VIAJES Y DESVENTURAS DE CRISTÓBAL COLÓN (10/02/1492)

Cristóbal Colón, quizás el más grande de los exploradores del siglo XV, luego de descubrir América, hizo tres viajes más y siempre fue acompañado por la tragedia y los sinsabores, por lo que su vida, recluído en el Templo de la Rábida, no tuvo el final que merecía.

La vigilia.
Terminaba el mes de diciembre de 1491 y era cerca de medianoche. En una celda de Santa María de la Rábida, velaba un hombre inmóvil y silencioso; de blanca cabeza, y aunque habitaba en un monasterio, no era monje ni anciano todavía. Su vestir revelaba pobreza y su frente la soberanía de su genio. Por la vaga expresión de sus ojos azules, se hubiera creído que dormía en su ancho sillón de vaqueta; sin embargo, nunca había estado más despierto. Cerró el libro que tenía abierto largo rato, sin leer; fijó ambos codos sobre la mesa y la frente entre las manos, y volvió a quedarse inmóvil. A su lado ardía una lámpara y de la pared frontera colgaba un Cristo grande que parecía mirarle triste. Afuera sonaba a intervalos el murmullo piadoso de los monjes que rezaban en el coro y la palpitación solemne del mar sobre las playas vecinas. El que velaba, tenía por apellido Columbus, y entre la multitud, pasaba por loco. Hoy le llamamos CRISTÓBAL COLÓN y le respetamos al par de los mayores genios. El tiempo nunca pasa en vano, pero entonces no había llegado el día del triunfo, sino la hora de prueba y esta prueba era terrible.. Colón se hallaba inclinado, como bajo el peso de su gigantesca idea, con la mirada vuelta al, interior, escuchando con recogimiento extraordinario, el rumor de varias voces que sentía resonar en las profundidades de su conciencia, diciéndole: “¡Un año más!.

Es diciembre y es la noche última!. Oye, acaba de sonar la campana y ya no eres joven y un año más ha pasado; los días se van, tú mismo te vas y tus esperanzas contigo. ¡Insensato! Acaban los cielos de dar un giro entero sobre tu cabeza, has visto la sublimidad de otros inviernos, la gracia de otras primaveras, el fuego de otro estío, la melancolía de otros otoños… ¿Qué has hecho de tantos días? ¿Nada te enseñaron? Prosigue tu pobre genio extraviado, destrozadas tus alas en perseguir quimeras. ¡Descubrir un mundo, ensanchar éste! Óyeme, desgraciado, yo soy tu razón; tu razón que grita y procura salvarte; mira los reyes más grandes de Europa, los reyes de España, hacen un llamamiento a todo su poder. ¡Cuántos capitales, caballeros y soldados! ¡Qué torrentes de oro! ¡Cuánto saber y prudencia en El consejo, cuanta osadía en la ejecución! ¡Cuánto trabajo, tiempo y sangre!… Pues todo, bien lo sabes, se dirige a conquistar un puñado de tierra y tú sueñas un mundo!.  Aunque esos delirios fuesen verdad… ¿Con qué podrás realizarlos?. Tú, que debes a la caridad la celda que habitas, el pan que comes y hasta el vestido que llevas. Créeme, COLÓN, y abre tus ojos. No eres tú solo. Muchos peregrinos eternos vagan por el campo sin fin de las esperanzas imposibles. Piensan convertir los metales en oro, curar toda enfermedad, surcar el viento como las aves… La sociedad se mofa de estos delirantes soñadores… Olvida tus delirios… Descubrir para ti un lugar en el cielo, es mejor que descubrir islas y continente… Conoces la vida de estos monjes. Es un río sosegado y cristalino, corre entre verdes orillas y va a perderse en un océano de felicidad. Tus hijos se educarán en este monasterio, serán hombres respetados y no mendigos.

Viste la casulla del fraile: muchos sabios las vistieron también. Salvas a Colón y salvas a tus hijos. ¡Piensa que todo es vanidad!. Así le habló una voz interna y quedó como anonadado. Maquinalmente se pasó una mano sobre su rostro y el cabello y estaba empapado de un sudor frío. Pasó largo rato. Luego otra voz como respondiendo a la primera, se dejó oír distinta y penetrante: “No son quimeras tus aspiraciones; son verdades no realizadas todavía. Tu genio no te engaña ni tus amigos MARCHENA, BELASCOS y PABLO TOSCANELA, procuran con sus consejos extraviarte en vano por un océano sin límites. Esos españoles y este florentino pertenecen, como tú, a la raza de hombres escogidos, que sumergen su larga mirada en lo futuro; no quiero desorientar tus cálculos, las tierras que adivinas existen… Lo repito: Yo las veo. Son más extensas de lo que nunca ha imaginado están pobladas y ricas; sus habitantes viven con una sencillez dichosa. La naturaleza las colma de frutos van y vienen tranquilos, duermen en el seno de la abundancia y en medio de un presente apacible, no tienen lágrimas para lo pasado, ni temores para lo futuro. Posees la verdad, guárdala siempre. Tu premio, debe ser la melancólica consolación de haber conocido la verdadera antorcha que alumbra a la humanidad y quema la mano que la empuña…” Esto dijo. Alzó los ojos y contempló el Crucifijo pendiente del testero de su celda sobre su cama. La solemnidad de las horas y el reflejo indeciso de la lámpara le daban un aspecto imponente y extraño, parecía que estaba vivo.

CRISTÓBAL COLÓN, desde su juventud, se creía predestinado por Dios para cosas grandes…. Así en sus largas horas de desaliento, encontraba en la Divinidad su baluarte y refugio. El Cristo inmóvil con la cabeza inclinada parecía mirarle. La lámpara que iluminaba tan larga vigilia, falta ya de aceite, empezaba a chisporrotear y apagarse. Sus vacilantes reflejos dibujaban contornos fantásticos en las paredes de la celda. De pronto, en medio del silencio de la noche, oyó Colón fuertes golpes en la puerta del convento: a poco rechinaron los cerrojos ásperamente, y un instante después entraba con una carta en la mano, un venerable religioso, en la celda de navegante..La carta era de la reina Isabel y el religioso era Fray PÉREZ DE MARCHENA… Al salir el sol, montaba Colón hacia la corte, convocado por los monarcas. Algunos meses después clavaba la bandera de Castilla en un nuevo mundo, y su hazaña inmortal resonaba por todas partes. Pero en medio de sus triunfos, pesares, alegrías y luchas, jamás olvidó a su buen amigo Marchena, y al convento de Santa María de la Rábida. La duda se disipó. El proyecto aventurado y oscuro quedó convertido en realidad espléndida y Colón dio más almas al cielo y mas extensión a la tierra.

El 10 de febrero de 1492, COLÓN presenta su plan a los reyes católicos y convienen las condiciones para la gran empresa del descubrimiento que éste les proponía. Quién era Colón?. Su  origen y  juventud  es un punto que ha sido debatido con ardor. Es en efecto extraño que, tratándose de un hombre ilustre cuya vida ha sido narrada por su propio hijo don HERNÁN COLÓN y su amigo fray BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, con gran acopio de documentos, queden aún dos interrogantes: ¿Dónde y cuándo nació?… ¿Quiénes fueron en sus padres?… Para todas las respuestas que surgen a estos interrogantes hay siempre objeciones. COLÓN nunca dijo su edad y los viajes en los que dijo haber participado, dan lugar a serias contradicciones. Gonzalo Fernández Valdés, en su “Historia General y Natural de las Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano”, al referirse a la vida de Colón, afirma que era natural de la provincia de Luguria, en Génova, habiendo nacido en el pequeño lugar o villa de Saona o Nervi. MANUEL SERRANO Y SANZ ha demostrado que los documentos traídos para probar la ascendencia gallega de Colón descansan sobre bases falsas y han sido burdamente alterados. También se ha querido probar su origen judío-aragonés. JULIO B. LAFOND en su “Historia de la Constitución Argentina” advierte que si logró aceptar sus proyectos y sus desmedidas pretensiones, lo debió principalmente al apoyo de los judíos aragoneses. Por otra parte, el estudio psicológico del personaje, continúa diciendo Lafond, revela claramente su idiosincrasia judía.

De todas maneras, es preciso creer que los documentos tan precisos y concordantes hallados en los archivos notariales de Génova, se refieren a Colón y su familia. De lo que se infiere que en esa ciudad nació, en septiembre u octubre de 1451, hijo de Doménico Colombo, tejedor y tabernero y de Susana Fontanarosa. Cuando germinaban en su cerebro sus gigantescos proyectos —llegar al Asia navegando siempre hacia el Oeste, pues se fundaba en que siendo la tierra redonda, yendo siempre en la misma dirección, uno había de volver al punto de partida— pidió a Génova y luego a Portugal los recursos necesarios para llevar a cabo su empresa, pero no fue escuchado. Se dirigió entonces a España, teniendo que esperar largos años antes de conseguir el apoyo que precisaba, hasta que puso persuadir a los reyes católicos sobre la viabilidad de su proyecto utilizando una sólida argumentación, basada en los largos años que había pasado estudiándolo y poniendo sobre la mesa de negociaciones, el mejor argumento que podría haber empleado: el seguro hallazgo de grandes riquezas en los territorios a los que se proponía llegar.

Colón firma las Capitulaciones.
El 17 de abril de 1492, CRISTÓBAL COLÓN firma las “Capitulaciones” con los reyes de España, FERNANDO E ISABEL y ese es el comienzo de la más fantástica aventura de la historia de América. En Granada, España, se firmaron las Capitulaciones (contrato suscrito entre las partes), documento oficial donde se estipulaba la parte de las ganancias que debía corresponderle a cada uno, se fijaba la jurisdicción en los pleitos que pudieren surgir; se le conferían los títulos de Almirante, Virrey y Gobernador de las islas y tierra que descubriera y el derecho de llamarse “don”, distintivo de nobleza que podrían usar sus descendientes. El mismo día se le extendieron las credenciales que debía exhibir ante “los príncipes que hallare a su paso” y ya todo quedaba acordado para que Colón se lanzase al océano para demostrar sus teorías acerca de la redondez de la Tierra (ver Las Capitulaciones de Colón).

………………………………

Primer viaje
El 3 de agosto de 1492, CRISTÓBAL COLÓN a bordo de la “Santa María”, la nave capitana, se hizo a la vela desde el pequeño puerto de Palos, en Andalucía, España, para emprender el que sería su primer viaje hacia las Indias, viajando hacia el occidente. Iniciaba así una empresa que realmente tenía un fin comercial oculto: hallar oro y especias para que España pudiera hacer frente a los gastos que le demandaba su proyectada reconquista de los Santos Sepulcros y su enfrentamiento con Inglaterra, tratando de encontrar una vía que le permitiera llegar a la tierra de las especias, eludiendo el control de Portugal. Le seguían dos carabelas: La Niña y La Pinta al mando de los hermanos MARTÍN ALONSO y MARTÍN YAÑEZ PINZÓN, a quienes, una vez reunida toda la tripulación les informó que su propósito era llegar al Asia navegando siempre en la misma dirección, hacia el oeste, fundándose en que si la tierra era redonda, forzosamente, ese rumbo los traería de vuelta al punto de partida.

COLÓN se dirigió primero hacia las islas Canarias donde reparó los daños que había sufrido una de sus naves “La Pinta” y el 6 de setiembre siguió viaje siempre hacia el oeste. A partir de allí la travesía se hizo peligrosa por las contínuas tormentas que dificultaban su avance y más de una vez sus tripulantes le reclamaron el regreso. Colón, firme en su decisión de seguir avanzando hacia el destino que se había fijado, continuó la marcha debiendo aventar las inquietudes de sus tripulantes que le exigían volver, porque no confiaban en la validez de sus argumentos para navegar hacia lo que ellos consideraban, un abismo que los tragaría sin remedio. Superado ese inconveniente y los problemas que le acarreaba la escasez de alimentos y agua entraron en una calma absoluta, lo que les hizo suponer que el regreso ya se hacía imposible, por lo que nuevamente la tripulación se manifestó sumamente inquieta y sólo la firme determinación de Colón pudo superar este inconveniente que hacía peligrar la expedición. Durante los primeros días de octubre avistaron gran cantidad de pájaros y Colón, guiándose por ellos, cambió el rumbo pensando que desde donde venían, debía haber tierra. En la noche del 3 de octubre de ese mismo año, hallándose sus naves a doscientas leguas al occidente de la isla de Ferro, Colón observó por primera vez la desviación de la brújula que los orientaba (fenómeno magnético que en ese entonces se desconocía).

El 11 de octubre recogieron en el mar, un palo labrado, unas ramas con frutas y otros vestigios que reforzaron la certeza de estar llegando por fin a destino. Finalmente, después de un viaje de poco más de dos meses, habían logrado atravesar el Mar Océano (como se lo llamaba en ese entonces al Océano Atlántico). La noche del mismo 11 de octubre, Colón alcanzó a divisar una luz que brillaba en la oscuridad y casi en el mismo instante, un cañonazo disparado desde “La Pinta”, anunciaba que RODRIGO DE TRIANA, vigía de dicha nave, había avistado tierra. Al salir el sol se reveló ante los asombrados ojos de los expedicionarios, el imponente espectáculo de una frondosa selva bordeando las costas donde grupos de indígenas los miraban con el mismo asombro de ellos. Colón desembarcó en esta tierra (Haití) que los aborígenes llamaban “Guanahaní” y la bautizó “San Salvador” (algunos autores ubican el desembarco en el Cayo Semana, que según recientes y enjundiosos estudios, está ubicada a cien kilómetros más al sur de la isla de San Salvador (ver Viajes y desventuras de Cristóbal Colón).

El paisaje del Nuevo Mundo y los pacíficos indios desnudos que los recibieron fueron una completa sorpresa, Después recorrieron varias islas, luchando contra los vientos alisios, llegaron a Cuba y luego a Haití, que Colón bautizó “La Española” y a la que comparó por su belleza con la “primavera de Andalucía”.

Pero estaba escrito que nada le iba a ser fácil a Colón: el 21 de noviembre de 1492, MARTÍN ALONSO PINZÓN se apartó de la expedición. Si la causa fue un accidente o la ambición personal de Pinzón, continúa siendo un misterio y una polémica abierta para los historiadores. Pinzón era un experimentado marino, que había reunido una importante fortuna comerciando en distintos puertos, y apoyó sin dudar los audaces planes del Cristóbal Colón. Gracias a su influencia muchos marineros, en principio reacios a la aventura, se alistaron a las órdenes de Colón. Cuando el 3 de agosto de 1492, Colón partió del puerto de Palos, Martín Alonso Pinzón, a quien acompañaba su hermano Martín Yáñez, iba al mando de “La Pinta”, una de las tres naves que formaban la expedición, Cuando después de muchos días de navegación un grupo de tripulantes había intentado amotinarse, fue Pinzón el que brindó todo su apoyo a Colón, amenazando con ahorcar o tirar al mar a los rebeldes. El 12 de octubre, cuando las naves habían tocado tierra por primera vez y después se habían dirigido hacia la isla de Cuba, abandonándola el 19 de noviembre, para seguir con sus exploraciones, la navegación se había hecho peligrosa por los fuertes vientos y Colón decidió regresar a Cuba. Entonces hizo señas desde su carabela a la Pinta pero la orden no fue obedecida.

Según algunos historiadores Pinzón quería intentar algún descubrimiento por su cuenta o encontrar oro en un sitio que le habían indicado los indígenas. Colón en su diario parece convencido de la mala voluntad de Pinzón, de quien dice: “Otros opinan que fue un accidente y que Pinzón no distinguió las señales luminosas enviadas desde la nave capitana. La nave de Colón y “La Pinta” volvieron a encontrarse y a separarse. Por eso regresaron a España por distintos caminos y casi al mismo tiempo. La noche del 25 de diciembre de 1492 la “Santa María” fue arrastrada por las olas hacia los arrecifes, donde encalló. Usando los restos de la nave, Colón levantó un fuerte en la isla “Española”, al que llamó “Natividad”, la primera construcción que hicieron los españoles en América y allí quedó parte de la tripulación con la promesa de que serían recogidos en un segundo viaje. El 4 de enero de 1493  COLÓN prepara su regreso a España e instruye al capitán RODRIGO DE LA ESCOBENDA, que se quedará a cargo del Fuerte Natividad y el 12 de enero del año siguiente, COLÓN dispone el REGRESO A ESPAÑA. Ordena cargar en “La Niña” aves y animales extraños, brazaletes, metales preciosos y máscaras de oro que habían canjeado a los indios por campanillas y adornos y en el mes de enero emprendieron el regreso a España realizando un viaje que les depararía mayores peligros que a la ida pero cargados de tesoros, recuerdos e ilusiones y creyendo que las islas que había reconocido formaban parte del Asia, alentando así que a su llegada a España, se les diera el nombre de Indias Occidentales.

Durante el viaje de regreso, el 13 de enero de 1493 COLÓN creyó haber descubierto la isla de las legendarias AMAZONAS y así lo hizo constar en su libro de bitácora. En la mentalidad de los navegantes de la época, los mitos y la realidad no tenían fronteras precisas. La existencia de una tierra habitada sólo por mujeres era una creencia muy antigua y ya los griegos narraban la historia de un pueblo formado por guerreras que se amputaban un seno para usar con más libertad el arco y la flecha, su arma principal. Cuando COLÓN había llegado al norte de Haití se encontró con algunos miembros de la tribu de los “ciguayos” que le hablaron sobre dos islas, la del Caribe y la de Matinino. En su diario, el almirante anotó que en la isla de Matinino, donde según los indígenas había mucho oro, vivían solamente mujeres. En algunos días los hombres de la isla del Caribe, recorrían la escasa distancia que las separaba y visitaban a las mujeres con quienes mantenían relaciones sexuales. Si de la unión nacía un varón, era enviado a la isla de los hombres, pero si nacía una niña, las mujeres la conservaban y criaban en su pueblo. En los días siguientes, Colón escribió que deseaba viajar a la isla de Matinino, tanto por el oro como por la curiosidad de conocer al extraño pueblo femenino. Pero, el mal estado de las carabelas lo convenció de iniciar el camino de regreso. Desde aquel primer viaje, América se convirtió en la tierra donde las leyendas podían hacerse realidad y los conquistadores continuaron buscando la tierra de las amazonas. En 1542, cuando FRANCISCO DE ORELLANA descubrió en América del Sur, el río más caudaloso del mundo, recordando el comentario de Colón e influenciado por esta leyenda, informó que allí vivían sólo guerreras y por eso a este río se lo llamó “Amazonas”. Finalmente, de regreso de su primer viaje a través del océano y después de haber descubierto un nuevo mundo, sin él saberlo, el 15 de marzo de 1493, COLÓN amarra sus naves en el Puerto de Palos, de donde había salido el día 3 de agosto del año anterior.

El 13 de abril de 1493, COLÓN se presenta ante los reyes de España e informa su descubrimiento. Los reyes de España habían trasladado su corte a Barcelona y allí se dirigió CRISTÓBAL COLÓN después del desembarco en el puerto de Palos. Entre los trofeos que presentó a sus majestades iban diez indios cautivos, cuyos cuerpos fueron cubiertos para no ofender a la realeza con su desnudez. Algunos estaban enfermos de tristeza por no poder comer alimentos de los europeos. Sin saberlo eran el símbolo de un arduo futuro. Con albricias y alegrías, estandartes y campanas, música de órgano, trompetas de heraldos, bullicio de Corpus, zampones y chirimías, me recibió la sin par de Sevilla…” Así imagina el prolífico escritor cubano ALEJO CARPENTIER la entrada triunfal del almirante a la ciudad después de un largo y azaroso viaje. El almirante CRISTÓBAL COLÓN fue luego objeto de una recepción de magníficos contornos en la corte española, a la sazón en Barcelona. “Su entrada en aquella ilustre ciudad se ha comparado a los triunfos de los conquistadores romanos. Primero venían los indígenas, pintados y ataviados con sus adornos de oro. Después seguían varias especies de loros vivos y otras aves y animales desconocidos, plantas raras, habiéndose cuidado también de hacer ostentoso alarde de diademas indias, brazaletes y. otros adornos de oro. Finalmente seguía Colón a caballo, rodeado de una brillante comitiva de la nobleza española”. Pero la fiebre de la aventura, ya había hecho presa de Colón y no satisfecho con lo que había logrado en su primer viaje al Nuevo Mundo.

Segundo viaje
En setiembre de 1493 parte nuevamente realizando su segundo viaje hacia las tierras que había descubierto. El 1º de noviembre de 1493, descubre una de las islas de las Antillas Menores, a la que llama “Deseada” y el 2 de diciembre de 1493 llega por segunda vez a América. Desembarca nuevamente en “La Española” (en Haití) y descubre que el “Fuerte Natividad” que había fundado en su primer viaje estaba totalmente destruído y su población desaparecida. Decide entonces fundar un nuevo asentamiento. Se desplaza unas pocas leguas más al sur del fuerte destruído y allí efectúa el trazado de una nueva colonia que bautiza “Isabela”, en honor de la reina Isabel de España. Esta fue la primera ciudad fundada en el nuevo mundo. El 7 de diciembre de 1493 dispone la construcción de las obras necesarias para la vida en la nueva colonia y con la lección aprendida, los edificios principales fueron construídos con piedras y las demás construcciones se hicieron como siempre con barro, paja y madera. Hace desembarcar y acomoda en el nuevo poblado, ovejas, cerdos y otros animales que había traído, los primeros que pisan tierra americana. y el 6 de enero de 1494, hace celebrar la primera misa en el continente que descubriera. Luego Colón se dedica a recorrer las islas vecinas y recibió la llegada de su hermano Bartolomé que venía con tres carabelas y que le trajo noticias acerca de las intrigas que sus enemigos tejían en España para dañar su reputación y una carta fechada el 16 de agosto de 1494, en la que los reyes Católicos, FERNANDO e ISABEL, le dan las gracias por sus conquistas para la Corona de España en el Nuevo Mundo, invitándole, al mismo tiempo, si le era posible, a que volviese a la metrópoli para asistir a la demarcación de límites con Portugal. Esta demarcación debía partir de la célebre raya trazada por el Papa Alejandro VI, según su bula del 4 de mayo de 1493. Estas dos cuestiones hacen que Colón decida su regreso. Deja a su hermano a cargo de “La Isabela” y parte hacia España.

El 10 de marzo de 1496, desde Haití, CRISTÓBAL COLÓN emprende el regreso de su segundo viaje a América en medio de un clima de frustración y desconfianza. La segunda expedición a América ya no contó con el brillo de la novedad. Desde la partida de Cádiz, en setiembre de 1493, la mayor parte de la travesía fue una suma de decepciones. Se encontró destruido el fortín Natividad, levantado en La Española durante el primer viaje. Los ocupantes habían muerto, algunos por enfermedad y otros en manos de los indígenas, por haber querido raptar sus mujeres. Al llegar a Cuba, Colón estaba convencido de hallarse muy cerca de China. El pésimo estado de las naves, la escasez de provisiones y el mal humor de la tripulación le impidieron seguir adelante. Si hubiera navegado algunos kilómetros más, hubiera comprobado que se trataba de una isla. Para protegerse de posibles acusaciones de cobardía y dar confirmación a sus creencias, hizo firmar un documento a todos los marinos en el que juraban que habían encontrado tierra firme. El que se negaba a firmar podía ser castigado con una multa de diez mil maravedíes y se le cortaría la lengua. Durante el viaje se hallaron pruebas de antropofagia entre los “caribes”, pero Colón juzgó por ello, que todos los indígenas eran caníbales. Con el pretexto de evangelizarlos y ordenar sus costumbres, embarcó a muchos “caribes” y otros naturales para emplearlos como esclavos. Treinta de esos hombres murieron durante el viaje. A causa del naufragio de varias carabelas, el exiguo oro encontrado y las luchas contra los indígenas, el regreso fue muy desdichado. En Sevilla fue recibido con entusiasmo y el desfile de aborígenes con sus máscaras y collares causó sensación. Pero pronto muchos miembros de la corte comenzaron a pensar que la ganancia comercial de la empresa había sido insignificante, comparada con la inversión. Llegado ante los reyes, desarticula totalmente los infundios de sus enemigos y se aboca a la preparación de un tercer viaje hacia las tierras que descubriera.

Tercer viaje
Finalmente, el 30 de mayo de 1498, a pesar de la oposición y subterfugios que se emplearon para demorar su partida y las dificultades que tuvo que superar debido a las intrigas sembradas por algunos de los que habían regresado de las colonias, que propalando noticias falsas para desprestigiarlo, desalentaban a quienes querían ayudarlo y amedrentaban a los posibles voluntarios a embarcarse, Colón parte de Sanlúcar de Barrameda con tres carabelas y alrededor de 200 hombres. En su viaje hacia el nuevo mundo, el 1º de agosto de 1498, COLÓN descubre el golfo de “Paría” y después de haber abandonado la isla Trinidad, el 21 de agosto de 1498 llega a su destino. Desembarca en “La Isabela (Haití) y encuentra gran descontento en la Colonia que había dejado a cargo de su hermano BARTOLOMÉ. Lo culpaban a él y a su hermano, de ser los causantes de todos los males que habían debido soportar desde su llegada a estas tierras. La escasez de víveres, el constante acoso de los aborígenes (ahora hostiles, quizás por el maltrato que recibían de los españoles), la insoportable presencia de insectos y alimañas, un clima de calor insoportable con noches de riguroso frío, eran las calamidades que habían apagado sus sueños de conquista y rápido enriquecimiento. Mientras tanto, las intrigas sembradas por los enemigos de Colón habían encontrado eco en el rey Fernando y el 20 de junio de 1498, el monarca había ordenado que se regresara a su tierra y se ponga allí en libertad a los indígenas americanos que se habían traído a España como esclavos. La mayoría se había vendido en Sevilla y Andalucía y debían ser devueltos a América en el viaje del comendador FRANCISCO DE BOBADILLA que, además tenía la misión de apresar a Colón y regresarlo a España.

Los primeros indios que pisaron suelo europeo fueron llevados por Colón al regresar de su primer viaje. Formaban parte, como los lagartos y los papagayos, de la colección de “muestras” obtenidas en las lejanas tierras. Pero, desde el principio, COLÓN no pudo llevar ni el oro ni las especias prometidas que debían alimentar las exhaustas arcas de la corona. A cambio, pensó sustituir la falta de tesoros con el comercio de esclavos y pidió licencia para ese tráfico. Colón afirmaba que los “caníbales” resultarían mejores esclavos que los negros de Guinea porque se alimentaban con cualquier cosa y comían mucho menos. Para probar su tesis, envió un barco cargado de indígenas, muchos de ellos mujeres y chicos que se vendieron en el país. El padre BARTOLOMÉ DE LAS CASAS contó que su padre también había comprado un indio por esclavo y lo tuvo que devolver. Dos años más tarde, Las Casas viajó a América donde descubrió el horror de la explotación que practicaban los españoles. Aunque la esclavitud no fue admitida para los indios y en cambio, se permitió el ingreso de esclavos negros, en la práctica no había ninguna diferencia. En las minas y los campos el trabajo agobiante y el maltrato se cobraron miles de víctimas. El padre Las Casas, que fue obispo de Chispas, se transformó en el hombre más odiado por los colonizadores al defender los derechos de los indios y tratar de rescatarlos de los trabajos forzados. El 14 de julio de 1500 FRANCISCO DE BOBADILLA, llevando a los aborígenes traídos por Colón al regreso de su primer viaje, parte hacia América para que “llegado a las tierras descubiertas por Cristóbal Colón lo aprese en el lugar que se encuentre y lo envíe encadenado, acusado de traición a la corona”.

En octubre de 1500, llegado a Santo Domingo, cumpliendo las exploraciones que se había impuesto como rutina, sin siquiera sospecharlo, COLÓN se encuentra con el capitán FRANCISCO DE BOBADILLA, que llegado desde España, le informa que debe arrestarlo y enviarlo encadenado a España. El 30 de enero de 1501, Colón llega a España de regreso de su tercer viaje al nuevo mundo. Lo hace encadenado, sufriendo la ignominia de verse tan degradado ante la vista de un pueblo que pocos meses antes lo había victoreado a su paso por las calles. De inmediato un Tribunal reunido para el caso, ordenado por el rey de España, procedió a su juzgamiento. La inconsistencia de las acusaciones que se presentaron contra él, el evidente afán de sus acusadores de querer desprestigiarlo sólo para ocupar ellos, los espacios que dejara Colón y así acceder a las cuantiosas riquezas que estaban seguros éste estaba acumulando, dieron por tierra con intenciones tan aviesas y el Tribunal lo absolvió totalmente y lo repuso en sus cargos y autoridad.

Cuarto viaje
El 11 de mayo de 1502, CRISTÓBAL COLÓN, liberado totalmente de los infundados cargos que se había levantado contra él, salió de Cádiz para emprender su CUARTO Y ÚLTIMO VIAJE de descubrimientos en el Nuevo Mundo. Iba al mando de cuatro naves tripuladas por 140 hombres y acompañado por su hijo FERNANDO y su hermano BARTOLOMÉ. Tenía por misión explorar las islas y el continente americano, que todavía imaginaba como las tierras de Cathay y llevaba como “mandato reservado” (otra vez) “ver en esas islas y tierras firmes qué oro y plata y perlas y piedras y especies y otras cosas hubiere y en qué cantidad”. Al comienzo de la travesía el tiempo estuvo en calma pero más tarde los alcanzó un terrible huracán y perdieron dos naves. Superado este mal trance, siguió viaje y llegó a La Española (actual Santo Domingo), poro no pudo desembarcar, porque el entonces gobernador NICOLÁS DE OVANDO se los impidió. Desde ese momento todo anduvo mal. Siguió viaje hasta Veragua, creyendo que seguía las huellas de Marco Polo y que se hallaba en Cathay. Desembarcó en las tierras del cacique QUIBIAN, allí había oro pero no el suficiente. Los indios no tardaron en echarlos, cansados de los abusos y de la soberbia europeas.

Un eclipse de luna salva de la muerte a Colón. Con las dos naves que le quedaban, que estaban en muy malas condiciones, siguieron viaje y en 1503, llegaron a la isla de Jamaica, donde bajaron las escasas provisiones que quedaban a bordo. Colón dispuso que dos hombres partieran para la Española en busca de ayuda, utilizando una precaria embarcación de los indígenas, pero mientras esperaban el auxilio, se planteó el problema de la falta de alimentos. Durante los primeros días, los nativos les alcanzaron algunos víveres, pero más tarde se negaron a seguir manteniéndolos. Fue entonces cuando Colón recordó que en esta fecha debía producirse un eclipse total de Luna. Se reunió con los jefes de la tribu y les dijo que él y su gente eran enviados de los dioses y que si no les entregaban alimentos, haría que la Luna desapareciera del cielo. La noche del 6 de setiembre de 1503 era muy clara, había luna llena y de pronto comenzó a oscurecerse por la sombra que proyectaba la Tierra. Los nativos se aterrorizaron y rogaron a Colón que les devolviera la Luna y a cambio recibiría todo lo que pidiera. Así el eclipse salvó sus vidas hasta que lograron ser rescatados. Al final del viaje, Colón hizo puerto en Jamaica. Había perdido dos naves, soportado motines, hambre y más alzamientos de los indígenas, calamidades todas estas, que sumadas al cansancio moral y algunos problemas de salud que le habían aparecido, lo deciden a retornar.

El 12 de setiembre de 1504 Colón emprendió el regreso de su cuarto y último viaje a América. Ya no era el orgulloso navegante que creía haber hallado un nuevo camino a las Indias. De su tercer viaje había vuelto cargado de cadenas a causa de las intrigas y maquinaciones que abundaban en la corte, y aunque los reyes lo habían librado de todo cargo, no era suficiente para la humillación que había debido soportar. Ahora, luego de un frustrante cuarto viaje, con las dos naves restantes, que estaban en muy malas condiciones, inició el regreso muy enfermo. En España lo esperaban tristes noticias: su mayor protectora, la reina Isabel, estaba agonizando. Muerte de Colón. Dos años después de su cuarto regreso, Cristóbal Colón morirá, sin saber que había cambiado el mapa del mundo El 19 de mayo de 1506 hizo su testamento dejando a su hijo, DIEGO COLÓN, heredero de todos sus títulos y bienes, aunque entonces solamente le pudo legar la afligente pobreza de sus últimos días y el 20 de mayo de 1506, finalmente falleció en Valladolid, España.

El misterio de su destino final
A más de 500 años de su muerte, aún es un enigma dónde está enterrado Cristóbal Colón. Es que España y República Dominicana se disputan desde hace tiempo el honor de conservar sus restos. Según los dominicanos, los restos reposan en Santo Domingo. Los españoles, en cambio, juran que descansan Sevilla. Para determinar la verdad, un grupo de investigadores se concentró en el análisis  del ADN de los huesos hallados en Sevilla, pero este mismo estudio no se pudo hacer en Dominicana, como era lo lógico,  porque sus autoridades no lo permitieron.

El origen de la confusión de dónde se encuentran realmente los restos proviene de que Colón fue enterrado en lo que es hoy la República Dominicana. Pero en 1795 la isla fue cedida a Francia, con lo que España rescató el cuerpo: lo llevó a La Habana y, después, a Sevilla. Sin embargo, en 1877, trabajadores que reparaban la catedral de Santo Domingo desenterraron una urna con la inscripción «Yllustre y Esdo, Varon Dn. Cristoval Colón». Desde entonces, en la República Dominicana creen que los españoles se llevaron una urna equivocada.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.