PROHIBIDO MALTRATAR A LOS ANIMALES (11/06/1889)

La Municipalidad de Buenos Aires dictó una ordenanza que intentaba proteger a los animales del maltrato de los humanos. El trato cruel hacia los animales fue un tema repetido desde los tiempos de la colonia. Muchos viajeros dejaron constancia en sus crónicas del abuso que se hacía de algunos animales, especialmente los utilizados para el transporte y la carga. No faltaron, sin embargo, reacciones positivas de la población, como la que impulsó la clausura definitiva de la plaza de toros de Buenos Aires, provocada en gran parte por las quejas de los vecinos, que lo consideraban un espectáculo abominable.

Pero en las calles porteñas se vio durante mucho tiempo a bueyes, mulas y caballos tirando de carros hasta quedar exhaustos. Basta leer algunos artículos de la ordenanza promulgada en 1889 para tener un panorama de la situación. El texto comenzaba así: “Queda prohibido: golpear un animal cualquiera por la cabeza o de una manera brutal. Hacer trabajar un animal cualquiera con el lomo o el pecho enllagados. Hacer trabajar bueyes, caballos o cualquier otro animal en un estado extremo de flacura. Conducir en los tranways más pasajeros de los que señala el reglamento (por supuesto, se trataba de tranvías a caballo). Incitar a la pelea a perros o gatos públicamente, o cualquier animales cortándoles sus orejas, cola u hocico. Llevar aves hacinadas o colgadas de caballos, carros o de los hombros de los vendedores; la riña de gallos y los reñideros. El tiro a la paloma, o al pato, o a cualquier otra ave doméstica”.

Para quienes transgredieran estas y otras prohibiciones, se disponía el pago de multas y en algunos casos la prisión. Además, la ordenanza establecía que todo agente de policía podía arrestar a quien practicara actos de crueldad con los animales y llevarlo a la comisaría. Finalmente se aclaraba que la palabra “animal” se refería a todo cuadrúpedo, bípedo o ave, ya sea doméstico o silvestre.

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