LOS GALESES EN LA ARGENTINA (1865)

INMIGRANTES GALESES. A bordo del velero “Mimosa”, un grupo de inmigrantes galeses arribó a la costa de Puerto Madryn, en la provincia de Chubut, el 28 de julio de 1865 y cuando sus 153 pasajeros desembarcaron en estas playas, descomunales, incoloras, se pusieron a buscar árboles de los bosque tupidos, el agua fresca de los manantiales y las casas de chimeneas humeantes de las que les habían hablado los libros de viajes. Pero no encontraron nada de eso. Habían pasado dos meses desde su partida de Liverpool, en Inglaterra, y allí, desorientados sobre la arena, el contingente galés todavía estaba lejos de imaginar que en ese momento comenzaba lo que, hoy, sus descendientes llaman “la colonización pacífica más importante de América”.

La historia cuenta que LEWIS JONES y EDWIN ROBERTS se habían adelantado al contingente que venía a bordo del “Mimosa” y que, desde la costa, recibieron al resto con mala cara: no era el lugar que soñaban. Sin embargo, para los galeses, esa tierra árida y desierta significaba mucho más que eso: oprimidos en su tierra natal, buscaban librarse del despótico imperio inglés que, a fines del siglo XVIII, había decidido arrendarles sus propias tierras. Empobrecidos y diezmados prefirieron hacerse a la mar.

Tras el desembarco, el primer desafío fue convivir con los indios tehuelches y pampas, que abundaban en la zona casi tanto como las historias de sus crueldades. Pero, enseguida y sin palabras, los colonos abrieron el diálogo. “De los españoles, los indios habían recibido bebidas embriagadoras y les había gustado la embriaguez. Lo primero que nos pidieron fue cognac o brandy. Pero en la colonia sólo teníamos tres botellas de ginebra. Era difícil negarles algo por el miedo que les teníamos. Le dimos la ginebra al cacique. Y después trajo un hermoso caballo de regalo, en agradecimiento por el licor”. Esta anécdota, que el predicador ABRAHAM MATTHEWS cuenta en su “Crónica de la colonia galesa en la Patagonia”, da una idea de lo que fueron aquellos días.

Por entonces, Puerto Madryn no era la tierra prometida. Por eso, a pie y a caballo comenzaron el éxodo en busca de mejores tierras y agua dulce. Así llegaron al río, sinuoso y rodeado de sauces. Y como todavía era invierno, comenzaron a construir casas para refundar la colonia. Enseguida, el gobierno argentino envió al coronel JULIÁN MURGA para que entregara esas tierras a los colonos. Era el 15 setiembre de 1865 cuando, en un acto solemne, fue izada la Bandera argentina en el sitio al que los galeses llamaban “Tre Rawson” (Pueblo de Rawson) en homenaje al entonces ministro del Interior argentino, gestor incansable del proyecto que los trajo.

El 30 de abril de 1902 fue un día crucial para su futuro. Ese día, ante un grave problema limítrofe que se suscitó debido a que el gobierno de Chile reclama la posesión de las tierras que ocupaban, los representantes de la comunidad galesa, se reunieron en la Escuela (hoy la Escuela Nº 18) y ante autoridades de ambos países  en litigio, declararon  que deseaban seguir perteneciendo a la Argentina.

Después llegaron a Gaiman. Y los más aventureros, a la cordillera, donde se instalaron en la “Colonia 16 de Octubre”, hoy “Trevelin”. Allí sucedieron mil y una historias dramáticas y aunque muchas veces el pueblo estuvo al borde del abismo, montañeses rudos y tercos, los galeses nunca abandonaron la lucha que, hoy, se centra en la defensa de su idioma porque, según ellos, “quien pierde su lengua, se pierde a sí mismo”.

Es por eso que,  los descendientes de los pasajeros del “Mimosa” conservan su idioma intacto, que florean en poesías y canciones como homenaje a aquellos colonos. Hombres y mujeres que  se animaron a lo desconocido y amanecieron en la Patagonia, donde sembraron sus sueños para regarlos de libertad (extraído de una nota de Carlos Guajardo, Corresponsal del diario Clarín en Rawson).

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