AMARÚ-TUPAC (1738-1781)

JOSÉ GABRIEL CONDORCANQUI fue un noble indígena altoperuano, reconocido como descendiente de los antiguos Incas y con gran prestigio y autoridad entre los nativos; arriero y reconocido “curaca” (1) que pasó a la Historia como TUPAC AMARÚ, nació en Tinta (Alto Perú) el 19 de marzo de 1738 y fue educado por los jesuitas en el Colegio para caciques de Cuzco

Era un hombre culto e inteligente, de buena presencia. que vestía ropas de sus ancestros, como símbolo de unión entre su mundo con el de los sacerdotes que lo educaron. Hablaba fluidamente el latín, el castellano y el quichua.

 A la muerte de su padre, decapitado injustamente por el virrey Toledo, fue reconocido Cacique de “Tungasuca” (Tinta) y marqués de Oropesa con el nombre de TUPAC AMARÚ II y desde esa posición, trató de mejorar la condición de sus hermanos de raza, pero a través de los años, nadie escuchó sus justas reclamaciones. Por último, se decidió a enfrentar a los españoles por medio de las armas y lideró la mayor rebelión indígena en el Virreinato del Perú (territorios hoy pertenecientes a la República de Bolivia) contra el poder español en América.

En 1780 secundado por su esposa MICAELA BASTIDAS, lideró la llamada «Gran Rebelión» (1780-1781) en la zona andina, buscando se dice, la abolición de la mita, de los repartimientos y de los tributos excesivos, aunque hoy se ha afirmado la hipótesis de que lo que en realidad buscaba, era restaurar el antiguo impero incaico en su tierra.

El levantamiento, que estalló el 4 de noviembre de 1780 comenzó como una protesta contra los abusos fiscales y las reformas borbónicas y rápidamente se descontroló y se transformó en un masivo movimiento de resistencia que unió a los indígenas, los mestizos y los criollos.

El 10 de noviembre 1780 los sublevados tomaron prisionero al Corregidor de Tinta ANTONIO ARRIAGA y luego de ejecutarlo en la plaza del pueblo se lanzaron a la lucha. Pronto la sublevación se hizo general y se extendió por todo el sur andino. Con unos 6.000 hombres, CONDORCANQUI decidió tomar la ciudad de Cuzco y en camino hacía allí, derrotó a un contingente realista, que al mando del comandante LANDA había salido a detenerlo. Este triunfo estimuló a los rebeldes y Tupac Amarú ordenó apresar a los Corregidores y terminar con el sistema de “mitas” y “repartimientos”.

En su marcha, tuvieron algunos éxitos, pero, a medida que las fuerzas realistas fueron reponiéndose de la sorpresa, lanzaron todo su potencial en una expedición punitiva que avanzando a sangre y fuego puso fin a la rebelión, luego de que el 6 de abril de 1781, en las cercanías de Cuzco, en un terrible combate librado con los realistas en la batalla de Checacupe (o batalla de Combapata) las fuerzas de TUPAC fueran vencidas (ver Sublevación de Tupac Amarú).

TUPAC fue traicionado y capturado. Condenado a muerte sin juicio previo, fue ejecutado brutalmente en la Plaza Mayor de Cuzco el 18 de mayo de 1781, convirtiéndose en un símbolo imperecedero de la resistencia andina y de la libertad y dicen (2) que dejando como legado sus últimas palabras: «Volveré y seré millones» (ver La muerte de Tupac Amarú)

Los revolucionarios de TUPAC AMARÚ invocaron los manes de MANCO-CAPAC, de MOCTEZUMA, de QUATIMOCÍN, de LAUTARO, de CAUPOLICÁN, de RENGO, en fin, de todos los grandes príncipes y héroes de las antiguas naciones. Los Incas constituyeron especialmente la mitología de la Revolución.

Su memoria fue venerada por los pueblos y cantada por los poetas y al estallar la guerra entre los criollos y españoles, los aborígenes de estas tierras, al menos donde eran más cultos y adelantados, formaron parte de las masas revolucionarias. El ejemplo de TUPAC-AMARÚ hizo escuela. Criollos e indígenas civilizados lucharon por una sola y única causa: la Causa de la Libertad, ¡la Causa de América!.

(1). Máxima autoridad política, administrativa y militar de un ayllu o comunidad indígena en el mundo andino prehispánico, subordinado al Sapa Inca. Actuaban como intermediarios entre el estado inca y la población, y durante la colonia, mantuvieron una restringida autoridad local

(2). Son pocos los autores que le asignan la autoría de dicha frase. La mayoría se la atribuye a Espartaco, el esclavo de origen tracio, luego gladiador, que fue crucificado luego de liderar una revuelta contra la autoridad romana en el siglo 71 a.C.

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