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PUEBLO LIEBIG, RELIQUIA DE UN PASADO GLORIOSO.
Nacido por el asentamiento en ese lugar de un establecimiento industrial dedicado a la producción de carnes envasadas, hoy, este Municipio de Entre Ríos, mantiene en su estructura toda la mística de su historia, al mismo tiempo que invita a disfrutar de sus actividades, típicas de un pueblo bañado por las aguas de un generoso río: tranquilas playas con los bancos de arena más grandes de todo el río Uruguay, buena pesca, actividades náuticas y el rumor de sus aguas para gozar de la tranquilidad de sus noches y la magia energizante de una movida y alegre “chamarrita”.
A solo diez kilómetros de la ciudad de Colón, Pueblo Liebig, propone conocer uno de los lugares donde la industria cárnica tuvo su mayor esplendor durante el siglo XIX. Si bien, ya desde 1865 había en el lugar una pequeña empresa saladeril que exportaba charqui y tasajo, ésta no prosperó debido a que los productos, luego de dos o tres meses de navegación, llegaban en mal estado a Europa por la falta de conservación. Fue recién en 1903 cuando capitales ingleses instalan en terrenos del saladero, la empresa fabril “Liebig Extract of Meat Company” para comenzar a producir extracto de carne (carne cocida envasada al vacío) bajo la fórmula que le habían comprado al ingeniero alemán Justus Von Liebig, la cual permitía una vida útil entre 6 y 18 meses facilitando la exportación.
Es en ese momento, se podría decir, cuando comienza el desarrollo de un pueblo que creció al ritmo de la actividad frigorífica ya que, por la necesidad de contar con el personal gerencial y administrativo cerca, la empresa inglesa construye todo un pueblo que estaba dividido en tres sectores perfectamente identificables: la fábrica con los muelles a orillas del río Uruguay; el barrio del personal ejecutivo conocido como “La hilera” con una hermosa vista y floridos jardines y el barrio de los obreros, conocido como “El pueblito” que contaba con una 250 viviendas.
Los dos barrios estaban separados, pero vinculados físicamente por una manga por la cual los animales ingresaban a la fábrica. Estaba compuesta por dos estructuras, una de madera, que era la que oficiaba de barrera (hoy inexistente), que en un cierto momento del día se abría para permitir el paso de un sector al otro del pueblo. La otra, de mampostería, que es la que todavía está en pie, pero muy deteriorada eran los corrales, donde los animales eran lavados, clasificados, revisados por los veterinarios y conducidos hasta la fábrica donde eran faenados
Completaban el complejo edilicio, un enorme galpón destinado a servir como almacén de ramos generales y dos elevadas chimeneas construidas íntegramente con ladrillos (hoy solamente una), que enviaban a las alturas las densas columnas de humo mostrando que la fábrica estaba en actividad, que por mucho tiempo fueron el símbolo del pueblo y que hoy, ya mudas, han dejado de hacerlo, llorando su desaparición.
Nos parece oportuno mencionar también que en el barrio “La hilera”, además de las viviendas para el personal ejecutivo, había una Biblioteca con una importante cantidad de libros, entre los que curiosamente estaba una colección completa de la Revista “Caras y Caretas” (1898-1943), la Oficina de Correos, único lugar en el que era posible que se cruzaran los obreros con los ejecutivos fuera de los ámbitos de trabajo; la “Casa de Visitas” y “The Mess”. La primera un edificio de grandes dimensiones ubicado en medio de un gran parque frente al río con instalaciones, mobiliario y equipamiento de gran confort y calidad, que eran utilizadas por los miembros del Directorio de “Liebig” cuando llegaban a la Argentina. En 1925, cuando nos visitó el Príncipe de Gales, se hospedó allí.
El otro, “The Mess”, cuya traducción refiere algo sucio, desordenado, era un edificio cuadrado, con habitaciones en dos niveles, lugares de uso común como salas de juego, un patio central y un gran espacio semicubierto mirando al río. Contaba con todas las comodidades de un hotel de primera categoría y era empleado para alojar al personal de técnicos, ingenieros, administrativos y químicos solteros, que la empresa enviaba desde Londres para realizar un trabajo específico de su especialidad durante un corto tiempo. El nombre, obviamente se debía al destino que le daban sus ocupantes para sus alegres y divertidas noches.
Mientras la empresa estuvo activa, casi el 100% de la producción era exportada a Europa, lo cual se afianzó durante la Primera y, sobre todo, la Segunda Guerra Mundial. “En el frigorífico trabajaban 3500 empleados y se faenaban 1500 cabezas de ganado en dos turnos, pero durante la Segunda Guerra Mundial debieron ampliar la producción a 4000 cabezas, la cantidad de personal creció a 2000 y se sumó un turno más para trabajar las 24 horas” (dirá en cierta oportunidad el Director de Turismo de Pueblo Liebig, el señor, Diego Quarroz).
La intensidad de trabajo se mantuvo hasta los años de la década de 1960, cuando la producción comienza a decaer debido a la disminución de los envíos a Europa de carne enlatada que, al mejorarse los métodos de conservación durante el transporte, estaba siendo reemplazada por la exportación de carne cruda. A partir de allí, la historia no es muy distinta a las de otras industrias argentinas:
En 1970 la empresa Liebig deja de operar y cierra las instalaciones, pero las reabre en 1971 y las pone nuevamente en actividad hasta que en 1975 decide irse de la Argentina y poner en venta el frigorífico y todas sus instalaciones. Como toda esta estructura edilicia, el muelle, las viviendas y todo lo que conformaba este inmenso complejo industrial había sido construido con capitales privados, el pueblo que se había formado a su alrededor, era en realidad, un pueblo privado.
Considerándolo así, los directivos de Liebig se pusieron en contacto con las autoridades del gobierno provincial ofreciéndoles en venta este patrimonio. Un grupo de vecinos se hizo cargo de la operación y en 1975 el frigorífico fue puesto nuevamente en funcionamiento, ahora bajo la administración de la empresa Fricosa (Frigorífico Colón Sociedad Anónima) y el pueblo comienza a llamarse “Pueblo Liebig”.
En 1980, dificultades financieras imponen una nueva suspensión de las actividades y el frigorífico es adquirido por el empresario argentino JULIO IZENTAL que las tiene funcionando hasta 1997. Actualmente las instalaciones siguen siendo del mismo empresario pero están totalmente desactivadas y desmanteladas y se hacen visitas guiadas para mostrar por fuera su infraestructura” (ver Liebig,e l pueblo que nación con el frigorífico).,