ANTOINE DE TOUNENS, REY DE LA PATAGONIA (01/11/1860)

Orelie Antoine Tounens, en su idioma natal (1825-1878), fue un aventurero francés nacido en 1825 en Périgueux, en la Dordogne, que llegó a Coquimbo, Chile, en agosto de 1858, con la esperanza de emular las conquistas de Cortés y Pizarro trescientos años antes.

Fue el octavo de nueve hijos de JUAN DE TOUNENS, propietario de una vasta tierra en la región de Chourgnac. A los 22 años OREILLE ANTOINE había presentado la tesis para doctorarse en leyes, cuando llegó a sus manos la traducción francesa de “La Araucana”, de ALONSO DE ERCILLA y su vida dio un giro radical. Aquel ignoto territorio le hizo pensar en crear la sede de un gran reino, del cual sería su único monarca.

Alentado por los deseos de expansión del emperador Napoleón III, TOUNENS partió de Marsella en el vapor “Avenir” hacia el lejano Sur del continente americano y arribó a Coquimbo (Chile) el 22 de agosto de 1858. A pesar de su aspecto algo excéntrico y curioso, TOUNENS ganaba fácilmente la simpatía de la gente mediante el diálogo, que practicaba como uno de sus mayores placeres, mostrándose conocedor de una gran variadad de temas. Tal era su convicción sobre la quimera que deseaba emprender, que estudió la lengua mapuche en el Convento de los Recoletos de Valparaíso.

Después de pasar dos años, familiarizándose con los araucanos, su tierra y costumbres, partió hacía Valdivia. Montados en tres mulas cargueras, TOUNENS y los señores LACHAISE y DESFONTAINES, más un guía indio, ingresaron por un angosto sendero hacia San José, haciéndose pasar por vendedores en busca de los caciques y tolderías. Mediante largas y vehementes disertaciones, poniendo énfasis sobre el sometimiento que sufrían los indios por parte del gobierno español, logró interesar al mismísimo cacique QULLAPÁN, enemigo acérrimo de las autoridades chilenas y quien, con los caciques HENTECOL y SAYHUEQUE dominaba un vasto territorio de la provincia de Valdivia, tras la Cordillera de los Andes. Con ellos a su lado y rodeado de indios, TOUNENS, se sometió a un severo interrogatorio sobre sus intenciones de crear un reino que los librara de la opresión y de tal modo se posisionó que, sin. saber por qué designios, todos apoyaron su proyecto  y acudían a él en procura de consejos y para elaborar planes.

Ganada así la confianza y la amistad del jefe indio QUILLAPÁN, con su ayuda y sirviéndose de una antigua profecía que hablaba de un blanco que vendría a liberar a los araucanos, considerando “que la Araucania no dependía de ningún estado”, declaró la independencia del reino de Araucania y el 1º de noviembre de 1860, a orillas del río Cautín, leyó la primera proclama por la cual se autotituló “Oreile Antoine I, Rey de Araucania”.

Estableció una monarquía constitucional hereditaria y redactó una constitución, basada en el modelo francés que ofrecía garantías democráticas y aseguraba los derechos civiles y políticos. Diseñó una bandera verde, azul y blanca y un escudo. Creó un Consejo de Estado y envió copia de estos documentos al diario chileno “Mercurio” y a otros diarios de Santiago y Valparaíso, firmando “Antoine I, por la gracia de Dios, Rey de Araucania”. Simultáneamente recibió adhesiones de varias tribus de la Patagonia y el 20 de noviembre de 1860 anexó esos extensos territorios.

A fines de 1860, logró que un acaudalado francés, medio delirante como él, emitiera monedas de un peso acuñadas con su escudo y la leyenda “Patagona au nom d’Antoine Orélie, roi de Patagonie et Araucanie” y un músico alemán residente en Chile, GUILLERMO FRICK, compuso el “Himno a Orelie Antoine 1”. La bandera azul, blanca y verde del nuevo estado fue distribuída a cada tribu y jurada por sus integrantes. El 25 de diciembre de 1861 varios caciques juraron lealtad al nuevo rey y el 30 de diciembre lo hizo el cacique NAMUNCURÁ. Se dijo que “10.000 lanzas estaban a su disposición”. El lugar que  había elegido para su “reinado”, era un extenso territorio de un millón de kilómetros cuadrados que  se extendía desde el río Colorado hasta Tierra del Fuego, en la  Argentina, y desde el Bío-Bío hasta el Tolden, en Chile. En esas pampas interminables vivían unos 150.000 indios araucanos agrupados en 40 tribus con sus respectivos caciques.

El rey AURELIO ANTONIO I gobernó por un año con el apoyo de QUILLAPÁN, pero cuando las cosas ya se habían puesto serias y este descabellado “monarca” comenzó a preocupar a las autoridades chilenas, apoyándose en la acusado de alta traición que había formulado un mestizo, se ordenó que se lo arrestara y fue llevado a una cárcel de Los Angeles (provincia de Bío Bío, Chile).

Puesto en libertad, con la condición que se fuera de Chile, TOUNENS pasó a la Argentina y el 5 de enero de 1862, el coronel CORNELIO SAAVEDRA, nieto del prócer de mayo, capturó al aventurero en una emboscada. Después de estar nueve meses de prisión, enfermo y debilitado, fue considerado “fuera de sus cabales” y cuando iba a ser trasladado a un centro asistencial para enfermos mentales, intercedió por él,  el vizconde CAZOTTE y fue enviado de regreso a Francia.

De regreso en su país natal, en 1863, TOUNENS publicó sus memorias, creó la Real Orden de la Estrella del Sur y sin resignarse a perder sus dominios en América, despertó el interés por crear una Nueva Francia en Sudamérica. Al parecer el gobierno de Napoleón III le creyó y lo apoyó en su aventura, por lo que obstinadamente regresó e intentó recuperar su “imperio”. Organizó entonces un tercer intento, esta vez con el apoyo de un banquero inglés y a mediados de 1869 TOUNENS reapareció en la costa patagónica argentina y desembarcó sigilosamente en la ensenada de San Antonio, donde lo esperaban algunos partidarios.

A caballo atravesó la cordillera y llegó a Mapu. Allí fue recibido en triunfo por su leal cacique QUILLAPÁN y otros caciques amigos. La diplomacia chilena ejerció presiones ante las autoridades británicas y francesas y puso precio a su cabeza y envió a las fuerzas armadas en su captura. TOUNENS huyó y perseguido por tropas chilenas, en febrero de 1870 volvió a pasar la cordillera y se dirigió a las tolderías de JUAN CALFUCURÁ, en Salinas Grandes. De allí, en 1871 logró llegar a Bahía Blanca, se embarcó en el vapor “Patagones” y arribó a Buenos Aires a fines de ese año, donde los diarios anunciaron su presencia. Estando allí, se enteró de la caída del imperio napoleónico y regresó a Francia.

El 31 de mayo de 1874, volvió a Bahía Blanca y recorrió e caballo la región, reuniendo a los indios amigos en Huachamapú. En octubre de ese año fue reconocido por las autoridades y conducido a Buenos Aires, donde, gracias a la intervención del  ministro plenipotenciario francés, recuperó su libertad, pero fue obligado a regresar a Francia, por tercera vez.

En 1876, vía Montevideo,  regresó a Buenos Aires, por cuarta vez y viajó hasta Azul para entrevistarse con el cacique CALFUCURÁ, ya que su aliado chileno, el cacique QUILLAPÁN había muerto en 1875 durante la represión que las fuerzas chilenas hicieron en contra de los araucanos, en apoyo de la Campaña al Desierto que había emprendido la Argentina. Pero esta vez no obtuvo el apoyo que le solicitaba al cacique araucano

Regresó a Buenos Aires, víctima de fuertes dolores abdominales y fue internado de urgencia en el Hospital Francés de esta ciudad, debiendo ser sometido a una intervención quirúrgica el 26 de enero de 1877. Desilusionado ante el fracaso de su proyecto y físicamente quebrantado, a pesar de que sólo tenía 52 años, se embarcó hacia Burdeos, y cuando mejoró, partió hacia Périgueaux, la ciudad de su juventud. Murió allí, el 17 de setiembre de 1878.

Después de la muerte de TOUNENS, su sobrino quiso heredar la corona pero fracasó. Ya no contaba con el apoyo del fallecido  QUILLAPÁN ni con el de CALFUCURÁ, comprometido su mundo por la guerra que sostenía con las tropas de Buenos Aires. El papel que jugó Francia en las arriesgadas empresas de TOUNENS no está claro aún. Chile prefirió que el incidente no tuviera repercusión internacional y la Argentina estaba en esa época ocupada con las disputas internas y luego con la Guerra del Paraguay (Véase “Pequeña historia patagónica”, de Armando Braun Menéndez, Buenos Aires, 1936 y “Un rey en la Argentina”, de Julio Marc, Rosario, 1943).

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