VIAJES Y DESVENTURAS DE CRISTÓBAL COLÓN (10/02/1492)

Cristóbal Colón, quizás el más grande de los exploradores del siglo XV, luego de descubrir América, hizo tres viajes más y siempre fue acompañado por la tragedia y los sinsabores, por lo que su vida, recluído en el Templo de la Rábida, no tuvo el final que merecía.

La vigilia.
Terminaba el mes de diciembre de 1491 y era cerca de medianoche. En una celda de Santa María de la Rábida, velaba un hombre inmóvil y silencioso; de blanca cabeza, y aunque habitaba en un monasterio, no era monje ni anciano todavía. Su vestir revelaba pobreza y su frente la soberanía de su genio. Por la vaga expresión de sus ojos azules, se hubiera creído que dormía en su ancho sillón de vaqueta; sin embargo, nunca había estado más despierto.

Cerró el libro que tenía abierto largo rato, sin leer; fijó ambos codos sobre la mesa y la frente entre las manos, y volvió a quedarse inmóvil. A su lado ardía una lámpara y de la pared frontera colgaba un Cristo grande que parecía mirarle triste. Afuera sonaba a intervalos el murmullo piadoso de los monjes que rezaban en el coro y la palpitación solemne del mar sobre las playas vecinas. El que velaba, tenía por apellido Columbus, y entre la multitud, pasaba por loco. Hoy le llamamos CRISTÓBAL COLÓN y le respetamos al par de los mayores genios.

El tiempo nunca pasa en vano, pero entonces no había llegado el día del triunfo, sino la hora de prueba y esta prueba era terrible. Colón se hallaba inclinado, como bajo el peso de su gigantesca idea, con la mirada vuelta al, interior, escuchando con recogimiento extraordinario, el rumor de varias voces que sentía resonar en las profundidades de su conciencia, diciéndole: ¡Un año más!.

Es diciembre y es la noche última!. Oye, acaba de sonar la campana y ya no eres joven y un año más ha pasado; los días se van, tú mismo te vas y tus esperanzas contigo. ¡Insensato! Acaban los cielos de dar un giro entero sobre tu cabeza, has visto la sublimidad de otros inviernos, la gracia de otras primaveras, el fuego de otro estío, la melancolía de otros otoños… ¿Qué has hecho de tantos días? ¿Nada te enseñaron?

Prosigue tu pobre genio extraviado, destrozadas tus alas en perseguir quimeras. ¡Descubrir un mundo, ensanchar éste! Óyeme, desgraciado, yo soy tu razón; tu razón que grita y procura salvarte; mira los reyes más grandes de Europa, los reyes de España, hacen un llamamiento a todo su poder. ¡Cuántos capitales, caballeros y soldados! ¡Qué torrentes de oro! ¡Cuánto saber y prudencia en El consejo, cuanta osadía en la ejecución! ¡Cuánto trabajo, tiempo y sangre!… Pues todo, bien lo sabes, se dirige a conquistar un puñado de tierra y tú sueñas un mundo!.  Aunque esos delirios fuesen verdad… ¿Con qué podrás realizarlos?.

Tú, que debes a la caridad la celda que habitas, el pan que comes y hasta el vestido que llevas. Créeme, COLÓN, y abre tus ojos. No eres tú solo. Muchos peregrinos eternos vagan por el campo sin fin de las esperanzas imposibles. Piensan convertir los metales en oro, curar toda enfermedad, surcar el viento como las aves… La sociedad se mofa de estos delirantes soñadores… Olvida tus delirios… Descubrir para ti un lugar en el cielo, es mejor que descubrir islas y continente… Conoces la vida de estos monjes. Es un río sosegado y cristalino, corre entre verdes orillas y va a perderse en un océano de felicidad. Tus hijos se educarán en este monasterio, serán hombres respetados y no mendigos.

Viste la casulla del fraile: muchos sabios las vistieron también. Salvas a Colón y salvas a tus hijos. ¡Piensa que todo es vanidad!. Así le habló una voz interna y quedó como anonadado. Maquinalmente se pasó una mano sobre su rostro y el cabello y estaba empapado de un sudor frío. Pasó largo rato. Luego otra voz como respondiendo a la primera, se dejó oír distinta y penetrante: No son quimeras tus aspiraciones; son verdades no realizadas todavía.

Tu genio no te engaña ni tus amigos MARCHENA, BELASCOS y PABLO TOSCANELA, procuran con sus consejos extraviarte en vano por un océano sin límites. Esos españoles y este florentino pertenecen, como tú, a la raza de hombres escogidos, que sumergen su larga mirada en lo futuro; no quiero desorientar tus cálculos, las tierras que adivinas existen… Lo repito: Yo las veo. Son más extensas de lo que nunca ha imaginado están pobladas y ricas; sus habitantes viven con una sencillez dichosa. La naturaleza las colma de frutos van y vienen tranquilos, duermen en el seno de la abundancia y en medio de un presente apacible, no tienen lágrimas para lo pasado, ni temores para lo futuro.

Posees la verdad, guárdala siempre. Tu premio, debe ser la melancólica consolación de haber conocido la verdadera antorcha que alumbra a la humanidad y quema la mano que la empuña… Esto dijo. Alzó los ojos y contempló el Crucifijo pendiente del testero de su celda sobre su cama. La solemnidad de las horas y el reflejo indeciso de la lámpara le daban un aspecto imponente y extraño, parecía que estaba vivo.

CRISTÓBAL COLÓN, desde su juventud, se creía predestinado por Dios para cosas grandes…. Así en sus largas horas de desaliento, encontraba en la Divinidad su baluarte y refugio. El Cristo inmóvil con la cabeza inclinada parecía mirarle. La lámpara que iluminaba tan larga vigilia, falta ya de aceite, empezaba a chisporrotear y apagarse. Sus vacilantes reflejos dibujaban contornos fantásticos en las paredes de la celda. De pronto, en medio del silencio de la noche, oyó Colón fuertes golpes en la puerta del convento: a poco rechinaron los cerrojos ásperamente, y un instante después entraba con una carta en la mano, un venerable religioso, en la celda de navegante.

La carta era de la reina Isabel y el religioso era Fray PÉREZ DE MARCHENA. Al salir el sol, montaba Colón hacia la corte, convocado por los monarcas. Algunos meses después clavaba la bandera de Castilla en un nuevo mundo, y su hazaña inmortal resonaba por todas partes. Pero en medio de sus triunfos, pesares, alegrías y luchas, jamás olvidó a su buen amigo Marchena, y al convento de Santa María de la Rábida. La duda se disipó. El proyecto aventurado y oscuro quedó convertido en realidad espléndida y COLÓN dio más almas al cielo y más extensión a la tierra.

El 10 de febrero de 1492, COLÓN presenta su plan a los reyes católicos y convienen las condiciones para la gran empresa del descubrimiento que éste les proponía. Quién era COLÓN?. Su origen y juventud es un punto que ha sido debatido con ardor. Es en efecto extraño que, tratándose de un hombre ilustre cuya vida ha sido narrada por su propio hijo don HERNÁN COLÓN y su amigo fray BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, con gran acopio de documentos, queden aún dos interrogantes: ¿Dónde y cuándo nació?… ¿Quiénes fueron en sus padres?… Para todas las respuestas que surgen a estos interrogantes hay siempre objeciones. COLÓN nunca dijo su edad y los viajes en los que dijo haber participado, dan lugar a serias contradicciones.

GONZALO FERNÁNDEZ VALDÉS, en su «Historia General y Natural de las Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano», al referirse a la vida de Colón, afirma que era natural de la provincia de Liguria, en Génova, habiendo nacido en el pequeño lugar o villa de Saona o Nervi. MANUEL SERRANO Y SANZ ha demostrado que los documentos traídos para probar la ascendencia gallega de COLÓN descansan sobre bases falsas y han sido burdamente alterados. También se ha querido probar su origen judío-aragonés.

JULIO B. LAFOND en su «Historia de la Constitución Argentina» advierte que si logró aceptar sus proyectos y sus desmedidas pretensiones, lo debió principalmente al apoyo de los judíos aragoneses. Por otra parte, el estudio psicológico del personaje, continúa diciendo LAFOND, “revela claramente su idiosincrasia judía”.

De todas maneras, es preciso creer que los documentos tan precisos y concordantes hallados en los archivos notariales de Génova, se refieren a COLÓN y su familia. De lo que se infiere que en esa ciudad nació, en septiembre u octubre de 1451, hijo de DOMÉNICO COLOMBO, tejedor y tabernero y de SUSANA FONTANAROSA.

Cuando germinaban en su cerebro sus gigantescos proyectos “llegar al Asia navegando siempre hacia el Oeste, pues se fundaba en que siendo la tierra redonda, yendo siempre en la misma dirección, uno había de volver al punto de partida”,  pidió a Génova y luego a Portugal los recursos necesarios para llevar a cabo su empresa, pero no fue escuchado.

Se dirigió entonces a España, teniendo que esperar largos años antes de conseguir el apoyo que precisaba, hasta que puso persuadir a los reyes católicos sobre la viabilidad de su proyecto utilizando una sólida argumentación, basada en los largos años que había pasado estudiándolo y poniendo sobre la mesa de negociaciones, el mejor argumento que podría haber empleado: el seguro hallazgo de grandes riquezas en los territorios a los que se proponía llegar.

Colón firma las Capitulaciones
El 17 de abril de 1492, CRISTÓBAL COLÓN firma las “Capitulaciones” con los reyes de España, FERNANDO e ISABEL y ese es el comienzo de la más fantástica aventura de la historia de América. En Granada, España, se firmaron las Capitulaciones (contrato suscrito entre las partes), documento oficial donde se estipulaba la parte de las ganancias que debía corresponderle a cada uno, se fijaba la jurisdicción en los pleitos que pudieren surgir; se le conferían los títulos de Almirante, Virrey y Gobernador de las islas y tierra que descubriera y el derecho de llamarse “don”, distintivo de nobleza que podrían usar sus descendientes.

El mismo día se le extendieron las credenciales que debía exhibir ante “los príncipes que hallare a su paso” y ya todo quedaba acordado para que Colón se lanzase al océano para demostrar sus teorías acerca de la redondez de la Tierra (ver Las Capitulaciones de Colón).

Las naves (ver “Vista de las carabelas de Colón. Su diseño y construcción”).
Se dice que a América llegaron tres carabelas: En realidad sólo fueron dos las carabelas: “La Pinta” y “La Niña”. Ambas eran de Andalucía y ambas le fueron donadas a COLÓN. “La Pinta” (imagen), era propiedad de CRISTÓBAL QUINTERO que la donó para esta expedición. Fue la primera nave que divisó tierra. Tenía 4 velas cuadradas y medía 16,90 metros de eslora (largo), 5 metros de manga (ancho) y desplazaba unas 40 toneladas “y un diezmo”. Su tripulación de 26 hombres estaba a las órdenes del capitán MARTÍN ALONSO PINZÓN

“La Niña”, era propiedad de JUAN NIÑO y se llamaba en verdad “La Santa Clara”, pero se la llamaba “La Niña”, relacionándola con el apellido de su propietario. Era la nave más marinera de las tres y después del primer viaje, regresó dos veces más a América. Antes de zarpar, su timón tuvo que ser reparado y COLÓN sospechó que había sido averiado por uno de sus marineros. Es quizás, la más desconocida de las tres naves. Tendría aproximadamente 22,52 metros de eslora, 5,64 m. de manga, desplazaba unas 55 toneladas, tenía velamen latino, era tripulada por 20 hombres y estaba comandada por VICENTE YÁÑEZ PINZÓN, hermano de Martín. Se cree que nunca regresó de su último viaje a las Américas.

“La Santa María”, cuyo verdadero y completo nombre era “Santa María de la Inmaculada Concepción” (antes llamada “La Gallega” y “Marigalante”), fue la nave insignia en el primer viaje, por lo que estaba comandada por COLÓN. Era una nao (o “carraca”) más grande y más lenta, propiedad de JUAN DE LA COSA que COLÓN tuvo que contratar. Medía 23,5 metros de eslora y 7,3 metros de manga. Desplazaba unas 200 toneladas, tenía tres mástiles, bauprés, velas cuadradas y una dotación de 41 tripulantes.

Los cuatro viajes de Cristóbal Colón
Hizo en total cuatro viajes (El 3 de agosto de 1492, en setiembre de 1493, el 30 de mayo de 1498 y el 11 de mayo de 1502) y además de desembarcar en varias islas, tocó tierra firme por primera vez en Cabo Tiburón, en el actual territorio continental de la República de Colombia. En esos cuatro viajes que realizó, CRISTÓBAL COLÓN identificó y registró innumerables accidentes geográficos y recorrió muchos territorios, muchos de los cuales, hoy son Estados independientes y tienen el nombre que les dio él. Son ellos, Antigüa y Barbuda, Costa Rica, Cuba, Dominica, Jamaica, La Española, Puerto Rico, Santa Lucía, San Vicente y Las Granadinas (ver Diez territorios a los que Colón puso nombre).

Comienzan a surgir los problemas
Resulta patético, que descartando que su descubrimiento abrió las puertas de un nuevo mundo, revolucionó las teorías existentes acerca de las características de la Tierra y las técnicas de la navegación, en casi todos sus viajes se vivieran circunstancias muy problemáticas o terminaran desastrosamente.

Primer viaje (3 de agosto de 1492)
El más importante de todos, por los resultados que obtuvo y por su posterior trascendencia. El 3 de agosto de 1492, CRISTÓBAL COLÓN a bordo de la «Santa María», la nave capitana, se hizo a la vela desde el pequeño puerto de Palos de Moguer, en Andalucía, España, para emprender el que sería su primer viaje hacia las Indias, viajando hacia el occidente. Iniciaba así una empresa que realmente tenía un fin comercial oculto: hallar oro y especias para que España pudiera hacer frente a los gastos que le demandaba su proyectada reconquista de los Santos Sepulcros y su enfrentamiento con Inglaterra, tratando de encontrar una vía que le permitiera llegar a la tierra de las especias, eludiendo el control de Portugal.

Aunque el Diario original del primer viaje desapareció, lo que se sabe de esa epopeya, es lo que figura en la transcripción hecha por fray BARTOLOMÉ DE LAS CASAS (1484/1566) del auténtico Diario escrito por COLÓN (ver Diario del Primer Viaje de Cristóbal Colón)

Por ese trabajo sabemos que CRISTÓBAL COLÓ partíó al mando de una flota compuesta por tres naves, que llevaban a bordo 90 tripulantes, que sumados a los expedicionarios que se habían embarcado, hacen un total de entre 110 y 120 (1). Iba en busca del Oriente y llegó a un Nuevo Mundo (ver Los que vinieron con Colón).

Le seguían dos carabelas: La Niña y La Pinta al mando de los hermanos MARTÍN ALONSO y MARTÍN YAÑEZ PINZÓN, a quienes, una vez reunida toda la tripulación les informó que su propósito era llegar al Asia navegando siempre en la misma dirección, hacia el oeste, fundándose en que si la tierra era redonda, forzosamente, ese rumbo los traería de vuelta al punto de partida. No fue el primero en venir, pero su llegada cambió el rumbo de la historia.

La vida a bordo
En el primer viaje, como hemos dicho llegaron entre tripulantes y expedicionarios varios alrededor de 110/120 personas. La Santa María tenía una tripulación de 41 hombres, “La Pinta”, 26 hombres y “La Niña”, 20 hombres. El Almirante era el único que dormía en camarote. Los demás dormían al aire libre. Traían carne salada, leña, garbanzos y lentejas, pero las ratas se comieron una gran parte de estas provisiones y los tripulantes comieron carne de rata, por lo que COLÓN tuvo que afrontar varias revueltas de sus marineros.

El primer médico y espía de América | Sevilla | EL MUNDO

COLÓN se dirigió primero hacia las islas Canarias donde reparó los daños que había sufrido «La Pinta» y el 6 de setiembre siguió viaje siempre hacia el oeste. A partir de allí la travesía se hizo peligrosa por las contínuas tormentas que dificultaban su avance y más de una vez sus tripulantes le reclamaron el regreso. Colón, firme en su decisión de seguir avanzando hacia el destino que se había fijado, continuó la marcha debiendo aventar las inquietudes de sus tripulantes que le exigían volver, porque no confiaban en la validez de sus argumentos para navegar hacia lo que ellos consideraban, un abismo que los tragaría sin remedio (2).

Superado ese inconveniente y los problemas que le acarreaba la escasez de alimentos y agua entraron en una calma absoluta, lo que les hizo suponer que el regreso ya se hacía imposible, por lo que nuevamente la tripulación se manifestó sumamente inquieta y sólo la firme determinación de Colón pudo superar este inconveniente que hacía peligrar la expedición.

El descubrimiento
El 14 de septiembre Colón anotó en su diario que los marineros de “La Niña” aseguraron haber visto “aves, periquitos y rabos de junco, para ser precisos” y Colón, guiándose por ellos, cambió el rumbo pensando que desde donde venían, debía haber tierra. En la noche del 3 de octubre de ese mismo año, hallándose sus naves a doscientas leguas al occidente de la isla de Ferro, Colón observó por primera vez la desviación de la brújula que los orientaba (fenómeno magnético que en ese entonces se desconocía).

El 11 de octubre por la tarde, recogieron en el mar, un palo labrado, unas ramas con frutas y otros vestigios que reforzaron la certeza de estar llegando por fin a destino. COLÓN dirá después, que ese mismo día, a las 10 de la noche, vió una luz y que los marineros dijeron que alucinaba. Cuatro horas después, se confirmó la visión, cuando, a las dos de la madrugada del 12 de octubre de 1492, un marinero de “La Pinta” llamado RODRIGO DE TRIANA (cuyo verdadero nombre era JUAN RODRÍGUEZ BERMEJO), haciendo sonar la campana, anunció a los gritos ¡Tierra …. tierra a la vista! (3). Se había ganado el premio de 10.000 maravedíes que la corona española había establecido para el que lo hiciera, pero luego se supo que COLÓN se quedó finalmente con el premio.

Finalmente, después de un azaroso viaje que duró 69 días, ya casi sin alimentos, habían logrado atravesar el Mar Océano (como se lo llamaba en ese entonces al Océano Atlántico), después de recorrer casi la misma distancia que hay entre las Islas Canarias y Cipango (Japón). En Europa, la noticia del descubrimiento la dio un cura milanés llamado PIERO DE ANGLIERA.

Al salir el sol se reveló ante los asombrados ojos de los expedicionarios, el imponente espectáculo de una frondosa selva bordeando las costas donde grupos de indígenas los miraban con el mismo asombro de ellos. Tenían a la vista una isla que los nativos llamaban Guanahaní, en las actuales Bahamas que Colón llamó San Salvador, hoy Wattlin y se dice que le puso ese nombre porque allí habían encontrado la salvación y el fin de sus infortunios.

Esta fue por lo tanto, la primera tierra del Nuevo Mundo descubierta por COLÓN. Estaba a 375 millas de la costa de Florida, aunque algunos autores ubican el desembarco en el Cayo Samaná, otros en los Cayos Franceses o Plana, en la isla Mayaguana o en la Isla Gato, todas ellas pertenecientes al archipiélago de Las Antillas o a las Bahamas (ver 12 de octubre de 1492, Descubrimiento de América”).

Luego de dejar sueltos los cabos y las velas, como medida de prevención ante posibles ataques de los aborígenes. COLÓN y los hermanos PINZÓN fueron los primeros en llegar a la playa y lo primero que hicieron los nativos, fue tocarles la barba a los españoles. Ninguna mujer estaba entre los que lo recibieron, quizás guardadas por temor. Estos primeros aborígenes que los recibieron, les ofrecieron madejas de algodón en señal de amistad y luego se convirtieron en guías.

El paisaje del Nuevo Mundo y los pacíficos indios desnudos que los recibieron en paz, fueron una completa sorpresa. Después recorrieron varias islas, que bautizaron “Concepción”, por la Virgen, “Fernandina”, por el rey, «Isabela”, por la reina, “Juana”, por el infante Don Juan y “Ursula”, también por la Virgen.

Luchando luego contra los vientos alisios, respondiendo quizás a los más íntimos argumentos que estimularon su viaje, siguieron hacia Cuba, en busca del oro que estaban seguros encontrar allí. Llegaron el 27 de octubre de 1492 y COLÓN estaba convencido de hallarse muy cerca de China. El pésimo estado de las naves, la escasez de provisiones y el mal humor de la tripulación le impidieron seguir adelante. Si hubiera navegado algunos kilómetros más, hubiera comprobado que se trataba de una isla. Para protegerse de posibles acusaciones de cobardía y dar confirmación a sus creencias, hizo firmar un documento a todos los marinos en el que juraban que habían encontrado tierra firme. El que se negaba a firmar podía ser castigado con una multa de diez mil maravedíes y se le cortaría la lengua.

Al no encontrar allí las riquezas soñadas, el 19 de noviembre prosiguieron viaje hacia Oriente y el 1° de diciembre descubrió la isla de Bohío (hoy Islas Turcas y Calcos, pertenecientes a la República de Haití), a la que llamó La Española, a la que comparó por su belleza con la primavera de Andalucía.

Pero estaba escrito que nada le iba a ser fácil: el 21 de noviembre de 1492, MARTÍN ALONSO PINZÓN se apartó de la expedición. Si la causa fue un accidente o la ambición personal de PINZÓN, continúa siendo un misterio y una polémica abierta para los historiadores. Pinzón era un experimentado marino, que había reunido una importante fortuna comerciando en distintos puertos, y apoyó sin dudar los audaces planes del CRISTÓBAL COLÓN. Gracias a su influencia muchos marineros, en principio reacios a la aventura, se alistaron a las órdenes de COLÓN.

Cuando el 3 de agosto de 1492, COLÓN partió del puerto de Palos, MARTÍN ALONSO PINZÓN, a quien acompañaba su hermano MARTÍN YÁÑEZ, iba al mando de «La Pinta», una de las tres naves que formaban la expedición, Cuando después de muchos días de navegación un grupo de tripulantes había intentado amotinarse, fue PINZÓN el que brindó todo su apoyo a COLÓN, amenazando con ahorcar o tirar al mar a los rebeldes.

El 12 de octubre, cuando las naves habían tocado tierra por primera vez y después se habían dirigido hacia la isla de Cuba, abandonándola el 19 de noviembre, para seguir con sus exploraciones, la navegación se había hecho peligrosa por los fuertes vientos y COLÓN decidió regresar a Cuba. Entonces hizo señas desde su carabela a “La Pinta” pero la orden no fue obedecida.

Según algunos historiadores PINZÓN quería intentar algún descubrimiento por su cuenta o encontrar oro en un sitio que le habían indicado los indígenas. COLÓN en su diario parece convencido de la mala voluntad de PINZÓN, de quien dice: Otros opinan que fue un accidente y que PINZÓN no distinguió las señales luminosas enviadas desde la nave capitana. La nave de COLÓN y «La Pinta» volvieron a encontrarse y a separarse. Por eso regresaron a España por distintos caminos y casi al mismo tiempo.

La noche del 25 de diciembre de 1492 la «Santa María» fue arrastrada por las olas hacia los arrecifes, donde encalló. Usando los restos de la nave, COLÓN levantó un fuerte en la isla «La Española», al que llamó «Natividad», la primera construcción que hicieron los españoles en América y allí dejó una guarnición de 39 hombres, parte de la tripulación, con la promesa de que serían recogidos en un segundo viaje.

Pronto en el fuerte “Navidad” comenzaron a ganarse el resentimiento de los aborígenes, principalmente por su lujuria y el mal trato que se les dispensaba, por lo que hubo graves peleas por las nativas, hasta que finalmente, el Fuerte terminó quemado y totalmente destruído.

El 4 de enero de 1493 COLÓN prepara su regreso a España e instruye al capitán RODRIGO DE LA ESCOBENDA, que se quedará a cargo del Fuerte Natividad y el 12 de enero del mismo año, COLÓN dispone el regreso a España. Ordena cargar en «La Niña» aves y animales extraños, brazaletes, metales preciosos y máscaras de oro que habían canjeado a los indios por campanillas, adornos y algunos aborígenes.

El 16 de enero de 1493 entonces, emprendieron el regreso a España realizando un viaje que les depararía mayores peligros que a la ida pero cargados de tesoros, recuerdos e ilusiones y creyendo que las islas que había reconocido formaban parte del Asia, alentando así que a su llegada a España, se les diera el nombre de Indias Occidentales.

Durante el viaje de regreso, el 13 de enero de 1493 COLÓN creyó haber descubierto la isla de las legendarias AMAZONAS y así lo hizo constar en su libro de bitácora. En la mentalidad de los navegantes de la época, los mitos y la realidad no tenían fronteras precisas. La existencia de una tierra habitada sólo por mujeres era una creencia muy antigua y ya los griegos narraban la historia de un pueblo formado por guerreras que se amputaban un seno para usar con más libertad el arco y la flecha, su arma principal.

Cuando COLÓN había llegado al norte de Haití se encontró con algunos miembros de la tribu de los «ciguayos» que le hablaron sobre dos islas, la del Caribe y la de Matinino. En su diario, el almirante anotó que en la isla de Matinino, donde según los indígenas había mucho oro, vivían solamente mujeres. En algunos días los hombres de la isla del Caribe, recorrían la escasa distancia que las separaba y visitaban a las mujeres con quienes mantenían relaciones sexuales. Si de la unión nacía un varón, era enviado a la isla de los hombres, pero si nacía una niña, las mujeres la conservaban y criaban en su pueblo. En los días siguientes, COLÓN escribió que deseaba viajar a la isla de Matinino, tanto por el oro como por la curiosidad de conocer al extraño pueblo femenino. Pero, el mal estado de las carabelas lo convenció de iniciar el camino de regreso.

Desde aquel primer viaje, América se convirtió en la tierra donde las leyendas podían hacerse realidad y los conquistadores continuaron buscando la tierra de las amazonas. En 1542, cuando FRANCISCO DE ORELLANA descubrió en América del Sur, el río más caudaloso del mundo, recordando el comentario de Colón e influenciado por esta leyenda, informó que allí vivían sólo guerreras y por eso a este río se lo llamó «Amazonas».

Finalmente, de regreso de su primer viaje a través del océano y después de haber descubierto un nuevo mundo, sin él saberlo, el 15 de marzo de 1493, COLÓN amarra sus naves en el Puerto de Palos, de donde había salido el día 3 de agosto del año anterior.

El 13 de abril de 1493, COLÓN se presenta ante los reyes de España e informa su descubrimiento. Los reyes de España habían trasladado su corte a Barcelona y allí se dirigió CRISTÓBAL COLÓN después del desembarco en el puerto de Palos. Entre los trofeos que presentó a sus majestades iban diez indios cautivos, cuyos cuerpos fueron cubiertos para no ofender a la realeza con su desnudez. Algunos estaban enfermos de tristeza por no poder comer alimentos de los europeos. Sin saberlo eran el símbolo de un arduo futuro.

“Con albricias y alegrías, estandartes y campanas, música de órgano, trompetas de heraldos, bullicio de Corpus, zampones y chirimías, me recibió la sin par de Sevilla…” Así imagina el prolífico escritor cubano ALEJO CARPENTIER la entrada triunfal del almirante a la ciudad después de un largo y azaroso viaje. El almirante CRISTÓBAL COLÓN fue luego objeto de una recepción de magníficos contornos en la corte española, a la sazón en Barcelona.

Su entrada en aquella ilustre ciudad se ha comparado a los triunfos de los conquistadores romanos. Primero venían los indígenas, pintados y ataviados con sus adornos de oro. Después seguían varias especies de loros vivos y otras aves y animales desconocidos, plantas raras, habiéndose cuidado también de hacer ostentoso alarde de diademas indias, brazaletes y. otros adornos de oro. Finalmente seguía Colón a caballo, rodeado de una brillante comitiva de la nobleza española. Pero la fiebre de la aventura, ya había hecho presa de Colón y no queda satisfecho con lo que había logrado en su primer viaje al Nuevo Mundo.

Segundo viaje (24/09/1493)
Del segundo, viaje se conservan algunas crónicas de MICHELE DE CÚNEO y por ellas se sabe que este viaje tenía como objetivo asentar la presencia española en los territorios descubiertos y encontrar el camino hacia India y Catay (China).

En setiembre de 1493 parte nuevamente hacia las tierras que había descubierto. Viene al mando de 17 barcos y 1.500 hombres y durante los 26 meses que empleó en recorrer, explorando la zona, descubrió Jamaica y Puerto Rico, lugar este último, donde pasaron dos noches acampando en tierra firme, sin tener contacto con los aborígenes.

El 1º de noviembre de 1493, descubre una de las islas de las Antillas Menores, a la que llama “Deseada” y el 2 de diciembre de 1493 llega por segunda vez a América. Desembarca nuevamente en “La Española” (en Haití) y descubre que el “Fuerte Natividad” que había fundado en su primer viaje estaba totalmente destruído y su población desaparecida.

Decide entonces fundar un nuevo asentamiento. Se desplaza unas pocas leguas más al sur del fuerte destruído y allí efectúa el trazado de una nueva colonia que bautiza “Isabela”, en honor de la reina Isabel de España. Aquí, Colón esperaba encontrar un rey vestido en oro y para buscarlo, designó a Luis de Torres, uno de sus tripulantes embarcado en la “Santa María que venía como intérprete (hablaba hebraico, caldeo y arábigo), pero, aunque llegó al “palacio” del cacique, no encontró el oro que creía había allí. Pinzón, por su parte,  decidió buscar el oro en las Bahamas, pero tampoco encontró nada.

Esta fue la primera ciudad fundada en el nuevo mundo. El 7 de diciembre de 1493 dispone la construcción de las obras necesarias para la vida en la nueva colonia y con la lección aprendida, los edificios principales fueron construídos con piedras y las demás construcciones se hicieron como siempre con barro, paja y madera.

En La Isabela, Colón esperó encontrar un rey vestido en oro y para buscarlo, designó a Luis de Torres, uno de sus tripulantes embarcado en la “Santa María que venía como intérprete (hablaba hebraico, caldeo y arábigo), pero, aunque llegó al “palacio” del cacique, no encontró el oro que creía había allí. Pinzón, por su parte,  decidió buscar el oro en las Bahamas, pero tampoco encontró nada.

Hace desembarcar y acomoda en el nuevo poblado, ovejas, cerdos y otros animales que había traído, los primeros que pisan tierra americana. y el 6 de enero de 1494, hace celebrar la primera misa en el continente que descubriera. Luego Colón se dedica a recorrer las islas vecinas y recibió la llegada de su hermano Bartolomé que venía con tres carabelas y que le trajo noticias acerca de las intrigas que sus enemigos tejían en España para dañar su reputación y una carta fechada el 16 de agosto de 1494, en la que los reyes Católicos, FERNANDO e ISABEL, le dan las gracias por sus conquistas para la Corona de España en el Nuevo Mundo, invitándole, al mismo tiempo, si le era posible, a que volviese a la metrópoli para asistir a la demarcación de límites con Portugal. Esta demarcación debía partir de la célebre raya trazada por el Papa Alejandro VI, según su bula del 4 de mayo de 1493. Estas dos cuestiones hacen que Colón decida su regreso. Deja a su hermano a cargo de “La Isabela” y parte hacia España.

El 10 de marzo de 1496, desde Haití, CRISTÓBAL COLÓN emprende el regreso de su segundo viaje a América en medio de un clima de frustración y desconfianza. La segunda expedición a América ya no contó con el brillo de la novedad.

Desde la partida de Cádiz, en setiembre de 1493, la mayor parte de la travesía había sido una suma de decepciones. Se encontró destruido el fortín Natividad, levantado en La Española durante el primer viaje. Los ocupantes habían muerto, algunos por enfermedad y otros en manos de los indígenas, por haber querido raptar sus mujeres. Durante el viaje se hallaron pruebas de antropofagia entre los “caribes”, pero Colón juzgó por ello, que todos los indígenas eran caníbales y con el pretexto de evangelizarlos y ordenar sus costumbres, embarcó a muchos de ellos y otros naturales para emplearlos como esclavos. Treinta de esos hombres murieron durante el viaje. Para colmo de males, varias carabelas naufragaron, fue muy exiguo el oro encontrado y las luchas contra los indígenas, los pusieron en serios peligros.

Por eso, el regreso fue muy desdichado. Pero, en Sevilla fue recibido con entusiasmo y el desfile de aborígenes con sus máscaras y collares causó sensación. Pero pronto muchos miembros de la corte comenzaron a pensar que la ganancia comercial de la empresa había sido insignificante, comparada con la inversión. Llegado ante los reyes, desarticula totalmente los infundios de sus enemigos y se aboca a la preparación de un tercer viaje hacia las tierras que descubriera.

Tercer viaje (30 de mayo de 1498)
Finalmente, el 30 de mayo de 1498, a pesar de la oposición y de los subterfugios que se emplearon para demorar su partida y las dificultades que tuvo que superar debido a las intrigas sembradas por algunos de los que habían regresado de las colonias, que propalando noticias falsas para desprestigiarlo, desalentaban a quienes querían ayudarlo y amedrentaban a los posibles voluntarios a embarcarse, Colón parte de Sanlúcar de Barrameda con tres carabelas y alrededor de 200 hombres e iba con el cargo de gobernador de Santo Domingo.

En este su tercer viaje hacia el nuevo mundo, el 1º de agosto de 1498, COLÓN descubre el golfo de “Paría”, recorre la costa norte de la actual República de Venezuela y el 21 de agosto de 1498, después de haber abandonado la isla Trinidad, llega a su destino. Desembarca en “La Isabela” (Haití) y encuentra gran descontento en la Colonia que había dejado a cargo de su hermano BARTOLOMÉ. Lo culpaban a él y a su hermano, de ser los causantes de todos los males que habían debido soportar desde su llegada a estas tierras.

La escasez de víveres, el constante acoso de los aborígenes (ahora hostiles, quizás por el maltrato que recibían de los españoles), la insoportable presencia de insectos y alimañas, un clima de calor insoportable con noches de riguroso frío, eran las calamidades que habían apagado sus sueños de conquista y rápido enriquecimiento, pero lo que resultó lapidario, fue que lo acusaron de quedarse con más del diezmo que le correspondía de acuerdo a las Capitulaciones que había firmado, perjudicando as í a los intereses de la Corona.

Mientras tanto, las intrigas sembradas por los enemigos de Colón habían encontrado eco en el rey Fernando y el 20 de junio de 1498, el monarca había ordenado que se regresara a su tierra y se ponga allí en libertad a los indígenas americanos que se habían traído a España como esclavos. La mayoría se había vendido en Sevilla y Andalucía y debían ser devueltos a América en el viaje del comendador FRANCISCO DE BOBADILLA que, además tenía la misión de apresar a Colón y regresarlo a España.

Los primeros indios que pisaron suelo europeo habían sido llevados por COLÓN al regresar de su primer viaje. Formaban parte, como los lagartos y los papagayos, de la colección de muestras obtenidas en las lejanas tierras. Pero, desde el principio, COLÓN no pudo llevar ni el oro ni las especias prometidas que debían alimentar las exhaustas arcas de la corona. A cambio, pensó sustituir la falta de tesoros con el comercio de esclavos y pidió licencia para ese tráfico. COLÓN afirmaba que los “caníbales” resultarían mejores esclavos que los negros de Guinea porque se alimentaban con cualquier cosa y comían mucho menos.

Para probar su tesis, envió un barco cargado de indígenas, muchos de ellos mujeres y chicos que se vendieron en el país. El padre BARTOLOMÉ DE LAS CASAS contó que su padre también había comprado un indio por esclavo y lo tuvo que devolver. Dos años más tarde, LAS CASAS viajó a América donde descubrió el horror de la explotación que practicaban los españoles. Aunque la esclavitud no fue admitida para los indios y en cambio, se permitió el ingreso de esclavos negros, en la práctica no había ninguna diferencia. En las minas y los campos el trabajo agobiante y el maltrato se cobraron miles de víctimas. El padre LAS CASAS, que fue obispo de Chispas, se transformó en el hombre más odiado por los colonizadores al defender los derechos de los indios y tratar de rescatarlos de los trabajos forzados.

El 14 de julio de 1500 FRANCISCO DE BOBADILLA, llevando a los aborígenes traídos por Colón al regreso de su primer viaje, parte hacia América para que “llegado a las tierras descubiertas por Cristóbal Colón lo aprese en el lugar que se encuentre y lo envíe encadenado, acusado de traición a la corona”.

En octubre de 1500, llegado a Santo Domingo, cumpliendo las exploraciones que se había impuesto como rutina, sin siquiera sospecharlo, COLÓN se encuentra con el capitán FRANCISCO DE BOBADILLA, que llegado desde España, le informa que debe arrestarlo y enviarlo encadenado a España.

Colón apresado y encarcelado por Bobadilla - Historia del Nuevo Mundo

El 30 de enero de 1501, Colón llega a España de regreso de su tercer viaje al nuevo mundo. Lo hace encadenado, sufriendo la ignominia de verse tan degradado ante la vista de un pueblo que pocos meses antes lo había victoreado a su paso por las calles. De inmediato un Tribunal reunido para el caso, ordenado por el rey de España, procedió a su juzgamiento.

La inconsistencia de las acusaciones que se presentaron contra él, el evidente afán de sus acusadores de querer desprestigiarlo sólo para ocupar ellos, los espacios que dejara Colón y así acceder a las cuantiosas riquezas que estaban seguros éste estaba acumulando, dieron por tierra con intenciones tan aviesas y el Tribunal lo absolvió totalmente y lo repuso en sus cargos y autoridad.

Cuarto viaje (11 de mayo de 1502
En 1502, luego de permanecer en prisión 6 semanas, fue rehabilitado y pudo así realizar su cuarto y último viaje a América, que tenía como objetivo recorrer la costa oeste de las actuales Antillas, para encontrar un estrecho, que pasando por este al Océano Pacífico, le permitiera llegar a las Indias. Ya para entonces, se aceptaba que las descubiertas por COLÓN no lo eran, aunque no podían quedar muy lejos de las tierras por él descubiertas.

El 11 de mayo de 1502, salió de Cádiz para emprender su cuarto y último de descubrimientos en el Nuevo Mundo. Mientras lo preparaba, escribió dos libros. En uno de ellos dijo que su descubrimiento estaba previsto en la Biblia.

Venía al mando de cuatro naves tripuladas por 140 hombres y acompañado por su hijo FERNANDO y su hermano BARTOLOMÉ. Tenía por misión explorar las islas y el continente americano, que tozudamente, él todavía imaginaba como las tierras de Cathay y llevaba como mandato reservado (otra vez) “ver en esas islas y tierras firmes qué oro y plata y perlas y piedras y especies y otras cosas hubiere y en qué cantidad”.

Al comienzo de la travesía el tiempo estuvo en calma, pero más tarde los alcanzó un terrible huracán y perdieron dos naves. Superado este mal trance, siguió viaje y exploró las costas oeste de América Central (Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá) y descubrió un cabo al que llamó “Cabo Cruz”, que es, uno de los tantos accidentes geográficos que conservan el nombre que él les dio.

Desde ese momento todo anduvo mal. Siguió viaje hasta Veragua, creyendo que seguía las huellas de Marco Polo y que se hallaba en Cathay. Desembarcó en las tierras del cacique QUIBIAN, allí había oro pero no el suficiente. Los indios no tardaron en echarlos, cansados de los abusos y de la soberbia europeas. Llegó a La Española (actual Santo Domingo), pero no pudo desembarcar, porque el entonces gobernador NICOLÁS DE OVANDO se los impidió, por lo que debió dirigirse a Jamaica, donde permaneció inactivo durante 88 días.

Era el final del viaje. Había perdido dos naves, soportado motines, hambre y más alzamientos de los indígenas, calamidades todas estas, que sumadas al cansancio moral y algunos problemas de salud que le habían aparecido, lo deciden a retornar. Pero antes deberá vivir otra situación que añadió más fantasía y misterio a su vida.

12 de octubre: el eclipse que salvó la vida de Cristóbal Colón en su cuarto viaje a América - BBC News Mundo

Un eclipse de luna salva de la muerte a Colón
Con las dos naves que le habían quedado, que además estaban en muy malas condiciones, en 1503, habiendo llegado a Jamaica, los expedicionarios españoles bajaron las escasas provisiones que quedaban a bordo y COLÓN dispuso que dos hombres partieran para “La Española” en busca de ayuda, utilizando una precaria embarcación de los indígenas, pero mientras esperaban el auxilio, se planteó el problema de la falta de alimentos.

Durante los primeros días, los nativos les habían alcanzado algunos víveres, pero más tarde se negaron a seguir manteniéndolos. Fue entonces cuando Colón recordó que en esta fecha debía producirse un eclipse total de Luna. Se reunió con los jefes de la tribu y les dijo que él y su gente eran enviados de los dioses y que si no les entregaban alimentos, haría que la Luna desapareciera del cielo. La noche del 6 de setiembre de 1503 era muy clara, había luna llena y de pronto comenzó a oscurecerse por la sombra que proyectaba la Tierra. Los nativos se aterrorizaron y rogaron a Colón que les devolviera la Luna y a cambio recibiría todo lo que pidiera.

Así el eclipse salvó sus vidas y el 18 de setiembre de 1504 pudieron partir de regreso a España. Ya no era el orgulloso navegante que creía haber hallado un nuevo camino a las Indias. De su tercer viaje había vuelto cargado de cadenas a causa de las intrigas y maquinaciones que abundaban en la corte, y aunque los reyes lo habían librado de todo cargo, no era suficiente para la humillación que había debido soportar. Ahora, luego de un frustrante cuarto viaje, con las dos naves restantes, que estaban en muy malas condiciones, inició el regreso muy enfermo. En España lo esperaban tristes noticias: su mayor protectora, la reina Isabel, estaba agonizando.

La muerte de Colón
El 19 de mayo de 1506 hizo su testamento dejando a su hijo, DIEGO COLÓN, heredero de todos sus títulos y bienes, aunque entonces solamente le pudo legar la afligente pobreza de sus últimos días y dos años después de su cuarto regreso, el 20 de mayo de 1506, CRISTÓBAL COLÓN morirá en Valladolid, España, sin saber que había cambiado el mapa del mundo.

(1). En el Libro I, Capítulo XII, página 191 de la obra “Cristóbal Colón”, edición monumental, de José María Asencio, editada por Espasa, en Barcelona, se lee: «En la nao Santa María enarboló el Almirante el pabellón real de Castilla y Aragón. En ella se embarcaron con Cristóbal Colón el alguacil mayor de la Armada Diego Arana, primo hermano de Da. Beatriz Enríquez, Rodrigo Sánchez de Segovia, inspector general o veedor por los Reyes y Rodrigo Escobedo, escribano real. Iba por maestre el dueño de la nave Juan de la Cosa y por piloto Sancho Ruiz, llevando también a bordo al físico de Moguer maese Alonso, al cirujano maese Juan y a 40 marineros más».

En la página 192 dice, refiriéndose al número de tripulantes que hicieron el primer viaje, «Washington Irving, conciliando las opiniones que dan entre 90 y 120 los que llegaron en esa oportunidad, pone aparte a las personas que ejercían cargo y dice «también iba un médico y un cirujano con varios aventureros particulares, algunos criados y noventa marineros, total ciento veinte personas».

En la parte de Aclaraciones y Documentos del Libro Segundo, en la página 545 y refiriéndose a los tripulantes que dejó Colón en La Española y que fueron muertos por los indios, lo que conoció cuando volvió a poblarla en 1493, señala: «No puede dejar de observarse que en la lista que hemos concluido, no aparecen cuarenta individuos sino cuarenta y uno; porque Navarrete no incluyó al médico maestre Juan y el Sr. Fernández Duro a éste pero pasó por alto a Francisco Vergara, natural de Sevilla, faltando uno de cada una de ellas» (ver Cristóbal Colón, sus viajes, sus médicos).

(2). Colón creyó ver sirenas ya cerca de la República Dominicana en 1493, habló de «formas femeninas» que «se elevaron del mar, pero no eran tan hermosas como se representan». Eran manatíes y claro, eran algo más gorditas y tenían la cara aplastada. Diversos hechos y circunstancias sucedidos durante los viajes de COLÓN a América, tales como el arriba comentado, han sido los que permitieron que esa epopeya fuera, además de extensamente comentada, adornada con fantasías y misterios. En la Europa de esos tiempos, creían que los mares estaban llenos de sirenas y de fieras y después del descubrimiento, como creían ciegamente en la mitología griega – COLÓN era uno de ellos- pensaron encontrar antropófagos y amazonas. Aseguraban que aquí encontrarían monstruos enanos y gigantes, brujas y dragones y hasta personas con un solo ojo y cabeza de perro y en las primera crónicas, comenzaron a hablar de caníbales).

Recordemos al respecto, la consideración que se le atribuye a Colón para con los loros, a quienes les atribuía la propiedad de señalar donde había oro; ; la historia que cuenta que cuando los nativos se negaron a proveerlos de alimentos, COLÓN los amenazó con apagar la Luna. (imagen). Como él bien sabía que se iba a producir un eclipse, aprovechó ese conocimiento para amedrentar a los aborígenes y cimentar su fama de mago y de “ser llegado desde el cielo”, como estos creyeron, cuando vieron llegar a los españoles (ver “Curiosidades V Centenario Cristóbal Colón”).

(3) En el capítulo XVI, (“El descubrimiento de las Indias que hizo Cristóbal Colón”), del primer volumen de “La historia de las Indias y conquista de México”, obra de Francisco López de Gomara, publicada en 1552, se lee: “Prosiguió su camino, y luego vio lumbre un marinero de Lepe y un Salcedo. A otro día siguiente, que fue 12 de octubre del año de 1492, dijo Rodrigo de Triana: «Tierra, tierra», a cuya tan dulce palabra acudieron todos a ver si decía verdad; y como la vieron, comenzaron el Te «Deum laudamus», hincados de rodillas y llorando de placer. Hicieron señal a los otros compañeros para que se alegrasen y diesen gracias a Dios, que les había mostrado lo que tanto deseaban. Allí viérades los extremos de regocijo que suelen hacer marineros: unos besaban las manos a Colón, otros se le ofrecían por criados, y otros le pedían mercedes».

Fuentes. “Los americanos anteriores a Colón”. Arturo Gutiérrez Carbó (Revista Todo es Historia Nº234); “Historia del descubrimiento y conquista de América”. Francisco Morales Padron, Ed. Gredos, España, 1990; “Historia Argentina”, Ediciones Océano, Barcelona, España, 1982; “Diccionario Histórico Argentino”. Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994; “El enigma de Colón y los descubrimientos de América”. Juan Eslava Galán, Ed, Planeta, España, 2019; Wikipedia; “Historia de las Indias”. Bartolomé de las Casas, Ediciones del Marqués de la Fuensanta del Valle, Madrid, 1875; “Colón descubrió América del Sur en 1494”. Juan Manzano, Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1972; “Biografías y vidas”. La Enciclopedia Biográfica en línea; “Diario de viaje. Cristóbal Colón”, España, 2014.

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