MONTAR A LA JINETA

Montar a la jineta es una técnica de equitación en la cual se estriba corto, y se emplean dos riendas que se pueden empuñar con las dos manos o con una sola en caso necesario, para que, dejando la otra libre, sea posible controlar y dirigir el montado mediante la acción de las piernas, aplicando lo que se conoce hoy, como las “ayudas” (1).

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Allá por el siglo X d,C. desde que la caballería pasó a ser la principal arma de combate de los “ejércitos de línea” y las fuerzas que al servicio de los señores feudales éstos empleaban en sus disputas territoriales, los “cristianos”, siguiendo una tradición de la escuela de equitación romana, montaban “a la estradiota” (palabra que deriva de “strada” -camino- y que le dio nombre a “la estradiota”, especie de policía montada que recorría los caminos de la antigüa Roma imperial). Usaban estribos largos e iban a horcajadas sobre una silla sin borrenes

El estilo de montar “a la jineta”, viene desde la vieja escuela de equitación de la “jineta”, nacida entre las belicosas tribus “zenetes” (o xenetes) de los bereberes de las serranías del norte de África y adoptada por los temibles “selyúcidas” en sus correrías. Fue utilizada con éxito por los guerreros mahometanos (africanos o asiáticos) que se enfrentaron con los cruzados que allá por el año 1095 se lanzaron a la reconquista de Jerusalén, caída en poder de los seguidores de Mahoma en el año 587 a.C., y fue quizás, uno de los posibles factores que determinaron la derrota final de los “cristianos”, que no pudieron lograr su objetivo (2).

Sentados en una silla de altos borrenes y echados casi sobre la cruz de sus pequeños, pero veloces caballos, con las dos manos libres para empuñar el arco primero y el sable después, enfrentaron a la pesada caballería cristiana, cargados hombres y bestias con pesadas armaduras, empeñados en tácticas y estrategias que le resultaron fatales.

Adoptada pronto con fervor por los españoles que la usaron para expulsar de la península a sus maestros moriscos, en el siglo XVI llegó a América, con el conquistador español. Luego, la destreza del gaucho argentino y la docilidad y versatilidad del caballo criollo, permitieron que esta técnica ecuestre, pronto se hiciera costumbre en la actividad de la campaña y en las acciones que se libraron, primero contra los aborígenes y luego, durante la búsqueda de nuestra identidad como Nación. Como el solo empleo de las piernas es suficiente para impulsar al caballo y dirigirlo, les fue posible disponer de sus dos manos libres, no para para empuñar las armas, sino el lazo, las boleadoras o los útiles de labranza que le son necesarios en sus labores a nuestros hombres de campo (ver Voces, usos y costumbres del campo). argentino

La jineta es una técnica ecuestre que permite una relación más suelta entre el hombre y su montado, y acompañó al naciente espíritu democrático que MENÉNDEZ PIDAL señala en la guerra de la Reconquista española: caballeros ya no fueron tanto los “Hijosdalgo» sino, sobre todo, quienes pudieran reunir un caballo, las armas y el coraje necesarios para combatir por su fe. De España a América, los aventureros andaluces y extremeños, ensancharon aquel espíritu democrático ampliando —como pocas veces había conocido el mundo—- el uso del caballo y el gusto por sus arreos. La silla de la “jineta” (prácticamente, la montura vaquera andaluza actual) dio en el Nuevo Mundo un descendiente directo: la montura mexicana, recamada de plata con mayor frecuencia que su antecesora morisca. No puede extrañar tampoco que, a pesar de las transformaciones sufridas, la vieja silla de la “jineta” sea reconocible todavía en el apero típico de la provincia argentina que más conservó la tradición hispánica: el recado salteño de aletas delanteras y peineta atrás (Remitimos al lector a la excelente página WEB titulada “Raíces y sabiduría”. Si busca “montar a la jineta” y luego abre “Raíces y sabiduría”, encontrará toda la información referida a este modo de cabalgar y una gran cantidad de interesantes datos vinculados con el tema).

(1). A diferencia de la rígida equitación de la brida, originada en las blindadas caballerías feudales y desarrollada en aristocráticos picaderos italianos, en la que estribaban largo y sueltas las piernas, usaban frenos de patas largas para controlar mejor a sus cabalgaduras y sus sillas eran mullidas, complicadas y con arzones muy pequeños.
(2).. Los turcos selyúcidas, la última de las hordas mongólicas que llegaron de Asia Menor, eran tártaros de pequeña estatura, de ojos oblicuos, pegados a las sillas de sus pequeños y rápidos caballos, con los estribos absurdamente cortos de los nómades, arrodillados casi en el cuello de su cabalgadura, como lo hacen algunos jockeys en nuestros días»

Fuente: «Las cruzadas». Hillaire Belloc, Ed. EMECÉ, Bueno Aires,1951.

1 Comentario

  1. Anónimo

    muy interesante….gracias….

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