UNITARIOS Y FEDERALES, UNA PARADOJA DE NUESTRA HISTORIA

Unitarios y Federales fue el nombre con el que se identificaron dos grupos políticos antagónicos que desde 1815 hasta el 23 de octubre de 1859 (cuando se libró la batalla de Cepeda), cubrieron de sangre la tierra de los argentinos tratando de imponer su idea de gobierno.

¿Quiénes fueron los federales?
El impulsor de este grupo fue el caudillo oriental José Gervasio de Artigas, quien en 1815 fundó la “Liga Federal de los Pueblos Libres”, para enfrentar a las autoridades del Directorio porteño.

En esos años, decisivos para muchos territorios que ya soñaban con su independencia, dos modelos, nacidos ambos en las turbulentas jornadas que derivaron en la independencia de los Estados Unidos de América, estaban en pugna:

El que propiciaba una forma de gobierno republicana, representativa y federal y el adoptado por la Confederación de los Estados Unidos, vigente entre 1781 y 1789, que aceptaba una forma de unión laxa entre Estados autónomos en la que no había ni autoridades ni leyes nacionales.

Artigas, inspirado entonces en esos modelos de federalismo, lanzó su proyecto en 1815, luego de que disconforme con las condiciones acordadas para levantar el sitio que los portugueses le habían impuesto a la ciudad de Montevideo, en la banda Oriental, se dispuso a luchar contra el centralismo de Buenos Aires.

La instalación de una forma de organización política, que asegurara la coexistencia entre provincias autónomas y un gobierno central con facultades limitadas, fue a partir de entonces, la bandera que enarbolaron los federales y detrás de ella, se encolumnaron los gobernadores de Entre Ríos, Francisco Ramírez, el gobernador de Santa Fe, Estanislao López, Manuel Dorrego y varios caudillos provinciales, como Facundo Quiroga, Justo José de Urquiza, Juan Bautista Bustos, Vicente Peñaloza, etc..

Eran, la gran mayoría de ellos, caudillos locales y carismáticos que tenían gran arraigo y prestigio entre los sectores populares rurales, integrados por peones de estancias, gauchos libres y libertos. Utilizaban el color rojo en sus banderas, escudos y prendas de vestir.

Defendían la idea de que cada provincia debía tener gobierno, leyes y estilo de vida propios, Promovían el proteccionismo económico limitando el ingreso de mercaderías extranjeras y protegiendo las producciones locales mediante la imposición de aranceles a las importaciones y aunque con algunas disidencias (de Rosas, por ejemplo), defendían la libre navegación de buques extranjeros por los ríos interiores.

Impulsaron la firma del Tratado del Pilar, el Tratado del Cuadrilátero y el Pacto Federal, que, junto con el Acuerdo de San Nicolás, fueron más tarde, los principales antecedentes de la Constitución Nacional, sancionada en 1853.

 Quiénes fueron los unitarios?
El impulsor y exégeta de la ideología “unitaria” fue Bernardino Rivadavia, primer presidente de los argentinos (1826-1827) quien tomó como modelo para el proyecto político que proponía, el adoptado por Gran Bretaña y la Francia napoleónica

Sus seguidores, generalmente con poco arraigo popular, eran principalmente intelectuales, fuertes comerciantes, destacados empresarios y militares (generalmente porteños todos ellos) y conspicuos miembros de las elites provincianas, entre los que podemos destacar a Juan Lavalle, José María Paz, Gregorio Aráoz de Lamadrid, Juan Martín de Pueyrredón, Domingo Faustino Sarmiento (ver lista más completa al final de este artículo). Utilizaban el azul celeste y el blanco como colores que identificaban a sus uniformes y banderas.

Defendían una ideología liberal, influenciada por el liberalismo británico de principios del siglo XIX por lo que promovían el centralismo político y el liberalismo económico.

En lo político, propiciaban la instauración de un gobierno central con poderes absolutos, con capacidad para imponer su autoridad sobre las provincias, cuya autonomía irrestricta rechazaban. En lo económico, defendían el derecho a la propiedad privada, el libre comercio y la promoción de las inversiones extranjeras. Impulsaron la sanción de las Constituciones de 1819 y de 1826, ambas rechazadas por la mayoría de las provincias, precisamente, por contener principios afines con la filosofía que ellos apoyaban y.

Luego de la derrota de Artigas a manos de los portugueses, López y Ramírez encabezaron la lucha contra el centralismo porteño y derrocaron al Directorio tras la batalla de Cepeda en 1820. La posterior firma del “Tratado del Pilar” el 23 de febrero de 1820, trajo la paz entre Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires, y el compromiso de adoptar la forma federal de gobierno.

Pero la lucha entre unitarios y federales siguió hasta que, luego del  Pacto de Barracas y disuelta la Junta de Representantes por medio del golpe del 1º de diciembre  de 1828, JUAN GALO DE LAVALLE y JUAN MANUEL DE ROSAS, uno de los principales líderes de los llamados “unitarios” el primero y líder absoluto de los “federales” el segundo,  acordaron el cese de las hostilidades  entre ambos y de común acuerdo, nombraron  a JUAN JOSÉ VIAMONTE, para que ejerciera en forma provisoria el cargo de Gobernador de Buenos Aires.

Pronto,  éste fue cooptado por ROSAS y siguiendo sus consejos, restableció la vigencia de la Junta de Representantes y a  partir de entonces, la influencia del líder federal fue en ascenso.

Aprovechando el desorden institucional y el descontento popular existentes, los “rosistas”, lograron imponer la idea de que era necesaria la instalación de un gobierno fuerte para poner orden en la provincia, apropiándose entonces del dolor causado en las masas populares y en la campaña, por la muerte de Manuel Dorrego, Juan Manuel de Rosas se hizo líder de esos grupos y contando con el apoyo de los terratenientes y grandes hacendados, enarboló la bandera del “federalismo” ,

Luego de producidas varias circunstancias y sucesos que derivaron finalmente en el nombramiento de ROSAS como Gobernador de Buenos Aires, éste asumió el gobierno de la provincia el 8 de diciembre de 1829. Comenzaba  así lo que se conoce como la “época de Rosas”, un período de nuestra historia que duró 21 años y que se caracterizó por el encono, la violencia y la injusticia que muchos de sus protagonistas le impusieron a su lucha para hacer prevalecer sus ideas.

ROSAS llegó al gobierno llevando las consignas del “federalismo”,  pero esta resulto ser una simple etiqueta, una paradoja. Su ideal era otro. Pronto se vio que el suyo, sería una gobierno absolutamente central ejercido con mano férrea desde Buenos Aires, con control de las Relaciones Exteriores  y el manejo discrecional de las fuentes de recursos (principalmente los producidos por la Aduana), contenidos doctrinarios totalmente opuestos a los que se identificaban como los auténticos federales (José Gervasio de Artigas, Estanislao López, Manuel Dorrego, Facundo Quiroga, Ángel Vicente Peñaloza, Antonino Taboada, Francisco Ramírez y tantos otros).

Para oponerse a ROSAS, surgieron los “unitarios”,  otra paradoja de nuestra Historia, pues eran éstos, los verdaderos cultores del “federalismo” a ultranza (Juan Galo de Lavalle, Juan María de Pueyrredón, Bernardino Rivadavia, Gregorio Aráoz de Lamadrid, José María Paz, Justo José de Urquiza (después de revistar en la filas de Rosas durante 16 años),  Fructuoso Rivera, , fueron algunos de ellos).

Visiones tan dispares acerca de la forma de gobierno y de la política que tenían estos dos grupos, fue la razón de tanto encono. ROSAS jamás permitiría que Buenos Aires fuera una provincia más en un conjunto de Estados Provinciales con iguales derechos e hizo todo lo que estaba a su alcance para impedir la constitución de un Estado único de iguales. Los unitarios jamás permitirían que el destino de sus provincias fuera manejado desde Buenos Aires, ni que fueran despojadas de sus recursos.

Así estuvieron las cosas hasta que el 3 de febrero de 1852, ROSAS fue finalmente vencido en la batalla de Caseros por JUSTO JOSÉ DE URQUIZA, dando término a una confrontación que consumió, tiñendo de sangre,  más de dos décadas de nuestra Historia.

Una confrontación que sólo finalizará el 23 de octubre de 1859, cuando en la segunda Batalla de Cepeda, las fuerzas armadas de Buenos Aires son derrotadas por las de la Confederación, y Buenos Aires dejó de ser un Estado con pretensiones hegemónicas y pasó a integrarse con el resto de las provincias, formando parte de la Confederación Argentina.

A continuación, una lista por orden alfabético con el nombre de quienes en la Historia Argentina, fueron federales o unitarios por convicción, por conveniencia o por responsabilidades circunstanciales, incluyendo el de los que lo fueron, indistinta o alternativamente en uno u otro bando.

Federales. Aguirre, Fermín; Albarracín, Santos; Aldao, José Félix; Alemán, Pablo; Andrada, Jacinto; Artigas, José Gervasio de; Balboa, Juan Eusebio; Barrios, Juan; Benavídez, Nazario; Brizuela, Tomás; Bustos, Juan Bautista; Cáceres, Nicanor; Calderón, Ángel; Casanovas, Sixto; Castañeda, Bartolomé; Chilavert, Mariano; Díaz, José; Díaz, Matías; Dorrego, Manuel; Echagüe, Pascual; Espinosa, Gervasio; Figueroa Cáceres, José Manuel; Figueroa, Felipe; Flores, José María; Galán, José Miguel; Garzón, Eugenio; Gómez, Servando; Góngora, Niceto; González, Vicente; Gutiérrez, Celedonio; Ibarra, Francisco; Lamas, Diego; Latorre, Aniceto; Latorre, Pablo: López Jordán, Ricardo (hijo); López Jordán, Ricardo (padre); López, Estanislao; López, Juan Pablo; Lorea, Pedro; Luque, Ramón; Maza, Mariano; Morales, Ángel; Moreno, Fernando Lucas; Nieva y Castilla, Santos; Nolasco Rodríguez, Pedro; Oribe, Manuel; Oroño, Santiago; Pacheco, Ángel; Peñaloza, Ángel Vicente; Quiroga, Facundo; Ramírez, Antonio; Ramírez, Francisco; Reinafé, Francisco; Rodríguez, Felipe; Rosas, Juan Manuel de; Salas, José Manuel, Santos Ramírez, José; Sosa, José Nazario;  Urquiza, Justo José de; Villafañe, Benito

Unitarios. Acha, Mariano; Albarracín, Santiago; Álvarez, Crisóstomo; Apóstol Martínez, Juan; Aráoz de Lamadrid, Gregorio; Avellaneda, Marco M.; Balmaceda, Juan; Bartolomé Mitre; Burgos, Ezequiel; Cáceres, Nicanor; Camelino, Juan; Cubas, Juan; De los Ríos, Melchor; De Olavarría, José Valentín; Díaz Colodrero, Agustín; Díaz, César; Echeverría, Juan Gualberto; Espino, Pedro; Figueroa, Felipe; Flores, Venancio; Güemes, José; Hornos, Manuel; Isleño, Camilo; Lavalle, Juan Galo de; Lobo, Justo; López, Bernardino; López, Juan Pablo; López, Manuel; Maciel, Patricio; Madariaga, Juan; Medina, Ángel; Neyrot, José; Nuñez, Ángel; Paz, José María; Pedernera, Esteban; Pringles, Agustín; Pringles, Juan Pascual; Pueyrredón, Juan María de; Rauch, Federico; Rentería, Santiago, Rivadavia, Bernardino; Rivera, Fructuoso; Rodríguez del Fresno, Pedro; Sarmiento, Domingo Faustino; Taboada, Antonino; Tacuabé, Gaspar; Vega, Mateo; Vega, Niceto; Videla Castillo, Pablo.

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