SAN MARTÍN, GOBERNADOR DE CUYO (1814)

SAN MARTÍN, GOBERNADOR DE CUYO. Para referirnos a las actividades desplegadas por San Martín en Mendoza, durante su gestión como gobernador-intendente de Cuyo, transcribimos algunos párrafos del profesor A. J. Pérez Amuchástegui, tomados de su obra “Ideología y Acción de San Martín”, Eudeba, 1966: “En 1814, tal vez con la idea de llevar a cabo su plan continental, San Martín pidió y obtuvo del Director Supremo Posadas, su nombramiento como gobernador intendente de Cuyo. En los primeros días de setiembre ese año, asumió sus nuevas funciones, mientras la vecina Chile pasaba por los momentos más angustiosos de su historia: en agosto de ese año, habían llegado allí grandes refuerzos realistas, y ante el peligro se exacerbaron las pasiones partidistas. “Los hermanos Carrera, acaudillados por el mayor de ellos, José Miguel, se apoderaron del gobierno mediante un cuartelazo, iniciando una operación de limpieza que habría de costar demasiado caro para la suerte de Chile. Hasta las fuerzas auxiliares de Buenos Aires fueron expulsadas por no someterse al nuevo dictador y aunque el peligro común y la hidalguía de O’Higgins serenaron un poco los ánimos, se había roto la estructura disciplinaria indispensable en todo movimiento revolucionario”. “Tras diversos incidentes, los realistas lograron encerrar una parte importante del ejército chileno en Rancagua y allí O’Higgins con un puñado de hombres hizo prodigios de va­lor, con la vana esperanza de que las fuerzas de Carrera acudieran en su favor, o de que los auxiliares rioplatenses hubieran sido avisados antes de trasmontar la cordillera y pudieran concurrir en su ayuda”. “Nada de eso ocurrió; por lo contrario, Carrera, en un gesto incomprensible, dejó abandonados a sus compañeros de armas y el 2 de octubre de 1814, Chile sucumbió en Rancagua, y los defensores, anulada toda resistencia, huyeron por la cordillera hacia Mendoza”. “Un mes apenas hacía que San Martín había asumido el gobierno de Cuyo, cuando la llegada de los emigrados chi­lenos rompió la paz pueblerina de Mendoza, cuando surgió un severo conflicto originado por José Miguel Carrera, que pretendió que se le reconociera en ese lugar, la calidad de gobernante en el exilio y la consiguiente autoridad sobre los chilenos emigrados”. “Ante esta estrafalaria pretensión, San Martín cortó por lo sano, y luego de aclarar que sobre él no había otra autoridad en Cuyo que la del Director Supremo, puso a los principales jefes chilenos a disposición del gobierno central, y adoptó las medidas que la prudencia aconsejaba: estableció una severa vigilancia en la ciudad, reglamentó las reuniones, mandó censar minuciosamente a los enemigos de la revolución, repartió a los emigrados chilenos entre las familias mendocinas y estableció guardias en la cordillera para prevenir eventuales ataques”. “Para mayor seguridad, dispuso el reclutamiento obligatorio de “todo individuo que se halle en disposición de poder llevar armas”, so pena de ser condenado por traición a la patria. Desde ese día (27 de octubre de 1814) Mendoza empezó a convertirse en una ciudad-cuartel dirigida por un jefe que atendía a todo con una actividad increíble, y que alternaba sus bandos militares con otros referentes a la obligatoriedad de vacunar a los perros contra la rabia y a los hombres contra las viruelas, y otros más estableciendo nuevas contribuciones, voluntarias u obligatorias, para cubrir el déficit y atender a las necesidades públicas”. “San Martín era en Mendoza un hombre múltiple que gober­naba con mano de hierro, imponiendo un orden desusado en estas tierras que, aunque generaba protestas, era acatado por el profundo respeto al que se hacía acreedor San Martín, un gobernador al que seguían ciegamente, aceptando los sacrificios materiales y económicos más severos que se les imponía, porque se sabían protegidos del desorden y amparados por un hombre que velaba por la educación, la familia, la sociedad, la economía y la cultura en todas sus manifestaciones, al margen de intereses partidistas y sin otro afán que el de hacer realidad su íntimo anhelo de alcanzar la felicidad y el progreso en la libertad”. “En Mendoza hizo así San Martín sus primeras armas como administrador y político, y no se olvidó ni de reglamentar el trato a los presos en las cárceles públicas. Los mendocinos pronto pasaron de la admiración y el respetuoso temor, al afecto profundo por el adusto y probo gobernador.”. “Los cuyanos en general, y muy especialmente los mendocinos, dieron a San Martín un apoyo total, aunque el gobernador-intendente expolió a Cuyo y exprimió a Mendoza, hasta que logro formar el poderoso ejército que necesitaba para cumplir el sueño de la libertad de Chile y con ella, el afianzamiento de nuestra propia libertad”. “Para cumplir con estos propósitos, organizó un servicio de informaciones formidable, gracias al cual se enteraba a diario de los planes realistas en Chile y confundía al adversario cursándole noticias verosímiles pero falsas a través de agentes chilenos identificados como “Quinto”, “Planchón”, “Alfajor”, “Chancaca” y otros apodos, que hicieron de la guerra de zapa un arma imbatible bajo la supervisión del inefable Manuel Rodríguez”. “San Martín hizo de Cuyo algo así como un país distinto, sin conflictos internos, con un ordenamiento económico planeado militarmente para asegurar el abastecimiento según las producciones locales de época y un régimen impositivo peculiarísimo en el que alternaban el donativo y la confiscación de dinero y de los efectos más diversos; la opinión pública era guiada políticamente por obra de una Misión Patriótica, y hasta el clero debía contribuir al fortalecimiento de la conciencia cívica”. “Esta época de actividad incesante, invariable hasta que finalizó en 1816, fue la única que tuvo San Martín de vida conyugal, pues su esposa Remedios (“La Gordita”, como la llamaba Posadas), pasó a Mendoza a fines de setiembre de 1814 y allí, con las demás mujeres cuyanas, prestó su apoyo moral y material al ejército en formación. La ciudad de Mendoza fue cuna de la única hija de San Martín, Mercedes Tomasa, nacida el 29 de agosto de 1816 en esa ‘ínsula cuyana’…” (VER “San Martín y la Independencia de Chile” en Crónicas).

4 Comentarios

  1. pedo

    demasiado…..

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    1. Anónimo

      OLA

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  2. ALUMNO TONTO

    POR FAVOR RESUMIR ESTOOOO

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  3. ALUMNOTONTO

    OLA

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