PASAJE DEFENSA, MÍTICO RINCÓN DEL BARRIO SAN TELMO

Existe en el Barrio Telmo de la ciudad de Buenos Aires, una especie de pasaje en cuyo seno, el tiempo se torna prometeico; otro tiempo primordial (1) y justo, que destilan sus callados ademanes. Un tiempo de tambores y dagas o de sombras de altos peinetones barrocos, avanzando como aves sombrías sobre las paredes encaladas. Es el “Pasaje de la Defensa” que se ahonda en la calle homónima al 1179”.. Así nos pone en tema el poeta Luis Alberto Ballester cuando se refiere a este “mítico pasaje” y nos sumerge en la magia de lo pasado, en la añoranza de lo ya ido.

Recordemos que el “Pasaje Defensa” ocupa el lugar que ocupaba la “Casa de los Ezeiza”, a media cuadra de la Plaza Dorrego, en el barrio San Telmo, casco histórico de la ciudad de Buenos Aires. Una antigua vivienda familiar de estilo italianizante que  fue construida para alojar a la familia conformada por Elías y Eduarda Ezeiza, descendientes de los primeros Ezeiza que arribaron al país provenientes de Albistur (País Vasco)). Los Ezeiza abandonaron la casa para mudarse al Barrio Norte como muchas otras familias de la clase alta porteña. No hay documentación que certifique la fecha exacta de la construcción de la casa, aunque se dice que es del año 1876. Los descendientes afirman que la familia abandonó la casa luego de la  epidemia de fiebre amarilla de 1871.

En 1892 se estableció en ella el Instituto Nacional de Sordomudos, pero dese 1910, fu la sede de una escuela primaria hasta que luego de la crisis de 1930, con la llegada de la segunda corriente migratoria de principios del siglo XX, se transformó en un conventillo adonde llegaron a vivir 32 familias hacinadas, quienes compartían las habitaciones destinadas a los servicios (cocina y baño) y tenían una propia para el desarrollo de las demás actividades.

Construida en la década de 1870 y emplazada en un lote de 15 metros de ancho por 62 metros de largo, la “Casa de los Ezeiza” tiene una fachada con el sector inferior revestido en mármol de Carrara gris que deriva hacia arriba a los ocres (material que familias adineradas hacían traer desde Italia), con tres ventanas rectangulares con rejas y por encima, molduras y columnas de hierro con capiteles corintios

Es una casa con arquitectura colonial, de las llamadas «casas chorizo». Una típica construcción de dos plantas, desarrollada longitudinalmente, con tres luminosos patios embaldosados con enormes baldosas multicolores “en damero” (nombrados “del Árbol”, “del Tiempo” y “de los Ezeiza”) conectados por pasillos y con galerías en ambas plantas. Dos escaleras comunican dos de los patios con el nivel superior (una fue agregada en 1980) y el intermedio está dominado por un pequeño “palo borracho”.

Todos los ambientes tenían cielorraso con tirantes de madera a la vista, con el metal desplegado, que era como se construía hace algunos años. Abrían sus puertas hacia una galería que corría paralela orillando a los patios y se reservaban los salones de la entrada para recibir a las visitas. En el primer patio convergían el comedor, la Biblioteca y el escritorio; en el segundo había habitaciones, un aljibe, elemento fundamental que permitía la obtención de agua medianamente potable y en el tercero, cuartos de servicio, donde residía el personal que trabajaba, y generalmente una huerta o un corral.

En 1980 fue reciclada por los arquitectos RAÚL SERVENTE, FÉLIX ALEMÁN y JUAN FIRPO, teniendo como objetivo llevarla a su estado original, en un intento de captar la esencia de su viejo espíritu, de otras costumbres y hábitos.

Un año más tarde se inauguró en ella un paseo de compras que fue denominado “Galería de la Defensa”, y también “Pasaje Defensa”, que es como funciona hoy en día: es una Galería comercial con restoranes y comercios dedicados a la venta de antigüedades, indumentaria, cuadros, recuerdos, etc.

(1). Primordial. Generoso, quijotesco, acción audaz, creativa o rebelde destinada a aportar conocimiento, progreso o beneficios a la humanidad, a menudo desafiando normas superiores.

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