EL GAUCHO EN LA DEFENSA DEL ALTO PERÚ (1817)

Ante la ineficacia de las fuerzas regulares para impedir la invasión de los realistas por el norte del país, los gauchos y toda la comunidad norteña, fueron los artífices de una defensa popular,  que causó admiración hasta entre los mismos invasores.

Todos los hombres hábiles integraron las fuerzas que se les opusieron. Pero no sólo ellos, también las mujeres, los niños y hasta los ancianos se sumaron a esta epopeya para detener el avance  del ejército de DE LA SERNA. En los pueblos que iban ocupando sólo encontraban algunos pocos pobladores y religiosos, pero nada que les sirviera para reaprovisionarse: ni alimentos, ni caballos. Nada de nada les quedaba y para peor,  eran permanentemente hostigados en su avance. Ya ni en esos pobres viejos que acurrucados en la puerta de alguna Iglesia, los miraba sorprendidos por su llegada, podían confiar. Porque debajo de esa indolencia, se escondía un bravo que, en cuanto los perdía de vista, saltaba como un resorte para correr a comunicar cuántos hombres eran, qué armamento llevaban, hacia donde se dirigían o para tañer las campanas de alguna Iglesia, enviando mensajes en un código inteligentemente urdido.

Todo se les hacía difícil. Ante la falta de ganado en los poblados, debían salir a cazarlos, una actividad en la que ellos podían ser “los cazados”, porque gauchos y vecinos estaban alertas para saltar sobre los regulares e impedirle su abastecimiento. Las estratagemas que empleaban los defensores de su patria, sembraron el terror entre los invasores: los ataques contra las avanzadas destacadas en Salta y Jujuy, se hicieron cada vez más frecuentes y atrevidos: hasta se llegó a enlazar a centinelas, para arrastrarlos hasta las filas de los patriotas para interrogarlos. Los realistas no podían descansar ni de día ni de noche y su moral se vino abajo, cuando comprendieron que era todo un país, el que los enfrentaba.

Existían además profundas desconfianzas entre los propios soldados de DE LA SERNA, quien jamás pudo evitar que las tropas peninsulares bajo su mando, que venían de luchar contra los franceses, despreciaran y menoscabaran a los altoperuanos, sus ahora compañeros de lucha, quienes por otra parte, les criticaban sus estrategias, acusándolos de ignorar el pensamiento y la idea que tenían los de esta tierra, con respecto a la guerra, tratando de hacerles comprender, que como lo demostraba el comportamiento de los gauchos de GÚEMES en la zona del Altiplano y en las regiones boscosas de Orán, era indispensable un buen conocimiento del terreno para tener éxito y que sólo la sorpresa y la rapidez  en el ataque, pueden garantizarle un buen resultado.

“Los gauchos son individualmente valientes, tan distros a caballo que igualan sino superan a los célebres “mamelucos” y a los famosos “cosacos”. Son hombres de campo; excelentemente montados en fuertes y bien adiestrados caballos y armados todos con machete o sable, fusil o tercerola que usan con notable habilidad desde sus monturas, acercándose con pasmosa frialdad para enfrentarnos”, decía un oficial español que participara en estas acciones. “Tienen increíble e innata  disposición para la guerra de guerrillas y saben aprovechar el factor sorpresa como las tropas mejor entrenadas del mundo. Eran vanos nuestros esfuerzos, tratando de darles un golpe definitivo que los abatiera, pues debíamos enfrentarlos en mil escaramuzas, emboscadas y golpes de mano, pero nunca pudimos acabar con ellos”. Es notable la capacidad de estas milicias para dispersarse y volver luego al ataque, manteniéndose a veces sobre sus caballos o echando pie a tierra y escudándose en sus montados, lanzar un feroz ataque de infantería que nos dejaba sin defensa posible. Y todo ello, en medio de un espantoso griterío, que nos ponía los pelos de punta.

“Los paisanos salteños, continúa diciendo, admiran y confían ciegamente en su jefe, el gobernador Güemes, quien, aunque pertenece a la clase alta de  su provincia, ha sabido ganarse la simpatía y el respeto de los humildes, adoptando sus costumbres, sus ropas típicas, hablando con su propio lenguaje y conduciéndose siempre como un gaucho más” (ver Los gauchos de Güemes detienen.. ).

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