MOSCONI, ENRIQUE CARLOS ALBERTO (1877-1940)

General de División e Ingeniero. Pionero en la organización de la exploración y explotación del petróleo en Argentina, trabajó con el ingeniero en minería Enrique Martín Hermitte, bajo cuya dirección se descubrió el primer pozo petrolero en Comodoro Rivadavia y en 1922 fundó y fue el primer presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF). Ferviente promotor del desarrollo de la aviación militar y civil fue nombrado Director del Servicio Aeronáutico del Ejército y entre 1920 y 1922, desde ese Organismo, impulsó la modernización de la aviación militar argentina.

Hijo del inmigrante italiano Enrico Mosconi, un ingeniero dedicado al tendido de vías férreas que vino a trabajar en la Argentna y de María Juana Canavery, una argentina de ascendencia irlandesa. El 26 de mayo de 1891 se graduó de subteniente de infantería y el 20 de noviembre de 1894, fue asignado jefe del Regimiento 7 de Infantería en Río Cuarto, Provincia de Córdoba, y allí comenzó a escribir un «Reglamento para la Infantería en Campaña», con detalles sobre el manejo de explosivos e instrucciones para construir puentes. En 1896 fue ascendido y trasladado a Buenos Aires, donde empezó la carrera de Ingeniería en la Universidad de Buenos Aires.

En 1899 realizó estudios topográficos y estadísticos de los Andes en la provincia de Mendoza y el año siguiente formó parte en los estudios llevados a cabo en la Patagonia a fin de establecer una red ferroviaria de importancia estratégica en la provincia del Neuquén.

En 1903 se graduó de la Facultad de Ciencias Exactas Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires como ingeniero civil, con una Tesis que proponía la construcción de una represa en el Lago Nahuel Huapi y la instalación de una válvula para regular las aguas de los ríos Limay y Negro, en Neuquén, con el objetivo de hacerlos navegables.

A fines de ese año, fue transferido a la división de Ingeniería del Ejército como ingeniero militar y en 1904 recibió un premio por un proyecto de construcción. Entre 1906 y 1908 fue parte de una comisión de graduados argentinos enviados a Italia, Bélgica y Alemania) para estudiar y adquirir plantas de energía hidroeléctrica y gasífera. Fue incorporado a las tropas de ingeniería del Reichsheer, y pasó 4 años en el Batallón 10 de Westfalia, mientras cursaba un posgrado en la Escuela Técnica Superior de Artillería e Ingeniería de Charlottenburg. En Alemania se interesó por las ideas de Friedrich List (1789-1846), un economista cuyas ideas industrialistas tenían gran influencia en Europa y los Estados Unidos.

En 1909 regresó a Argentina como Jefe del Batallón 2 de Ingenieros, permaneciendo unos pocos meses para volver luego a Europa con el fin de adquirir materiales para la división de Ingeniería. Allí estudió y trabajó con unidades de telegrafistas y especialistas en ferrocarriles de Alemania, Francia y el Imperio austrohúngaro. En diciembre de 1904 volvió a Argentina
y reasumió sus funciones en las Fuerzas Armadas hasta qu en 1915, fue nombrado Director del Arsenal Esteban de Luca.

En 1920 fue reubicado en la división de Aeronáutica, la cual dirigió hasta 1922 y el 16 de octubre de ese año, durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear, fue nombrado director general de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), cargo que ocupó durante ocho años, dedicando grandes esfuerzos para incrementar la exploración y desarrollo de la extracción de petróleo.

Administró la Empresa eficientemente y al mismo tiempo que establecía esa incipiente gran empresa petrolera, comenzó a combatir la presión política de los dos gigantes de la explotación de hidrocarburos: la holando-británica Royal Dutch y la Standard Oil del empresario estadounidense John D. Rockefeller.

En 1925 consideró la posibilidad de una sociedad mixta estatal y privada, pero en 1928 se retractó al expresar: “No queda otro camino que el monopolio del Estado pero en forma integral, es decir, en todas las actividades de esta industria: la producción, la elaboración, el transporte y la comercialización. La explotación del petróleo sin monopolio, es difícil. Diré más, es imposible para un organismo del Estado vencer en la lucha comercial a las organizaciones del capital privado.

También remarcó que, para defender los yacimientos petrolíferos argentinos de las compañías extranjeras, que era necesaria «una magnífica insensibilidad a todas las solicitaciones de los intereses privados concordantes o no con los intereses colectivos, pero sobre todo hace falta un poder político capaz de contener todas las fuerzas opuestas. Resulta inexplicable la existencia de ciudadanos que quieren enajenar nuestros depósitos de petróleo acordando concesiones de exploración y explotación al capital extranjero, para favorecer a éste con las crecidas ganancias que de tal actividad se obtiene, en lugar de reservar en absoluto tales beneficios para acrecentar el bienestar moral y material del pueblo argentino. Porque entregar nuestro petróleo es como entregar nuestra bandera”.

Mosconi fue el mayor impulsor de una política nacional que pusiera los recursos naturales al servicio del desarrollo económico, industrial y social de la Nación. Defendió la nacionalización de estos recursos, mediante un absoluto monopolio estatal en su exploración y explotación y expuso la necesidad de los países latinoamericanos de tomar medidas coordinadas en este asunto, y la promulgación de leyes relacionadas con los recursos naturales que fueran ventajosas para los intereses de los estados nacionales. A tales efectos, entre 1927 y 1928 recorrió América Latina. informando a las autoridades gubernamentales sobre la experiencia argentina con los combustibles fósiles, promoviendo la integración de esfuerzos en materia de petróleo, impulsando la formación de técnicos y estableciendo programas educativos en institutos como el Colegio Industrial de la Nación y la Escuela de Minas de San Juan.

La influencia de su doctrina tuvo impacto en México, Brasil, Uruguay, Bolivia y Colombia. En 1929 recibió a Edmundo Castillo, ministro de Industria uruguayo y le hizo ver la conveniencia de establecer en su país una refinería nacional y una empresa estatal para vender sus productos. Esto desembocó en la creación de la actual “Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland (ANCAP), la compañía energética estatal creada por el gobierno uruguayo en 1931.

En 1936, luego de la Guerra del Chaco, a sus instancias, el Estado boliviano creó Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) siguiendo el modelo de la empresa argentina, y poco después dictó la expropiación de la filial boliviana de la Standard Oil. En 1938, en Brasil, siguió sus ideas y creó el Conselho Nacional do Petróleo (CNP) y Mosconi fue galardonado con una medalla de oro por la Academia de Ciencias y Arte de Río de Janeiro en reconocimiento a su labor.

Leal a sus ideas radicales, MOSCONI no quiso colaborar en la llamada “década infame”, cuando los militares del momento se lo pidieron, aunque, demostrando poseer una férrea disciplina militar, no dudó cuando tuvo que enviar oficiales a los yacimientos para sofrenar a los transpirados anarquistas de veinte nacionalidades distintas, en sus luchas para lograr condiciones laborales acordes.

Si bien las ideas de Mosconi sobre la independencia energética no sobrevivieron por mucho tiempo, YPF continuó siendo una empresa estatal hasta que en 1992, fue privatizada por el gobierno de Carlos Menem.

Mosconi falleció el 4 de junio de 1940. Su legado también perdura en cada localidad, institución, calle, barrio, aeropuerto que lleva su nombre. Su lucha por la soberanía energética y el desarrollo nacional sigue siendo un ejemplo de patriotismo y compromiso con el progreso de la Argentina (ver El petróleo argentino).

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