LA CALESITA (1891)

Pegasos, lindos pegasos./ Caballitos de madera./ Yo conocí siendo niño/ la alegría de dar vueltas/ en un corcel colorado/ en una noche de fiesta”. Con estas palabras, el poeta español ANTONIO MACHADO (1875-1939) evocó los mágicos sentimientos que lo embargaban  al montar, siendo niño, los caballitos de las calesitas. Como él,  miles de chicos de todo el mundo disfrutan todavía hoy de este entreteni-miento, que sin embargo parece estar en vías de desaparición.

El origen de la calesita. Llamada “tiovivo” en España, “carrousel” o “manége” en Francia, merry-go-round” en Inglaterra, “ringelspiel”  en Austria y “giostra” en Italia, es incierto, aunque  muchos entendidos coinciden en afirmar que fue inventada en Turquía, basando su teoría en la primera referencia concreta que se tiene de ella, hecha en 1648 por un cronista eu­ropeo de apellido MOUCONYS, quien en una de sus historias de viaje, relata que en Constantinopla, conoció un curioso juego, consistente en un enorme plato de madera con caballos del mismo material, que giraba sobre sí mismo, gracias al impulso dado por un par de caballos de verdad enganchados a una barra transversal.

Se cree que la calesita surgió como una forma de imitación de ciertas fiestas ecuestres, llamadas carrouseles, que allí celebraban príncipes y nobles con gran esplendor. De Oriente, las calesistas pasaron a Europa. Algunos escritores afirman que fueron introducidas en 1673 en Inglaterra, en donde se instaló el primer “carrousel royal”, para diversión e instrucción del arte de montar a caballo. Se sabe que en épocas anteriores a la Revolución Francesa (1789), éste era el entretenimiento preferido por los aristócratas de ese país. Por entonces se cabalgaban “drogones” y “unicornios” y más tarde se incorporó al conjunto, un organito que acompañaba los giros del “carroussel” con alegres músicas.

En la República Argentina, la primera calesita se fabricó en 1891, cuando ya funcionaban en Buenos Aires dos “carrouseles” de procedencia holandesa, movidos por caballos y mulas. Luego los animales fueron reemplazados por motores eléctricos y los organitos, por tocadiscos y se introdujo un atractivo adicional: la sortija cuya captura, daba derecho al hábil pasajero que la había ensartado, a disfrutar de una vuelta más.

La calesita que estaba instalada en el “Jardín Zoológico de Buenos Aires” hasta que éste fue clausurado en 2017, fue la que más permanencia tuvo en Buenos Aires, ya que comenzó a funcionar en 1901 y seguramente, quedó grabada en la memoria de las tres generaciones de niños, hoy abuelos,que montados en sus hieráticos caballitos, cómodas góndolas o alegras cisnes, se dejaron llevar por la imaginación a lejanos paisajes, donde eran los héroes de arriesgadas aventuras, si no se habían atrevido a viajar parados, aferrados a uno de sus parantes, para ensartar la sortija que el imperturbable “calesitero”, movía insistentemente, tratando de frustrar sus esfuerzos para lograrlo.

1 Comentario

  1. atilio abel amico

    En mi pueblo,Roque Pérez,hace muchos años he visto calesitas tiradas por caballos,Muchos ne me creen.Conseguiré una foto para justificar ?

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