HEROICO PAYSANDÚ (2/1/1865)

HEROICO PAYSANDÚ. En enero de 1865, el imperio del Brasil, en guerra con el Paraguay, considerando necesario a sus planes, la toma de la ciudad uruguaya de Paysandú, para utilizarla como base para el lanzamiento de una ofensiva sobre territorio paraguayo, luego de doblegar una tenaz resistencia de las tropas uruguayas allí acantonadas, pudo por fin tomarla por asalto Esta acción quedó grabada en la Historia de los pueblos de América, como la heroica defensa de un pueblo ante el ataque de fuerzas infinitamente superiores, que por el hecho de serlo, pretenden avasallar su soberanía. Sobre la defensa de Paysandú y el trágico fin de los principales jefes de esa defensa, existen diversos testimonios, aportados por protagonistas de los hechos acontecidos durante el sitio y después de la rendición de dicha plaza y la toma de la misma por las fuerzas del imperio de Brasil. Entre estos relatos, figuran el “Diario de la Defensa”, escrito por el capitán HERMÓGENES MASANTI; las crónicas de “La Defensa de Paysandú”, del capitán RAFAEL HERNÁNDEZ —hermano del autor del “Martin Fierro”— y un folleto de 100 páginas, escrito por ORLANDO RIBERO, titulado “Recuerdos de Paysandú. Apuntes históricos de la Defensa de Paysandú”. ORLANDO RIBERO, en los días del sitio, era socio de un almacén al por mayor y barraca de maderas, situado en la esquina sudeste sobre la plaza Constitución de la ciudad de Paysandú y fue ese comercio quien proveyó los fósforos que se utilizaron en lugar de fulminantes cuando se terminó la provisión de estos últimos, empleados para encender la pólvora de los cañones y armas de fuego que se utilizaron durante la defensa. Este comercio —cuenta Ribero—funcionaba en nuestra casa paterna que tenía dos cuerpos: uno lo ocupaba el almacén y dos piezas, con frente a la calle Treinta y Tres, y a su fondo, en la misma, un patio con cochera y caballeriza. El segundo cuerpo era la casa de familia, con frente a la calle 3 de Octubre, Su zaguán daba entrada a un patio en uno de cuyos extremos, se encontraba el comedor, con un corredor sostenido por columnas, teniendo éste comunicación por los extremos, por un costado al patio de la cochera y por el otro a un huerto o jardín”. Y fue en esta casa, la casa paterna de Ribero, situada en la intersección de las calles 8 de Octubre y Treinta y Tres, cuatro cuadras hacia el oeste de la plaza nombrada, que tuvo lugar el fusilamiento de los jefes de la defensa de Paysandú: LEANDRO GÓMEZ, EDUVÍGES ACUÑA, JUAN M. BRAGA y FEDERICO FERNÁNDEZ, fueron allí ejecutados y Ribero lo contó así: “Llegados los prisioneros, que habían quedado reducidos a cuatro, a esta casa, los instalaron en la caballeriza. Momentos después vino el comandante GARCÍA, sobrino del coronel GREGORIO SUÁREZ y pidió al general Gómez que lo acompañase. Fue conducido al comedor donde se hallaba reunido un titulado Consejo de Guerra y de allí fue sacado momentos después y llevado al huerto, donde fue fusilado contra la pared de la casa que daba frente al Oeste, al costado izquierdo de la salida …” “Los otros cuatro compañeros que habían quedado en la caballeriza, supieron la suerte que les esperaba, cuando oyeron las descargas. Seguidamente vino el mismo Jefe, en busca de otro y se dirigió al comandante Eduviges Acuña, que era a quien tenía más cerca. Entonces se adelantó al comandante Braga diciendo: —”A mí me toca primero, porque tengo mayor jerarquía militar” y con paso firme si­guió el mismo camino por el que habían conducido a su antecesor, escuchándose luego otra descarga. En el mismo orden vinieron después en busca del mencionado comandante Acuña y del capitán Federico Fernández”. “Los cuatro cadáveres de los jefes fusilados fueron sacados del huerto y puestos en fila en el patio de la casa. Nuestro padre entró a ella horas después y se encontró con aquel espectáculo. Al cadáver del general Gómez le habían cortado la larga pera que usaba”. La muerte de Leandro Gómez y el heroísmo de la defensa de Paysandú, fueron motivo de vibrantes páginas escritas como testimonio de ellas para la posteridad y CARLOS GUIDO SPANO, GERVASIO MÉNDEZ, FRANCISCO F. FERNÁNDEZ, OLEGARIO V. ANDRADE, AGUSTÍN P. JUSTO —padre del presidente Justo—, JOSEFINA PELLIZA DE SAGASTA y el payador GABINO EZEIZA, fueron algunos de ellos. ANDRADE dijo a este respecto en su “Invocación a Paysandú”: “Sombra de Paysandú!. Sombra gigante / que velas los despojos de la gloria! / Urna de las reliquias del martirio¡. Espectro vengador! ¡ Sombra de Paysandú!. Lecho de muerte / Donde la libertad cayó violada! / Altar de los supremos sacrificios!./ Yo te vengo a evocar!”. Por su parte, Gabino Ezeiza, en histórica payada con JUAN DE NAVAS, dejó unas cuartetas memorables, la primera de las cuales es recordada por muchos rioplatenses: “Heroico Paysandú, yo te saludo / hermano de la patria en que nací. / Tus hechos y tus glorias esplendentes / se cantan en mi Patria como aquí”. Tal vez Gabino Ezeiza conservaba en su memori-a resonancias del vibrante artículo que, con el título de “La heroica Paysandú”, había publicado el diario “El Pueblo”, de Buenos Aires, el 5 de enero de 1865, apenas fue conocida en esta ciudad la toma de la plaza asediada.

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