EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA (08/08/1776)

EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA. Creado con carácter de provisorio el 8 de agosto de 1776 por Carlos III, fue el último virreinato que España estableció en América. Incluía las actuales repúblicas de Argentina, Bolivia, Paraguay, Uruguay, parte de Chile y de Brasil, con Buenos Aires como Capital. Además del deseo general de los reyes Borbones españoles de fortificar la administración y la defensa coloniales y de aumentar los ingresos al erario real de las colonias americanas, hubo razones especiales que determinaron la importancia de centralizar el poder en Buenos Aires. Entre ellas figuran: 1º.- El problema de la defensa en el Río de la Plata.

El cambiante equilibrio de poder entre los países europeos, convirtió a Francia y a Inglaterra en poderosos contendientes por la supremacía como potencias coloniales. Ambas estaban interesadas en el Atlántico sur, en especial las islas Malvinas y el estrecho de Magallanes. España y Francia estaban unidas mediante el Pacto de Familia, renovado en 1761 entre las dos ramas de la familia de los Borbones, pero los lazos tradicionales de Inglaterra con Portugal, se combinaron con la expansión brasileña hacia el Río de la Plata para crear un serio problema de defensa en las áreas de Buenos Aires y del noroeste de Misiones. 2º.- El imperio en América del Sur era muy vasto y complicado para ser conducido desde un solo centro.

A fines del siglo XVIII, las tierras españolas al este de los Andes tenían demasiada población y un enorme desarrollo económico, con problemas demasiado complejos para tener que esperar la ayuda y las respuestas del gobierno desde Lima. 3º.-Se necesitaba una mayor iniciativa y autoridad real para estimular el desarrollo de la región, ocupar nuevos territorios, como en Entre Ríos y la Patagonia, y aumentar la producción y las rentas de la corona. 4º.- La realidad de-la situación obligó a que se modificara el centro de poder. Buenos Aires era un centro comercial natural para esta región y la insistencia española en comerciar a través de Lima sólo había resultado en el incremento del contrabando de Buenos Aires y en la consiguiente pérdida de ingresos para la Corona.

El establecimiento del virreinato, con su capital en Buenos Aires y con PEDRO DE CEBALLOS (q.v.) , entonces capitán general y presidente de la Real Audiencia, como primer virrey, trajo inmediatos cambios a la región. El poder real fue fortalecido y centralizado en esta nueva capital y mediante la creación de intendencias (q.v.) y gobiernos militares (en las fronteras), en todo el virreinato, durante los primeros veinte años, el comercio aumentó, las ciudades, en especial Buenos Aires, fueron embellecidas y mejoradas, el nivel de vida se elevó, el mercado de los cueros y del sebo fue fomentado y regulado, se estableció el tribunal médico (véase Protomedicato), se exploró la costa Patagónica y se establecieron fuertes.

Todo el sistema educativo, en desorden desde la expulsión de los jesuitas, fue reorganizado, el Real Colegio de San Carlos fue establecido en Buenos Aires, se trajo la primera imprenta, se abrió un teatro. Hubo algunos perjuicios, en especial para las pequeñas industrias del interior que no podían competir con las importaciones extranjeras y a fines del período virreinal, en 1810, se había invertido la balanza comercial ya que las importaciones comenzaron a exceder a las exportaciones, se liberó el comercio exterior y Buenos Aires pasó a ser un centro cosmopolita. DONALD E. WORCESTER y WENDELL G. SCHAEFFER resumen este período virreinal (en especial por el impacto de los primeros años) de la siguiente manera: “El comercio interno y externo aumentó notablemente, las rentas del gobierno se vieron favorecidas y la vida social y cultural experimentó un renacer. Este fue, en realidad, el período del nacimiento de la Nación Argentina.

Por primera vez la gran región fue unificada en un solo organismo político con acción política competente y enérgica (“The Growth and Culture of Latín America”, 2a edición, Nueva York, Toronto, Londres, 1970,1: 354). El gobierno virreinal finalizó en la Argentina en mayo de 1810, con la deposición del último virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros (Buenos Aires no aceptó la autoridad del último nombramiento de ELÍO en Montevideo), durante sus treinta y cuatro años de duración, hubo once virreyes que figuran a continuación (véanse los virreyes por separado para conocer los diferentes sucesos y contribuciones que se produjeron en sus respectivos gobiernos). Las fechas que figuran son las del nombramiento y no las de la verdadera asunción del mando. 1776-1778, Pedro de Ceballos (o Cevallos); 1778-1783, Juan José de Vértiz y Salcedo; 1783-1789, Cristóbal del Campo, marqués de Loreto; 1789-1794, Nicolás de Arredondo:  1794-1797, Pedro Melo de Portugal y Villena:  1797-1799, Antonio Olaguer Feliú (interino); 1799-1801, Gabriel de Avlés y del Fierro; 1801-1804, Joaquín del Pino; 1804-1807, Rafael de Sobremonte; 1807-1809, Santiago de Liniers; 1809-1810, Baltasar Hidalgo de Cisneros; 19 de enero de 1811, Francisco de Elío (que gobernó desde Montevideo)

 

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