ROSAS Y BELGRANO, PEDRO PABLO (1813-1863)

Tuvo una educación limitada en la capital y muy joven pasó a realizar tareas en el campo y luego a combatir con los aborígenes en la frontera sur de Buenos Aires. En 1829 fue secretario privado de JUAN MANUEL DE ROSAS durante su primer período como gobernador de la provincia de Buenos Aires y más tarde lo acompañó en ese mismo cargo, en la campaña al desierto que realizara en 1833.

Al regresar, ROSAS le regaló una estancia en el pueblo de Azul y durante el año 1837 se desempeñó como Juez de Paz de esa localidad y con el grado de mayor, como Comandante del Fuerte “San Serapio Mártir”,

A fines de ese año, a su solicitud, fue relevado y se dedicó a administrar su estancia y a mantener las buenas relaciones con los caciques PAINÉ, PICHÚN, CATRIEL e IGNACIO COLIQUEO, llegando a ser un estanciero muy rico y con buenas relaciones, tanto con los estancieros y gauchos del sur de la provincia como con las distintas tribus.

En 1839 participó en la represión del intento subversivo de los “Libres del Sur y durante la década de 1840 se desempeñó como Comandante de Azul —el pueblo más importante del sur de la provincia en esa época— y encargado de las relaciones con los indígenas en todo el sur de la provincia, ocupándose de lo que Rosas llamaba el “negocio pacífico», esto es, entregar a los indígenas «amigos» provisiones, alcohol y yerba mate, a cambio de que cesaran los ataques a las poblaciones de frontera y ayudaran a reprimir a los que las atacaran.

A mediados de la década fue ascendido al grado de coronel y poco antes de la batalla de Caseros, trató de incorporar a las tribus “amigas” a las fuerzas que defendían a ROSAS.

Después de la caída de su padre adoptivo, siguió siendo Juez de Paz de Azul, por orden directa de URQUIZA y por orden de HILARIO LAGOS, Comandante Militar de la campaña, fue nombrado Comandante del Regimiento de Caballería Número 11, con sede en Azul.

A fines de noviembre de 1852, estaba en Buenos Aires cuando estalló la rebelión del coronel HILARIO LAGOS (ver El coronel Lagos pone sitio a la ciudad de Buenos Aires),y el gobernador MANUEL PINTO envió a Rosas al puerto del Tuyú para que tratara de incorporar a los aborígenes a la defensa de Buenos Aires.

Luego marchó hacia Dolores, donde logró reunir unos 4500 hombres, entre ellos algo más de 1000 aborígenes. Y emprendió el regreso hasta la costa del río Salado. Y allí estaban, cuando aparecieron los federales, al mando del general GREGORIO PAZ.

ROSAS Y BELGRANO, ante las escasas posibilidades de defender sus posiciones, dispone abandonarlas y pone sus tropas bajo el mando del coronel FAUSTINO VELAZCO. Con la orden de dirigirse Chascomús.

La noche del 22 de noviembre de 1853, estando descansando en la localidad de San Gregorio, fueron sorprendidos y atacados por los federales de PAZ que venían al mando del coronel JUAN FRANCISCO OLMOS, sufriendo una derrota aplastante. Una verdadera catástrofe para los unitarios: murieron casi 1000 hombres, incluidos los coroneles Velazco y Acosta. Casi todos los oficiales fueron tomados prisioneros.

Un consejo de guerra presidido por el coronel ISIDRI QUESADA condenó a ROSAS Y BELGRANO a muerte, pero el coronel LAGOS no dio cumplimiento a esa orden y lo puso en libertad (dicen que fue respondiendo a un pedido que le hiciera Manuela Mónica Belgrano, pidiéndole por la vida de su hermano Pedro, «teniendo en cuenta su sangre».

Levantado el sitio a mediados de 1853, fue repuesto en su cargo al frente del Regimiento de Caballería número 11 y de comandante de Azul. y se le encargó que organizara un plan general de defensa de la frontera, encargo que se ignora si cumplió.

En febrero de 1855 pidió la baja por mala salud, en una época en que arreciaban los ataques contra los excolaboradores de Rosas, y el gobierno decidió confiscar todos los bienes de éste y de sus hijos. Dado que, legalmente, Pedro era hijo de Rosas, perdió todos sus bienes, once estancias en total. También fue acusado de participar en las invasiones de los generales JERÓNIMO COSTA y JOSÉ MARÍA FLORES.

Exculpado luego de todos los cargos, a fines de 1855 se marchó a Santa Fe, donde prestó servicios en la frontera y más tarde URQUIZA lo nombró comandante de armas del sur de la provincia y lo envió hacia esa zona donde se ocupó de las relaciones con el cacique CALFUCURÁ y protagonizó varios eventos que incluyeron una fugaz toma de Tandil.

Desavenencias y deserciones producidas en esas circunstancias, lo obligaron a huir por «tierra de indios», llegando hasta Rosario.

Después de la batalla de Pavón (1861), fue tomado prisionero en Rosario. A pesar de que algunos oficiales pidieron que fuera ejecutado, su vida fue respetada por orden de BARTOLOMÉ MITRE. Viendo que estaba ya muy enfermo, se lo dejó regresar a Buenos Aires, con orden expresa de no dejarlo acercar a Azul y allí falleció el 27 de septiembre de 1863.

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