ORIGEN DE LOS NOMBRES ABORÍGENES

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En el libro Callvucurá y la Dinastía de los Piedra,  ESTANISLAO ZEBALLOS, explica el porqué de los nombres que adoptaban los aborígenes, diciendo: que los Indios araucanos arrebataban a la naturaleza un nombre y lo aplicaban a sus familias modificándolo sucesivamente por medio de la acumulación de adjetivos. De esta manera formaban sus nombres propios con uno general de estirpe o linaje y otro que los individualizaba. Así, unos eran  del linaje de los ríos (Leuvú) y se llaman “Millá-Leuvú” (río de oro), “Curí-Leuvú (río negro), etcétera. Otros son de las águilas (Ñancú) o tigre y se llamaban llaman “Curí-Ñancú (águila negra) o “Nahuel-Pichí (tigre pequeño), etcétera.

A veces los adivinos estudiaban las inclinaciones de los niñitos, predecían su porvenir, descubrían las aptitudes que iban a caracterizarlo y esta predicción era el calificativo que que le daban a su nombre genérico. El valor, la astucia, el amor a la familia, la alegría, etcétera, eran el origen de otros tantos nombres aborígenes, como lo eran también los grandes ríos, las montañas, las aves y las fieras.

Valga como ejemplo, recordar que la dinastía reinante de las Salinas Grandes era la familia de los “Curá” (piedra),  donde Callvucurá (“Callvú” era azul y “Curá” era piedra) y de él, derivaban los nombres de sus hijos y parientes: “Namun-Curá” (pie de piedra) fue un hermano suyo y es también el nombre de un hijo de éste que se llamaba igual y que como CEFERINO NAMUNCURÁ pasó a la Historia, luego de haber ingresado a la orden de los salesianos,  haber sido beatificado el 11 de noviembre de 2007 y estar a la espera de ser canonizado.

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