LO DE HANSEN (11/11/1877)

“Lo de Hansen”, fue el más famoso de los lugares de diversión nocturna de Buenos Aires desde poco más allá de mediados del Siglo XIX, hasta 1912. Fundado como “Café Restaurante” el 11 de noviembre de 1875, el mismo día que se fundó el Parque Tres de Febrero (1) por el inmigrante alemán JIAN HANSEN, fue punto de referencia para la actuación de toda una generación de músicos y hasta allí llegaban la mejores orquestas y bailarines de tango de la época.

Considerado por muchos como una de las cunas del tango, con entrada por la avenida Sarmiento, entre las vías del Ferrocarril y la avenida Vieytes, estaba ubicado en pleno corazón del actual Parque Tres de Febrero, al este de la intersección de las actuales avenidas Sarmiento (antes avenida de las Palmeras) y Presidente José Figueroa Alcorta, frente a donde hoy se encuentra el Planetario de la Ciudad de Buenos Aires en el barrio Palermo.

Los terrenos donde se hallaba eran patrimonio fiscal y ocupaban una zona, que en aquella época, estaba muy retirada del “centro de la ciudad” y desde allí todavía podía observarse el Río de la Plata.

En 1869, la Municipalidad de Buenos Aires había construido en ese lugar una hermosa glorieta que albergaba un restorán, con la idea de arrendarlo a particulares. Se llamaba “Restorán Palermo” y su diseño reproducía el de los grandes restoranes al aire libre, que en esa época estaban de moda en Europa.

Satisfaciendo una solicitud presentada el 4 de mayo de 1877 por HANSEN, el gobierno municipal le otorgó en concesión esas instalaciones, y este nuevo consignatario, le dio una nueva impronta al local, por lo que a partir de entonces ya nadie hablaba del Restorán Palermo, sino que se referían a él, como “lo de Hansen”. Y así fue hasta que en 1892 HANSEN falleció y ENRIQUE LAMARCA asumió como nuevo administrador del local hasta que en 1897 se hizo cargo del mismo un tal SEBASTIÁN (o BALTASAR) MONSCH.

En 1903, vencida la concesión que se le otorgara a HANSEN, la Municipalidad de Buenos Aires, le alquiló el lugar a ANSELMO R TARANA quien a partir del 8 de mayo de 1903 comienza a explotarlo con el nombre oficial de “Restaurante del Parque Tres de Febrero”, aunque popularmente se lo conocerá como “Café Tarana” o “el antigüo Hansen” y lo habilitó como Restorán con Salón de Baile.

“Las actividades del “Restaurante del Parque Tres de Febrero” eran distintas según las horas del día” dice el historiador ENRIQUE PUCCIA; “Durante la mañana se servía el desayuno, a media mañana, leche y yema batida para jinetes y ciclistas, a la tarde merienda o aperitivo, al anochecer se cenaba, y a la noche, los amantes del tango llegaban para disfrutar de esa música que allí se tocaba. TARANA ponía a disposición de sus clientes cinco vehículos que se ocupaban de traerlos y llevarlos gratuitamente hasta y desde el lugar y los tangueros (malevos y cajetillas o sushetas) llegaban para disfrutar de esa música y bailar”.

Finalmente, en 1908 el fondo de comercio fue transferido a la sociedad PAYOT Y GIARDINO que lo administrará hasta 1912, año en que por decisión del Intendente JOAQUÍN S. DE ANCHORENA, el local fue demolido para realizar una ampliación de los accesos al velódromo y así terminó “lo de Hansen” y con él, una época y una forma de vivir la vida que ya jamás volverá.

Se bailaba o no en lo de Hansen?
Hubo distintas versiones sobre si se bailaba o no en “lo de Hansen” y esta controversia nació quizás en el hecho de que hubo dos “lo de Hansen”. El auténtico y primigenio, fundado por el mismo HANSEN en 1877 como Restorán y que existió así hasta 1903, donde indiscutiblemente no se bailaba y quizás sí se iba allí a escuchar música y a lo mejor, a ensayar algunos pasos de baile a escondidas y el “Hansen” posterior, nombre con el que la jerga popular se ha empeñado en identificar al local que a partir de 1903 funcionó en el mismo lugar del desaparecido “Hansen”, haciendo que ambos parecieran uno solo.

Un habitué llamado FELIPE AMADEO LASTRA, aseguraba en una entrevista que se le hiciera, que “en lo de Hansen no se bailaba; estaba prohibido como en todos los sitios públicos. Recién se pudo bailar en el Pabellón de las Rosas, primera Boîte que hubo en Buenos Aires” y GABRIEL SORIA, vicepresidente de la Academia Nacional del Tango nos dice: “lo de Hansen tuvo importancia porque, además de restaurante, funcionó como lugar de baile. Allí se bailaba un tango muy bien bailado, porque en sus inicios, era un lugar elegante”.

Y lo que parece controversial no lo es: uno, el primero se refiere al original Restaurante “lo de Hansen” y el segundo, al posterior “Restaurante del Parque Tres de Febrero”, inaugurado en 1903 y tozuda o nostálgicamente llamado “lo de Hansen” por la jerga popular. En el primero no se bailaba, en el que le sucedió si se bailaba y dicen que cuando allí se tocaba «El esquinazo», el célebre tango que Ángel Villoldo, publicara en 1902, el excesivo entusiasmo del público, que lo acompañaba golpeando mesas y cristales, provocaba tumultos que hacían peligrar la estructura del local lo que llevó al dueño a prohibir a los músicos que lo tocaran.

En la década de 1910, en el nuevo Hansen actuaron orquestas típicas, como las de ROBERTO FIRPO y FRANCISCO CANARO y ambos recordaban en una entrevista que se les hiciera, “que solían armarse peleas entre los muchachos bien”, al Hansen iban los chicos ricos a “tirar manteca al techo. Iban a buscar chicas y todo terminaba en peleas, a veces con tiros y sillas volando por el aire”.

“El Hansen mítico, es recordado en el tango ‘Tiempos Viejos’, con música de Francisco Canaro y letra de Manuel Romero, un director de cine que también lo inmortalizó en sus películas ‘Los muchachos de antes no usaban gomina’ y ‘La rubia Mireya’ -señala Soria-. No se sabe si existió Mireya, pero sí es seguro que encarnaba a las mujeres que iban al Hansen a conocer hombres, muy bien vestidas y con dinero para gastar”.

La realidad es que “lo de Hansen”, particularmente desde 1903, no era solo un restorán: Mostrando un lujo jamás visto hasta entonces en un restorán, era una mezcla de “prostíbulo suntuario y meca del Tango”, además de restorán (JOSÉ SEBASTIÁN TALLÓN). Un antecedente no muy santo de los “cabarets” que le siguieron para iluminar las noches porteñas. Fue lugar de cita de “bacanes” y “malandras”; de patoteros y gente de avería. De bailarines y “cafishios”, que se mezclaban sin pudor, con representantes de la alta sociedad snob, que deliraba por vivir esas excitantes noches que se le ofrecían en “lo de Hansen”. Porque allí veían bailar bien el tango, allí podían escuchar a las mejores orquestas “típicas” del momento; disfrutar de la muy grata compañía de hermosas “coperas” que les hacían sentir que eran, lo que jamás podían ser y olvidar, aunque fuera por una sola noche, las tristezas de una vida triste y aburrida.

Pero lo fundamental, era que allí había ACCIÓN. Porque las peleas a puño limpio o empuñando un cuchillo eran cosa común y frecuente. Los desafíos, las miradas torvas, el “apriete” a un despistado que osaba invitar a bailar a la “mina” del pardo Bazán, o la pelea entre mujeres que pretendían el mismo hombre, eran el condimento de esas emocionantes noches, que atraían a un público heterogéneo que solía colmar la capacidad del local, sabiendo que era posible mantenerse alejado de ese mundo y que mientras se bailaba unos lindos tangos, se podía disfrutar de excelentes bebidas y de un servicio de gastronomía de primera.

“Lo de Hansen” se puso de moda y allá fueron las figuras más rutilantes del espectáculo, de las artes, de la música y de la política. Allí tocaron las más famosas orquestas de Tango que registra la historia de nuestra música popular, los mejores cantores y cantantes. Allí bailó “el Cachafaz” y hasta algún presidente argentino se animó a unos “cortes” en su pista. Por esos años, no hubo visita ilustre que no se tentara para conocer aquello de lo que a media voz se hablaba en los salones más mundanos de Europa. https://es.wikipedia.org/wiki/Caf%C3%A9_de_Hansen.

Opiniones
Y como en todas las cosas de nuestro pasado, las controversias sobre si allí se bailaba o no, siguen y seguirán, manteniendo viva la historia de la gente y la cosas que la hicieron. Algunas de las afirmaciones que a este respecto se han recogido, expresadas por protagonistas de la época, no hacen más que crear más confusiones. Las siguientes son prueba de ello:

JOSÉ SEBASTIÁN TALLÓN dice en “El Tango en su etapa de música prohibida» que «Lo de Hansen, en Palermo, era una mezcla de prostíbulo suntuario y de restaurante. Un comercio precursor, podría decirse, con el agregado de sus frecuentes peleas, el cabaret proceloso que precedió a los actuales. Fue recreo de bacancitos y de malandras abacanados en el exacto decir  con que los malandrines mismos lo definían. Y de patoteros y de gente de avería diversa».

MARIO MABRAGAÑA, en “Un mito porteño”, artículo suyo que publicara la Revista Todo es Historia en su número 44, dice: “Lo de Hansen, no era como erróneamente se suele decir un Café, sino un restaurante que permanecía abierto día y noche. De día, solían concurrir las familias que paseaban por el Parque 3 de Febrero, ya sea para comer, o simplemente para tomar una cerveza. De noche, en verano, luego que los comensales que habían disfrutado de una excelente cena se retiraban, alrededor de la medianoche, comenzaba el arribo del público noctámbulko, que permanecía hasta la madrugada”.

LEONARDO BENARÓS cuenta que en 1952 ROBERTO FIRPO decía: “Yo toqué en lo de Hansen en 1908. Algunos dicen que se bailaba. Es mentira. Se tocaba para que se escuchara, aunque tal vez, alguno que otro, diera algunas vueltas en una glorieta escondida”, pero también dice que el 16 de diciembre de 1961 entrevistó a FELIPE AMADEO LASTRA, viejo criador de caballos de criollos,  ya octogenario, , que insistía con vehemencia que “en lo de Hansen no se bailaba. ¿Adonde se iba a bailar?, ¿Entre los árboles?.

MIGUEL ÁNGEL SCENNA, relata que el mismo LASTRA, decía que lo de Hansen, “durante el día y hasta las once de la noche, era un pacífico restaurante, pero que a partir de esa hora, empezaban a llegar los paseantes nocturnos, la mayoría con “cafarungas” (¿?) conocidas. Si llovía, no había Hansen. En ese patio había un sinnúmero de mesas de mármol de forma rectangular y basamento de hierro, por lo tanto bastante pesado y difíciles de mover. Circundándolo, había glorietas con enrejado pintado de verde.  A la hora mencionada, empezaban a llegar en carruajes, los parroquianos que, desde que descendían de ellos, lo hacían entre policías uniformados y pesquisas en gran cantidad, ya que de no ser así, todas las noches, aquello hubiera resultado un campo de Agramante. La concurrencia estaba integrada por compadritos y “gaviones”. También concurrían “niños bien” y escasos comerciantes con veleidades de juerguistas, lo mismo que ganaderos que se tomaban vacacioncitas. A JORGE NEWBERY nunca lo vimos allí; él era deportista. En ese local no se bailaba. Estaba prohibido, como en todos los sitios públicos”.

ENRIQUE HORACIO PUCCÍA, nos dice que FÉLIX LUNA asegura que en lo de Hansen estaba prohibido el bailongo, pero que a retaguardia del caserón, en la zona de glorietas, de contrabando, se “tangueaba liso”, tangos dormilones y que los mozos hacían la vista gorda. “El tango estaba en pañales. Aún no había invadido los salones de la “haute”. Solamente lo bailaban  las “mujeres alegres”. La morocha”, el tango de Saborido se tocaba  vuelta a vuelta. Se encontraba en el apogeo de su popularidad. El fuelle todavía no se había hecho presente ante el público. Los tangos de Bassi y Villoldo, “El incendio” y El choclo”  se abrían cancha y “Unión Cívica”, el mejor tango del compositor DE LA CRUZ, estaba de moda”.

ADOLFO BIOY en su libro “Antes del 900”, dice también lo suyo “El restaurante Hansen, en los bajos del bosque de Palermo, cerca del río, era el centro festivo de comadres y damas alegres. Allí se bailaba tango, antes que esta danza hubiese alcanzado a estar de moda en los alones de la ciudad. Allí íbamos de cuando en cuando, a ejercitar nuestras cualidades de calaveras, a riesgo de incidentes con los malevos que en ese antro pululaban”.

(1). Otra versión dice que el Restorán de Hansen, ya funcionaba desde 1869, en una vieja construcción existente en el lugar, antes de que éste enviara una solicitud al gobierno municipal (4 de mayo de 1877) para que lo autoricen a ocuparla.

Fuentes: «Verdad y leyenda del Café de Hansen». Ricardo Llanes, Diario La prensa del 28 de agosto de 1966; «Diccionario Histórico Argentino». Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994; «Historias del tango«. León Benarós, Ed. Corregidor, Buenos Aires, 1977; «El Tango, desde el umbral hacia dentro», Nota de Rafael Flores en el Nª 354 de la Revista Todo es Historia; «Un mito porteño: lo de Hansen». Mario Mabragaña en el Nº 44 de la Revista Todo es Historia; «El libro del Tango». Horacio Ferrer, Ed. Galerna, Buenos Aires, 1977; «El Buenos Aires de Ángel Villoldo». Ennrique Horacio Puccía, Ed. Corregidor, Buenos Aires, 1976; Los cafés: una institución porteña». Nota de Miguel Ángel Scenna en el Nº 21 de la Revista Todo es Historia; «Los cafés de Buenos Aires». Jorge Alberto Bossio, Ed. Schapire, Buenos Aires, 1968; «El café de Hansen». Autores varios, Ed. Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, 2009.

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