LO DE HANSEN (11/11/1875)

El restorán de Hansen, fue el más famoso de los lugares de diversión nocturna de Buenos Aires desde la última década del Siglo XIX hasta 1903. Fue punto de referencia para la actuación de toda una generación de músicos y hasta allí llegaban los mejores bailarines de tango de la época.Estaba ubicado en pleno corazón del Parque Tres de Febrero, en el barrio de Palermo, con entrada por la avenida Sarmiento entre las vías del Ferrocarril y la avenida Vieytes.

Esos eran terrenos fiscales y allí, en 1869, la Municipalidad de Buenos Aires había construido una hermosa glorieta que albergaba un restorán, con la idea de arrendarlo a particulares. Se llamaba “Restorán Palermo” y su diseño reproducía el de los grandes restoranes al aire libre, que en esa época estaban de moda en Europa. Este Restorán fue explotado con mayor y menor éxito por diferentes concesionarios, hasta que en 1875, apareció en escena un sueco llamado FEDERICO HANSEN, quien como nuevo consignatario,  le dio una nueva impronta al local, por lo que a partir de entonces ya nadie hablaba del Restorán Plaermo, sino que se referían a él, como “lo de Hansen”.La realidad es que “lo de Hansen”, no era solo un restorán: Mostrando un lujo jamás visto hasta entonces en un restorán, era una mezcla de  “prostíbulo suntuario y meca del Tango, además de restorán. Un antecedente no muy santo de los “cabarets” que le siguieron para iluminar las noches porteñas. Fue lugar de cita de “bacanes” y “malandras”; de patoteros y gente de avería. De bailarines y “cafishios”, que se mezclaban sin pudor, con representantes de la aristocracia snob, que deliraba por vivir esas excitantes noches que se le ofrecían en  “lo de Hansen”.Porque allí veían bailar bien el tango, allí podían escuchar a las mejores orquestas “típicas” del momento; disfrutar de la muy grata compañía de hermosas “coperas” que les hacían sentir que eran, lo que jamás podían ser  y olvidar, aunque fuera por una sola noche, las tristezas de una vida triste y aburrida.

Pero lo fundamental, era que allí había  ACCIÓN. Porque las peleas a puño limpio o empuñando un cuchillo eran cosa común y frecuente. Los desafíos, las miradas torvas, el “apriete” a un despistado que osaba invitar a bailar a la “mina” del pardo Bazán, o la pelea entre mujeres que pretendían el mismo hombre, eran el condimento de esas emocionantes noches, que atraían  a un público heterogéneo que solía colmar la capacidad del local, sabiendo que era posible mantenerse alejado de ese mundo y que mientras se bailaba unos lindos tangos, se podía disfrutar de excelentes bebidas y de un servicio de gastronomía de primera.

 “Lo de Hansen” se puso de moda y allá fueron las figuras más rutilantes del espectáculo, de las artes, de la música y de la política. Allí tocaron las más famosas orquestas de Tango que registra la historia de nuestra música popular, los mejores cantores y cantantes. Allí bailó “el Cachafaz” y hasta algún Presidente argentino se animó a unos “cortes” en su pista. Por esos años, no hubo visita ilustre que no se tentara para conocer aquello de lo que a media voz se hablaba en los salones más mundanos de Europa.

Pero todo termina. A fines de 1903 la concesión del lugar, fue otorgada a otro inmigrante: esta vez fue el italiano ANSELMO R. TARANA quien se hizo cargo del restorán, propiedad de la Municipalidad. Y así terminó “lo de Hansen” y con él, una época y una forma de vivir la vida que ya jamás volverá.

En lo de Hansen, se bailaba el Tango o no?
La precedente es la versión mayoritariamente aceptada por contemporáneos de ese famoso lugar, al que muchos consideran  como la cuna del tango (inclusive el padre de quien esto escribe, que contaba en familia, sus experiencias en sus mocedades, como asiduo concurrente de ese mítico lugar) Pero nos sentimos obligados a consignar que otras versiones aseguran que todo esto es un invento de románticos tangueros y que la verdad es que (según la opinión de historiador Enrique Puccia), en las primeras horas, se daba el desayuno a los niños, a media mañana leche y yema batida para jinetes y ciclistas. A la tarde merienda o aperitivo. Al anochecer se cenaba. A la noche los amantes del tango llegaban para disfrutar de esa música que allí se tocaba. Pero Felipe Amadeo Lastra,  asegura que allí no se bailaba, estaba prohibido como en todos los sitios públicos. Recién se pudo bailar en el “Pabellón de las Rosas”, primera “Boite” que hubo en Buenos Aires” (ver)https://es.wikipedia.org/wiki/Caf%C3%A9_de_Hansen.

Y como en todas las cosas de nuestro pasado, las controversias sobre si allí se bailaba o no, siguen y seguirán, manteniendo viva la historia de la gente y la cosas que la hicieron. Algunas de las afirmaciones que a este respecto se han recogido, expresadas por protagonistas de la época, no hacen más que crear más confusiones. Las siguientes son prueba de ello:

JOSÉ SEBASTIÁN TALLÓN dice en “El Tango en su etapa de música prohibida» que «Lo de Hansen, en Palermo, era una mezcla de prostíbulo suntuario y de restaurante. Un comercio precursor, podría decirse, con el agregado de sus frecuentes peleas, el cabaret proceloso que precedió a los actuales. Fue recreo de bacancitos y de malandras abacanados en el exacto decir  con que los malandrines mismos lo definían. Y de patoteros y de gente de avería diversa».

MARIO MABRAGAÑA, en “Un mito porteño”, artículo suyo que publicara la Revista Todo es Historia en su número 44, dice: “Lo de Hansen, no era como erróneamente se suele decir un Café, sino un restaurante que permanecía abierto día y noche. De día, solían concurrir las familias que paseaban por el Parque 3 de Febrero, ya sea para comer, o simplemente para tomar una cerveza. De noche, en verano, luego que los comensales que habían disfrutado de una excelente cena se retiraban, alrededor de la medianoche, comenzaba el arribo del público noctámbulko, que permanecía hasta la madrugada”.

LEONARDO BENARÓS cuenta que en 1952 ROBERTO FIRPO decía: “Yo toqué en lo de Hansen en 1908. Algunos dicen que se bailaba. Es mentira. Se tocaba para que se escuchara, aunque tal vez, alguno que otro, diera algunas vueltas en una glorieta escondida”, pero también dice que el 16 de diciembre de 1961 entrevistó a FELIPE AMADEO LASTRA, viejo criador de caballos de criollos,  ya octogenario, , que insistía con vehemencia que “en lo de Hansen no se bailaba. ¿Adonde se iba a bailar?, ¿Entre los árboles?.

MIGUEL ÁNGEL SCENNA, relata que el mismo LASTRA, decía que lo de Hansen, “durante el día y hasta las once de la noche, era un pacífico restaurante, pero que a partir de esa hora, empezaban a llegar los paseantes nocturnos, la mayoría con “cafarungas” (¿?) conocidas. Si llovía, no había Hansen. En ese patio había un sinnúmero de mesas de mármol de forma rectangular y basamento de hierro, por lo tanto bastante pesado y difíciles de mover. Circundándolo, había glorietas con enrejado pintado de verde.  A la hora mencionada, empezaban a llegar en carruajes, los parroquianos que, desde que descendían de ellos, lo hacían entre policías uniformados y pesquisas en gran cantidad, ya que de no ser así, todas las noches, aquello hubiera resultado un campo de Agramante. La concurrencia estaba integrada por compadritos y “gaviones”. También concurrían “niños bien” y escasos comerciantes con veleidades de juerguistas, lo mismo que ganaderos que se tomaban vacacioncitas. A JORGE NEWBERY nunca lo vimos allí; él era deportista. En ese local no se bailaba. Estaba prohibido, como en todos los sitios públicos”.

Pero en contra de esta versión, ENRIQUE HORACIO PUCCÍA, nos dice que FÉLIX LUNA asegura que en lo de Hansen estaba prohibido el bailongo, pero que a retaguardia del caserón, en la zona de glorietas, de contrabando, se “tangueaba liso”, tangos dormilones y que los mozos hacían la vista gorda. “El tango estaba en pañales. Aún no había invadido los salones de la “haute”. Solamente lo bailaban  las “mujeres alegres”. La morocha”, el tango de Saborido se tocaba  vuelta a vuelta. Se encontraba en el apogeo de su popularidad. El fuelle todavía no se había hecho presente ante el público. Los tangos de Bassi y Villoldo, “El incendio” y El choclo”  se abrían cancha y “Unión Cívica”, el mejor tango del compositor DE LA CRUZ, estaba de moda”.

ADOLFO BIOY en su libro “Antes del 900”, dice también lo suyo “El restaurante Hansen, en los bajos del bosque de Palermo, cerca del río, era el centro festivo de comadres y damas alegres. Allí se bailaba tango, antes que esta danza hubiese alcanzado a estar de moda en los alones de la ciudad. Allí íbamos de cuando en cuando, a ejercitar nuestras cualidades de calaveras, a riesgo de incidentes con los malevos que en ese antro pululaban”.

Considerando todo lo expuesto, cabe concluír que si bien el baile no era la actividad principal en lo de Hansen, quienes allí concurrían al filo de la medianoche, un tipo de público emocionalmente captado por el Tango, esa música sensual y sugerente que había irrumpido vigorosamente en la noche porteña, lo bailaba a hurtadillas y casi ocultándose a los ojos de las autoridades y observadores pacatos.

Fuentes: «Verdad y leyenda del Café de Hansen». Ricardo Llanes, Diario La prensa del 28 de agosto de 1966; «Diccionario Histórico Argentino». Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994; «Historias del tango«. León Benarós, Ed. Corregidor, Buenos Aires, 1977; «El Tango, desde el umbral hacia dentro», Nota de Rafael Flores en el Nª 354 de la Revista Todo es Historia; «Un mito porteño: lo de Hansen». Mario Mabragaña en el Nº 44 de la Revista Yodo es Historia; «El libro del Tango». Horacio Ferrer, Ed. Galerna, Buenos Aires, 1977; «El Buenos Aires de Ángel Villoldo». Ennrique Horacio Puccía, Ed. Corregidor, Buenos Aires, 1976; Los cafés: una institución porteña». Nota de Miguel Ángel Scenna en el Nº 21 de la Revista Todo es Historia; «Los cafés de Buenos Aires». Jorge Alberto Bossio, Ed. Schapire, Buenos Aires, 1968; «El café de Hansen». Alberto Gabriel Piñeiro, Ed. Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, 2009.

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