PURRÁN, FELICIANO (1810-¿???)

Fue un poderoso “lonko” (cacique) pehuenche del siglo XIX que dominó la región noroccidental de la Patagonia (entre el sur de Mendoza y el centro y el norte de Neuquén). De padre y madre mapuches, nació a principios del siglo XIX, quizás alrededor de la década de 1810 en el histórico barrio de “La Chimba”, en la provincia de Mendoza, Argentina.

Estratega brillante y aliado clave de CALFUCURÁ, controlaba los pasos cordilleranos y vastos territorios ganaderos y como otros importantes jefes mapuches, durante dos décadas supo mezclar hábilmente la guerra y la negociación con las autoridades de Argentina (en Mendoza) y Chile y con los caciques ya fueran amigos o rivales, para resguardar su soberanía y las rutas comerciales a ambos lados de la cordillera de los Andes.

Feliciano Purrán. Cacique Pehuenche

Ubicaba las tolderías de sus caciques vasallos en los pasos cordilleranos para dominar las rutas comerciales y sus dominios se extendían entre los ríos Agrio, Barrancas y hacia el este hasta Añelo, controlando puntos estratégicos del comercio cordillerano. Durante las décadas de 1860 y 1870 y hasta poco antes de ser capturado durante la última Campaña al Desierto, poseía una enorme red de influencia, Llegó a reunir en sus parlamentos a 27 caciques menores y más de 1.600 guerreros (conas), administrando una riqueza que se calcula era de hasta 30.000 cabezas de ganado.

Era aliado de los “manzaneros” de VALENTÍN SAYHUEQUE y mantuvo un importante eje de poder mapuche-pehuenche junto a suegro QUILAPÁN y CALFUCURÁ y así como al cacique SAYHUEQUE se lo consideraba una “amigo del gobierno argentino, a PURRÁN se le adjudicaba una lealtad total para con el chileno (dicen que para que lo fuera, le pagaban grandes sumas d dinero).

Al avanzar la quinta Campaña al Desierto diseñada por el General JULIO ARGENTINO ROCA y comandada luego por el Coronel CONRADO VILLEGAS, en ausencia de ROCA, el cacique PURRÁN fue cercado en Choele Choel y finalmente capturado hacia el 17 daño 1880. A diferencia de otros líderes indígenas, su vida fue respetada tras su rendición, aunque su pueblo fue diezmado y desplazado (ver Pino Hachado, una retirada estratégica).

Fue confinado en la Isla Martín García y más tarde en una estancia de la provincia de Buenos Aires, donde esperó durante diez años que se le cumpliera la promesa de entregarle tierras y asegurar la subsistencia a la gente de su tribu. En 1891, prometiendo que podría indicar la ubicación de una rica mina de plata, logró que lo enviaran a “Ranquillón”, un pequeño paraje y área rural, ubicado en el Departamento Ñorquín, en el norte de la Provincia del Neuquén y de allí huyó hacia la Araucania donde permaneció oculto, sin volver a saberse nunca más, nada de él.

Su captura supuso un duro golpe a la resistencia indígena, dificultando la unidad entre las tribus a ambos lados de los Andes. Su legado sobrevive hasta el día de hoy, dando nombre a importantes comunidades mapuches y calles en la región que dominaba en vida, hoy provincias de Neuquén y Mendoza.

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