LA REVOLUCIÓN DEL 11 DE SETIEMBRE CONTRA URQUIZA (11/09/1852)

Las continuas hostilidades que se generaron por la disolución de la Junta de Representantes de la provincia de Buenos Aires y la intromisión de URQUIZA en los asuntos que le concernían, aprovechando su ausencia, estalla un nuevo movimiento contra éste, encabezado por VALENTÍN ALSINA,  que se conoce como la “revolución del 11 de setiembre” y que provocará  la separación de ambos estados por casi 10 años, hasta que en 1862, BARTOLOMÉ MITRE asumió como Presidente de la Nación y Buenos Aires se integró con el resto de las provincias, Según opinión de los complotados, Urquiza se había manifestado autoritario y personalista y amenazaba con una dictadura. Algunas medidas de gobierno habían despertado desconfianza, como la disolución de la Legislatura bonaerense, la intromisión de Urquiza en los asuntos de exclusivo interés de la provinciala, la clausura de las imprentas y la orden de prisión y destierro para muchos de sus adversarios.  Pero los lazos que más unían a los revolucionarios porteños eran el fuerte sentimiento localista, la ya tradicional costumbre de manejar los asuntos nacionales y la protección de sus intereses económicos. Pocos meses antes, el general Urquiza había triunfado en la batalla de Caseros, que concluyó en la caída de Rosas, y desde ese momento intentó reorganizar la Nación. En medio de una situación caótica y difícil, muy pronto se manifestaron diferencias entre distintos grupos, enfrentados más por cuestiones de intereses que por ideas políticas. El 8 de setiembre Urquiza abandonó Buenos Aires para asistir al Congreso Constituyente de Santa Fe, dejando como gobernador provisional al general GALÁN.

En la mañana del 11, la campana del Cabildo convocó a los porteños a unirse a la revolución y el general PIRÁN proclamó la revolución contra el “gobierno abusivo del general Urquiza, que había humillado a la provincia de Buenos Aires con el golpe de Estado”. Fuerzas porteñas, instaladas en el predio en el que antes estuvieron los corrales de Miserere,  le conminaron la entrega del poder al general GALÁN y éste, al no encontrar apoyo en esta ciudad que se le mostraba sumamente hostil, huyó de Palermo hacia San Nicolás, seguido de cerca por las fuerzas del general FLORES y del coronel HORNOS (A raiz de estos episodios, al lugar en que antes estuvieron los corrales de Miserere y cerca de allí la misión franciscana de Balvanera, comenzó a llamársele popularmente “Plaza Once”, aunque lo correcto es llamarla “Plaza Miserere”).

El 21 de noviembre de 1852, fuerzas enviadas por Urquiza al mando de Ricardo López Jordán (h), sobrino del caudillo entrerriano Francisco Ramírez, derrotan a los generales Paz y Hornos, sublevados contra Urquiza. La Legislatura, disuelta por el general Urquiza volvió a sesionar, y el general Pinto, presidente de la misma, se hizo cargo del gobierno provisional. Buenos Aires, por lo tanto, se constituyó en Estado independiente, pero fue sitiada por el vencedor de Caseros, quien, no viendo en esa medida resultado favorable, levantó el sitio en julio de 1853. En un principio, el pueblo se mostró muy poco entusiasmado por el movimiento, protagonizado casi exclusivamente por fuerzas militares, pero curiosamente, la revolución había logrado unir a muchos personajes, unitarios y federales, que hasta entonces habían sido enemigos irreconciliables. En ese momento tenían una bandera común: la defensa de los derechos y la autonomía de la provincia. Recordemos que nuevamente y por diez años más, mientras duró la secesión, la provincia de Buenos Aires retuvo el control de la Aduana y continuó recibiendo los beneficios que pagaban las mercaderías extranjeras al pasar por la aduana, sin aportar ningún ingreso a las arcas de la Nación.

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