EL ESTADO PARAGUAYO HACIA SU INDEPENDENCIA (1862)

EL ESTADO PARAGUAYO HACIA SU INDEPENDENCIA. . El doctor Gaspar Rodríguez de Francia consolidó la independencia política del Paraguay sobre la base de la independencia económica. Ante la falta de rentas, capitalizó al Estado con las propie­dades y bienes de la Iglesia y de las principales familias asunceñas. Esta situación fue indirectamente favorecida por Buenos Aires —como lo advirtió Alberdi—, siempre dispuesto a monopolizar por su puerto el comercio exterior de las regiones interiores. Para realizar su política de puertas cerradas, Francia debió apoyarse en los sectores que no tenían compromiso con los medios mercantiles porteños: artesanos, clase media rural y pueblo en general, y debió debilitar a los grandes comerciantes locales. Estancias de la Patria: A las tierras del Estado, heredadas de la colonia, se sumaron las obtenidas mediante confiscación, la mayor parte de las cuales eran arrendadas a bajo precio. Los campesinos más pobres, por otra parte, eran dotados gratuitamente con ganado y útiles de labranza. El ganado provenía de una institución original llamada “La estancia de la patria”, explotación agrícola-ganadera estatal que aportaba rentas al Estado y proporcionaba trabajo, elementos de labranza y ganado a las familias que se incorporaban a la producción agraria como productores libres. La burguesía rural: La economía paraguaya durante la dictadura de Rodrí­guez de Francia puede definirse como un “Capitalismo de Estado Nacional” que conducía simultáneamente un proceso económico-político tendiente a crear una burguesía rural. El dictador procuró la diversificación de los cultivos a fin de volver al país invulnerable a la presión económica de vecinos y del exterior. Asimismo estimuló la producción artesanal, a los efectos de exportar algo más que materia prima. Prohibió la exportación de cuero crudo: tenía que ser curtido previamente con tanino. El comercio exterior: La segunda rama estatal de la economía paraguaya era el comercio exterior, monopolizado en su casi totalidad por el Estado. Éste aseguraba precios justos a la exportación y que sus beneficios quedaran en poder del Estado y no de comerciantes particulares. Hacia 1845 el cónsul estadounidense. Edward August Hopkins, en carta a Rosas, juzgaba que el Paraguay era “la nación más poderosa del nuevo mundo después de los Estados Unidos”, y afirmaba “que su pueblo es el más unido y que el gobierno es el más rico que el de cualquiera de los estados de este continente”. Gobernaba entonces el país Carlos Antonio López, continuador de la política de Francia. López reforzó el sector estatal de la economía y creó más “estancias de la patria”. Por un decreto de 1854 prohibió ad­quirir tierras a los extranjeros y en 1846 reformó la Ley de Aduanas, estableciendo la libre importación de “máquinas e instrumentos de labranza, industria, artesanado y ciencia que no se fabricaran o que no estuvieran todavía en uso en la República”. Se crearon dos tipos de aranceles de impor­tación: del 25 % para los artículos finos, y del 20 % para todos los demás productos. Asimismo se establecieron gravámenes para los productos de exportación: maderas, añil, rapé, harina de trigo, azúcar, arroz, jabón, vinos, aguardientes, licores, tabaco, cueros curtidos, cera y miel de abeja, etcétera. Ingresos del Paraguay: Por otra parte, el Estado paraguayo nacionalizó la producción de yerba mate y de los árboles destinados a producir madera para la construcción. A partir de 1846 la yerba —que representaba más de a mitad de la exportación— pasó a ser monopolio absoluto del Estado. De 1851 a 1860, en un período de diez años, el comercio exterior del país totalizó 18.608.228 pesos, con un saldo favorable a la exportación de 3.850.014 pesos. La composición de los ingresos era ejemplificada por el barón Alfred M. Du Graty con la siguiente tabla, correspondiente a 1857: Producto de la venta de yerba mate y producto de los establecimientos del Estado:Fr. 8.161.323. Derechos de aduana y locación de tierras públicas: Fr.4.280.000. Total: Fr. 12.441.323. Corresponde, además, hacer notar que el Paraguay carecía de deuda exterior. Otros progresos del país: El gobierno paraguayo contrató en el exterior a profesionales y técnicos para organizar y dirigir las empresas estatales, la educación y las obras públicas. Con la supervisión del argentino Juan Pedro Escalada funcionaban 432 escuelas, con más de 24.000 alumnos. Fueron creadas la Escuela Normal, la de Matemática y la Academia Forense. El ingeniero Paddison fue el encargado de construir el primar ferrocarril sudamericano, que unía a Asunción con Paraguarí. Desde 1855 funcionaba en Asunción un arsenal, fundado con capitales del Estado. En 1857 fue botado el vapor “Iporá”, de 226 toneladas, construido totalmente en Asunción. En Ibicuy trabajaba una fundición para tratamiento de carbón de leña y mineral de hierro, con capacidad para fundir diariamente una tonelada de metal. Una línea de telégrafo unía la capital con Humaitá y Paso de la Patria. En el mensaje al Congreso de 1857, el presidente López anunció que en el Chaco se extraía salitre y se explotaban caleras. Con algodón y caraguatá se fabricaban papel y tejidos. Para fomentar la actividad económica, el Estado otorgaba créditos al comercio y la industria, con un interés anual del 6 %. Todos los que inventaban algo útil o introducían procedimientos novedosos en el campo y en la industria tenían privilegios especiales.

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