UN ESPÍA INGLÉS EN LA GUERRA CON PARAGUAY (1868)

La primera publicación integral en castellano de las “Cartas desde los campos de batalla del Paraguay”, más de 500 páginas escritas por el explorador, lingüista y espía inglés RICHARD FRANCIS BURTON (1821-1890), es un hecho valioso para quienes se interesan en la historia sudamericana, pero que se debe tomar sin olvidar que el autor era un orgulloso hijo de la Gran Bretaña de entonces. Burton las editó en Londres en 1870, cuando el presidente paraguayo FRANCISCO SOLANO LÓPEZ moría en Cerro Corá y la Guerra de la Triple Alianza terminaba, dejando casi un millón de muertos.

BURTON fue sin duda «un testigo excepcional». Dominaba más de veinte idiomas incluyendo el árabe, sánscrito e indostani, entre otros. Tradujo al inglés los clásicos del erotismo árabe e hindú como “Las mil y una noches” y el “Kama Sutra”. Descubrió con JOHN SPEKE las fuentes del río Nilo y el lago Tanganyika en África. Fue un experimentado espía que recorrió la India durante años, peleó en la guerra de Crimea en 1854, visitó las ciudades prohibidas del Islam y escribió más de 40 libros de viajes y 30 de traducciones.

Despidiéndose de su puesto de cónsul en la ciudad brasileña de Santos, el capitán BURTON hizo dos viajes al Río de la Plata, en agosto de 1868 y en abril de 1869. Por eso advierte lealmente que no presenció las grandes batallas Curupaytí, Humaitá y Tuyutí- pero que sí visitó los escenarios donde se desarrollaron éstas, dolido  por “la falta de interés brindado a una de las guerras más increíbles que se hayan peleado en este siglo”.

En su viaje por Montevideo, Buenos Aires, Rosario, Corrientes y Asunción, el capitán BURTON no es un aventurero más. Es un testigo sagaz, auténticamente inglés que no puede ocultar que recuerda los frustrados intentos de su país, por asentarse en estas tierras por lo que dice que “la verdad parece ser totalmente desconocida en las márgenes del Plata”. Buenos Aires no lo deslumhra: en la “autoproclamada Atenas de Sudamérica, la proporción de bibliotecas respecto de los billares es de 1 a 100 y respecto de las pulperías, de 1 a 150”. Y dice que la Catedral porteña tiene “el aspecto general de una Bolsa de Valores».

Como diplomático al servicio del Foreign Office, se entrevista con generales, políticos y residentes ingleses y despectivamente describe al general BARTOLOMÉ MITRE como “un aristócrata por naturaleza a quien el destino convirtió en un republicano”. URQUIZA es “el último espécimen de señor feudal” y Sarmiento, “práctico, estudioso y prosaico”.

Cree ver en la fortaleza de Humaitá a una «Sebastopol del sur» y anota algo no comprobado y quizás exagerando una parcialidad que no lo ennoblece: “Los brasileños se quejaban porque los cadáveres de los soldados paraguayos de tan magros que eran,  no ardían en las piras”, aprovechando para destacar entonces, algo que fue una triste realidad: “son chicos de 10 y 12 años”.

La mirada del capitán BURTON es sin duda imperial, segura de sí misma, pero también llena de ricas contradicciones. Desde su costado nostálgico de la aristocracia rural inglesa, evidentemente, su corazón está con SOLANO LÓPEZ. Mientras critica a los jesuítas, reconoce que la alfabetización obligatoria en el Paraguay es “un curioso contraste con Inglaterra y sus dos millones de niños sin escuela”. Pero como también es un lúcido representante de la Inglaterra industrial y del «libre comercio», su cerebro está con el ge­neral MITRE y el marqués de CAXÍAS, “otro Wellington”, según dice.

Anota las maniobras brasileñas, mientras destaca que «simpatizo con Brasil, al menos en tanto su misión es la de literalmente, no liberalmente, abrir el gran Mississipi del sur”. Pero a la vez, erróneamente afirma que  «los paraguayos sin duda lucharon por sus altares y sus pasiones, lucharon por las verdes tumbas de sus señores, su Dios, su patria, por la reivindicación de su honor pisoteado, la garantía de su existencia amenazada y la estabilidad de sus derechos agraviados», olvidando que fue su admirado SOLANO LÓPEZ, quien inició esta cruel contienda.

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