EL MAESTRO DE PERIBEBUY (12/08/1869)

EL MAESTRO DE PERIBEBUY. Lo que sigue es el relato de un suceso acaecido durante la guerra del Paraguay, contienda que se llevó casi las dos terceras partes de la población de ese país, por lo que llegando ésta casi a su fin, debió recurrir a sus niños para defender las últimas trincheras de la resistencia al ataque final de los “aliados”. “ Quién es aquel hombre por quien sus pequeños sentían tanto amor?. Sus cabellos blancos y su cuerpo enflaquecido, revelaban las privaciones tremendas que había debido soportar. Mandaba dos batallones de muchachos de doce a catorce años. Era sargento mayor, pero todos le llamaban “el maestro Fermín”. Había sido, al empezar la guerra, el maestro de la escuela de Villarrica. Y de tal modo tenía los hábitos del verdadero maestro que solía llamar “reducto escuela” al sitio que ocupaban sus batallones infantiles. Cumplidas las faenas del servicio, los pequeños guerreros depositaban sus fusiles alpie del baluarte, y se sentaban en hileras en el suelo para escuchar las lecciones de su jefe. Y el maestro Fermín les hablaba, recordándoles los episodios culminantes de la historia nacional, sus luchas por la libertad. Al terminar estas clases los niños se ponían de pie y cantaban las estrofas del Himno. La tarde antes del ataque, se realizó la última clase en la trinchera. Esta vez el maestro Fermín habló a sus soldados, del sagrado deber de morir en defensa de la patria antes que sufrir la dominación extranjera. Terminó recordándoles las palabras del Himno Nacional, aprendidas en el hogar, repetidas después en el aula, y ahora en los campos de batalla, como un compromiso de honor y de sacrificio. Cada estrofa era comentada por el maestro, en medio de la emoción de los soldaditos. Al día siguiente, al amanecer, partieron del  reducto los primeros vítores a la patria en medio de las dianas. Y allí fue también lo más encarnizado de la batalla. El maestro Fermín tuvo que resistir los más recios ataques. Herido desde el principio de la lucha, vió caer a uno tras otro, a sus pequeños soldados. Aquellos niños sublimes habían  aprendido las lecciones del maestro y sabían cumplir con el juramento del Himno: ¡ Morir, Morir, Morir”!. Cuando, tras el último rechazo, los aliados se preparaban para el ataque decisivo, el maestro Fermín, se desplomó como una torre herida por el rayo. Casi no le quedaba sangres. Se había mantenido de pie hasta ese instante haciendo un esfuerzo sobrehumano. Había sido el alma de la desesperada resistencia. Después, las sombras de la muerte cayeron sobre su  alma. Fué entonces cuando sus alumnos lo recogieron y lo llevaron hasta la iglesia, tratando de salvarle la vida. Y el maestro soldado pudo comprender en su agonía, aquel rasgo de amor y de abnegación de sus discípulos. En el “reducto escuela” de Peribebuy no sobrevivió ni uno solo. El maestro Fermín y sus soldaditos de doce  años habían ido a comentar las estrofas del Himno en el paraíso de los héroes. (adaptación de Juan E.Olbaby).

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