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LA CIUDAD DE BARILOCHE. SU ORIGEN (03/05/1902)
La ciudad de «San Carlos de Bariloche», en la provincia de Río Negro, fue formalmente fundada por el teniente coronel RUFINO ORTEGA el 3 de mayo de 1902, dando cumplimiento al Decreto del Poder Ejecutivo Nacional del 9 de abril de 1902 que sí lo disponía con fundamentos eminentemente geopolíticos y con el objeto de frenar el avance e influencia de Chile en la Patagonia y poblar efectivamente los territorios andinos recién integrados al Estado nacional.
El 3 de abril de 1881, siendo Presidente de la Nación el general JULIO ARGENTINO ROCA, en el marco de la «Expedición al Gran Lago Nahuel Huapi», realizada por el Ejército Argentino bajo el mando del coronel CONRADO VILLEGAS, durante la última de las Campañas al Desierto, el teniente coronel RUFINO ORTEGA, llegó al Lago Nahuel Huapi al mando de la Primera Brigada de la Segunda División de Ejército en operaciones y el 3 de mayo de 1902, dispone el trazado de la ciudad de Bariloche en la provincia de Río Negro, en el sudoeste de la República Argentina.
De inmediato se inició su trazado y se designaron sus autoridades, oficializándose así el carácter fundacional que se le reconocía a un asentamiento comercial establecido en 1895 por el inmigrante chileno CARLOS WIEDERHOLD, quien abrió en ese lugar el primer almacén de ramos generales.
La ciudad de “San Carlos de Bariloche” está ubicada en el “Parque Nacional Nahuel Huapi”, en el suroeste de la provincia de Río Negro, junto a la Cordillera de los Andes, a orillas de la ribera sur del Lago Nahuel Huapi, a 832 km. de “Viedma”, la capital de la provincia.
A fines de ese verano, arriban al “Lago Nahuel Huapi”, provenientes de Buenos Aires, los primeros visitantes que se auto titulan turistas: son AARÓN ANCHORENA, CARLOS LAMARCA y ESTEBAN LAVALLOL y en 1909 tenía ya unos 1250 habitantes, telégrafo, correo y camino hasta Neuquén. De todas maneras, continuó dependiendo del comercio con Chile hasta la llegada del ferrocarril en 1934.
Con la firma del Tratado de límites en 1881, la rendición de los últimos grupos aborígenes en 1884 y la seguridad que daba la presencia de las tropas, comenzaron a radicarse en la zona los primeros pobladores blancos para explotar los recursos que la región ofrecía en abundancia. Lo inicia JARRED A. JONES, que se estableció en las nacientes del Limay el año 1890. CARLOS WIEDERHOLD, que ya había levantado un galpón en la orilla del lago para depósito de lana y cueros que traían los nativos y comercializaban por víveres, ropa y otros objetos, abre allí mismo un comercio el 2 de febrero de 1895.
El segundo censo nacional de población, efectuado ese año, registra 196 habitantes en el departamento “Bariloche”, en su mayoría extranjeros; pero ya diferenciaba entre población urbana y rural, aunque esto ha de interpretarse sólo como “una mayor concentración de pobladores rurales que el censo ubica sobre la costa del lago y en la ribera rionegrina del río Limay”. La principal concentración se había producido alrededor de las construcciones de WIEDERHOLD o en sus cercanías. Según el explorador chileno JUAN STEFFEN, en 1897 ya había en las inmediaciones del lugar donde ahora se encuentra la ciudad de “San Carlos de Bariloche” 14 casas.
El incipiente comercio se efectuaba con Chile a través del lago. El trayecto hasta puerto Blest se realizaba en grandes balsas y en botes de vela; desde ahí a lomo de mula o en carros, según lo permitían las características del camino. El primer vapor que cruzó las aguas del lago fue El Cóndor, traído desarmado desde Puerto Montt por el paso Pérez Rosales y botado al lago en Puerto Blest el 12 de febrero de 1900.
Ese mismo año la firma Hube y Achelis compró los bienes de WIEDERHOLD y algún tiempo después se convirtió en la Compañía Ganadera Comercial Chile-Argentina. De argentina no tenía más que el hecho de actuar en nuestro país; todo el capital era chileno y fijó su sede central en Puerto Montt. Además de dedicarse al comercio adquirió tierras y formó las estancias de San Ramón, Chacabuco, Traful y otras, convirtiéndose en pionera del progreso de la zona.
La inusitada actividad desplegada por esa Compañía, cuyo personal jerárquico y la mayoría de sus empleados eran chilenos, creó cierta inquietud en la opinión pública y autoridades. Aún no se había resuelto la demarcación limítrofe actividad comercial y los caminos que construía a tal efecto. El diario La Nación alertaba el 24 de marzo de 1901: “Los caminos que Chile ha terminado este año con rumbo a las regiones más ricas de la Patagonia serán o no serán estratégicos, pero ciertamente cumplirán por el momento la misión más vulgar pero más positiva de acarrear los productos de aquella región hacia Chile. Es sabido que el comercio en la falda andina se hace casi exclusivamente por vía Chile”.
Durante todos esos años varias “empresas de colonización”, especialmente inglesas, habían adquirido grandes extensiones de tierras en el sud-oeste de Río Negro y noroeste de Chubut con el fin declarado de crear colonias, pero en realidad lo único que les interesaba era el lucro económico. También la Compañía Chile-Argentina continuó comprando tierras; súmese a ello el activo comercio que esas empresas efectuaban a través de la cordillera, y resultan explicables los temores y sospechas que suscitaron.
FRANCISCO P. MORENO, que se hallaba en Bariloche a principios de 1902, presidiendo la Comisión de Límites que acompañaba a Holdich-representante de la Comisión Arbitral de la Corona Británica en el litigio limítrofe- alertó al presidente Roca el 12 de abril y le pide que suspenda “cualquier resolución sobre tierras y bosques en estos parajes”, anticipándole “que es perfectamente fácil hacer de esa región un importantísimo centro de riqueza antes de dos años”.
Para facilitar la radicación de argentinos, que con su capital y su presencia fuesen consolidando nuestra soberanía, el 9 de abril de 1902, mediante decreto, el presidente Julio A. Roca crea una colonia agrícola ganadera “que se denominará Nahuel Huapi, en las tierras fiscales adyacentes al lago del mismo nombre”. El mismo Decreto disponía que debían reservarse los lotes para el pueblo.
En conformidad con lo dispuesto, mediante otro Decreto del 3 de mayo de 1902 el Presidente de la República dispone que se reserve “para fundación de pueblos, 400 hectáreas en el territorio de Río Negro: en el paraje conocido con el nombre de Puerto Moreno, en los lotes 111 y 95. Y en el denominado San Carlos, en los lotes 114 y 115”. Quedaba de esta manera fundado el pueblo de San Carlos de Bariloche, que tuvo su primera Comisión de Fomento en 1907. La presidía el gerente de la Compañía Comercial y Ganadera Chile-Argentina, LUIS HORN; los demás integrantes pertenecían a la misma empresa.
Orígenes remotos de esos territorios
En el pasado, quizás desde hace miles de años, la región fue poblada por grupos de cazadores y recolectores que encontraron algo más que un paisaje maravilloso. La zona ofrecía también muchas posibilidades de sustento y enorme facilidad para circular por la cordillera hacia Chile, a través de una intrincada red de valles.
Por las mismas razones se instalaron más tarde grupos de araucanos que compitieron con los pobladores originaros. Y cuando los españoles llegaron a esas tierras, no pudieron menos que imaginar que por allí debía encontrarse la legendaria Ciudad de los Césares, el país maravilloso donde las calles estaban empedradas de oro y plata.
Existen evidencias de la existencia de asentamientos indígenas en las riberas del Lago Nahuel Huapi, en la zona hoy ocupada por la ciudad de “Bariloche”, previos a la llegada de los expedicionarios y colonizadores blancos. Durante el período neolítico, se produce la llegada de seres humanos a la región del Nahuel Huapi. El registro arqueológico e histórico habla de la presencia de “tehuelches”, “pehuenches” y “puelches” en la zona. Con el proceso de araucanización y principalmente desde el siglo XVII, la cultura de estos grupos es fuertemente afectada por la invasión de los “mapuches”, que incrementando su presencia a partir del asentamiento de españoles en Chile, “aracaunizaron” la Patagonia, logrando imponer su cultura.
Entre mediados del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII, la zona fue objeto de viajes de misioneros provenientes de Chile, entre los que se cuentan los padres DIEGO DE ROSALES, NICOLÁS MASCARDI, FELIPE LAGUNA, y JUAN JOSÉ GILLELMO. El primer argentino que llegó a la región desde el Atlántico es FRANCISCO PASCASIO MORENO, que arribó el 22 de enero de 1876 e izó la bandera argentina en las orillas del Nahuel Huapi.
Entre estos exploradores estaban GUILLERMO y GASPAR LÓPEZ, que descubrieron el paso de los “Vuriloches”, un camino secreto de los indígenas y fue de esta palabra, que derivó por deformación, el nombre “Bariloche” (1), que designó más tarde a toda la región. Detrás de los conquistadores llegaron los jesuitas y los franciscanos y gran cantidad de aventureros y exploradores, pero no se estableció ningún asentamiento duradero hasta finales del siglo XIX.
En 1876 el perito FRANCISCO PASCASIO MORENO fue el primer hombre blanco en llegar al lago Nahuel Huapí. Como premio a sus servicios el gobierno le donó 3.000 hectáreas en la zona, que Moreno destinó a la creación del primer parque nacional. Pero fue sólo recién después de la última de las Campañas al Desierto, que realizara el general JULIO ARGENTINO ROCA, que comenzaron a llegar los primeros colonos europeos.
Hacia fines del siglo XIX, el mayor asentamiento poblacional, se ubicaba en las nacientes del río Limay y el primer poblador no aborigen de la región fue el bohemio JOSÉ TAUSCHEK, quien llegó con su familia en 1892 proveniente de la zona del “Volcán Osorno” en Chile y murió ocho años después, al hundirse la balsa con la que recorría el Limay pescando.
En 1895 se instaló en la zona el inmigrante alemán CARLOS WIEDERHOLD PIWONKA (un colono chileno proveniente de la zona de “Osorno” en el sur de Chile). a quien se considera el primer poblador de la que sería luego la ciudad de “San Carlos de Bariloche”. Levantó su casa de estilo alpino y comienza desarrollar una destacable actividad comercial con la zona aledaña de Chile, y es en su honor, que el Congreso Argentino le dio a esta ciudad el nombre oficial de San Carlos de Bariloche.
Hacia 1913 se termina de construir la primera carretera para vehículos que permite conectar la ciudad con Buenos Aires, en un azaroso viaje que duraba varias jornadas. El expresidente estadounidense Theodore Roosevelt visita la zona en el mismo año. En 1922 se crea el “Parque Nacional del Sud”” y su intendencia se establece en Bariloche. En 1934 este mismo Parque se reordena a través de la ley de Parques Nacionales y es renombrado en “Parque Nacional Nahuel Huapi”.
Aunque a principios del siglo XX y especialmente antes de la llegada del ferrocarril, la ausencia de buenos caminos hacía muy dificultoso el abastecimiento del pueblo, sobre todo de productos frescos, se desarrollaron varias chacras que proveían de verduras, productos lácteos y carnes a la incipiente población, llegándose a sembrar campos con trigo en la zona de lo que hoy es el barrio “Melipal” y “Colonia Suiza”.
Coincidentemente, por esa época, la región comenzó a afianzarse como destino turístico, gracias a los impulsos de exploradores como el perito MORENO, logrando su consolidación definitiva en la década de 1930, con la creación del “Parque Nacional Nahuel Huapi” y el desarrollo del turismo social.
Mas tarde, comienzan a abrirse las rutas de llegada a la ciudad hasta que en 1913 se termina de construir el primer camino para autos, gracias a la visita del ex presidente norteamericano, Theodore Roosvelt y en 1912 se produce el primer arribo en avión a Bariloche, que partiendo el día anterior desde San Isidro, en la provincia de Buenos Aires, se hace escalas en Bahía Blanca, Río Colorado y Cipolleti.
En la década de 1920, se consolidó oficialmente en los registros y decretos postales y en 1934, con la llegada del ferrocarril, culminó un largo período de aislamiento. Rápidamente el tiempo de los pioneros fue quedando atrás y llegaron los más modernos adelantos. A finales de la década de 1930, desde el gobierno federal se decide dar un impulso al desarrollo de esta parte de la Patagonia y para ello a través de la Dirección de Parques Nacionales (DPN), dirigida por EXEQUIEL BUSTILLO, se encara un nuevo proceso de urbanización que cambió profundamente la imagen de la ciudad.
Con la creación de la Dirección de Parques Nacionales en 1934, aquel asentamiento de San Carlos de Bariloche se convirtió en el centro político indiscutible de este nuevo Organismo y en el punto de partida logístico de sus esfuerzos por abrirse y desarrollar la Patagonia norte, mediante la expansión del parque nacional. Bariloche fue concebida por la DPN como la capital administrativa, económica y turística de la región y ya a mediados del siglo XX, la ciudad de Bariloche se convirtió en un polo tecnológico y científico, destacado por la creación del Centro Atómico Bariloche y el Instituto Balseiro.
Se inició la construcción de una serie de obras, dirigida por la DPN que son hoy emblemáticas de Bariloche, debiendo destacarse especialmente el “Centro Cívico”, la Iglesia Catedral, el Hotel “Llao Llao a 25 km. del centro y cuyo camino que lo vincula con Bariloche, fue la primera ruta asfaltada de la Patagonia.
Es por esta época que comienza el interés por los deportes invernales, y se comienzan a explorar los cerros vecinos para desarrollar actividades de invierno. Las primeras actividades y competencia en esquí se desarrollan en el “Cerro Otto”, cuyas pendientes llegan hasta las estribaciones de la ciudad y en 1931 se funda el “Club Andino Bariloche”, que fomenta las actividades de montañismo en la zona. Hoy, es una de las ciudades más hermosas del sur argentino, centro de turismo internacional. La más grande de los Andes Patagónicos y la más poblada de la provincia
El Origen de su nombre
«Bariloche» proviene de la deformación de la palabra mapuche «Vuriloche», que significa «gente distinta, de atrás o del otro lado de la montaña», denominación que recibían los indígenas que habitaron los valles del sector oriental de la Cordillera de los Andes antes del ingreso de los mapuches.
Y en cuanto a “San Carlos”, aunque hay quien dice que “San Carlos de Bariloche” lleva el nombre «Carlos» porque se añadió por error en una carta dirigida a Wiederhold, también hay quien afirma que lleva ese nombre de San Carlos, en homenaje a Wiederhold.
La leyenda popular cuenta que el «San Carlos» del nombre de la ciudad, proviene de una carta enviada al comerciante chileno de origen alemán Carlos Wiederhold, reconocido como el fundador del primer almacén de ramos generales que se instaló en la zona en 1895 y ese mito tiene dos variantes según los relatos de historiadores locales: pudo ser por un error de caligrafía ya que un ignoto remitente británico que le envió una carta a Wiederhold, interpretó mal el nombre y en lugar de escribir «Don Carlos», anotó fonética y caligráficamente «San Carlos» o porque quien escribió la carta, por error o broma, transformó el tratamiento de respeto de «Don» (Don Carlos) y lo reemplazó por «San» (San Carlos).
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