CAFE DE LOS ANGELITOS (1892)

Dicen los que saben, que en 1890, en la esquina de las actuales avenida Rivadavia y Rincón en el Barrio de Balvanera de la ciudad de Buenos Aires, comenzó a funcionar un Café (quizás conocido como “Bar Rivadavia”), que fue inaugurado por un italiano cuyo nombre era BAUTISTO FAZIO.

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Por ese entonces las calles de Buenos Aires, por esos barrios, aún eran de tierra y se andaba a caballo, carreta o en diligencia y el Café, era frecuentado por los carreros que venían trayendo sus mercaderías desde las quintas y por muchos de los malvivientes que habitaban aquella zona, tan lejana en esos días del centro porteño.

Parece ser que un día, un vigilante que hacía ronda entró sorpresivamente para hacer una investigación, ocasionando una revuelta y una rápida retirada de muchos de sus habitués, que sobresaltados ante lo que presumían una redada, se dieron a la fuga. Cuando el agente informó a sus superiores, requerido que le fue el nombre del lugar, éste respondió que no lo tenía, pero que era lugar de reunión de gente de mal vivir y pesos pesados del hampa, por lo que no había podido llevar a cabo su investigación.

Resuelto el Comisario a resolver la cuestión, reunió a su gente y diciéndoles: «Vamos a ver muchachos, si nadie se sale de la vaina en el café de los angelitos», se dirigió al lugar en cuestión. Alguien recogió esas palabras y a partir de entonces (se dice que fue el 14 de octubre de 1892), ese viejo Café, pasó a llamarse “Café de los Angelitos”. Mucho después, en 1944, quizás inspirado por esa historia, CÁTULO CASTILLO escribió un tango y le puso el mismo nombre («Café de los Angelitos” cuyas primeras estrofas dicen: “Café de los angelitos/bar de Cabino y Casón/yo te alegré con mis gritos/en los tiempos de Carlitos/por Rivadavia y Rincón»).

Cuando en sus comienzos, y allí brillaban GABINO EZEIZA, HIGINIO CAZÓN y JOSÉ BETINOTTI, con sus payadas, era un galpón con piso de tierra, con billares y algunas mesas de madera, pero por las noches, este café tomaba otro color y pronto  se transformó en lugar de encuentros de lo más destacado de la bohemia porteña: payadores, autores, artistas, compositores y políticos, en especial socialistas de la vecina “Casa del Pueblo”, que fuera inaugurada en 1927. En sus tiempos de gloria, era común encontrar allí a CARLOS GARDEL (que vivía en Ricón 137), FLORENCIO PARRAVICINI, ALFREDO PALACIOS, JUAN B. JUSTO, CÁTULO CASTILLO, OSVALDO PUGLIESE y JOSÉ INGENIEROS y hasta entusiastas participantes de las Peñas que se organizaban los fines de semana.

 Todo cambiaba, el Café de Los Angelitos se vestía de fiesta porque el tango se hacía eco en la boca de los que allí concurrían. GARDEL siempre daba el primer paso, lo seguía su inseparable amigo TITO LUCIARDO (no faltaba jamás), tampoco LEGUISAMO, ENRIQUE MUIÑO y JOSÉ Razzano. Nada de aquello quedó en el olvido. Luego de repetidos reveses económicos, durante los cuales fue varias veces cerrado y reabierto, en 2006 fue rescatado de las ruinas y reconstruído en 2007. Hoy, sus paredes siguen siendo del primitivo color crema, con columnas de marrón muy oscuro. Las mesas cuadradas, de madera cubiertas con un mantel blanco y otro marrón en diagonal. El correr del tiempo no permitió que se olviden las fiestas que alegraron su mítico salón, ni aquellas noches de tango. Las fotografías que cuelgan de sus  paredes inmortalizan aquellas épocas y los rostros sonrientes de aquellos que le dieron fama, son testigos de los años de gloria que tuvo el Café (ver Bares, Cafés y Confiterías porteños que hicieron historia).

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