UNA BOLEADA HISTÓRICA (10/05/1831

El General JOSÉ MARÍA PAZ cae prisionero, luego de ser derribado por su caballo, víctima de una certera boleada.

El 10 de mayo de 1831. Noroeste de la provincia de Córdoba, unos treinta y cinco kilómetros hacia el sur de la laguna de Mar Chiquita. Paraje denominado El Tío. El sol, que declina lentamente, va proyectando sobre los estrechos senderos la sombra del monte denso y espinoso que cubre gran parte de aquella región. Hacia el oeste, en algún «limpión» del monte, puede observarse la mancha alargada y rojiza del sol, ya próxima a la base de los arbustos. Aquí y allá, como estimulándose mutuamente, las bumbunas —palomas de la zona —emiten su arrullo tristísimo, interrumpido a veces bruscamente por el estampido lejano de un arma de fuego. Apurando al máximo su cabalgadura para «ganarle a la noche» y guiado en su marcha por los ecos de los disparos, el general JOSÉ MARÍA PAZ avanza por uno de aquellos senderos, acompañado únicamente por su ayudante, el teniente RAYMUNDO ARANA, y un viejo baqueano. El general,  que ya se ha alejado unas tres leguas del grueso de su ejército, realiza un reconocimiento y trata de ponerse en contacto con una partida de sus fuerzas que en esos momentos intercambia algunos tiros con guerrilleros del enemigo.

Ordena entonces al teniente Arana que se adelante para trasmitirle un mensaje al jefe de su partida, encomendándole la mayor precaución. «Se adelantó Arana —relata Paz en sus “Memorias”— y yo continué tras él mi camino; ya estábamos a la salida del bosque-, ya los tiros estaban sobre mi; ya por bajo la copa de los últimos arbolillos distinguía a muy corta distancia los caballos, sin percibir aún los jinetes; ya, al fin, los descubrí del todo, sin imaginar siquiera que fuesen enemigos y dirigiéndome siempre a ellos».

«En este estado, vi al teniente Arana que lo rodeaban muchos hombres, a quienes decía a voces: “allí está el general Paz, aquél es el general Paz”, señalándome con la mano; lo que robustecía la persuación en que estaba,  de que aquella tropa era mía».

“Sin embargo, vi en aquellos momentos una acción que me hizo sospechar lo contrario, y fue que vi levantados, sobre la cabeza de Arana, uno o dos sables, en acto de amenaza. Mil ideas confusas se agolparon en mi imaginación; ya se me ocurrió que podían haberlo desconocido los nuestros; ya que podía ser un juego o chanza, común entre militares; pero vinieron, en fin, a dar vigor a mis primeras sospechas, las persuaciones del paisano que me servía de guía para que huyese, porque creía firmemente que eran enemigos. Entretanto, ya se dirigía a mí aquella turba, y casi me tocaba, cuando, dudoso aún, volví las riendas a mi caballo y tomé un galope tendido»

Entre multitud de voces que me gritaban que hiciera alto, oía con la mayor distinción una que gritaba a mi inmediación: “párese mi General; no le tiren que es mi General; no duden que es mi General”; y otra vez, “párese mi Genera”.

“Este incidente volvio a hacer renacer mí la primera persuación, de que era gente mía la que me perseguía, desconociéndome, quizá, por la mudanza de traje. En medio de esta confusión, de conceptos contrarios, y ruborizándome de aparecer fugitivo de los míos, delante de la columna que había quedado ocho o diez cuadras atrás, tiré las riendas a mi caballo y, moderando en gran parte su escape, volví la cara para cerciorarme: en tal estado fue que uno de los que me perseguían, con un acertado tiro de bolas, dirigido de muy cerca, que inutilizó mí caballo, me impidió continuar la retirada. Este se puso a dar terribles corcovos, con que, mal de mi grado, me hizo venir a tierra».

«En el mismo momento me vi rodeado por doce o catorce hombres que me apuntaban sus carabinas, y que me intimaban que me rindiese; y debo confesar que aun en este instante no había depuesto del todo mis dudas sobre la clase de hombres que me atacaban, y les pregunté con la repetición quiénes eran y a qué gente pertenecían. Más, duró poco el engaño y liego supe que eran enemigos y que había caido del modo más inaudito en su poder» (Memorias del General José María Paz)

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