LOS CABALLOS BLANCOS DE VILLEGAS (1874)

En el año 1874, el general Bartolomé Mitre se había alzado contra el gobierno constituido aduciendo que se había hecho fraude en las elecciones presidenciales. La Revolución mitrista que alzó al interior bonaerense, contaba con el apoyo de estancieros que proveyeron de buen grado sus caballadas.

Pero la revolución fracasó con la derrota sufrida en los campos de La Verde; los revolucionarios depusieron sus armas y el gobierno les confiscó las caballadas. Las tropas gubernistas que sofocaron el alzamiento estaban integradas principalmente por efectivos avanzados de la frontera, y sus jefes se repartieron las numerosas caballadas.

El coronel CONRADO VILLEGAS, Jefe del Regimiento de Caballería Nº 3, había comprendido tiempo atrás, que no habría victoria posible y duradera sobre los indios si no se contaban con buenos caballos. Aprovechó entonces la oportunidad y reunió para su Regimiento seis mil buenos animales de silla. De ellos, tras lentas y personales selecciones, se quedó con lo mejor. Luego, de ese lote apartó 600 pingos blancos, tordillos y bayos claros, destinados exclusivamente a servir como reserva para el combate o para una retirada imprevista.

Fue entonces que “los caballos blancos de Villegas” se transformaron en una obsesión, y finalmente en un mito.  Recibieron instrucción especial, y eran mejor cuidados que los soldados. Estos, hasta llegaban a despojarse de su poncho si no tenían manta para cubrirlo en las noches de helada y hasta se resignaban a pasar hambre, en tanto su flete blanco recibía ración de forraje -¡todo un milagro en la precaria economía militar de entonces. Cuando los soldados se adaptaron a las posibilidades que por fin tenían al alcance de sus riendas, el 3º de Caballería adquirió fama legendaria, y aún entre los indios se revistió de contornos míticos y de leyenda.

La caballería blanca de Villegas caía como un aluvión de nieve sobre las huestes pampas y VILLEGAS y sus hombres, curtidos en todos los extremos del coraje, daban pábulo a los más increíbles actos de heroísmo, validos de la fortaleza que daba semejante montura. Los “blancos de Villegas” eran un azote para el indio y un orgullo para los soldados de la frontera”.

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