AGÜERO, Julián Segundo de (1776-1851)

Sacerdote, Abogado y figura pública de gran talento. Orador de relieve, político hábil, intérprete, a su modo, del pensamiento liberal de la época. Enérgico defensor de las reformas de Rivadavia y de sus ideas unitarias. Nació en Buenos Aires el 31 de mayo de 1776 y se educó en el real Colegio de San Carlos. Obtuvo el título de Abogado y luego en 1796 se doctoró en teología en la Universidad de Chuquisaca. En 1801 regresó a Buenos Aires y se incorporó a la real audiencia, para servir como consejero legal de la misma. Continuó también con sus responsabilidades eclesiásticas y públicas, pero en forma creciente incursionó por estas últimas. En 1810, desempeñando el curato de la catedral al norte, lo sorprendió la revolución. Reticente para aceptarla, no tomó parte en el movimiento, pero asistió a la sesión del Cabildo abierto del 22 de mayo  y se abstuvo de votar, retirándose del recinto, quizás deseando no comprometer su investidura. Tiempo más tarde, el 25 de mayo de 1817, expuso elocuentemente sobre la nueva causa en un sermón en la Catedral, en el que condenó a España y ensalzó al gobierno patrio. En esa oportunidad, con motivo de festejarse el séptimo aniversario de la revolución, pronunció una notable oración patriótica, pieza que puede leerse en la colección de oraciones patrióticas que publicó el doctor Carranza. “En aquel día, ha dicho un publicista, el doctor Agüero quedó inscripto con el buril del asentimiento general, en el número de nuestros pensadores y publicistas, y descubrieron sus oyentes que bajo el bonete y la estola del párroco, se había escondido hasta allí un hombre de estado severo, elocuente, audaz para expresar sus pensamientos llenos de cordura”.  Efectivamente, el orador, después de pagar tributo a su ministerio y a las formas de la composición religiosa, entrando en materia por medio de un recuerdo sacado de los libros del Antiguo Testamento, cautivó la atención de su auditorio sin emplear otro atractivo que el de una lógica irresistible, de una verdad dicha como hasta entonces no era la costumbre el escucharla. La razón de nuestra independencia se justifica en este discurso de una manera concluyente y nueva, y en él se muestra, al mismo tiempo, cuáles son las condiciones que la autoridad pública debe revestir en una sociedad llamada a vivir y progresar bajo el amparo de las austeras virtudes de democracia. A comienzos del año 1820, fue un ardiente defensor del programa de reformas de RIVADAVIA. Apoyó la reforma eclesiástica que éste propuso, así como de sus ideas centralistas y de su plan de federalización de Buenos Aires. Electo diputado en 1821, desempeñó la presidencia de la Legislatura de Buenos Aires y tres años después llegó como representante al Congreso General Constituyente que elevó a la presidencia de la República a BERNARDINO RIVADAVIA. En esta Asamblea su papel fue distinguidísimo, pues era orador grave y severo, explícito y, a la vez, conciso en el manejo de la natural abundancia y fuerza de su dialéctica. “No era uno de esos pensadores inspirados de cuyos labios salen espontáneamente ciertas novedades inesperadas que sorprenden por su forma original y deslumbrante; pero era un polemista vigoroso, adiestrado en las luchas escolares de la filosofía peripatética; que por la manera firme y fácil con que encadenaba sus argumentos, tenía el arte de dar gravedad a su discurso y valor decisivo a sus opiniones.”. El 1º de enero de 1822, poniendo en evidencia otra faceta de su personalidad, que lo hizo destacar como escritor e intelectual, el doctor Agüero tuvo la iniciativa de reunir a los intelectuales porteños más representativos para organizar la Sociedad Literaria, la cual, entre otras actividades, publicó destacados periódicos como El Argos y La Abeja Argentina. Continuó luchando por estos postulados defendidos durante el Congreso de 1824 y luego, en 1826, ya como Ministro de Gobierno de la presidencia de Rivadavia. Al año siguiente, fue nombrado Ministro de Hacienda y de Gobierno por el doctor VICENTE LÓPEZ, pero renunció pronto ese cargo. Fue un aliado de Lavalle contra Dorrego y el grupo de estancieros federales de Buenos Aires. En 1828 contribuyó poderosamente al movimiento del 1º de diciembre y presidió la Asamblea en que fue nombrado gobernador de Buenos Aires el general LAVALLE. En diciembre de 1828, después del fracaso del movimiento de Lavalle. no aceptando la presencia de ROSAS en el gobierno de Buenos Aires, se alejó del país y se refugió en Montevideo, donde continuó combatiendo integrando la Comisión de Exiliados que dese allí, actuaba contra el gobernador de Buenos Aires. Falleció en esa ciudad el 17 de julio de 1851, a raíz de una enfermedad que se conocía con el nombre de “laringitis de los predicadores”. Hombre de carácter taciturno y severo. Según su propia declaración, poseía un vasto archivo que quemó antes de morir. Sus restos fueron repatriados y sepultados en el panteón de la catedral de Buenos Aires. De este prócer se han ocupado en sus obras los doctores LÓPEZ, CARRANZA, el general PAZ y otros publicistas. Falleció en Montevideo el 17 de julio de 1851.

1 Comentario

  1. Datarooms.org

    Hoy día es fundamental la seguridad en la red, sobre todo en páginas que requieren la introducción de datos confidenciales…

    Responder

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.