicas, la ciudad se proponía una práctica colectiva de memoria por la que se transmitiría a la posteridad su visión de los acontecimientos protagonizados. Los nombres elegidos para las calles fueron los de los héroes de la Reconquista y la Defensa, tanto los vivos, como el mismo Virrey Liniers, como aquellos «oficiales de los cuerpos urbanos, que murieron gloriosamente en defensa de los derechos del Soberano».

En muchas de las justificaciones del documento es clara la intención pedagógica para las futuras generaciones. Así, del Capitán Jacobo Varela, se dice que su nombre es impuesto: «En memoria de la bizarra acción de haberse abierto paso con su compañía de Granaderos a bayoneta calada por entre los enemigos, para librarse de quedar prisionero en el Retiro». Y de Pío Rodríguez se recuerda «su valerosa acción de acabarse de cortar la pierna que le dexo colgando una bala, y de haber exhortado y animado des pues de herido a sus camaradas».

Ambos conservan hoy sus calles en Buenos Aires, aunque es dudoso que los que viven en ellas o los que las transitan,  sepan algo de quienes se esconden tras esos nombres. Más aún, no es evidente que los criterios de conmemoración del año 2000 sean idénticos a los que los protagonistas de la Reconquista y la defensa nos quisieron imponer, Sin embargo, el contacto con ese escueto impreso, nos recuerda que la memoria sólo es posible, si defendemos y aumentamos nuestro patrimonio documental».

 

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