LA CANCIÓN “AURORA” (05/09/1908)

La canción  que generaciones de escolares vienen cantando desde 1945 es, en realidad, el aria de Aurora, una ópera escrita originalmente en italiano. Sus solemnes estrofas que hablan de la “aurora irradial” o el purpurado cuello”, alcanzaron, a pesar de sus incongruencias,  un destino de himno oficial a la Bandera”.

“Ni voces desafinadas vestidas con guardapolvos lancos ni el aliento de una púa gastada arañando el vinilo: nada de eso se escuchó la noche del 5 de setiembre de 1908, cuando por primera vez sonaron los acordes de “Aurora”, aquella obra que más tarde se transformaría en la canción oficial a la Bandera Argentina. Su debut protocolar no fue alto ni en el cielo, ni siquiera en castellano: tuvo lugar durante una función de gala en el Teatro Colón, cuando se corrió el telón sobre el escenario y la platea se llenó con la voz del tenor Amadeo Bassi, entonando en un prolijo italiano “Alta nel cielo, un’aquila guerriera/ardita s’ erge a volo trionfale…”.

Vale recordar que en sus orígenes, “Aurora” ha sido en realidad, una ópera compuesta por Héctor Panizza, con libreto de Héctor Cipriano Quesada y Luigi Illica, que recién, muchos años después, se instalaría como canción patria que han venido  repitiendo varias generaciones de escolares argentinos. Mzcla de melodrama sentimental y poema épico, la ópera ¡Aurora” fue encargada por el presidente José Figueroa Alcorta con l intención de em pesar a crear el clima propicio para los festejos del Centenario de la Revolución  de Mayo; así fue como se la incluyó en la programación del Teatro Colón el año en que éste inauguró su nueva sede. Como correspondía a los cánones de la época, la ópera debía llevar el nombre de su protagonista femenino, en este caso, buscando con toda la intención de evocar, al mismo tiempo, el nacimiento de la patria. Pero para el género, que se había vuelto popular en estas tierras desde la gran inmigración de fin de siglo, no había otro idioma posible que el italiano. Incluso, las que se escribían en castellano, se vertían  luego a la que se consideraba la lengua madre. La música también pertenece  a la tradición italiana. Panizza compositor y director de orquesta formado en el Conservatorio de Milán, trabajó sobre el texto escrito por Quesada y Luigi Illica, consagrado libretista de Puccini, quien compuso, entre otros, los guiones de “Tosca”, “La Boheme”, “Manon Lescaut” y “Madame Butterfly”.

De ese encuentro resultó esta obra en tres actos y un intermezzo épico “que no podía dejar de ser europeo” (dixit Alberto Belucci). “La cultura argentina entera se ufanaba de ser europea. El pasado aborigen, débil desde siempre, se había esfumado; la herencia histórica era española y resurgía del período de proscripción, la cultura visual era francesa, el comercio inglés y la mano de obra italiana”

Ambientada en la ciudad de Córdoba, la primera escena de “Aurora”, muestra la Biblioteca del Convento de la Compañía de Jesús. Se supone que corre el mes de mayo de 1810 y los novicios reciben una canasta  de flores que un devoto envía a la Virgen de los Dolores. Pero la canasta contiene además, los mensajes clandestinos llegados desde Buenos Aires: “!Jóvenes, saludad a la aurora!. ¡Ella brilla triunfal en el límpido cielo de la patria!. Se inicia la lucha por la Independencia”

Bajo el poder español, del obispo Orellana  y del ex virrey Santiago de Liniers, la ciudad de Córdoba se mostraba más conservadora que nunca. El teniente gobernador Ignacio del Puente (encarnado en la voz del tenor Titta Ruffo), preparaba las armas para levantarse contra las ideas revolucionarias que soplaban en el Río de la Plata: “!En Buenos Aires flamea estandarte rebelde indigno!. ¡Lo ahogaré en su sangre…!. Mariano, el protagonista, es un joven patriota que en esos días se enamora de Aurora, hija del realista don Ignacio. Por ella se debate entre el heroísmo y la traición y por ella es capturado como espía. Enterado del romance, don Ignacio declama: “¡Antes que padre, soldado!” y jura la muerte de Mariano. La pareja logra escapar, pero el destino se impone. La historia, sostenida al mejor estilo de Capuletos y Montescos, termina con la muerte de Aurora a manos de las huestes de su padre, mientras la voz del tenor cierra la obra: “¡He de amarte eternamente, el cielo es Aurora yes Aurora de patria!”. La ópera resulta tan argentina como cualquier otra expresión cultural de este “crisol de razas”, para usar una ex­presión de la época. El compositor y el tema son argentinos, a pesar de al­gunos errores en datos históricos, como el hecho de estar ambientada en 1810 en un Convento de la Compañía de Jesús (cuando los jesuítas habían sido expulsados en 1767) y otro, aún más importante: que en 1810 se le cante a una bandera que fue en realidad creada en 1812. Pidiendo perdón en nombre del arte por la falta de rigor histórico, la obra responde cabalmente a la finalidad de construir el pasado mítico que reclamaba la generación del Centenario.

Todas éstas son razones por las cuales de esta ópera surgió la “Canción a la Bandera”, que finalmente tomó el nombre de la obra completa. Varias temporadas exitosas, con intérpretes de primer nivel, le siguieron a aquella primera puesta de 1908; pero para ganar una verdadera popularidad entre el público vernáculo, le faltaba un último paso: la traducción al castellano. La tarea la emprendieron 35 años después Angel Pettita y Josué Quesada, hijo de uno de los coautores de la versión original. La dificultad para sostener la métrica y la melodía dio como resultado una versión que siempre fue criticada por barroca y  poco inteligible. Si bien la belleza de la música y la emoción que despierta siguieron intactas, chicos y grandes se preguntan aún qué es eso de “aurora irradial” o “purpurado cuello”.

La versión en castellano de la ópera “Aurora”, se estrenó el 9 de julio de 1945; entre los asistentes a la puesta, estaba JUAN DOMINGO PERÓN, entonces vicepresidente la Nación y a partir de ese año, por decreto del Poder Ejecutivo Nacional, el aria de “Aurora” se canta en todo acto oficial durante el izamiento de la Bandera y cada mañana, cuando los alumnos entran a la Escuela.

Opinión 1
Queda la música más allá de los absurdos. Llega un momento de alta carga emocional dentro del intermedio épico que se ubica entre el segundo y el tercer acto de la ópera Aurora”, de Héctor Panizza. Esto significa que tanto su texto como su contenido emotivo están en función de una obra de arte dramático-musical, donde se moviliza el oficio y la sensibilidad, sea del compositor como del autor del libreto. Por lo tanto, una rigurosa crítica literaria podrá emitir sus juicios de valor desde esa óptica, tanto como lo hará la crítica musical respecto de las estructuras sonoras. Otra cosa es si se juzga el texto de “Alta en el cielo…” como canción patria profundamente ligada a la sensibilidad de los argentinos. Porque entonces nuestras emociones, teñidas de recuerdos, moldeadas por tantos años de cantarla, con mucha ternura -confieso-, harán que pasemos por alto ese “irradial” absurdo, que cuando éra­mos chicos no nos sorprendía, y hasta Inclusive, justamente por no entenderlo, parecía estar iluminado por una aureola de prestigio. Si alguien me pregunta si soy de la opinión de mejorar la letra de la Canción a la Bandera”, mi respuesta sería decididamente negativa. Ninguno de nuestros intelectuales será menos grande por haber cantado en su niñez y adolescencia “Alta en el cielo…”. Nos quedan en cambio sus imágenes, pero sobre todo la música, que es lo último que pierden los pueblos cuando han olvidado todo lo demás (dixit Pola Suárez Yrtubey, doctora en Musicología; asesora de la revista “Teatro Colón”.

Opinión 2
Una aurora más clara. “Llaneza, muchacho, que toda afectación es vana…” (Cervantes). Aurora”  es una hermosa ópera, de factura verista y tema nacional -históricamente absurdo-, que Héctor Panizza estrenó en la temporada inaugural del Colón (1908). Cuando casi cuarenta años después, Panizza decidió presentar la traducción castellana, se encargó esa tarea a Angel Pettita y Josué Quesada, que la cumplieron con entusiasmo pero con un vuelo literario más gallináceo que de águila, tanto peor, en cuanto la canción a la Bandera adquirió status de cántico escolar, que requería claridad y sencillez extremas. Los chicos -y los grandes-, quedan en efecto perplejos al abordar un texto tan enigmático. Pues “irradia” no es una palabra castellana, “el áureo rostro imita” implica un trabalenguas, “el purpurado cuello” nadie lo concibe. “Azul un ala” alude reiteradamente a una sola (¿y la otra ala?), el blanco no aparece por parte alguna; y así de seguido. Nos permitimos pues, a falta de algo mejor, proponer una versión simplificada que podría ser así (o parecido): Alta en el cielo / un águila guerrera  audaz se eleva / en vuelo triunfal: alas azules, del color del cielo, azules alas, del color del mar. Así en la limpia / aurora triunfal, como una estrella / el águila relumbra, / noble y gloriosa / libertando América, / el ala es paño, / el águila es bandera. / ¡Es la bandera de la patria mía / celeste y blanca, que me ha dado Dios! (dixit Horacio Sanguinetti, ex Rector del Colegio Nacional de Buenos Aires y crítico de ópera).

El texto que antecede, ha sido extractado de una nota publicada en un diario de Buenos Aires (no sabemos cuándo y tampoco tenemos muy en claro si es en Clarín o en La Nación). Nos ha parecido que sería injusto que se le negara la difusión que se merece y por eso lo hemos incluído en nuestra página, esperando no haber transgredido ningún derecho de autor y estando dispuesto a borrarlo de inmediato, si ello fuera así.

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