LA HESPERIDINA (15/10/1864)

LA HESPERIDINA. En esta fecha se lanzó una sorprendente campaña publicitaria para promover la Hesperidina, el primer producto registrado en la Oficina de Patentes y Marcas de la Argentina. En 1862 llegó a nuestro país MELVILLE S. BAGLEY, un joven estadounidense nacido en 1838 y decidió quedarse en estas tierras con la intención de desarrollar un gran proyecto empresarial, que cuajó dos años después, cuando abrió un local, ubicado en un modesto edificio de la calle Maipú, dedicado casi en exclusividad a comercializar un producto de su creación. Este primer producto creado por la empresa, era una bebida a la que llamó “Hesperidina”, que se lanzó con una curiosa y hábil campaña publicitaria, completamente sorprendente para aquella época. Desde la mañana del 15 de octubre los porteños comenzaron a ver la palabra Hesperidina escrita con letras negras sobre las aceras, pero nadie sabía a qué objeto correspondía ese nombre. Más tarde, esta técnica de despertar la curiosidad de los consumidores mediante una intriga fue usada hasta el cansancio, pero entonces se trataba de una novedad. La publicidad se estiró por dos meses hasta que finalmente, en diciembre, un anuncio aparecido en los diarios reveló la identidad de la Hesperidina. El aviso decía que la bebida ya estaba en venta en cafés, bares, boticas y droguerías, y que el público podía ir a buscarla y probarla. La bebida tuvo gran éxito y muy pronto aparecieron las imitaciones. Bagley debió luchar ante la Justicia para que le reconocieran la invención del producto, y además, trabajó para que se creara una Oficina de Patentes y Marcas que resguardara los derechos del inventor. Finalmente logró su objetivo. Esta oficina se inauguró en 1876 y en reconocimiento al esfuerzo de Bagley, Hesperidina recibió el número 1 en la lista de marcas argentinas. Bagley, después fue pionero en otro ramo, cuando se lanzó a la producción de galletitas que hasta ese momento se importaban desde Inglaterra y a partir de entonces, su nombre se asoció a este producto, que tuvo enorme éxito, pero Bagley murió a los 42 años y no pudo ser testigo del crecimiento de la empresa que había creado, dejando para los registros de la historia, sus máximas creaciones: La “Hesperidina”, una bebida hecha a base de naranjas amargas y las galletitas Bagley, dos productos que jamás faltaron en los hogares porteños de nuestro pasado inmediato.

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