BELGRANO Y EL RECHAZO DEL ALTO PERÚ A LA REVOLUCIÓN DE MAYO

Luego del desastre de Huaqui, el 26 de marzo de 1812, en la Posta de Yatasto (provincia de Salta), el general MANUEL BELGRANO asumió el mando del Ejército del Norte y rápidamente comprende que para lograr el reconocimiento del Alto Perú a la autoridad del Primer Gobierno Patrio que se había instalado en Buenos Aires, era necesario revertir la enojosa situación creada con sus pobladores, primero por los desmanes cometidos por una tropa descontrolada, pero mucho más, por la prédica antirreligiosa de BERNARDO DE MONTEAGUDO, una desacertada estrategia impulsada por él y por JUAN JOSÉ CASTELLI, cuando el Ejército del Norte había marchado hacia esos territorios con esa misión en noviembre de 1810 (ver La pérdida del Alto Perú).

Comprendió también que el daño causado a este proyecto de anexión de esos territorios no era irreversible y que era posible volver a conquistar el apoyo de esa sensible población hacia los principios de libertad e independencia que habían impulsado a los líderes de la Revolución de Mayo de 1810, y que para ello, era indispensable volver a ganarse el alma de sus pueblos, respetando su identidad cultural y religiosa

Comenzó entonces, a desarrollar una serie de acciones con ese fin. Luego de su victoria en la Batalla de Tucumán (1812), depositó su bastón de mando ante la Virgen de la Merced, nombrándola protectora oficial de las tropas de los patriotas y para restaurar la moral y el orden entre la tropa, impuso rezos diarios del rosario, prohibió las blasfemias y castigó severamente las faltas de respeto hacia los templos y los sacerdotes.

Utilizó los buenos oficios de sacerdotes católicos influyentes para reconciliarse con los indígenas del Alto Perú y de este modo, al neutralizar el discurso realista que tachaba a la revolución de mayo, de satánica; demostrando que la causa de la independencia americana no estaba reñida con la fe católica, logró revertir el resentimiento que MONTEAGUDO y CASTELLI habían sembrado en el norte y nuevamente pudo contar con la colaboración de los pobladores para que realizaran tareas de espionaje y de enlace, y en el transporte de municiones y pertrechos en las campañas que se desarrollaron luego en 1813.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *