Gastarse en partidas

En el conjunto de diversiones gauchescas, propias de todas las regiones de la Argentina, las carreras de caballos ocuparon el lugar más prominente y de mayor relieve típico, dando origen a una numerosa terminología propia del lenguaje popular. Y es lógico que así fuera; el caballo, llamado también “flete” o “pingo”, era el compañero obligado del gaucho, porque al decir de ellos “el gaucho, sólo a caballo, es hombre entero”. Una carrera entre dos parejeros de fama, constituía el más poderoso centro de atracción para la población rural. Era una fiesta ineludible a la que se acudía desde muchas leguas a la redonda, con el cinto repleto de “patacones” o “reales”, para cuando llegara el momento de las apuestas. Esta afición era bien explotada por los jugadores profesionales que acudían a estas reuniones como moscas a la miel y por los pulperos, que hacían su gran negocio, teniendo a un costado de su “pulpería”, una cancha con los “tiros” (distancias) bien marcados para ofrecérselas a quienes quisieran competir. Era sabido que no siempre ganaba estas carreras, conocidas como “cuadreras” (porque las distancias a recorrer, se medían en cuadras), el caballo más  veloz; sólo la picardía y la habilidad de un jinete podían garantizar el éxito y una de esas habilidades consistía en saber “gastar” al competidor a fuerza de “partidas falsas”. Una hora y a veces más, amagando con salir, para provocar la salida del oponente, que debía volver porque su rival había quedado firme en la raya de partida, eran suficientes para cansar al más veloz de los “parejeros” y así, cuando ya creyéndolo oportuno el avispado jinete se lanzaba a correr, su veloz  rival, ya cansado y nervioso por los amagues, quedaba inevitablemente rezagado y perdía la carrera. De esa picardía criolla surgió el modismo “gastarse en partidas”, que se refiere a las personas propensas a largos circunloquios antes de entrar de lleno al asunto principal que deben encarar. Así se dice que se “gasta en partidas”, el guitarrero que se entretiene  en el temple y los floreos de su guitarra, sin decidirse a ejecutar lo que el auditorio espera de él; al que teniendo que solicitar algo, orilla el caso y da vueltas y vueltas, antes de abordarlo o el enamorado que se prodiga en atenciones, sin declarar francamente sus sentimientos. “gastarse en partidas” era lo que se conoce como “irse por las ramas” (ver “partidas” en Crónicas).

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