PRIMER ALUMBRADO PÚBLICO CON ELECTRICIDAD EN ARGENTINA (27/04/1887)

El 3 de setiembre de 1853, se realizó en Buenos Aires la primera experiencia de alumbrado público con electricidad que tuvo lugar en el país. Por entonces la ciudad todavía se iluminaba con faroles alimentados con aceite y recién comenzaba a instalarse la iluminación a gas.

Desde el siglo XVIII, la Ciudad de Buenos Aires venía iluminando sus calles y plazas utilizando velas, aceites y kerosene hasta que el 1850 comenzaron a instalarse luminarias alimentadas con gas de carbón, provistas por la “Compañía Primitiva de Gas”, una empresa de capitales ingleses.

 El autor del primer ensayo de luz eléctrica fue un dentista de origen francés llamado JUAN ETCHEPAREBORDA, que había nacido en los Bajos Pirineos en 1823 y apenas recibido llegó a estar tierras donde se estableció. Aquí logró ser uno de los más importantes profesionales en su especialidad y en 1852 fue nombrado examinador oficial para la reválida de títulos extranjeros. Pero, además, de ser dentista, ETCHEPAREBORDA era un apasionado de las novedades científicas y técnicas y se mantenía bien informado gracias a la correspondencia que mantenía con muchos países del mundo.

Entusiasmado con los usos de la electricidad, que había visto en París durante una de sus estadías en la ciudad luz, el 3 de setiembre de 1853, realizó una prueba inicial en su propia casa, ante la presencia de varios profesores. El diario Tribuna comentó así el suceso: “… Es magnífico el efecto que produce esa luz sobre los muros de las casas, sobre los muebles y sobre los mismos rostros”. Pocos días después, el 10 de noviembre, repitió la prueba en el Regimiento de Granaderos a Caballo y al año siguiente, el 25 de mayo de 1854, sorprendió a los porteños iluminando la Plaza de Mayo y el domicilio particular de FELIPE SENILLOSA, un vecino cercano que vivía al lado de la Iglesia de Santo Domingo (actuales Belgrano y Defensa).

Esta vez el diario contó así los hechos: “Con dos aparatos de luz eléctrica colocados sobre la Recova Nueva, con los cuales anonadó a los faroles de gas y aceite, enseñoreándose sobre la concurrencia que, atónita a la belleza de aquella aurora boreal, volvió los ojos hacia los focos brillantes, verdaderas maravillas de la ciencia humana”. Más allá del estilo recargado del periodista, se comprende la admiración de los testigos. Todavía pasarían 30 años antes que se instalara la primera usina eléctrica que dio luz a la ciudad (29 de noviembre de 1893).

Pese al éxito logrado por JUAN ETCHEPAREBORDA el 25 de mayo de 1854, las autoridades de Buenos Aires, no quisieron correr riesgos, por los peligros que estimaban podían traer a la población la electricidad, esta nueva tecnología todavía no muy bien desarrollada.

En 1881 FERMÍN VIEYRA, en representación de la empresa inglesa Stagg Brothers, le ofreció a la Municipalidad de Buenos Aires instalar el alumbrado de la ciudad con energía eléctrica, pero la propuesta fue nuevamente rechazada considerando que se trataba de un paso prematuro, pues todavía no existía ninguna «gran ciudad europea» iluminada por este nuevo sistema.

En 1882 fue la empresa “Brush Electric” de Estados Unidos, representada por WALTER CASSELS, la que ofreció instalar un sistema de energía eléctrica para la ciudad de Buenos Aires, pero al año siguiente el intendente TORCUATO DE ALVEAR negó la concesión.

CASSELS se dirigió entonces a la ciudad de La Plata, cuyo gobierno aceptó el proyecto y se constituyó en 1883, en la primera ciudad de América Latina alumbrada a electricidad, con la primera central eléctrica del país, utilizándola incluso para viviendas particulares y luego también la primera en tener un tranvía eléctrico

Fue por eso que la ciudad de La Plata, gracias a la visión de sus autoridades, el 27 de abril de 1886, se transformó en la primera de América Latina, en contar con iluminación eléctrica en sus calles, ya que hacia allá fueron CASSELS  y ETCHEPAREBORDA con su usina y sus faroles y los instalaron  sobre la calle 7 de esa ciudad, para asombro de los platenses, que además, pudieron contar con suministro de electricidad en algunas de sus viviendas familiares y ser los primeros en ver a los tranvías eléctricos, recorriendo sus calles.

Finalmente, ya en 1887, el ingeniero argentino RUFINO VARELA contratado por la Municipalidad de Buenos Aires, instaló el primer alumbrado eléctrico de la ciudad (una cuadra de la actual calle San Martín), servicio que amplió luego hacia la calle Florida y más tarde al Parque Tres de Febrero. Para ello, instaló la primera empresa de electricidad en Buenos Aires y construyó la primera usina, con una potencia de 12 HP, que fue situada en pleno centro de la ciudad, sobre la calle San Martín, frente a la Catedral Metropolitana con la que proveía luz eléctrica a hoteles, comercios y varias casas de familia de la zona.

Más tarde construyó otra Usina en el Puerto de Buenos Aires y llevando hasta allí la luz eléctrica, generó un notable incremento de la actividad portuaria, al habilitársela  para el trabajo nocturno. Luego,  en 1889 la empresa de VARELA iluminó el segundo edificio del Teatro Ópera y el viejo Teatro Colón, ubicado donde hoy se encuentra la Casa Matriz del Banco de la Nación Argentina, llevando además el suministro eléctrico a doce de las catorce salas de espectáculos que tenía por entonces la ciudad.

No mucho más tarde ya en en el tiempo, fue JORGE NEWBERY (1875-1914), quien vislumbró los beneficios del empleo de la electricidad para el alumbrado público y desde su cargo como “Director del Servicio de Alumbrado Público”, en la Municipalidad de Buenos Aires, en 1900,  promovió el uso de las lámparas de filamento de tungsteno, para reemplazar las de carbón que se estaban utilizando (ver «Iluminación de la ciudad de Buenos Aires»).

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