Las casas

En el campo, cuando alguien se refiere a su vivienda, es muy raro que use el singular para referirse a su casa: “Me voy para las casas”, dicen, aunque se trate de un humilde rancho perdido en la soledad de la pampa. Esta costumbre, posiblemente se deba a que los primeros establecimientos que se alzaron en medio del desierto (las estancias y las “Postas”), a pesar de pertenecer generalmente a un mismo dueño, solían estar formadas por tres cuerpos de edificios destinados a usos distintos: uno era la vivienda del propietario, otro destinado al funcionamiento de la “Posta” con su boliche anexo y otro, quizás como depósito, granero y eventual alojamiento de algún cansado viajero. La “ramada”, precario techado hecho con cañas o ramas, era otro elemento que se sumaba a este conjunto de “edificios”, que se llamaban “las casas”.

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.