A QUÉ JUGABA URQUIZA? (1863)

Justo José de Urquiza fue otro de nuestros próceres, cuya conducta y sentido de la lealtad, podrían ponerse en duda, considerando que sin duda fue un exitoso caudillo de su provincia, Entre Ríos, pero que, llegado el momento de oir las voces que lo incitaban a constituirse en un nuevo polo de poder en detrimento de su amigo y jefe, Juan Manuel de Rosas, no dudó.

Muchos son los episodios y actitudes en la vida y la actuación como hombre público que lo presentan a Urquiza como un hombre difícil de definir. Prócer de innegables virtudes para unos, advenedizo de la política para otros. Héroe indiscutido de la lucha contra Juan Manuel de Rosas o un auténtico “trepador” que llegó hasta donde quiso, cambiando de vestiduras según le fuera conviniendo. Quizás no fuera nada de esto y quizás lo fuera todo en una misma persona.

Nadie negará sus muchas virtudes como político, militar y gobernante y nada de lo que le sea criticable, menguará sus valores y su aporte a la gesta de nuestra organización nacional. Pero el respeto que merece nuestra Historia, impone que no se dejen ocultos los hechos que la conforman, porque los hombres y mujeres que la hicieron, fueron por sobre todas las cosas eso: simplemente hombres y mujeres que actuaron como les exigía las circunstancias, aportando sus saberes, valores y esfuerzos, sin dejar por ello de lado, sus defectos, ambiciones y dudas, que son inherentes a la condición humana.

Bastará con entrar en nuestra página y buscar: “Sarmiento y Urquiza, una relación complicada”; “Peñaloza reclama que Urquiza se defina”; “José Hernández, López Jordán y Urquiza”; “Pronunciamiento de Urquiza”; “Urquiza deja de ser rosista”; “La revolución del 11 de setiembre”, para encontrar algunas de las aclaraciones para lo dicho, aunque a pesar de hacerlo, nunca quedarán en claro, las verdaderas razones que tuvo Urquiza para proceder como lo hizo, siempre a caballo de la ambigüedad.

Su carrera en las filas federales
Como muchos jóvenes de aquella época, Ingresó en la política en la década de 1820, adhiriendo al partido federal. En 1823 se unió al mayor de los López Jordán (Urquiza había estado vinculado estrechamente a su familia) en una conspiración para destituir al gobernador Lucio Victorio Mansilla, pero vencido por éste, fue exiliado. Vivió un año en Curuzú Cuatiá, provincia de Corrientes y se dedicó a los negocios y a cultivar amistades que luego le serian útiles.

En 1826 regresó a Entre Ríos y fue elegido por los vecinos de Concepción del Uruguay para representarlos como Diputado ante el Ccngreso provincial. Más tarde, ya como Presidente de la Legislatura provincial, en 1828 lideró la oposición a la llamada Constitución de 1826, logrando que finalmente ésta fuera rechazada por su provincia y otras muchas.

Desde 1828 en adelante, fue Comandante militar y civil de Concepción del Uruguay y en 1829, Rosas lo nombró Comandante de toda la costa del río Uruguay, con el grado de coronel. Durante esa década se convirtió en uno de los hacendados y comerciantes más ricos del país y extendió una poderosa red de clientelismo económico, que le serviría más tarde de apoyo a sus aspiraciones políticas.

En 1832, para terminar con la anarquía reinante en la provincia de Entre Ríos, se alió con Estanislao López, gobernador de Santa Fe, para instalar a Pascual Echagüe como gobernador de esa provincia y juntos, emprendieron la campaña militar que finalmente llevaría a éste, al gobierno.

En 1836, acompañó a Echagüe a Buenos Aires y se encontró con Juan Manuel de Rosas, quien lo puso al mando de la División Federal de Observación en la frontera uruguaya y durante los quince años siguientes, Urquiza, un federal convencido, convertido en un importante líder federal, sirvió a Rosas corno oficial militar y aliado político, compartiendo las vicisitudes que caracterizaron esos años, cuando se produjeron sangrientas guerras civiles en el Uruguay y en las provincias argentinas de Entre Ríos y Corrientes

Cumpliendo órdenes de Juan Manuel de Rosas, invadió dos veces la provincia de Corriente y combatió con las banderas rosistas en “Pago Largo (31 de marzo de 1839; “Cagancha” (29 de diciembre de 1839); “Arroyo Grande (6 de diciembre de 1842); “India Muerta (27 de marzo de 1845); “Laguna Limpia” (4 de febrero de 1846); “Rincón de Vences” (27 de noviembre de 1847), donde, según algunos historiadores, el caudillo entrerriano habría perpetrado allí su peor matanza de prisioneros.

Y fue en 1846, cuando, después de derrotar a los correntinos en la batalla de Laguna Limpia (4 de febrero de 1846), Urquiza firma el Tratado de Alcaraz con sus vencidos, mediante el cual se acordaba la paz y se devolvía el encargo de las relaciones exteriores a Rosas, Corrientes quedaba liberada de la obligación de apoyar la guerra en el Uruguay y además se preveía la pronta convocatoria a un congreso constituyente.

Rosas rechazó el Tratado con la excusa de que Urquiza, nombrando Gobernador de Corrientes a su amigo Benjamín Virasoro, se había excedido en sus atribuciones y allí comenzaron las desaveniencias y rotas las relaciones entre ambos. Su leal amigo y colaborador, había abierto las puertas a la demanda de un acto político que Rosas consideraba inaceptable: la convocatoria a un Congreso Constituyente, algo que para él, ni tan siquiera merecía discusión. Urquiza había traicionado su confianza.

En diciembre de 1845 Urquiza fue reelecto gobernador de Entre Ríos y hacia 1847 ya se había convertido en el líder político más importante de la Mesopotamia argentina y fue entonces, que Urquiza creyó llegado su momento, aunque todavía no mostró ningún síntoma de su defección como aliado de Juan Manuel de Rosas.

En 1850, Rosas, que necesitaba expandir su influencia en la región y consolidar su poder, lo que incluía el control de Montevideo, comprometido con el Partido Nacional (los “blancos”). en las luchas que éstos sostenían con los “colorados” por el poder en el Uruguay, ante la presencia de efectivos brasileños en ese teatro de operaciones, decidió intervenir militarmente y a tales efectos, nombró a Urquiza, Comandante del ejército de operaciones contra Brasil, con el objetivo de avanzar hacia Montevideo y tomar la ciudad, que estaba sitiada por las fuerzas de su aliado, el general Manuel Oribe.

Sin embargo, Urquiza, comprendiendo que Brasil, Uruguay y las provincias argentinas opositoras a Rosas veían llegada una oportunidad para desafiar su poder, aprovechó la situación para acercarse a los opositores de Rosas, tanto en Montevideo como en Brasil.

Comenzó a contactar a los emigrados de Montevideo, y posteriormente también a los representantes del Imperio. Ya había comprendido que, para lanzarse a la aventura de enfrentar a Rosas, necesitaba dinero y la seguridad de que sería apoyado.

A principios del año siguiente comenzó a llegar ese dinero, en abundancia, provisto por la cancillería brasileña y el 5 de enero de 1851, en la ciudad entrerriana de Concepción del Uruguay, se publicó en el diario “La Regeneración”, un artículo de autoría de un antiguo unitario, Carlos de Terrada.

Entre otras ideas expresaba que ese año sería el de la organización nacional, para lo cual se reuniría una Asamblea de delegados, que ratificaría el sistema federal. Ante las protestas efectuadas por Rosas contra Urquiza, éste respondió que en su provincia se respetaba la libertad de prensa, y que lo publicado le parecía algo legítimo y deseable, lo cual indicó la ruptura definitiva de su alianza, el puntapié inicial de la ruptura con Rosas. El 5 de abril, Urquiza pasó una nota circular a todos los gobernadores incitándolos a salvar a la Confederación del abismo al que el gobernador de Buenos Aires estaba conduciéndolos.

Entonces Urquiza hizo su primer movimiento y el 1º de mayo de 1851, lanzó su famoso Pronunciamiento declarándole la guerra a Rosas y comprometiéndose firmemente a derrocarlo.

 Durante esos dieciséis años había servido sin remordimientos, a los intereses de Rosas, poniendo a su disposición del futuro “dictador”, toda la fuerza de los entrerrianos y realizando muchas de las tareas, que hoy calificaríamos como reprobables,  pero la Historia lo perdonó.

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