LA CORBETA “URUGUAY” RESCATA LOS NÁUFRAGOS DEL “ANTARTIC” (08/11/1903)

LA CORBETA “URUGUAY” RESCATA LOS NÁUFRAGOS DEL “ANTARTIC”. A fines de 1901 una expedición científica comandada por el explorador sueco Otto Nordenskjold partió hacia las heladas tierras del sur para realizar una serie de investigaciones. Debía pasar el invierno en la Antártida para establecer un depósito de emergencia. Entre los miembros de la expedición había botánicos, cartógrafos y meteorólogos, a los que se sumó el joven alférez argentino José María Sobral.

El grupo llegó a la isla de Snow Hill, cercana a la península de Graham, a bordo del ballenero Antartic, y allí debía soportar el duro invierno polar. El Antartic regresó a Ushuaia, donde permaneció hasta noviembre de 1902, y entonces volvió para buscar a los científicos. Pero hacia principios de 1903 no se tenía ninguna noticia de los exploradores y el mundo entero comenzó a temer por sus vidas. La inquietud que al término del verano 1902/1903 provocó en todo el mundo la falta de noticias respecto a la expedición polar sueca, decidió al gobierno argentino a disponer el envío de una expedición de rescate. Como no se contaba con naves adecuadas para navegar entre los hielos, se acondicionó la corbeta Uruguay, que habría de partir apenas fueran entrevistas las primeras posibilidades de acceso a la Antártida, el en ese entonces inaccesible continente blanco. El mando de la delicada misión fue confiada al teniente de navío JULIÁN IRÍZAR, siendo ministro de Marina el capitán de navío ONOFRE BETBEDER. En medio de una tensa expectativa, la corbeta “Uruguay”, convenientemente preparada, zarpó de Buenos Aires el 8 de octubre de 1903. El 16 del mismo mes, luego de un viaje muy duro, habiendo sorteado con gran pericia los temporales del Mar de Drake y los hielos antárticos, llegó a la isla Observatorio, donde recaló y el 20 a Ushuaia, arribando a Snow Hill el 8 de noviembre, comenzando allí de inmediato, el rescate de la comisión Nordenksjold, recogiendo a los náufragos del “Antartic” en la isla Paulet, donde había naufragado y trasladándolos luego sanos y salvos hacia nuestro territorio. Todo el mundo fue sacudido por la ansiada nueva, comunicada telegráficamente desde Río Gallegos apenas mes y medio después de la partida, incrementando su mérito, el conocimiento de los demás detalles de la operación, a la que era menester sumar la oportunidad del auxilio, amenazados como s hallaban los componentes de la expedición de inminente peligro de muerte, faltos ya de ropas, con combustibles y alimentos. Regreso de la corbeta “Uruguay”. El 2 de diciembre de 1903, luego de protagonizar este dramático rescate, la corbeta “Uruguay” llega a Buenos Aires trayendo a su bordo a los miembros de la expedición sueca, náufragos del buque “Antarctic”, La llegada a Buenos Aires fue un acontecimiento memorable: la corbeta hizo su entrada en el puerto escoltada por 30 embarcaciones, mientras todas las sirenas sonaban y el editorial del diario “La Nación” del 1º de diciembre de 1903, resumió así el entusiasmo y el orgullo que habían convocado al pueblo de Buenos Aires, para recibir a los hombres de la corbeta “Uruguay”. “El pueblo de la capital tributará hoy un homenaje de admiración y aplauso a los marinos de la “Uruguay”, que a los dos meses escasos del inicio de su aventura, regresan al punto de partida, trayendo a bordo sanos y salvos a los tripulantes del “Antartic”. Por inmensa que sea, como lo será, sin duda, la muchedumbre que acuda a recibirlos; por entusiastas y atronadores que sean, como lo serán, los aplausos y aclamaciones que se les tributen, no hay temor de que sean exagerados y desproporcionados al hecho que se va a festejar”. “Como lo dijimos al comentar la primera noticia del regreso feliz de la expedición, no importa que el encuentro de nuestros marinos con los náufragos del buque sueco no haya sido precedido de largos esfuerzos y padecimientos, de grandes y extraordinarios peligros, de una persistente y penosa lucha con los hielos del polo. A todo esto iban dispuestos los expedicionarios y todo esto y mucho más habrían arrostrado si hubiese sido necesario. Ha existido la deliberación del sacrificio y esto basta. Sean bienvenidos, pues, nuestros marinos. Vuelvan satisfechos de la misión cumplida y convencidos de que han realizado un acto sencillo”. “La Nación”, que desde el primer momento patrocinó el alistamiento de la expedición; que fue la primera y casi la única en reclamar un aplauso y una demostración para los marinos que partían y que ayer ha tenido también la satisfacción de ser la primera en llevar a conocimiento público las primicias más interesantes y del encuentro conmovedor de los náufragos, se asocia con entusiasmo a las aclamaciones del público y rinde a los que llegan su tributo de admiración y simpatía”.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.