COMBATE DE CARMEN DE PATAGONES (28/02/1827)

Durante la guerra con el Brasil, mientras que el imperio contaba con una poderosa flota, la Argentina carecía de barcos, salvo los que le había podido arrebatar en combate al enemigo. Como era imposible por eso, encarar un enfrentamiento entre ambas escuadras, el gobierno de BERNARDINO RIVADAVIA, había favorecido la guerra de corso, una modalidad de empleo común en aquellos tiempos y mediante la cual unos pocos barcos privados bien armados, podrían hostigar a las naves enemigas, quedándose a cambio con una parte del botín. La mayoría de los capitanes y las tripulaciones de estos barcos corsarios eran extranjeros y habían elegido las costas del sur argentino para repostar, tomarse un descanso y reparar sus naves.

Carmen de Patagones, a orillas del río Negro y a cinco leguas de su desembocadura era, en 1827, una población insignificante de 400 habitantes. Una verdadera avanzada de civilización frente al desierto y por eso fue elegida por los corsarios. Aunque privada de recursos y comunicaciones terrestres con Buenos Aires, desde el comienzo del bloqueo que sobre esa ciudad, mantenía la flota brasileña, (mayo de 1825) era base de las naves corsarias que navegaban con bandera argentina y depósito de las mercaderías que estos capturaban en el Atlántico. Durante el año 1826, más de treinta naves brasileñas habían sido asaltadas y llevadas a Carmen de Patagones.

Como era difícil acabar con los corsarios, cuya actividad les provocaba importantes pérdidas a sus convoyes de abastecimiento y que afectaba seriamente la seguridad de la escuadra imperial en operaciones contra Buenos Aires,  el gobierno del Brasil decidió destruir su base y apoderarse  de las mercaderías y valores allí depositados. Para ello, envió una expedición compuesta por las corbetas “Duquesa de Goyaz” e “Itapirica”, el bergantín goleta “Escudeiro” y la goleta “Constancia” y al mando del capitán JAMES SHEPHERD.

El 26 de febrero de 1827 las fuerzas del imperio que totalizaban 613 soldados desembarcaron siete leguas abajo de la población y marchó durante la noche, llegando el 27 de febrero de 1827 a los lindes de la ciudad y se encontraron con que en ese lugar se hallaba en reparaciones la corbeta “Chacabuco” de las Provincias Unidas, cuyo capitán, el comandante SANTIAGO JORGE BYSSON, dio la voz de alarma ante esta presencia.

La población, perdida y casi abandonada en la lejana costa austral, no estaba preparada para la defensa, pero, llena de espíritu patriótico y sin intimidarse ante la poderosa fuerza del enemigo, avistado el enemigo, se dispuso a resistir, siendo el alma de la defensa MARTÍN LACARRA, comandante militar de aquel punto; secundado por SANTIAGO JORGE BYSSON, comandante de la corbeta nacional “Chacabuco”; el ayudante de la comandancia, SEBASTIÁN OLIVERA, los vecinos RAMÓN OCAMPO, MANUEL ÁLVAREZ, BLAS UREÑA y ALEJANDRO ALFARO y el tesorero AMBROSIO MITRE, padre del vencedor de Pavón, general Bartolomé Mitre..

El coronel FELIPE PEREYRA con un pelotón de infantería, 25 hombres montados y los marinos de la Chacabuco, marcharon a guarnecer la batería de la entrada del puerto. Después se les agregaron  el baqueano MOLINA con 23 hombres montados  y parte de las tripulaciones de los buques corsarios “Hijo de Mayo”, “Hijo de Julio” y “Oriental Argentino”, mandadas por sus respectivos jefes JAIME HARRIS, M. BIBOIS Y PEDRO DOUTANT.

El día 28, el enemigo avanzó pero el “Duquesa de Goyaz” y la “Constancia” quedaron varados por la poca profundidad de la costa. Forzada la barra, los imperiales desembarcaron en dos columnas, una al Norte y otra al Sur de la batería, de la que consiguieron apoderarse no sin esfuerzo, reembarcándose después de haber inutilizado la artillería. El 6 de Marzo desembarcaron de nuevo a las órdenes directas de Shepherd y el 7, se encontraban concentrados en el Morro de la Caballada.

Poco tardaron en verse ferozmente hostilizados. Del lado del mar por los fuegos de los barquichuelos de Bysson, y por el de tierra, por guerrillas de a pie y de a caballo que los acosaban sin descanso. En uno de estos tiroteos fue muerto el jefe de la expedición, Shepherd, suceso que desmoralizó a la tropa, impulsándola a abandonar el campo a los argentinos, que envalentonados, tomaron por asalto los barcos brasileños y disparándoles con sus propios cañones, los obligaron a retirarse, refugiándose en los pastizales aledaños, actitud que fue su perdición; pues así que les vieron internados en él, los criollos, que les acosaban, lo incendiaron, envolviéndoles en un círculo de llamas y obligándoles a rendirse a discreción.

Los brasileós tuvieron 50 bajas y entregaron las armas once oficiales y 306 marineros. Bysson, entretanto, salió con los corsarios, logrando apoderarse de la “Itapirica”, el “Escudeiro” y la “Constancia”, los que, bajo los nombres de “Ituzaingó”, “Patagones y “Juncal” se incorporaron a la escuadra patriota. “La Duquesa de Goyaz”, el mejor de los cuatro buques, se perdió del todo, el día 29 de febrero, deshecha por el olaje.

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