FLORENCIO VARELA VISITA A SAN MARTÍN (7/4/1844)

FLORENCIO VARELA VISITA A SAN MARTÍN. El doctor FLORENCIO VARELA se trasladó a Grand-Bourg, Francia, acompañado de su amigo MANUEL GUERRICO, para visitar al general SAN MARTÍN y despedirs, antes de viajar de regreso a Buenos Aires. De ese día domingo, Varela anotó, entre otras cosas: “Desde luego, he visto con indecible gusto el estandarte que Pizarro trajo a la conquista del Perú, el más antigüo y más interesante monumento de aquella época de regeneración y de sangre, de exterminio y de progreso para la América. No sé de dónde he sacado, pero tengo por un hecho que ese estandarte fue hecho por las manos de doña JUANA LA LOCA, hija desventurada de la altísima matrona que ocupó el trono de Castilla y madre del nuevo César, Carlos V. El general San Martín halló ese estandarte en Lima cuando la ocupó en 1821 y lo llevó consigo al salir del Perú, acompañado con un documento que le dio el Cabildo de aquella capital, certificando la autenticidad del estandarte, que por otra parte no necesita que nadie lo certifique pues habla bien claramente por sí.” Y refiriéndose a otro punto, agrega: “Vea usted, me decía el general, vea usted qué consecuencia y que principios”. Sin que yo se lo preguntase y recordando una carta que le escribí desde Río de Janeiro, en la que le comunicaba mi deseo de tener documentos y datos auténticos para escribir las campañas de Chile y del Perú, el general me habló de los motivos que le decidieron a no obedecer las órdenes que el Directorio, o, como él dice, la Logia de Buenos Aires, le envió para que viniese con el ejército a someter a Santa Fe y demás provincias que hacían la guerra a la autoridad nacional en 1819.” “Yo había visto —me decía el general, prosigue Varela— que los mejores jefes como las mejores tropas se habían desmoralizado y perdido en la guerra de desorden que era necesario hacer, y sobre todo en el desquicio general en que las cosas se hallaban. Belgrano mismo no había podido evitar la sublevación de todo su ejército y era para mí evidente que bajando yo con las divisiones del mío, muy pronto habrían corrido la misma suerte. Al paso de mi nombre que invocaba el Directorio, si algo servía para la guerra contra los españoles, ningún efecto habría tenido en las discusiones civiles. Ya estaba además proyectada la campaña del Perú~ y aun empezados a hacerse algunos preparativos. Bajar a Buenos Aires con el ejército era renunciar a la campaña del Perú, dejar a Chile expuesto a nuevas tentativas de los realistas que tenían aún en el Perú 27.000 hombres, perder las divisiones que bajasen y sin probabilidad de ser útil a la causa por la que se me llamaba.”

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